NEOLIBERALISMO Y POSMODERNIDAD

(Gustavo Benites Jara)

El maestro Jorge Vergara es uno de los principales pensadores chilenos en la actualidad. Con él conversamos sobre las relaciones entre el neoliberalismo y la posmodernidad. Fruto de esa conversación son las siguientes ideas.

En primer lugar existe una cierta diferencia, relativa, pero importante. El neoliberalismo pretende ser una doctrina en sentido fuerte, una visión incluso dogmática, una visión de mundo, sobre el hombre, la sociedad, la historia, la política, la cual tiene una indudable impronta nietzcheana; en cambio, el posmodernismo se autodefine como un pensamiento débil, una forma de escepticismo filosófico en el cual la razón humana no puede conocer la realidad y solamente puede tener algunas representaciones provisorias sobre ella. Esta forma de escepticismo filosófico tiene su origen en Nietzche y en Heidegger y esos son los filósofos más recurrentes como citas o como fuentes para los autores posmodernos.

Sin embargo, cuando se analizan los distintos autores posmodernos como Braudillard, Vattimo o Lyotard, hay un carácter fuertemente doctrinario en su rechazo irrestricto de la modernidad, lo cual representa una operación intelectual similar a la de Nietzsche con su radical rechazo del cristianismo y de un cierto humanismo.

Hay otras diferencias también: el posmodernismo no pretende ser directamente una concepción sobre el hombre, hay algunos enunciados, pero no pretende ser una teoría del hombre, ni tampoco de la sociedad ni de la política; pero se dan una serie interesantes aproximaciones, sobre todo entre el pensamiento de Popper y de los posmodernos. En primer lugar, el neoliberalismo aparece como un individualismo radical según el cual la justicia social, la solidaridad y la cooperación son atavismos del pasado; por su parte los posmodernos, aunque afirman el descentramiento, el fin del sujeto, el posmodernismo es, como modelo de vida, un individualismo radical, que rechaza la acción comunitaria y la solidaridad. Ambos conducen a la privatización de la vida cotidiana y a una minimización del ámbito de lo público; en segundo lugar, ambas sostienen la doctrina, la antigua doctrina - que al parecer ya fue formulada por primera vez por Locke - del fin de la historia; pero la entienden de modo diferente. Para los neoliberales, hay una doctrina del fin de la historia, porque el capitalismo es insuperable, el capitalismo representa el juicio final, Cualquier intento de superar el capitalismo, nos dice Popper, nos llevaría a la barbarie, y de allí lentamente a la reconstrucción del capitalismo otra vez.

Los posmodernos afirman la doctrina del fin de la historia, pues estamos viviendo un presente continuo, un éxtasis del presente, que en buena parte se construye a partir de la influencia telemática, como aparece en los textos de Vattimo. Para ambas corrientes la historia no tiene sentido alguno. Desde el punto de vista de Popper la historia no tiene sentido porque solamente es un conjunto de acontecimientos. La historia no tiene una dirección, ni podría orientarse hacia alguna parte. No hay, por lo tanto, tendencias de la historia, ni hay tampoco una lógica de la historia. En este caso, los posmodernos también están de acuerdo: sólo hay acontecimientos discontinuos, dispersos. No es posible comprender, no se puede hablar de la historia como una unidad, hay una diversidad de historias. Y hay en este sentido otra coincidencia: ambos rechazan completamente la idea de totalidad. Desde el punto de vista de Popper, la idea de totalidad es absolutamente incomprensible porque no sería posible conocer las relaciones que existen entre los elementos de un todo, lo que hay es solamente elementos separados. Popper sostiene la idea de un individualismo metodológico: todo debe ser comprendido a partir de los elementos individuales.

Por su parte, los posmodernos rechazan la idea de globalidad. La razón humana no comprende de manera global, sólo hay elementos, acontecimientos y experiencias discontinuas. En ambos casos encontramos un antisocialismo radical. En el caso de los neoliberales, el socialismo representa una forma de pensamiento regresivo, una forma de vida tribal y además representa un error desde el punto de vista científico, pues se basa en la teoría del constructivismo social que es absolutamente indefendible. Para los posmodernos el socialismo no es más que un mito, un metarrelato fantasioso y por ello el fin de la modernidad sería asimismo el fin del socialismo con sus metarrelatos.