Henry Boisrolin: “Haití no es un país pobre, es un país empobrecido”

(Andrés Oliva)
Foto Facundo Martínez

(Cba Noticias) El martes pasado un terremoto de una magnitud devastadora, 7.3 en la escala de Richter, azotó la isla caribeña de Haití. El país quedó destruido, sus mínimas estructuras del Estado quedaron obsoletas, una vez más, a la luz de la tragedia. Henry Boisrolin nació en Puerto Príncipe, hace 36 años que está radicado en Córdoba y es docente de metodología de la investigación en el Instituto de Culturas Aborígenes. Su forma de hablar se resiste al cambio, un perfecto castellano todavía se entremezcla con su lengua nativa. Este martes venidero partirá rumbo a República Dominicana para, luego, cruzar vía terrestre hacia su patria con el objetivo de ser un voluntario en la reconstrucción.

Incluye video y audio de la entrevista.

En Córdoba, además, forma parte del Comité Democrático de Haití y del Partido de Liberación (PL).

“Haití no es un país pobre, es un país empobrecido”, fue la respuesta ante la primera inquietud referida a los lugares comunes, sin contextualización, que se repiten en los medios comerciales sobre el dato de que esta isla es la más pobre de occidente.

La dignidad como delito

En agosto de 1791, los esclavos de Haití iniciaron una rebelión violenta, la que finalmente condujo, siendo la primera de Latinoamérica, a la plena independencia de la nación en 1804. “Es más -dijo- es el único país en el mundo donde los esclavos pudieron liberarse. Haití fue aislado porque era un mal ejemplo” como lo fue la revolución cubana en los sesenta. En este sentido, Eduardo Galeano comenta que el principal delito de este pueblo ha sido intentar conquistar su dignidad: “En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas”.

No es casualidad la situación de pobreza y desigualdad, es producto de una política de intervencionismo que abarcó desde la invasión y ocupación, directamente, por parte de los marines o por medio de dictaduras o semidemocracias. Ante el mínimo intento de autonomía era propiciado un putch desestabilizador. Ejemplos sobran a este pueblo golpeado constantemente. Caso paradigmático fue el de François Duvalier (1964-1971), conocido por mal nombre «Papá Doc», de aspecto siniestro y un obrar inquietante.

En este caso, el desastre natural actúo sobre un país ya devastado. Fidel Castro, en una de sus últimas misivas, con contundencia lo explicó: “Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas”.

“Entre 1915 y 1935 hubo una ocupación yankee, fue un saqueo, un acto de piratería donde se exacerbó la dependencia”, sentenció Boisrolin. Estados Unidos se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros.

El modelo dentro de la división del trabajo que se le concedió a esta isla caribeña es la de “mano de obra súper barata”. Ejemplo de ello, mencionó que en Haití nadie juega al béisbol pero es el principal exportador de pelotas de este deporte practicado principalmente en Estados Unidos -junto con Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Japón-.

Además, Henry se molesta y lo expresa: “No puede haber libre competencia entre la industria haitiana y la de Estados Unidos. En consecuencia, se destruyó la producción agrícola, provocando un aumento exponencial del éxodo rural al centro urbano, Puerto Príncipe. Esta ciudad pasó de 500 mil habitantes a 2 millones en pocos años”.

“Como consecuencia, gente sin trabajo, viviendo con menos de un dólar por día. Donde hay un Estado ausente, un país devastado”, aseguró.

En la historia reciente, hubo un presidente que sufrió dos golpes de Estado y ahora quiere volver de su exilio en Sudáfrica. Se trata de Jean-Bertrand Aristide, un político y sacerdote Salesiano haitiano, portavoz de la Teología de la liberación. “No tenían confianza en un tipo que es populista”, refiriéndose a los múltiples golpes que recibió de parte de Estados Unidos en los años 1991 y 2004.

En el intersticio de ambas presidencias boicoteadas de Aristide, René Preval presidió el país entre 1996 al 2001 “logrando la privatización de las pocas empresas públicas que quedaban y profundizando aún más la miseria”. Actualmente, es el presidente electo en 2006.

En 2004, tras el golpe cívico militar a la presidencia de Aristide, hubo una nueva intervención militar dirigida por Estados Unidos. Posteriormente, ésta se legitimó por medio de la ONU. Irrumpieron las fuerzas de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). “Ahí participan varios países, entre los cuales están Brasil, quien lo comanda, Argentina, Uruguay, Chile y otros.”

El terremoto

“Han caído como castillos de naipes las estructuras en un país que no puede dar respuesta a una catástrofe natural”, indicó Boisrolin. La tragedia “superará los 200 mil muertos”.

La comunidad internacional reacciona según sus propios intereses y sus modos. Estados Unidos comanda el aeropuerto y la reconstrucción del puerto, envió 12 mil marines con fines unilaterales y reconocidos de preservar el “orden y la seguridad”.

“Frente a la tragedia –sugirió- hay que ver las lágrimas de cocodrilo y entender que es un avasallamiento a nuestra soberanía”.

Sin negar la necesidad de solidaridad, recomienda que más que militares se requieren médicos y elementos básicos para la supervivencia.

En síntesis, para Henry, hay dos salidas: “Recuperar el proyecto de liberación o profundizar la ocupación”.