La Sociología Jurídica frente al aborto

(José A. Vallejo Vidal)

Doctor en Sociología

Catedrático de la Facultad Derecho y CC PP de la Universidad Tecnológica del Perú.

Profesor Principal de la Escuela Militar de Chorrillos

Profesor Visitante de la Escuela de Postgrado de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco

INTRODUCCIÓN

Una de las realidades existentes en el mundo y en nuestro país, es el aborto. En muchos lugares del mundo (en la mayoría) éste es legal, pero en el Perú no lo es. Sin embargo se realizan miles de abortos en clínicas dedicadas a esto en forma disfrazada, por médicos que en forma clandestina se dedican a estas prácticas, aunque la gran mayoría de abortos se lleva a cabo por personas empíricas: curanderos y comadronas.

El aborto se da en todos los estratos sociales, y lo que también existe en todos los estratos es un desconocimiento de los métodos que se utilizan para realizar el aborto.

Aborto, es una palabra que proviene del latín abortus (no nacido), es la interrupción del embarazo antes de que el feto pueda desarrollar vida independiente. Se habla de parto prematuro (es decir, ya no es aborto) si la salida del feto desde el útero tiene lugar cuando éste ya es viable (capaz de una vida independiente), por lo general al cabo del sexto mes de embarazo.

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TIPOS DE ABORTO

Los fetos expulsados con menos de 0,5 kg de peso o 20 semanas (5 meses) de gestación se consideran abortos. El aborto puede ser espontáneo o inducido.

A.

Aborto espontáneo

El aborto espontáneo es el que ocurre de modo natural, involuntario y constituye un asunto de la ciencia médica sobre el cual no nos cabe opinar a nosotros los legos en medicina.

Se calcula que el 25% de todos los embarazos humanos finalizan en aborto espontáneo, y tres cuartas partes de los abortos suceden en los tres primeros meses de embarazo. Algunas mujeres tienen cierta predisposición a tener abortos espontáneos, y con cada aborto sucesivo disminuyen las posibilidades de que el embarazo llegue a término.

Las causas del aborto espontáneo no se conocen con exactitud. En la mitad de los casos, hay alteración del desarrollo del embrión o del tejido placentario, que puede ser consecuencia de trastornos de las propias células germinales o de una alteración de la implantación del óvulo en desarrollo. También puede ser consecuencia de alteraciones en el entorno materno. Se sabe que algunas carencias vitamínicas graves pueden ser causa de abortos en animales de experimentación. Algunas mujeres que han tenido abortos espontáneos repetidos padecen alteraciones hormonales. Otros abortos espontáneos pueden ser consecuencia de situaciones maternas anormales, como enfermedades infecciosas agudas, enfermedades sistémicas como la nefritis, diabetes o traumatismos graves. Las malformaciones y los tumores uterinos también pueden ser la causa; la ansiedad extrema y otras alteraciones psíquicas pueden contribuir a la expulsión prematura del feto.

En un aborto espontáneo, el contenido del útero puede ser expulsado del todo o en parte; sin embargo, en ocasiones, el embrión muerto puede permanecer en el interior del útero durante semanas o meses: es el llamado aborto diferido. La mayor parte de los médicos recomiendan la excisión quirúrgica de todo resto embrionario o placentario para eliminar las posibilidades de infección o irritación de la mucosa uterina.

B.

Aborto inducido o provocado

El aborto inducido o provocado es la interrupción deliberada del embarazo mediante la extracción del feto de la cavidad uterina. Es el que nos interesa como científicos sociales por sus connotaciones sociales, políticas, económicas, éticas y legales.

Los abortos del primer trimestre son relativamente sencillos y seguros cuando se realizan en condiciones clínicas adecuadas. Los riesgos de complicaciones aumentan de manera paralela a la edad de la gestante y consisten en infecciones, lesiones del cuello uterino, perforación uterina y hemorragias. Hay situaciones clínicas concretas en las que un aborto inducido, incluso tardío, supone menor riesgo para la paciente que la terminación del embarazo.

De acuerdo a la motivación hay cuatro clases de aborto inducido:

a. Aborto terapéutico: Es aquel que tiene como fin proteger la vida de la madre cuando la continuación del embarazo amenaza la vida de la madre o merma seriamente su salud. La legislación peruana acepta plenamente este tipo de aborto y su práctica no conlleva, por consiguiente, ninguna sanción en el Código Penal que en su artículo 119 dice: “No es punible el aborto practicado por un médico con el consentimiento de la mujer embarazada o de su representante legal, si lo tuviere, cuando es el único medio para salvar la vida de la gestante o para evitar en su salud un mal grave y permanente”.

