Venezuela:DECISIONES.

((Orlando Villalobos)

“Nos extraviamos a tal punto, que debemos estar por el buen camino”, Fernando Pessoa, poeta y escritor portugués

I

La elección de la Constituyente permitió conseguir una victoria táctica en favor de la paz y la estabilización del país. De hecho se le puso un parao a la guarimba terrorista. Pero eso no fue suficiente.

La victoria en las presidenciales del 20 de mayo mostró la fortaleza de la capacidad de movilización del chavismo. Seis millones de votos, constantes y sonantes, respaldaron una idea clara sobre la propuesta de cambio social que sigue viva, pero tampoco es suficiente.

Insistir hasta la saciedad que vamos hacia una supuesta Venezuela potencia, con una generación de oro, con unas fuerzas militares ¿y policiales? bañadas de lealtad y patriotismo, tampoco alcanza.

¿Y entonces?

Falta el golpe de timón, según la frase del comandante Chávez; la política económica que busque el equilibrio; falta “el nuevo comienzo” como dice ahora el presidente Maduro; si, siempre y cuando se traduzca en acciones claras, contundentes, precisas, que uno entienda sin que tengan que explicárselo varias veces; que Motta Domínguez, que simboliza la quiebra del servicio de electricidad, deje de ser ministro; que los ministros rindan cuentas.

Falta que eche raíces otra cultura que deje atrás las consecuencias del rentismo petrolero, traducido en la cultura de esperar que el Estado lo haga todo por nosotros.

Falta que la Constituyente salga del letargo y los constituyentes se expresen, discutan cómo hacer y qué hacer para salir de esta pendiente que nos lleva “cuesta abajo en la rodada”. Falta que un cambio de ministros sea eso y no se vuelva un gabinete en donde se rotan los cargos.

II

La ruta de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, apoyadas y aupadas por los gobiernos de derecha de la región buscan que haya una implosión económica y social. Lo acaba de señalar Rodríguez Zapatero en una entrevista para Página 12.

Las amenazas son diversas: una explosión social, el regreso de las guarimbas, un golpe militar que no deja de ser alentado y Trump, en su lenguaje torpe pero programado, ofrece una invasión militar.

Esta guerra no convencional, híbrida o como se llame, sigue adelante y busca que se propague el caos y la anomia. Es parte de la amenaza en desarrollo.

Las consecuencias del conflicto político se multiplican cada día y hasta la fecha el gobierno bolivariano no ha sabido resolver el enigma. Faltan señales claras y precisas de que vamos a salir del túnel y vencer ese relato reaccionario de que “la crisis llegó para eternizarse”.

¿Por dónde empezar? Por el principio. Resolviendo primero un problema y después otro. El único derrotado es el que no lucha.

Se siguen subsidiando los servicios. Ostentamos el extraño récord de no pagar por la electricidad, el agua y el gas o de pagar casi nada. El Estado regala la gasolina o la cobra a precios irreales. Todo eso como parte de un plan de protección que termina siendo un supuesto, porque en las circunstancias actuales estas medidas estatales se pierden o deshacen.

En medio de las limitaciones y carencias que padecemos, conocidas y sufridas –y que no tiene gracia enumerar-, la clave estaría en que el gobierno debería –desde ayer- decidirse a enderezar el entuerto, hablar claro, y tomar un conjunto de acciones para que el salario recupere su valor, se restablezcan los equilibrios económicos y sepamos que esta lucha tiene sentido, y no estamos condenados a la rendición política.

No tiene sentido seguir repitiendo, “así es que se gobierna”, sin EVALUAR, con mayúsculas, qué se está haciendo, quiénes lo están haciendo y cómo lo están haciendo. No podemos seguir suponiendo que lo están haciendo bien porque ya sabemos… que algunos gerentes de empresas estatales se enriquecen sin pudor y luego se van, que sigue vive la pésima tradición de cobrar el 10 o 20 por ciento para otorgar contratos públicos, que cada día pasan camiones con alimentos para Colombia, con la mayor impunidad; que se llevan la gasolina para Colombia y también se llevan ese eufemismo que llaman “materiales estratégicos”, creado no sé por quién.

En Argentina, Macri hace lo que recomienda la receta neoliberal: disminuye las pensiones, aumenta el costo de los servicios y de la gasolina, despide empleados públicos, empobrece al ciudadano promedio y se entrega al Fondo (FMI). De esos tiempos oscuros neoliberales venimos y ya sabemos que no son ninguna alternativa. Por eso, para esquivar esas políticas que multiplican la desigualdad social los mexicanos votan por López Obrador; es improbable una victoria de la derecha en Argentina y en Brasil Lula ganaría, sin duda, pero no luce probable que salga de la cárcel. La decisión de la élite política y militar es que se quede allí.

Acá es urgente que se definan y decidan nuevas políticas y estrategias para este nuevo periodo de gobierno.

