Petróleo, deuda externa, Londres y Washington

Malvinas: caso piloto de recolonización imperial

Las islas del Atlántico Sur conforman el escenario de una saga que condensa con exactitud el diseño estratégico del sistema de poder asociado entre Estados centrales y corporaciones transnacionales.
Por Víctor Ego Ducrot | Desde la Redacción de APM 26|02|2010

Agrandar Reducir Restablecer Las nuevas maniobras empresariales, políticas y militares del Reino Unido sobre el área de soberanía argentina en el Atlántico Sur apuntan a tres objetivos centrales. Por favor leer al respecto La versión latinoamericana de la Doctrina Monroe, de Diego Ghersi, en esta misma edición de APM. Sólo a título de introducción al presente texto recordemos que aquellos son: posicionamiento geoestratégico en el paso interoceánico, control sobre extensiones con portentosos recursos naturales y vocación de ocupación y dominio del continente antártico.

Se trata de una ecuación triangular que expresa la articulación de los ejes sobre los cuales se asienta el modelo de recolonización previsto por las potencias centrales del bloque hegemónico capitalista-imperialista, asociadas (más que asociadas, controladas) con el sistema empresario corporativo y transnacionalizado.

Y el triángulo se convierte en cuadrilátero (se debería poder escribir “en círculo cerrado”) al constatarse que en la ecuación participa la otra gran pata, la decisiva, del modelo de recolonización: las corporaciones financieras concentradas, las mismas que, como creo haber demostrado en el libro Bush & Bin Laden S.A. (Norma, Buenos Aires, 2001), estuvieron detrás, con conocimiento de la entonces Administración Bush, de los famosos atentados del 11 de Septiembre.

Con fecha 12 de enero de este año, la publicación digital El Malvinense publicó un artículo firmado por los argentinos Mario Cafiero y Javier Llorens en el que se afirma lo siguiente: el Banco Barclays se encuentra entre los que podrían operar en el canje de deuda externa local; ese banco es el principal accionista de la empresa Desir Petroleum, encargada de las ilegales operaciones llevadas a cabo por el Reino Unido en el área Malvinas y denunciadas por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Los mismos autores sostienen que, según la información del Financial Times, el Barclays Bank detenta el 4,45 por ciento de las acciones de Desire Petroleum a partir del 16 de septiembre del 2009, siendo su principal accionista institucional. El Director Ejecutivo de Desire Petroleum es Ian Gordon Duncan. Se trata de un geólogo con una experiencia de más de 30 años en la industria petrolera y de exploración. Comenzó su carrera en Exxón, antes de unirse a Clyde Petroleum PLC, donde fue nombrado director en 1991. Entre 1990 a 1997 fue Director Gerente de la filial de Clyde en los Países Bajos. Clyde es una empresa especializada en la extracción de petróleo en el Mar del Norte. Duncan fue nombrado director ejecutivo de Desire Petroleum en marzo de 2005.

Luego, Cafiero y Llorens agregan: “en julio del 2008, en el marco del agudo incremento de los precios del petróleo, el Barclays Bank manifestó su interés en adquirir el 5 por ciento de las acciones de Desire Petroleum. En septiembre de ese año la presidenta anunció desde Nueva York (…) que Argentina estaba en conversaciones con un grupo de bancos encabezado por el Barclays Bank y secundado por el Citibank y el Deustche Bank, para la reapertura del canje de deuda. En octubre de 2009, al mes siguiente de haber concretado la compra de las acciones de Desire Petroleum, el Barclays Bank junto con sus afiliadas presentó al gobierno nacional una formal propuesta para la reapertura del canje de la deuda (…)”.

Si lo afirmado por los articulistas es correcto seguramente el gobierno argentino formulará las correcciones necesarias al respecto, ya que - con el inédito apoyo de la comunidad latinoamericana – ha desplegado una acertada operatoria política y diplomática en defensa de los derechos argentinos.

El perverso entramado de Estados y corporaciones privadas (con una creciente poder de las segundas sobre los primeros, e impuesto como “legítimo y deseable” por los oligopolios mediáticos) es el enemigo contra el cual -cada uno con sus tiempos y velocidades- los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador, por sólo citar a los quizás mas activos, tienen que confrontar cada día.