Sin embargo la iglesia católica se opone rotundamente a este tipo de aborto prefiriendo la muerte de la madre (un ser ya desarrollado, con un entorno social establecido, un conjunto de personas que dependen de ella y una trayectoria moral y laboral perfectamente definida) a la salvación del feto (un ser no desarrollado, sin entorno social establecido, sin ninguna persona que dependa de él y con una indefinición total sobre su futuro moral y laboral). El congresista Rafael Rey Rey, fanático militante del Opus Dei, manifestó (Caretas, N° 1749) que “de darse el caso era preferible el sacrificio de la madre a la interrupción del embarazo que amenaza su vida”.

Generalmente éste es el subterfugio “legal” utilizado por las mujeres de status alto para practicar los abortos señalados más adelante gracias a su elevado nivel económico que les permite usar clínicas seguras y comprar médicos discretos que “diagnostiquen” la “necesidad” de un aborto terapéutico. Las mujeres de status bajo que están bajo la presión de un embarazo no deseado se ven obligadas a recurrir a una comadrona o curandero con los consiguientes riesgos para su vida y su salud.

b. Aborto eugenésico: Es aquel que se realiza para evitar la transferencia de las taras genéticas de los progenitores o cuando se sabe con certeza que el feto tiene malformaciones físicas o mentales graves. La legislación peruana, bajo la presión de la iglesia católica, castiga, aunque levemente, este tipo de aborto. De tal manera el Código Penal en su artículo 120 dice: “El aborto será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres meses: inciso 2. Cuando es probable que el ser en formación conlleve al nacimiento graves taras físicas o psíquicas, siempre que exista diagnóstico médico”.

¿Qué sucede cuando se trata de un feto anancefálico, es decir, que no tiene cerebro y que, por tanto, sus posibilidades de vida fuera del útero son nulas? Al no aplicarse el aborto eugenésico ¿vale la pena obligar a una mujer a sobrellevar una gestación dolorosa que resultará traumática?

c. Aborto por violación, por incesto o por inseminación artificial no consentida (mal llamado “aborto sentimental”): En el primer caso, es aquel que se realiza para evitar el alumbramiento del feto producido por coito de persona o personas conocidas o desconocidas, haciendo uso de la fuerza sobre una mujer, mayor o menor de edad; o en el segundo caso, por pariente cercano (padre, hermano, tío, etc.). La legislación peruana también castiga, aunque levemente, este tipo de aborto. El Código Penal en su artículo 120 dice: “El aborto será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres meses: inciso 1. Cuando el embarazo sea consecuencia de violación sexual fuera de matrimonio o inseminación artificial no consentida y ocurrida fuera de matrimonio, siempre que los hechos hubieran sido denunciados o investigados cuando menos policialmente”.

¿Por qué obligar a una mujer, o a una niña, a llevar un embarazo no deseado producto de una violación o de una inseminación artificial no consentida?

d. Aborto socio-económico: Es aquel que se realiza a petición de la madre, pero no por razones de salud o enfermedad del feto, sino por problemas de tipo socio-económico. Este tipo de aborto está penado en el Perú con dos años para la mujer y cinco para el médico.

3 HISTORIA DEL ABORTO

Desde siempre han aparecido referencias al aborto en diversas culturas de la antigüedad en cuanto a la manera de realizarlo y a las disposiciones que tenían para juzgar el acto.

Una de las descripciones más antiguas sobre cómo efectuarlo es el que aparece en el tratado médico escrito en China durante el gobierno del emperador Shen Nung en el siglo XVII a. C.

En el Código de Hammurabi (2500 a. C.) el aborto se consideraba un delito contra los intereses del padre o marido y también una lesión a la mujer. En Babilonia las leyes reconocían ciertos derechos a la mujer, pero en general, sólo el marido es el ofendido y económicamente lesionado.

Se han encontrado alusiones respecto al aborto en diversos papiros egipcios que ofrecen detalles sobre la operación.

