LA IDEOLOGÍA. SU HISTORIA

(CRISTIAN GILLEN)

La ideología, que tiene un papel relevante en la defensa del sistema capitalista actual, pero también en las tentativas de superarlo, tiene orígenes muy remotos, si bien la palabra “ideología” recién surge a finales del siglo XVIII durante la revolución francesa.
Los primeros indicios del empleo de la ideología para consolidar la jerarquización social, se ubicarían en el calcolítico[1], periodo que se situaría entre el neolítico y la Edad de Bronce. En esa fase del desarrollo de la historia, se produjo un proceso generalizado de sedentarización que, de acuerdo a las regiones del mundo, se llevó a cabo paralelamente o articulándose con prácticas de nomadismo. El resultado de esta transformación en la lógica de vida fue la constitución de una modalidad de producción agrícola. Las nuevas formas de trabajo crearon estructuras sociales donde se establecían diferencias entre estratos sociales, que se fundamentaron en base a elementos de carácter ideológico. Los grupos dominantes que surgieron trataron de asentar su poder mediante un sistema de representaciones de ídolos, reforzado por mitos, con el fin de que se sedimentara en la conciencia popular y formara parte de su sentido común.
Pero es con la civilización egipcia, de la cual se obtienen los legados más consistentes y concretos en lo que respecta a la utilización de la ideología por reyes y sacerdotes, que el proceso de dominación de las masas se hace de manera más sistemática[2]. De acuerdo a Patrick Tort, Marx se habría nutrido de la idolatría egipcia en la elaboración de su teoría de la ideología en el siglo XIX[3].
Por otro lado, antes de la aparición del término “ideología”, varios filósofos habían presentado a lo largo de la historia sus visiones sobre lo que se conoce hoy bajo la palabra “ideología”.
Platón, por ejemplo, relacionaba la ideología con lo que se denomina “falsa conciencia”, la cual era considerada por el filósofo como el no reconocimiento por parte de los hombres de las “reglas” que deben normar su comportamiento[4]. Maquiavelo, en el siglo XV, desarrolló una concepción bastante sofisticada de la ideología, sin hacer expresamente uso de esta terminología. Veía la ideología como una percepción distorsionada de los apetitos, intereses y juicios humanos. Maquiavelo igualmente establecía una correlación entre la ideología, la política, la religión y el poder de dominación. Además, disociaba de manera ingeniosa la apariencia de lo que realmente son las cosas al manifestar que “todo el mundo ve lo que aparece ser, pocos experimentan lo que realmente es”[5]. Esta distinción entre apariencia y esencia fue analizada por Marx, sobre todo en El Capital, pero dentro de otro marco conceptual.
Bacon, que tuvo una gran influencia en la conceptualización de la ideología por los pensadores de las Luminarias, planteaba que ciertas aseveraciones religiosas resultaban negativas para la comprensión de la ciencia. Buscaba una visión de la ciencia que no estuviese infectada por la ideología. Esta posición es muy parecida a la que desarrollaron los positivistas y algunos marxistas, que conciben la ciencia como neutra[6].
Locke, siguiendo la misma línea que Bacon, aborda la formación de las ideas como si se tratara de una ciencia. Locke, en su trabajo filosófico, se guiaba por la lógica a la cual obedecían las ciencias naturales y, a través de éstas, buscaba liberarse de la metafísica y la teología[7].
En el siglo XVIII, Condillac continuó alimentándose del pensamiento de Bacon, y retomó la crítica que hacía éste de los “ídolos”, presentándolos como “prejuicios” contrarios a la razón, noción que se convirtió en un elemento clave en las tesis desarrolladas por Holbach y Helvetius. En el mismo siglo, Hume se unió a la tendencia filosófica de la época orientada a construir una ciencia neutra libre de todo elemento ideológico, tratando así de identificar las causas que conducirían a una falsa conciencia. Para Hume, una de las causas centrales sería la religión, que llevaría a generar simples ilusiones sin ningún sustento objetivo, motivando la introducción de emociones en el proceso de formación de la ciencia[8].