Se trata de una etapa muy característica del paradigma de dominio mundial, etapa que en el libro Recolonización o independencia: América Latina en el siglo XXI (Norma, Buenos Aires, 2004, en coautoría con Stella Calloni) definí como Imperio Global Privatizado (IGP).

Toda fuerza política y social comprometida con la soberanía nacional debe reconocer los condicionamientos temporales y espaciales de la dimensión política para entonces, y recién entonces, disparar sus dardos. Toda munición discursiva que mediatice al enemigo (“el perverso entramado de Estados centrales y corporaciones privadas") es agua para el molino de aquél, del enemigo.

La ya citada nota de APM La versión latinoamericana de la Doctrina Monroe nos formula un interrogante de primera magnitud en torno a las posibilidades de acciones concretas en consonancia con los discursos que defienden la soberanía argentina sobre las islas Malvinas.

Leamos lo siguiente. “Según el diario británico The Telegraph, bajo las aguas costeras de las islas Malvinas podría haber suficientes reservas de petróleo como para llenar sesenta mil millones de barriles. El diario informó que las empresas británicas Rockhopper Exploration, Desire Petroleum, Falkland Oil and Gas, Borders y Southern Petroleum están ahora mismo explorando el lado sur y norte de las islas. The Telegraph subrayó que los proyectos han tenido un financiamiento de 327 millones de libras esterlinas y recuerda por qué las exploraciones previas en las aguas costeras de las islas, en 1998, se abandonaron: no eran rentables teniendo en cuenta el precio del petróleo en aquel momento. El presidente de Falkland Islands Holdings y vicepresidente de Falkland Oil and Gas, David Hudd, dijo al diario The Sun que los beneficios serían "enormes, para las islas y para el Reino Unido".

Y sigamos leyendo. “En plena crisis entre los gobiernos británico y argentino por la explotación petrolera en la cuenca de las Islas Malvinas, la empresa Repsol-YPF también buscará hidrocarburos en ese sector, aunque en territorio argentino, a partir de noviembre próximo, según anunció en Madrid su titular, Antonio Brufau. ‘Ahora estamos en la fase de contratación de la plataforma’, sostuvo Brufau, quien, con todo, admitió que la posibilidad de hallar y extraer petróleo es muy ‘baja o limitada’. Por su parte, Antonio Gomis, director general de Repsol en Argentina, dijo a la prensa internacional que las exploraciones se llevarán a cabo en la cuenca de Malvinas, pero en aguas territoriales argentinas, `lejos de las que están en disputa’ actualmente entre Buenos Aires y Londres”.

¿Está claro, no? El entramado corporativo energético se pone en movimiento y cuenta nada más y nada menos que con la sociedad atlántica histórica entre Gran Bretaña y Estados Unidos, en la cual el entrecruzamiento de sujetos estatales y empresarios (entre estos últimos los financieros ocupan un lugar relevante) es una constante sólo ajustable a las coyunturas.

La asistencia logística a Londres por parte del gobierno estadounidense mientras el mismo jugaba de “mediador” en la guerra de 1982, y las declaraciones de “neutralidad” de la actual Administración Obama, por boca de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, son dos capítulos congruentes de una misma historia.

Nunca más oportunas entonces las recientes declaraciones de la presidenta Fernández de Kirchner a la CNN, cuando, en el marco de la cumbre de Cancún y de la intervención de la cancillería argentina ante el secretariado general de Naciones Unidas (ONU), reconoció su desencanto ante las tantas expectativas que habría provocado la llegada de Obama a la Casa Blanca.

La reciente decisión unánime de los países latinoamericanos y del Caribe a favor de los reclamos argentinos, el espaldarazo de Lula y sus mordaces críticas al sistema de la ONU, la experiencia acumulada a lo largo de casi una década en torno al lento perfeccionamiento de los mecanismos de integración regional –podríamos decir que casi consagrados en Cancún- y los trabajos realizados para avanzar hacia un Banco del Sur y de una Petrosur, por ejemplo, deberían capitalizarse, dar un salto de calidad.

¿No sería recomendable, por un acaso, una asociación de las petroleras latinoamericanas con presencia estatal para responderle al trazado hegemónico con la misma moneda, e instalar, otro acaso, obras de exploración compartidas allí justito, frente a las narices del emprendimiento de Su Majestad nunca elegida por británico alguno?

