Una novedad apolillada.

(Gustavo Alberto Rosa)

El bestial sentido común de los Amarillos se impone con la prepotencia de los matones. Todas las armas están en sus manos y las utilizan sin pudor, tanto las de fuego como las simbólicas, pasando por las económicas y las judiciales. Cuando el Poder Real gobierna, no hay que sorprenderse de sus atrocidades sino de la aceptación que provoca en muchas de las víctimas de su accionar: ajustados y despedidos ofrendan, orgullosos, su dignidad para sacar al país adelante, mientras los más ricos fugan y acumulan fortunas que cargan a nuestra cuenta. “Lo que hay que hacer” es el mantra que recitan los miembros del Gran Equipo y se talla en el cerebro y el corazón de los desprevenidos. Un remedio para una enfermedad que jamás existió y que, por más que la mezclen con los más dulces jarabes, siempre sabrá al peor de los venenos.

Hasta la más edulcorada de sus fieras deja escapar la ponzoña que producen sus entrañas. La gobernadora Vidal, fuera de los ambientes controlados por sus publicistas, transforma su pose angelical en una despectiva mueca cuando tropieza con gente de carne y hueso no guionada. Ante el reclamo de una sindicalista docente por las paritarias suspendidas por un decreto de Macri, apeló a una frase del catálogo de lugares comunes de contenido incongruente: “y que los chicos aprendan”, escupió. Un docente tiene la obligación de enseñar pero no está en sus manos el aprendizaje de los alumnos. Si los chicos no aprenden, habrá que estudiar las causas. ¿Cuántos años hace que la vicepresidenta está aprendiendo a costa del Estado y siempre demuestra que no aprende nada? Si ella balbucea absurdos ante cada pregunta, ¿cómo vamos a enjuiciar a un docente porque los chicos no sepan recitar la tabla del cuatro? Cuando uno la ve derrapar en los canales amigos, es inevitable recordar el escándalo que hicieron por el título de Cristina.

El bestiario que sacuden ante nuestra nariz tiene como objetivos evidentes la amenaza y la distracción. La insólita defensa oficial de la incontinencia balística del policía Luis Chocobar es una muestra de eso. Aunque el efectivo de seguridad ostente un apellido de golosina, el episodio es por demás amargo. No sólo por el fusilamiento por la espalda de un delincuente desarmado, sino por el empecinamiento del Ingeniero y sus cómplices de exhibirlo como ejemplo. Y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich esgrime una nueva doctrina que no discutió con nadie, salvo con su emporcada conciencia. En nuestro país no hay pena de muerte pero si existiera, no sería un policía el encargado de aplicarla. La barbarie PRO nos lleva a discusiones que jamás habríamos encarado en tiempos más luminosos. Por eso suena a entretenimiento, provocación o amenaza. Las balas amarillas tendrán como blanco no sólo a los que roben una cartera en una esquina porteña sino a cualquiera que se oponga al saqueo que comenzó hace poco más de dos años.

Detrás de la cortina

La nueva doctrina defecada por Bullrich coloca a los uniformados a su cargo como verdugos y testigos de episodios confusos y su palabra será sagrada. Algo insostenible desde todo punto de vista. Al castigo fatal en territorio le ponen el pomposo mote de ‘prevención del delito’. Y si algún fiscal o juez pretende investigar el hecho, será demonizado desde las voces oficiales y hasta podrá ser destituido por un soplido del funcional Consejo de la Magistratura. Esa es la Justicia independiente tan prometida en campaña, independiente de las leyes, de la coherencia y sobre todo, de cualquier sentido de Justicia.

Pero esta terrorífica puesta en escena tiene como objetivo camuflar una realidad que se vuelve cada vez más oscura. Cuando corre peligro la eficacia discursiva de los PRO, siempre asoma su cabezota el asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba, no para aportar ideas coherentes sino para arrojar bombas cargadas de absurdos. Calificar a Hitler como un tipo extraordinario es uno de sus hits más memorables. Siempre despliega un mamotreto construido con el sentido común del núcleo duro presentado con un formato científico desbordante de experticia. Un manipulador que sólo puede convencer a los que ya están convencidos.

Aunque cueste creerlo, ahora salió a decir que la mayoría de los argentinos queremos la pena de muerte. Si esto es así, abramos las tranqueras para que nos planten otra bandera porque no hemos aprendido nada. Si ejecutar por la espalda a un ratero es la solución a todos nuestros problemas, renunciemos a construir un país equitativo. Si los que se emocionan hasta las lágrimas con las fotos de un niño desnutrido aplauden las balas contra un delincuente menor, si los que ovacionaron la Pobreza Cero de Macri justifican la reforma laboral o la renuncia recaudatoria del Estado a los más ricos, si los que se indignaban con las denuncias domingueras de corrupción ahora se muestran indiferentes a los conflictos de intereses que se ejecutan todos los días desde La Rosada SA, estamos en problemas porque la coherencia nos ha abandonado.

Tanto es así que los Amarillos han logrado que el desmantelamiento del Estado sea la mejor garantía de futuro. La parodia de la empleada pública se convirtió en un estigma para todos los trabajadores del Estado y en un argumento para los miles de despidos que se están produciendo. El objetivo es allanar el camino de los privados para hacer de nuestro país un negocio exclusivo. Y el perjuicio es evidente: cuando un hospital, una escuela o un servicio no tiene personal suficiente, es lógico que funcione mal. Ellos dicen que en manos de privados todo funcionaría mejor, pero Débora Pérez Volpin falleció por mala praxis en un sanatorio y Fly Bondi –la línea aérea de bajo costo ligada a un funcionario- ha demostrado que ni sabe volar.

Y este atroz y ya experimentado achicamiento del Estado involucra la producción, como Fanazul, la investigación, como el Conicet y el INTA y los controles, como el INTI y el SENASA. En los noventa, se probaron estas drásticas y destructivas medidas que sólo ocasionaron decrecimiento del desarrollo, fuga de científicos, importados con contenidos tóxicos y un brote de fiebre aftosa, entre muchas consecuencias nefastas. Eso sí: hubo un sorprendente crecimiento de la economía que no benefició al conjunto sino a un puñado de especuladores. En el ADN PRO circula el refutado concepto de la dictadura achicar el Estado es agrandar la Nación. Cuando el Estado se retira en beneficio de los privados, sólo se agranda un puñado de avarientos.

Por todo esto es auspicioso que la oposición manifieste las intenciones de rechazar de plano el mega decreto de Macri, no sólo por su contenido, sino también por apelar al DNU sin necesidad ni urgencia. Y nada de aceptar un maquillaje parlamentario que después se diluye cuando se ejecuta. Con recordar la maniobra realizada por el Ejecutivo con la Ley de Blanqueo de Capitales basta para no caer otra vez en la trampa: en su versión legislativa, excluía a familiares de funcionarios pero la reglamentación firmada por el empresidente permitió que hasta su hermano pudiera limpiar su fortuna espuria.

Aunque muchos consideren que esta advertencia es exagerada, estamos al borde de una tiranía a la que hay que frenar cuanto antes. El Poder Económico gobierna tras la figura de Macri y sus secuaces, no sólo para succionar nuestros recursos sino también para colonizar nuestro espíritu.