Venezuela ya no acepta tutelajes.

(Víctor Manuel Ramos Rivera)

La República Bolivariana de Venezuela, por decisión soberana de su legítimo gobierno y de su pueblo, a través de la Asamblea Nacional Constituyente, celebrará las elecciones presidenciales el próximo 20 de mayo. Las elecciones que fueron tantas vedes exigidas por la oposición títere del gobierno norteamericano y que ahora no aceptan, frente a la evidencia de que saldrán nuevamente perdedores.

Ya se han alzado muchas voces, como eco de las órdenes de Donald Trump, para advertir que no reconocerán los resultados. Eso lo ha dicho Rajoy, de España; Peña Nieto, de México; el nuevo perrito faldero, de Perú; el presidente de Panamá y el de Colombia, y sigue la cuenta. La postura de estos gobernantes, no todos ellos surgidos de elecciones transparentes, como es el caso de Peña Nieto; ni con el respaldo de la mayoría de sus pueblos, como es el caso de Rajoy; como tampoco con el aval de sus pueblos, que están en las calles exigiendo demandas ofrecidas en las campañas electorales y no cumplidas, como es el caso de los presidentes de Perú, Panamá y Colombia, no es congruente con las realidades que se viven en sus países.

El Vicepresidente de Los Estados Unidos de América se ha movilizado hasta el seno de su Ministerio de Colonias, apodado OEA, para pedir, en el seno de esa dependencia de su gobierno, la expulsión de Venezuela y el no reconocimiento de las elecciones y la aplicación de sanciones unilaterales violatorias de los principios que rigen las relaciones internacionales y las normativas de la Organización de las Naciones Unidas.

Pregunto yo, ¿Cómo reaccionaría Los Estados Unidos si Venezuela se hubiese plantado en treinta, desconociendo la elección de Trump, que no fue respaldada por la mayoría de los norteamericanos que votaron y que aún sigue salpicada con acusaciones de intervenciones foráneas?; ¿que habrían pensado los españoles si Maduro hubiese señalado como anómalo el encumbramiento de Rajoy como Presidente de España, sin haber logrado el respaldo de la mitad más uno de los españoles; o que se hubiese declarado en contra del régimen de Peña Nieto, surgido incuestionablemente del fraude electoral, como tampoco tendría altura moral, el señor Juan Orlando Hernández si se le ocurriera, o le ordenaran, rechazar las elecciones venezolanas y calificarlas de fraudulentas, cuando sabemos, y lo sabe el mundo, que su elección fue ilegal porque violó la Constitución y montó un fraude electoral?

Nada de eso ha ocurrido en el gobierno de Maduro. No porque no lo sepa, sino porque los procesos electorales son asunto que los resuelven los pueblos de cada país de manera consultada y no puede un país extraño entrometerse en esos asuntos sin violar las normas internacionales. Ah, pero como Los Estados Unidos se cree con el derecho de actuar como gendarme internacional y con la autorización de meter sus narices y sus tropas en donde le venga en gana, para tumbar gobiernos y permitir la instalación de lacayos afines a sus intereses, los pueblos deben bajar la cabeza y someterse, tal lo ha dicho Pedro Kusinsky, como perritos falderos, a los designios del amo.

Por suerte, Hugo Chávez, el Comandante Eterno, forjó en el pueblo bolivariano de Venezuela una nueva conciencia de ser libres, de no tolerar más a nadie que pretenda erigirse en el capataz extranjero de su pueblo, ya sea directamente o a través de traidores a la patria que la ponen en venta al mejor postor.

Las elecciones, tal como van las cosas, serán en la nueva Venezuela, en la bolivariana que fundó Chávez, este 20 de mayo. Y a sus gobernantes solamente les interesa la opinión de su pueblo soberano, que está mayoritariamente para respaldar la revolución bolivariana. Los demás, los de fuera, que se ocupen de los asuntos de las graves situaciones de sus países, porque Venezuela ya no admite tutelajes de ninguna naturaleza.