A continuación, la nota citada.

Las Islas Malvinas son argentinas.
La versión latinoamericana de la Doctrina Monroe
Escenarios y un panorama posible después del espaldarazo que recibiera la diplomacia de Buenos Aires en Cancún. Lula estadista. Armas nucleares del RU en el Atlántico Sur. Geoestrategia, recursos naturales y Antártida; también la Patagonia.

Las Malvinas, centro de una disputa necolonial
Foto: Archivo
Por Diego Ghersi | Desde la Redacción de APM 25|02|2010

Agrandar Reducir Restablecer Lo más notable del apoyo latinoamericano que Argentina recibió en Cancún es el simple reconocimiento de que antes estas cosas no pasaban. No se decían.

Es que a nadie escapa que el saqueo del Atlántico Sur que Londres avala con firmeza es un asunto que excede el interés de Buenos Aires, en un contexto en el que los países al sur del Río Grande buscan diferenciarse a través de organizaciones suprarregionales propias, que entiendan en lo que consideran problemas que les son comunes.

No es casualidad que el respaldo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya nacido desde el Grupo Río tan sólo un instante antes de que dicha Asamblea se dispusiera a tratar la creación de una Organización continental “tipo OEA” (Organización de Estados Americanos) pero sin Estados Unidos ni Canadá.

Paralelamente al consenso obtenido por la posición argentina, Estados Unidos, a través de declaraciones del vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, informó que adoptaba una posición “neutral” frente al problema de soberanía y que instaba al “diálogo” entre Londres y Buenos Aires.

No hay nada de TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) en las manifestaciones de Crowley. Tampoco hay nada de “están con nosotros o contra nosotros”. Sí hay oposición al espíritu de Cancún, que parece haber tomado como propia la ofensa causada por la incursión británica en aguas reclamadas por Argentina.

¿Qué hubiera pasado en 1962 si alguien se declaraba “neutral” al bloqueo de Cuba?

¿No hubo una guerra cuando el empresario argentino Constantino Davidoff intentó desensamblar una factoría en las Georgias durante 1982?

Llegados a esta instancia es necesario repetir –una vez más y hasta el hartazgo- por qué son importantes las Islas Malvinas y por qué Gran Bretaña se toma tantas molestias con ellas.

Hay tres causas fundamentales que explican el interés británico.

La primera es el carácter geoestratégico, fundado en el hecho de que el archipiélago custodia uno de los puntos de estrangulamiento de la navegación mundial: el Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake. Porque si bien es cierto que el pasaje Atlántico –Pacífico puede ejecutarse a través del canal de Panamá, también es importante decir que ese paso no tiene las dimensiones que permitan el tránsito de una flota basada en portaaviones.

La segunda es la riqueza natural del área. No sólo es petróleo, también es biodiversidad marina y explotación de pesca.

La tercera es la proyección antártica. Nadie quiere perderse el acceso a esa “Caja de Pandora” congelada por siglos. Pero para tener pretensiones sobre el continente blanco, al menos habría que estar mínimamente cerca en términos geográficos. Las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur aportan ese requisito a Londres, al menos como para sentarse a la mesa de discusiones cuando llegue el momento.

Este último punto explica en parte las durísimas declaraciones hacia la posición británica del presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, estableciendo la necesidad de aclarar “la razón geográfica, política y económica por la cual Inglaterra está en Malvinas”. Otra vez, cometer la irrespetuosidad de pedir razones en ese tono a una potencia mundial; antes no se hacía.

La posición del presidente de Brasil corresponde a la de un estadista que ha asumido la totalidad de las obligaciones que hacen falta para poner a su nación como potencia regional y mundial.

Pero Lula no se quedó en la defensa de su socio menor y de Latinoamérica toda. También le exigió una explicación a Naciones Unidas (ONU) por no "haber tomado una decisión que dijera que no es posible que Argentina no se adueñe de Malvinas y que, por el contrario, lo haga un país que está a 14 mil kilómetros de distancia de las islas" y la crítica, que antes no se hacía, fue un cachetazo para una organización que hace rato que no sirve para nada.

