Una nueva Liga de Gobernas en ciernes.

(Lido Iacomini)
Setiembre 5 de 2017
Decía un compañero hoy a la tarde que se sentía en una suerte de sube y baja emocional, del desánimo a la euforia, entre signos tan contradictorios como las innumerables expresiones de reclamo, exigencia y lucha por la aparición de Santiago Maldonado y las respuestas fascistoidea de otro importante sector de nuestra sociedad. Otro compañero decía que la amplitud de lo manifestado por nuestro pueblo en repudio a la desaparición forzosa era ya un emocionante triunfo a valorar.
Mi respuesta a esto último, en una forma oblicua de enfrentar un optimismo voluntarista, fue señalar que no estaba seguro que lo de Santiago hubiera logrado atravesar la grieta. Aunque reconociendo sí, que del lado de la orilla en que estamos nosotros se había evidenciado una enorme resistencia a no permitir dar marcha atrás hacia épocas dictatoriales y sus violaciones a los derechos humanos, demostrando de paso que hay grandes reservas democráticas en la sociedad que es necesario organizar.
Pero también vimos que la derecha logra fidelizar una gruesa franja social, transversal incluso a las clases sociales, proponiéndose usarla como bloque de tracción y núcleo de su triunfo en Octubre. Porque en esta coyuntura violenta, compleja y peligrosa no debemos olvidar que la gran batalla que se está desarrollando se resolverá en el plano electoral en Octubre, cuando se defina el destino inmediato, y quizás estratégico también, del kirchnerismo y sus posibilidades de reabrir el ciclo autonomista, latinoamericanista y transformador en la sociedad argentina. Es Cristina hoy el personaje clave, quien puede rearmar, reconstruir el liderazgo que hoy tiene sobre sus seguidores extendiéndolo sobre una franja mucho más amplia de nuestra sociedad.
Hay muchos trabajando en contra de que esto suceda y no son sólo los macristas, con su furgón de cola cargado de radicales oportunistas. Los que mayor daño pueden causar ya no son Massa y Randazzo sino el rejunte de gobernas peronistas que, desde el interior del país, intentan recrear una nueva Liga de Gobernadores con capacidad de elegir un candidato presidencial y una lista ad hoc para el 2019 capaz de aglutinar el peronismo vacante tras una presunta derrota electoral de Cristina en Octubre. En síntesis son los principales interesados en la derrota de Unidad Ciudadana en la Provincia de Buenos Aires y del agudizamiento de la crisis del movimiento nacional y popular, que ya existe como consecuencia de la derrota del 2015 en Argentina y del reflujo en el resto de latinoamérica, porque de ello depende el éxito de su intentona.
Unificados en torno a resistir las pretensiones de María Eugenia Vidal –consciente de lo vital que es hoy para Macri-de recortar fondos de la coparticipación federal que reciben las provincias en favor del incremento del Fondo del Conurbano, se reunieron en la Casa de Entre Ríos, Gustavo Bordet, anfitrión, con Juan Manzur, Lucía Corpacci, Rosana Bertone, Domingo Peppo, Juan M. Urtubey, Sergio Uñac, Juan Schiaretti, Sergio Casas y Carlos Verna , un arco que va de los más cercanos a Macri como el salteño Urtubey a otros que supieron mantener vínculos estrechos con el kirchnerismo aunque todos tienen un perfil de independencia de Cristina que supone que su actitud futura dependerá de la cercanía al poder que olfateen llegue a tener nuestra ex presidenta después de las elecciones de octubre.
Sergio Massa va comprendiendo que para transitar por la “ancha avenida del medio” que vislumbró se abría a partir de los ataques concentrados del neoliberalismo argentino e internacional sobre el kirchnerismo –y también de sus errores- necesita de un vehículo más poderoso que el deteriorado Frente Renovador para arribar a la Casa Rosada, opera sobre la pretendida nueva Liga Federal para despojarla de vestigios kirchneristas y montarse sobre un peronismo descafeinado, aceptable para el gran capital financiero internacional que lucha por rearmar el modelo de la globalización que viene zarandeado desde la gran crisis del 2008.
Diego Bossio está en la misma y opera en la misma dirección, apostando al fracaso de Cristina y a la construcción de un “apto yanky” en su curriculum vitae.
El problema nuestro es que sin destruir la viabilidad electoral de este anacronismo histórico y político semejante al sepultado tren fantasma que supo conducir Duhalde “el malo”, pero renovado en su aspecto y sustentado en una economía del interior apta para las aspiraciones reprimarizadoras de las multinacionales, no es posible rescatar las fuerzas necesarias para construir primero un bloque capaz de ganar las elecciones de 2019 y luego enfrentar a los enemigos de cualquier proyecto nacional, popular, democrático y latinoamericano.
Si Maurizio Macri se sigue desdibujando -en la misma medida que su proyecto modernizador de la dependencia y la exclusión camina hacia el fracaso- la nueva alianza federal peronista se encamina al gobierno, a condición que Cristina y el kirchnerismo se encuentren encapsulados y blindados por la demonización y la reconfiguración del viejo gorilismo antiperonista en anticristinismo y antikirchnerismo.