Las tradiciones francesa y alemana

Como ya se planteó, el término ideología fue creado en 1797 por Destutt de Tracy en el marco de la revolución francesa, que se caracterizaba en ese momento por tener un optimismo desmedido en la razón. Por otro lado, los anglosajones influenciaron en el pensamiento de Destutt de Tracy mediante perspectivas fuertemente impregnadas de empirismo, lo que desembocó en la posición según la cual la verdad sería aquella que corresponde con la realidad, lo que podría verificarse a través de la observación y la razón.
En cuanto al pensamiento germano sobre la ideología, ésta estuvo ligada principalmente a Hegel. La posición de Hegel es contraria a la línea desarrollada por los ideólogos en Francia. Su búsqueda de la verdad no se sustenta en la observación, sino en el proceso de “construir” la verdad desde arriba. Hegel desconfía de cualquier forma “objetiva” de decidir qué es la verdad[9].
En ese entonces, se desarrolla en Francia la noción de ideología en el marco de una disputa en torno al papel de la religión en la justificación de la política y de su entorpecimiento en el desarrollo de la ciencia. Es decir que la ideología es un componente central en la concepualización de una nueva forma de hacer política y de desarrollar la ciencia. Lo que se necesitaría para hacer racional la política a fin de alejarla de la escolástica sería, como lo plantea D. de Tracy, un “Newton de la ciencia del pensamiento”.
El término ideología aparece en un artículo de de Tracy en el Moniteur Universal titulado “Sur un Système méthodique de bibliographie”. En el citado artículo, de Tracy precisa que, para él, la ideología es la “ciencia de las ideas”. Para que ésta se realice como tal, habría que dejar de lado todos los prejuicios metafísicos y religiosos. El progreso científico solo sería posible si se obviarían las ideas falsas. Asimismo, esta ciencia de las ideas reconstruía los conceptos abstractos de las ideas, partiendo de las sensaciones.
De Tracy y los ideólogos que trabajaban en el Nuevo Instituto de Francia, tenían fe en la creación de una ciencia objetiva de la sociedad que se libere de la imaginación y que posibilite el descubrimiento de las leyes naturales invariables de todo fenómeno. Esta línea de pensamiento presuntamente “neutra” influyó en Engels y en la Segunda Internacional , entre otros, lo cual ha tenido repercusiones políticas negativas hasta el día de hoy[10]. Las verdaderas bases de las ciencias se encontrarían en la “ciencia de las ideas”, que describía la historia natural de la mente. Pero la “ciencia de las ideas” tenía un supuesto ideológico, dado que buscaba obtener el verdadero conocimiento de la naturaleza, para luego definir las leyes generales de la sociedad. Es decir que lo que era “natural”, también era social.
Los críticos de D. de Tracy planteaban que la nueva “ciencia” no estaba libre de prejuicios. Consideraban que D. de Tracy había racionalizado las ideas dominantes de la burguesía post-revolucionaria y, sobre todo, pudo darle consistencia a la filosofía del progreso burgués, el cual se había conceptuado en el marco de un determinismo económico[11].
Como se puede apreciar, los ideólogos de las Luminarias son grandes impulsores del positivismo. Así tenemos que, en su obra Eléments d’Idéologie, Destutt de Tracy presenta un conjunto de ideas que son básicamente positivistas. En base a Locke y Condillac, de Tracy abordó la problemática de la historia de las ideas como si se tratara de una descripción científica de la mente humana.
Auguste Comte, uno de los fundadores del positivismo, profundizó la línea de análisis de los ideólogos de las Luminarias. Trató de liberar la ciencia de lo imaginario con el objetivo de poder presentar las leyes como inmutables y desligadas de todo factor exterior. Para materializar lo antes señalado, sustentó la ciencia en la observación, que, según Comte, permitiría superar los obstáculos ocasionados por la imaginación. El positivismo desarrollado por Comte hizo que la razón se volviera instrumental, es decir que se basara en procedimientos técnicos para lograr un determinado fin.
Es importante remarcar que de Tracy, quien, como se señaló, luchó por emancipar las ciencias de la ideología, ejerció influencia sobre Althusser. En 1803, de Tracy publicó Projet d’éléments d’Idéologie, en el cual insistía en la necesidad de difundir en las escuelas de Francia las ideas que sirvan para consolidar la Revolución francesa. Es este carácter político práctico de la ideología que Althusser llamará “aparato ideológico del Estado”.
La tradición alemana, en lo que atañe a la ideología, si bien muestra distinciones en su seno, se caracteriza básicamente por la influencia que ejerció el Romantismo, el cual ofrecía una visión del mundo impregnada de significados. Es decir que, en Alemania, el origen de la ideología tuvo una base más ideal. Los románticos alemanes consideraban que la mente humana creaba su propia realidad en respuesta a las situaciones cambiantes[12].
Hegel, uno de los filósofos más representativos del idealismo alemán, planteaba que la materia sería organizada por la mente y el camino a la universalidad se haría desentrañando los prejuicios que existen en el mundo sensible. Hegel adopta una percepción negativa de la ideología, por cuanto ésta se limitaría a ser una “reducción del pensamiento a la sensación”. Como se puede apreciar, está contra la visión empiricista que prima en el pensamiento de de Tracy. Hegel señala que existe una falsa conciencia en nuestra experiencia inmediata en el marco de su idealismo que combina de manera compleja el racionalismo con el providencialismo.
Si bien Marx está contra la concepción teológica de Hegel y de su dialéctica, también presenta coincidencias que le sirvieron en su lucha ideológica con los liberales. Tanto Hegel como Marx pensaban que la percepción empírica de la realidad era una aproximación imperfecta a lo real. Según Marx, se hacía necesario dilucidar el carácter alienado de la esencia del capitalismo que se mantenía oculta a la percepción sensorial. Ello, de acuerdo a él, era el trabajo liberador de la historia, cuya dialéctica se sustenta en una reflexión de las contradicciones del proceso histórico, distinguiendo entre fenómeno y esencia.