En el derecho hebreo (Éxodo, XXI, Vers. 22) figura: “Si unos hombres, en el curso de una pelea, dan un golpe a una mujer embarazada provocándole un aborto, sin que muera la mujer, serán multados conforme a lo que imponga el marido ante los jueces. Pero si la mujer muere, pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”.

Respecto al aborto hay una concepción que domina toda la antigüedad en los pueblos orientales, en Grecia y en Roma. El feto es pars viscerum matris, es decir, que es parte de perpetua minoridad y así el poder del tutor, padre, esposo, estado, se extendía a los bienes y a la persona de la mujer. Y por tanto, al fruto de su concepción.

En las ciudades griegas el aborto era considerado una práctica normal de regulación de nacimientos. El mismo Hipócrates, a pesar de la condena del aborto que contiene su juramento, no vacila en aconsejar a las parteras acerca de los abortivos y anticonceptivos. Platón propone en “La República”, pag. 204: “Sin embargo, creo yo que cuando las mujeres y los hombres hayan sobrepasado la edad fijada para la procreación (de 20 a 40 años, en las mujeres y de 55 para los hombres), deberán tener libertad para cohabitar con quien deseen, menos con sus hijas o con sus madres, o con las descendientes y ascendientes de éstas. Esta excepción alcanzará a las mujeres con sus hijos y con su padre, o con sus respectivos descendientes y ascendientes. Ahora bien, aún en este caso tendrán que ser advertidos de la necesidad de no dar a luz ningún fruto, el cual, si en efecto naciese a pesar de los obstáculos puestos a ello (se sobreentiende que dichos obstáculos son los métodos anticonceptivos y el aborto), no podrá contar con ayuda alguna para su desarrollo”. Aristóteles, por su parte, era partidario de la limitación de los nacimientos.

En la época del Imperio Romano, el aborto se extendió mucho. Según Ovidio, las matriarcas abortaban a menudo para castigar al marido o para que la semejanza física con el amante de turno no revelara el adulterio. Empieza entonces la reacción del Estado que considera el aborto un acto indigno contra la moral, vislumbrándose la teoría de que el Estado asume la defensa de los intereses demográficos y de la protección de las costumbres. Decía Cicerón en sus “Oraciones”: “Con el aborto se destruye la esperanza de un padre, el sostén de una raza, el heredero de una familia, el ciudadano de un Estado”.

El aborto gozó de relativa aceptación o fue tolerado en la Europa medieval.

En el Perú, durante el Incanato, se castigaba con la pena de muerte la interrupción del embarazo después de los tres meses de embarazo. Durante la Colonia la represión del aborto era absoluta y su práctica se sancionaba, según los casos, con la pena de muerte o con el destierro.

La iglesia católica, por su parte, ha condenado al aborto deliberado sólo últimamente y ha hecho explícita su oposición a las legislaciones que aceptan su liberalización, estableciendo su posición en documentos y encíclicas papales, como en Humanae Vitae de Paulo VI (1968) y Evangelium vitae de Juan Pablo II (1995).

Recién en el siglo XIX se hicieron comunes severas sanciones penales para disuadir el aborto. Pero, en el siglo XX dichas sanciones se modificaron gradualmente en muchos países.

En EE.UU. el fallo judicial Roe vs. Wade de 1973 tuvo el efecto de legalizar el aborto durante los tres primeros meses del embarazo. Los estados podían poner en práctica restricciones al aborto después del primer trimestre, aunque dentro de los límites fijados por los tribunales.

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REGULACIÓN DEL ABORTO

Como ya hemos dicho, en la antigüedad la realización de abortos era un método generalizado para el control de natalidad. Después fue restringido o prohibido por la mayoría de las religiones, pero no se consideró una acción ilegal hasta el siglo XIX. El aborto se prohibió para proteger a las mujeres de intervenciones quirúrgicas que, en aquella época, no estaban exentas de riesgo; la única situación en la que estaba permitida su práctica era cuando peligraba la vida de la madre. En ocasiones también se permitía el aborto cuando había riesgos para la salud materna.

