Nueva teoría de las serpientes antiperonistas: “La democracia delegativa”

(Claudio Diaz)

Diaz:-Si no bastara con la filosofía barata de Grondona, los análisis
de mercado de Morales Solá y las historietas de Academia de Romero, ha
llegado: Guillermo O´Donnell.

Nueva teoría de las serpientes antiperonistas: “La democracia delegativa”

DEDÉ

Por Claudio Diaz

Si no bastara con la filosofía barata de Mariano Grondona, los
análisis de mercado de Joaquín Morales Solá y las historietas de
academia de Luis Alberto Romero, el poder económico que intenta meter
en caja al gobierno argentino acaba de incorporar a sus filas a un
intelectual proveniente de las filas progresistas.

En verdad, la tarea de rescate le correspondió al Grupo Clarín, que en
ardua disputa con su competidor de clase, La Nación, se impuso en la
pulseada para sumarlo como nueva materia gris de la restauración
conservadora.

Guillermo O’Donnell, de él se trata, viene batallando desde hace un
par de años con una nueva teoría que promete ganar espacio en el mundo
de las capas medias a las que, en su voracidad consumista, les encanta
adquirir status como cadena repetidora de ideas ajenas.

Con visión científica, este pensador ha descubierto un nuevo virus que
infecta nuestra América: el de las democracias delegativas.

Aunque lo explicaremos más en detalle, este sistema vendría a ser una
desviación, mejor dicho: una degeneración de las democracias
representativas que tanto beneficio le trajeron a nuestros pueblos.

¿Quién está detrás de este tipo de regímenes?

Obvio, el populismo.

O’Donnell tiene toda la pinta de buen tipo. Hermano de Pacho, el
admirado historiador revisionista, y padre de los periodistas María y
Santiago, concurre el jueves 14 de enero al programa de Julio Blanck y
Eduardo Van der Kooy, en TN.

Allí es presentado como el politólogo más importante y lúcido de la Argentina.

Curiosa manera ésta de presentar a quienes desarrollaron toda su
carrera en el extranjero como expertos conocedores de la realidad de
su país, de donde se fueron para enseñar y servir en otros territorios
y, se supone, aprender más de lo foráneo que lo de lo autóctono.

O’Donnell ni siquiera se graduó en una universidad argentina.

Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Yale, y miembro de
la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias, ha sido profesor e
investigador de universidades como las de California, Stanford,
Oxford, Cambridge y Notre Dame.

Pero según parece, y pese a que vivió casi 40 años afuera de su país,
conoce muy bien el reciente pasado y el presente de la Argentina.

Ya sentado en la mesa examinadora de TN, desgrana su idea central.

La democracia delegativa es nociva porque -según se desprende de su
tesis- el gobernante que la conduce se toma la cosa en serio: si lo
eligieron como presidente, si la gente lo votó para que de una vez por
todas intente hacer algo contra los poderosos, demuestre que tiene
voluntad para cumplir.

Y esa gente, con errores y todo, va en ese camino y, en una postura
por demás insolente, parece querer enfrentar nomás a aquellos poderes.

Eso está muy mal, nos dice O’Donnell, porque si el poder económico y
sus administradores tuvieron la generosidad de dejarnos vivir en
democracia, es para que se haga lo mismo que en dictadura pero
constitucionalmente , en orden y paz.

O sea: la acumulación de riquezas y su reparto se debe seguir haciendo
bajo las pautas tradicionales, como quieren aquellos.

Y estos gobiernos delegativos hacen otra cosa.

Cuando ven que hay dinero en el Mercado lo toman para sí, se apropian
de él con impunidad.

¿Y para qué? Para jubilar a tres millones de personas, para crear
cooperativas cuyos trabajadores puedan recibir al mes 1.400 pesos,
para que los padres de cinco millones de pibes pobres tengan al menos
una asignación universal que les ayude a paliar la miseria que aún
padecen y para seguir pagando la deuda que las otras democracias, las
representativas (las representativas del Mercado) le endosaron al país
para mantenerlo agarrado del cuello.

Con su mentón filoso y mirada de fusilero, tirado levemente hacia
adelante, el marino Van der Kooy, cada vez mas parecido a Grondona,
escucha plácidamente al invitado y le dice que siga, que siga nomás
con su teoría, evidentemente satisfecho en su apetito de ave rapaz.

Y continúa O’Donnell, ahora ayudado por el impecable manejo de cámaras.

Porque cuando Blancknieves quiere saber quiénes son los chicos malos
del bosque que quieren envenenar a las democracias occidentales, el
experto habla y habla aunque ya no se ve.

Es que en el plasma que acompaña la escenografía del piso asoman
primerísimos planos de Putin, Fujimori, Correa, Chávez y de sopetón,
como quien no quiere la cosa, Cristina Fernández de Kirchner.

O’Donnell dice que tiene miedo de que nuestro gobierno tire tanto de
la cuerda que al final el elástico se termine rompiendo en su cara.

Porque lo que quiere dejar en claro es que si el clima se pone pesado
no es por culpa de los dueños de la riqueza y las palabras, sino de
estos gobiernos (se insiste: delegativos) que se atreven a disputarle
el poder al gran capital.

Tal vez no sea él un oligarca.

Es más, pondríamos nuestras manos en el fuego para asegurar que en
verdad no lo es.

Pero es que estos intelectuales sienten tanto pánico de tener que
bajarse del pedestal al que los subieron, que quieren que todo siga
como está.

Que no es lindo que haya pobres, pero que es peor que alguien se
atreva a hacer olas (como estas democracias suramericanas
delegativas) .

Porque cuando el capital se pone furioso por culpa de los que intentan
meterse en sus asuntos, Dios nos libre y guarde… Es decir, los
pensadores progresistas como O’Donnell se vuelven tremendamente
conservadores.

Ya el año pasado, invitado por el Grupo Clarín como orador central del
acto-presentació n de la novena edición de la Maestría de Periodismo,
el politólogo fue muy explícito al dirigir unas palabras a los
jerarcas y periodistas del diario, entre quienes se encontraban, por
supuesto, Van der Kooy y Blanck: -El poder tiende a esconderse y
nuestra misión es mostrarlo.

Pero, ¿de qué poder hablaba? ¿Del financiero, del de las potencias dominantes?

No, nada que ver.

-Los politólogos y los periodistas somos molestos y tenemos que tener
una mirada crítica con especial foco en los gobiernos y en los
Estados.

De vuelta en este 2010, el pasado martes 12 el diario ya le había
concedido un generoso espacio en la página de opinión para desarrollar
su preocupación.

-El riesgo de un deslizamiento de la democracia al autoritarismo, fue
el título de su artículo.

Por supuesto: O’Donnell insiste en que si este sistema fracasa, el
responsable es el peronismo.

No Cobos, que vota contra el propio gobierno que lo convocó a sus filas.

No Redrado, que juega el juego del poder financiero.

No la oposición, que le hace la corte a todos los que arrojan cáscaras
de banana al gobierno nacional para que resbale y caiga.

No Carrió, que sale de gira para pedir la intervención extranjera en
la Argentina.

Así, como en 1955 y 1976, algunos intelectuales preparan el clima para
que si llega a pasar algo nadie cercano al poder quede como
responsable de haber puesto el huevo de la serpiente.

CD/

N&P: El Correo-e del autor es Claudio Diaz diazdeoctubreyahoo. com.ar