Como se podrá apreciar de lo señalado, la ideología ha sido concebida desde tiempos inmemorables, basándose para ello en los mitos y la religión. Es decir que la historia se ha desarrollado en el marco complejo de una relación dialéctica entre racionalidad e irracionalidad. El modernismo, mediante una nueva forma de ideología que se expresa a través de la ciencia vista como neutra, trató de supuestamente erradicar lo irracional en las relaciones entre las personas, grupos y clases. Las luchas políticas actuales se inscriben dentro de un contexto de batallas contra la neutralidad, que el positivismo quiso imponer en el análisis de la realidad.

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[1] Jean Guilaine. Le chalcolithique et la construction des inégalités. Proche et Moyen-Orient, Amérique, Afrique. Tome 2. Editions France Hespérides. 2007.
[2] Jouguet P., Vandier J., Aymard A, Contenau G., Chapouthier F., Dhorme E. Les premières civilisations. Edition Peuples et civilisations. Presses Universitaires de France. Paris. 1950.
[3] Tort P. Marx et le problème de l’idéologie. L’Harmattan. Paris. 2006.
[4] Michel Rosen. On voluntary Servitude. Harvard University Press. Cambridge . Massachusetts . 1996.
[5] Jorge Larrain. The concept t f Ideology. Hutchinson . London . 1979.
[6] Bacon, en su libro Novum Organum publicado en 1620, desarrolló su teoría de los ídolos, planteando que los ídolos perturban nuestro acceso a la verdad.
[7] Martin Seligen. The marxist conception of Ideology. Cambridge University Press. London . 1979.
[8] Michel Rosen. Op. cit.
[9] David Mac Lellan. Ideology. University of Minnesota Press. Minneapolis . 1995.
[10] David Mac Lellan. Op. cit.
[11] Louis Dupre. Marx’s social critique of culture. Yale University Press. New Haven and London . 1983.
[12] Daniel Mc Lellan. Op. cit.

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