Durante el siglo XX la legislación ha liberalizado la interrupción de embarazos no deseados en diversas situaciones médicas, sociales o particulares. Los abortos por voluntad expresa de la madre fueron legalizados primero en la Rusia posrevolucionaria de 1920; posteriormente se permitieron en Japón y en algunos países de la Europa del Este después de la II Guerra Mundial. A finales de la década de 1960 la despenalización del aborto se extendió a muchos países. Las razones de estos cambios legales fueron de tres tipos:

1) el infanticidio y la mortalidad materna asociada a la práctica de abortos ilegales (En el Perú el promedio de abortos ilegales es de 1000 por día: Según Susana Chávez del Centro Flora Tristán: “Son 380,000 las mujeres que se someten a prácticas clandestinas de aborto, la mayoría de las cuales se hacen en condiciones mínimas de seguridad. En consecuencia, el problema es también de salud pública”. Caretas, N° 1749);

2) la sobrepoblación mundial;

3) el auge del movimiento feminista.

Hacia 1980, el 20% de la población mundial habitaba en países donde la legislación sólo permitía el aborto en situaciones de riesgo para la vida de la madre. Otro 40% de la población mundial residía en países en los que el aborto estaba permitido en ciertos supuestos —riesgo para la salud materna, situaciones de violación o incesto, presencia de alteraciones congénitas o genéticas en el feto— o en situaciones sociales especiales (madres solteras o con bajos ingresos). Otro 40% de la población mundial residía en países donde el aborto estaba liberalizado con las únicas condicionantes de los plazos legales para su realización.

La reivindicación del derecho a la interrupción del embarazo, bajo unas u otras condiciones, aparece como característica de las sociedades contemporáneas, vinculada tanto a los progresos de la ciencia, que permiten ya intervenciones con niveles óptimos de seguridad, como la emancipación de la mujer y enfrentada con las fuerzas sociales o políticas más retrógradas que en base a motivos religiosos o seudo éticos, mantienen actitudes antiabortistas. De cualquier modo, el movimiento de despenalización para ciertos supuestos, ha seguido creciendo desde entonces en todo el mundo y ha sido defendido en las conferencias mundiales sobre la mujer, especialmente en la de Beijing de 1995, aunque todavía hay países, como el Perú, que, sobre todo por razones religiosas, se ven presionados a mantener legislaciones restrictivas y condenatorias con respecto al aborto.

De todas maneras el aborto está despenalizado en los países más cultos, desarrollados y avanzados del planeta tales como: Canadá y Estados Unidos, todos los países de Europa occidental y oriental (incluso los más católicos como España, Portugal, Italia, Francia y Polonia, exceptuando Irlanda y Bélgica). En América Latina, el aborto está despenalizado en México, Cuba, Brasil, Argentina, Costa Rica, Ecuador y Honduras. En Asia, en China, Japón, Mongolia, India, Vietnam, Corea, Laos, Camboya y en todas las ex repúblicas soviéticas. Y en África, en Camerún, Etiopía, Congo, Ghana, Kenia, Sierra Leona, Túnez y Uganda.

En todos estos países el aborto es gratuito, en los hospitales del Estado, y sólo se exige que sea voluntario y seguro, es decir, cumpliendo con todas las normas de la ciencia médica al respecto.

5 CAUSAS DEL ABORTO EN EL PERÚ

Una de las causas más comunes que agravan el delito del aborto es la escasa disposición que hay en las personas para optar por la planificación familiar o para emplear métodos anticonceptivos seguros, es un fenómeno que se da especialmente en las adolescentes. En efecto, la ausencia de orientación que sobre el ejercicio de su sexualidad deben tener éstas, así como su desconocimiento de métodos anticonceptivos seguros acarrean como resultado un alto porcentaje de maternidades no deseadas.

En la región andina, alrededor del 80% de gestaciones de mujeres adolescentes es de este carácter. La tercera parte o más de los nacimientos no es deseado ni planificado. Un gran porcentaje de mujeres que recurren al aborto por haberse embarazado sin desearlo son adolescentes. El resto del Perú no es ajeno a esta realidad. De acuerdo a la encuesta demográfica y de salud de ENDES (1991-1992) aproximadamente 1 de cada 10 adolescentes convive o está casada, pero 7 de cada 10 no usa ningún método anticonceptivo.

Gran cantidad de veces el aborto se debe a motivos económicos. En estos casos, el aborto no es un efecto sino una consecuencia de la miseria acrecentada que representan para los hogares pobres las nuevas bocas que alimentar.

Las clases pobres están bajo un triple efecto: por un lado, su desconocimiento de los métodos anticonceptivos naturales y artificiales; por otro, su indigencia para adquirirlos; y, por último, la prédica persistente de la iglesia católica contra los métodos artificiales que causa mayor impacto en los sectores más ignorantes.