En momentos difíciles esas decisiones, además de lo que le corresponde al gobierno, pasan por cada uno de nosotros y por las organizaciones populares. ¿Qué puede hacer un CLAP para que haya cambio? ¿Qué pueden hacer los consejos comunales? ¿Qué pueden hacer los gobiernos locales y regionales bolivarianos?

III

El reto es inmenso. Se sigue desarticulando la vida venezolana, en todos los órdenes, y las consecuencias la vemos a diario. Lo ilegal y el “bachaqueo” le dan rienda suelta a la cultura de la maraña. Para que nos asomemos al abismo con ojos de inteligencia, sensibilidad y conciencia política hago una cita larga –pero necesaria del libro de Francisco Romero (2008). (Culturicidio. Historia de la educación argentina 1966-2004. Caracas, Fundación Editorial El Perro y la Rana, p. 121-122).

“Después del estallido de la hiperinflación, los restos de trabajo y de cultura del trabajo se hicieron añicos. Y con ellos, los valores de una sociedad que había llegado a ser la más justa e igualitaria de América Latina. Sobrevoló el país el fantasma de la disolución nacional. La lógica del sobreviviente se instaló en el inconsciente social como único credo. Y entonces, con el horizonte de expectativas tan eclipsado, empezó a decirse con insistencia que para vivir bien en este país no hacía falta estudiar ni trabajar dignamente. La hiperinflación buscada y promovida afuera y adentro del país para que fuera posible el dominio total del neoliberalismo, arrasó una vez más con nuestros tejidos social y cultural, desarticuló completamente sus laboriosas reconstrucciones, e hizo posible, sobre todo, que la lógica del sobreviviente reemplazara en la vida cotidiana cualquier otro valor cultural y moral”

IV

La recuperación de la Venezuela alternativa, productiva y patriótica tiene como enorme ventaja la presencia del chavismo, como fuerza social rebelde y en movimiento.

Es una fuerza que viene de la inconformidad. Se moldeó verso a verso a lo largo de difíciles episodios y encontró cauce con el liderazgo de Chávez. Se fraguó en aquella explosión social de febrero de 1989 y los intentos militares rebeldes de 1992. Vivió y padeció la crisis bancaria de 1994 que se llevó por delante el depósito de muchos ahorristas. Luego del triunfo de Chávez en 1998, el chavismo se ha ido conformando y macerando en tiempos difíciles y exigentes, como los del golpe de Estado de 2002, el sabotaje petrolero de 2002 y 2003, y las guarimbas terroristas de 2014, 2016 y 2017.

Quizás por llevar en la piel las heridas de las políticas que nos convirtieron en una fábrica de pobreza, en tiempos del bipartidismo de AD y Copei, el chavismo ha resistido de modo admirable y ha derrotado, con votos y en la calle, tantas urgencias y adversidades. Si miramos más allá de los límites patrios encontramos a otros movimientos en retroceso y derrotados, o en peor situación, en este momento de ofensiva de la derecha neoliberal.

En esta hora difícil y compleja, este chavismo se sigue expresando y desde abajo, con sabiduría y mano sabia, se sobrepone a ministros cómplices y acomodados, o perdidamente ineptos. Si no fuera por ese chavismo que resiste y no se entrega desde hace rato otra fuera la historia.

El chavismo es una fuerza cultural que reúne un ideal de cambio político; pero lo más importante es que se asoma con ojos de asombro y de utopía al mundo que sabe que si no hay cambios políticos y culturales profundos crecerán la pobreza y la desigualdad social. Este chavismo sabe, además, que no es suficiente con la letra de la Constitución bolivariana… que la justicia social se cultiva, que vienen grandes debates sobre la despenalización del aborto, el protagonismo de los jóvenes y de las mujeres, el peso de la identidad y la memoria en la transformación revolucionaria, los cambios que impulsan las tecnologías de comunicación actuales, esa pendeja tradición extrativista que quiere seguir metiendo el contrabando de la explotación del carbón y de cuanta minería se aparezca…

IV

Un salto cualitativo requiere que TVES deje de buscar sus guiones en el viejo bául de la televisión del pasado y que VTV deje de fingir que afuera en la calle como que no pasa nada.

Falta otra programación que lleve voces nuevas, alternativas y disidentes. Que las únicas explicaciones de los problemas no sean la de los ministros o sus asesores, que hacen como que saben pero muchas veces no saben.

Que los medios dejen de ser correas estatales de transmisión de las terapias gubernamentales que casi nunca curan nada. Con propaganda no se llega lejos ni se siembra la otra cultura que nos lleva a pensar, sentir y actuar diferente. Porque ese es el punto. A veces se cree que la decisión que se necesita es solo de política económica. La historia, propia y ajena, dice que una revolución merece ese nombre cuando muestra capacidad para cambiar el ser y la conciencia.

Un salto adelante, que deje atrás la incertidumbre, no supone magia ni milagros.

Para avanzar se requiere de políticas públicas, coherentes y consistentes, que sean el fruto de lo que se discute y consigue mediante el diálogo colectivo. Políticas, planes –en plural y no uno solo-, proyectos y militantes que conjuguen creatividad, diversidad de pensamiento y disposición para el combate.