El posicionamiento latinoamericano liderado por Brasil y la búsqueda de lo que se denominó “una OEA sin Estados Unidos y Canadá” no hace más que –usemos terminología argentina pura- “marcar la cancha” o, sin temor a aventurarse demasiado, colaborar a un deseo compartido por los gobiernos implicados de que “Latinoamérica sea para los latinoamericanos” y éstos se manifiesten en organismos que funcionen.

Para esto también Estados Unidos tuvo respuesta en la boca del el máximo responsable del Departamento de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela, quién simplemente contestó con modo arrogante “¿Reemplazar a la Organización de Estados Americanos?”.

El entuerto argentino-británico por Malvinas ha desatado algunas cuerdas que marcan que nuevos aires soplan en estos tiempos.

El gran logro es el paso adelante en el sentido de que los recursos naturales de Latinoamérica son de los latinoamericanos y no están sujetos a la depredación de empresas privadas, a cuyos deseos son funcionales gobiernos de otro hemisferio.

Sin embargo debe reconocerse que la maravillosa actitud de defender lo propio ha puesto a la región frente al desafío de sustentar los dichos con hechos concretos.

¿Qué hacer cuando quede claro que a los británicos les importa un soberano pepino Real los reclamos de un puñado de países no mayormente White-anglo/saxon-protestant?

Esta pregunta tiene múltiples respuestas que van desde acciones comerciales y políticas hasta la disuasión militar, y cuya resolución pondrá a prueba al espíritu de Cancún.

La maraña de intereses comerciales británicos en Latinoamérica es difícil de analizar en pocas líneas y se iría descubriendo con el correr del tiempo. Para darse una idea, ya circulan versiones de que la misma empresa que entiende en el canje de la deuda argentina estaría detrás de la petrolera británica que insiste en perforar el lecho marino malvinense.

Lo militar es algo más sencillo de explicar.

En principio, la matriz de pensamiento común hoy en Latinoamérica –exceptuemos Colombia- es de neto carácter no bélico. Aún así, el Poder de Combate Relativo entre Latinoamérica y la alianza Gran Bretaña- Estados Unidos es, sin dudas, desventajoso para los primeros. Eso sin siquiera contar el desequilibrio nuclear y la carencia de una organización latinoamericana que entienda las cuestiones de defensa –y todo lo que ello implica-, con perspectiva regional.

No es risible pensar en las armas atómicas en momentos en que es de dominio público que Inglaterra transportó al escenario bélico de 1982 el 65 por ciento de su arsenal nuclear y, obviamente, no para sacarlo de simple paseo. Es más, el HMS Sheffield -hundido por la Aviación Naval Argentina en pleno conflicto- se habría llevado a pique unas cuantas ojivas contaminantes al fondo del mar.

Por lo pronto, el diario inglés The Times anunció el 24 de febrero que un submarino nuclear había sido despachado a la zona de litigio. La noticia, obtenida desde el entorno del mismísimo Gordon Brown, confirma que a la hora de la guerra los “casacas rojas” van “a por todo” sin que les importe nada.

Un submarino nuclear desequilibra aún más la ecuación bélica del Atlántico Sur, ya descompensada por la Base malvinense de Mount Pleasant, impresionante complejo militar que concentra aviones Tornado y misiles Rapier de última generación.

En lo político, apuntar a la ineptitud que demuestra el actual diseño de la ONU –condenada en Cancún por Cristina Fernández de Kirchner y Lula Da Silva- tiende a forzar cambios que atentan contra la concepción del “yo tengo una pistola y ustedes no”, que parece ser la vara que mide las controversias internacionales en todo el orbe y que es sostenida por las grandes potencias que ocupan el Consejo de Seguridad del organismo.

Para finalizar, esta cuestión en torno a Malvinas es la punta del iceberg de lo que en materia geoestratégica se puede esperar a corto plazo. Las potencias hegemónicas no van a ahorrar esfuerzos por asentarse en el Atlántico Sur –la zona actualmente más preciada del planeta, Patagonia Argentina incluida- a fin de servirse de sus recursos.

A la complejidad del problema se suma el comportamiento de las oposiciones internas de cada país -en particular de Brasil y de Argentina- y del futuro –por muy poco- oficialismo chileno, representantes de una matriz tradicionalmente funcional al poder británico/estadounidense y anclada en la idea de que la unión de Latinoamérica sencillamente no existe, no es posible y jamás sucederá.

Pero esa es otra historia.

dghersi@

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