En la clase media y las clases altas el conocimiento y la posibilidad de adquirir los métodos anticonceptivos artificiales es más factible. Una encuesta española dio en efecto un conocimiento de sólo la mitad de métodos anticonceptivos en las clases pobres respecto a las ricas, para no hablar de las posibilidades culturales, entre las que está el fanatismo religioso, higiénicas y económicas, tan inferiores que las primeras tienen que emplear los anticonceptivos más eficaces, debiendo recurrir mucho más al aborto.

Parecida desigualdad se observa después por clases sociales. Las clases sociales altas pueden pagarse un buen médico en clínicas especializadas, con lo que sus abortos dejan menos rastros, por ser más técnicos e incluso pueden viajar a otros países para abortar “silenciosamente”; así desde Francia a Suiza o a Serbia y desde Estados Unidos a Suecia, Japón o Puerto Rico. Las clases bajas, en cambio, deben abortar con cualquier curandero, comadrona o, incluso, recurrir al autoaborto, con lamentables consecuencias.

Son muchas las razones que empujan a las mujeres a interrumpir la gestación aun cuando ello suponga correr riesgos que confronta un aborto inseguro y además penalizado.

Según un informe del Instituto Allan Guttmacher del Perú, entre las principales razones están

a. la falta de medios económicos para sostener más hijos,

b. las relaciones de pareja inestables que inhibe a que éstas decidan criar hijos juntos,

c. el deseo de las parejas de no tener todavía hijos,

d. el miedo de los adolescentes y solteras a la sanción moral,

e. la aspiración de algunas solteras jóvenes a lograr satisfacciones personales antes de ser madres,

f. las posibles anomalías del feto,

g. pero sobre todo, el embarazo producido por violación sexual o incesto.

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UNA HISTORIA REAL

“Tenía que construir una difícil carretera en Cajamarca. Los albañiles estaban escasos allá y acá. Un trabajador barranquino amigo reunió unos cuantos. Uno de ellos era Fausto, fuerte, acholado, feo, melenudo. El mal tipo fue superado por la recomendación de mi amigo: ‘es un gran albañil’.

Llegué un martes; los 18 contratados lo harían el sábado para arrancar lunes. Una señora daría pensión a 100 metros del campamento en su cabañita de piedra y madera. Allí vivía con su madre, viuda, aún guapa, y con su engreída hijita de 15 años, fruto del amor fugaz con un viajero. Estaban felices: harían un tambo para atender la nueva carretera. Pasaron seis meses. Terminábamos el tercer puente, cuando la tragedia cambió todo.

Luego del vaciado final y del ritual con cruz de flores, los obreros fueron al pueblo cercano. Ya eran varias las horas que bebían, cuando Fausto se retiró sin decir nada. A pie, el campamento quedaba a una hora. Llegó a media tarde. Sabía que la niña estaba sola como todos los sábados, día de compras. La bestia cobarde que tenía dentro dominó a Fausto. Luego de matar al único guardián, el perro, forzó, maltrató, violó a la niña. Recibí la noticia en Lima. Fui de inmediato. Ingresé a un cuadro desgarrador. Madre y abuela lloraban, gritaban, me estrujaban. La chica balbuceaba desconectada. Me senté en la cama pobre, le hice cariño tocándole sus cabellos dorados. Tembló mirándome con pavor. No me reconoció. Ya no sabía de la enseñanza del joven ingeniero que la había convertido en la mejor alumna. Ya no estaba. Me retiré con los ojos nublados. Me sentí culpable.

Hablé con especialistas. Una sicóloga se ofreció a darle tratamiento. El problema se agravó cuando supieron que estaba embarazada. La niña se golpeaba con fuerza sus pechos y vientre. Había que agarrarla forcejeando. Lo poco que hablaba era contra lo que tenía dentro de sí. Estaba camino a la locura total. Pasaron semanas y todo a peor. Los médicos me llamaron: ‘Para poder iniciar una terapia, hay que extraerle el hijo’. La abuela muy católica rechazó. La madre la obedeció. La jovencita gritó: ¡Si! ¡sí!.

El cura se sintió ofendido y nos condenó por haber pensado en el aborto. La abuela, pálida y llorosa, me increpó: ‘Usted tiene que decírselo. Su hijo tiene que nacer’.

Sé porqué acepté. Sólo yo conocía lo de Fausto, de cómo había recibido el odio de todos por ser fruto de una violación; de los golpes recibidos por nada; de cómo jamás tuvo un afecto, siquiera un cariño. La vida fue engendrando dentro de él un monstruo.

Cuando estuve frente a la niña, sus grandes ojos me miraron con angustia. No me dejó sentar junto a ella. Le hablé, buscando las palabras más sencillas, de la decisión tomada, de su gestación hasta el final. No pude terminar. Se levantó de pronto. Gritando salió corriendo. Todos corrimos tras ella. Sus pies desnudos no sentían las piedras cortantes. Corrió hasta el borde y no se detuvo jamás. El río allá abajo se vistió de rojo.

Sí, pues. A mí no me digan cobarde. En la maternidad, la decisión de la madre en riesgo es sublime y debe ser respetada. Sobre cualquier tesis o rito religioso o de puritanismo.” (Raúl Fort Barcelli. Expreso, 4-XII-2002)

7 NOTICIAS DEL EXTERIOR

a. En el año 2005 la despenalización del aborto remeció Colombia: La decisión de despenalizar el aborto en Colombia para tres casos específicos causó estupor en los sectores más conservadores del país, mientras que la mayoría de los candidatos presidenciales celebraron la medida. Un fallo de la Corte Constitucional sentenció que las mujeres podían realizarse el aborto:

i. Cuando el embarazo es consecuencia de una violación o inseminación artificial no consentida,

ii. Cuando el feto en gestación sufre malformaciones irreversibles, y

iii. Cuando corre peligro la vida de la madre.

La iglesia católica calificó la sentencia del alto tribunal como “muy triste” según la opinión del cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia (La Razón).

b. En Portugal, por iniciativa del gobierno socialista de José Sócrates, el parlamento portugués decidió celebrar un referéndum para ver si la sociedad portuguesa acepta que se despenalice el aborto durante las diez primeras semanas de gestación.

En Europa, sobre 44 países, el aborto es libre en 33 estados. En España, desde 1985, es legal hasta las 22 primeras semanas si hay malformación del feto, y hasta las 12 semanas en caso de violación. También se admite en España en caso de “angustia extrema” de la mujer, lo que, en la práctica, se traduce en la libertad total para abortar en los tres primeros meses.

Está demostrado que el hecho de que el aborto no sea legal no significa que no se realice. La práctica ilegal no sólo es delictiva, sino que, además, pone en riesgo la vida de la mujer que se somete al aborto pues se practica en clínicas clandestinas. Cada año unas mil portuguesas acaban en emergencias por complicaciones. Se calcula que entre 20.000 y 40.000 abortan en lugares clandestinos en Portugal. Las que pueden permitírselo económicamente, sin embargo, viajan a España. En este caso se estima que 9.000 portuguesas abortan en España anualmente.

El tema, por supuesto, trasciende el marco legal. Portugal aprobó en 1984, una ley del aborto que permitía interrumpir el embarazo en caso de riesgo psíquico o físico para la madre antes de las doce semanas de gestación, pero con el consentimiento del médico. Inmediatamente el Colegio de Médicos prohibió esta práctica a sus afiliados.

Según el ginecólogo portugués Miguel Oliveira, los médicos rechazan practicar abortos alegando que su código deontológico se lo prohíbe. Actualmente es casi imposible que se realice un aborto legal en Portugal, a pesar de que la ley es muy similar a la que existe en España.

La población portuguesa se muestra dividida frente al referéndum, que, a falta de fecha fijada, tendría lugar el próximo enero. El Ejecutivo portugués ha señalado que quiere que “se acabe con la llaga del aborto clandestino” que, añade, “sitúa a Portugal entre los países más atrasados de Europa”. Según la diputada socialista danesa Britta Thomsen, Portugal vive “en una situación digna de la Edad Media” (El Comercio. 28-X-2006).

Algo parecido o peor diría del Perú.

c. En España se está discutiendo la ampliación de las causales para abortar.

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CONCLUSIÓN

El problema jurídico-social del aborto debe ser encarado a nivel de la casuística concreta real y no a nivel de las abstracciones teológicas que generalmente son producto de la ilusión o de la imaginación y que pueden ser muy respetables pero que nadie tiene derecho a imponérselas a los demás, y mucho menos a través de la presión compulsiva de una Constitución o de un Código Penal.