A UNA DÉCADA DEL VOTO NO POSITIVO.

(Hernán Andrés Kruse)

En la madrugada del 17 de julio de 2008 el entonces vicepresidente de la nación, Julio Cobos, debió afrontar la situación política más complicada de su vida. La votación de la resolución 125 había arrojado un increíble empate en 36 votos. Tal fue su desesperación por no verse obligado a desempatar que solicitó a los senadores que repitieran la votación. El resultado se mantuvo incólume. El momento cumbre llegó cuando emitió su histórico “voto no positivo” que derrumbó el proyecto del oficialismo y desató la algarabía del poder agropecuario. Atrás, habían quedado cuatro meses de extrema tensión que pusieron al país al borde del quiebre institucional.

En marzo el gobierno nacional anunció la resolución 125-obra del ministro de Economía Martín Lousteau-en virtud de la cual se incrementaban las retenciones a la soja, al girasol y al maíz. Lo que hizo Cristina fue quitarle un poco de dinero a las agroexportadoras, dueñas de inmensas fortunas. Nada del otro mundo. El poder agropecuario lo consideró una declaración de guerra. La Sociedad Rural, Confederaciones Rurales Argentinas y Coninagro se unieron para desafiar a la presidente. A dichas corporaciones se les unió su antiguo adversario, la Federación Agraria, en una actitud verdaderamente inconcebible. El “campo” arremetió con dureza contra el gobierno nacional. Apoyado por el poder mediático y los sectores urbanos, que hicieran suya su “causa”, el poder agropecuario se envalentonó de tal manera que llegó a comparar la defensa de sus bolsillos con una gran causa nacional. “Todos somos el campo” comenzaron a recitar como loros millones de argentinos que en su vida tuvieron un metro cuadrado de tierra cultivable. El objetivo del “campo” no era otro que obligar a Cristina a archivar la resolución 125, a la que consideraba confiscatoria, propia de un gobierno colectivista como el de Chávez.

El conflicto por la resolución 125 fue uno de los más serios que debió afrontar un gobierno post dictadura. Como Cristina no se dobló, el “campo” redobló la apuesta. Y como la presidente le respondió de igual forma, la tensión se multiplicó geométricamente. Las corporaciones del agro invadieron las calles y rutas del país con sus tractores mientras miles y miles de compatriotas enarbolaban la bandera nacional en señal de apoyo a los “campestres”. El kirchnerismo en general y Cristina en particular pasaron a ser el enemigo de la patria. Los discursos pronunciados por los popes agrarios fueron de una violencia inusitada. La figura presidencial se transformó en el blanco predilecto de sus insultos y calumnias. Esa embestida fue alimentada por los grandes medios, fundamentalmente el Grupo Clarín y La Nación, que jamás toleraron la presencia de Cristina en el Rosada. Fue así como el odio a Cristina pasó a ser el motor que dinamizó la protesta agraria. Ese fue el origen de la famosa grieta entre kirchneristas y antikirchneristas, y de la declaración de guerra de los sectores medios urbanos a la presidente.

El diálogo entre ambos contendientes se había tornado imposible. Hubo fuertes cacerolazos contrarios al gobierno y manifestaciones multitudinarias a favor del campo y de Cristina. El país se había partido por mitades. Hasta que Cristina tomó una sensata decisión: enviar la resolución 125 al Congreso para que sea debatida y aprobada o rechazada por los legisladores. Fueron dos sesiones memorables. En Diputados el kirchnerismo logró aprobar el proyecto con mucho esfuerzo. En Senadores la paridad fue de tal magnitud que Cobos, a cargo de la presidencia provisional de esa cámara, debió desempatar. Si su objetivo fue pasar a la historia, hay que reconocer que lo logró. Porque nunca antes en la historia parlamentaria un vicepresidente traicionaba de manera tan artera al Poder Ejecutivo. En lugar de acompañar a Cristina, decidió hacer causa común con sus enemigos creyendo que de esa forma accedería a la presidencia en 2011. Cometió un grosero error de cálculo. Su estrella fue muy fugaz. Su voto no positivo fue útil para los “campestres” pero no para el propio Cobos, que rápidamente cayó en el ostracismo político.

El conflicto por la 125 puso en evidencia una grieta muy profunda entre los argentinos, una marea de odio y rencor anidada en el corazón de millones de compatriotas. Por primera vez en democracia se escuchó a los partidarios del “campo” desear la muerte de Cristina. Hubo mujeres en los cacerolazos que portaban banderas con el dibujo de una horca y la cabeza presidencial. Lo más triste de todo fue que diarios que se la dan de republicanos, como La Nación, fogonearon ese odio. El país estuvo al borde del quiebre institucional. Cobos puso a Cristina contra las cuerdas. En las horas posteriores a la traición se dijo que Cristina y Néstor Kirchner apagaron todos los celulares y se encerraron en Olivos para decidir qué hacer. Se dice que Kirchner quería que Cristina renunciara pero ésta se habría negado. Si este rumor es cierto entonces primó la voluntad de la presidente.

La batalla por la 125 le hizo mucho daño al gobierno y al país. A partir de ese momento nada fue igual en la relación del kirchnerismo con la oposición y fundamentalmente con el Grupo Clarín. La relación política amigo-enemigo de Schmit pasó a regir la dinámica política. En junio de 2009 Cristina pagó el precio de haber desafiado al “campo”: sufrió una dura derrota en las elecciones de medio término. Sin embargo, dos años más tarde fue reelecta con el 54% de los votos. Sin embargo, el hostigamiento de la oposición y de Clarín continuó hasta el último segundo de su segunda presidencia. Finalmente, la táctica del esmerilamiento dio sus frutos. El ballottage del 22 de noviembre de 2015 consagró presidente a un dirigente situado en las antípodas ideológicas de Cristina: Mauricio Macri, quien apenas se sentó en el sillón de Rivadavia ordenó la quita de las retenciones al “campo”. La educación presidencial había dado sus frutos.

En su edición del 15 de julio Página/12 publicó artículos de José Pablo Feinmann (“Propinas y goles”) y Edgardo Mocca (“La confianza del mundo y los dilemas reales”).

Escribió Feinmann: “En una época se pedían inversiones. Las cuales no han llegado y es arduo que lo hagan. Ahora se ha reducido la ambición. La solución de la economía estaría en las propinas. Una propina se le da a alguien que presta un servicio mínimo. La propina se lleva bien con la generosidad escasa” (…) “La propina de los grandes se llama comisión y suele ser una coima, algo que cobra el que prestó un servicio importante” (…) “La propina no. Suele ser mínima” (…) “Mundialísimas:… ¿Sampaoli no debería ser una marca de tallarines? Sin embargo, es un entrenador obstinado que se aferra a un contrato de cinco años, suculento. Cinco años lo habilitarían para dirigir al equipo nacional en el próximo mundial, lo que sería pesadillesco, más que el que acaba de pasar” (…) “Continúan las propinas: esto de las propinas vendría a funcionar como una especie de distribución del ingreso. La generosidad de los que tienen más achica la brecha entre la desigualdad de los poderosos y los humildes” (…) “Por más y mejores propinas que se den, el neoliberalismo no permitirá achicar una brecha que le es constitutiva” (…) “No hay distintas cualidades para la desigualdad. Es una sola. El neoliberalismo la establece. Es el sistema de la desigualdad. Sólo en él la desigualdad está establecida como principio. El principio del capital instaura la desigualdad como sistema. Que unos tengan más y otros menos es la esencia del sistema capitalista” (…) “Mundialísimas:…Tres goles de diferencia es goleada. El centro atrás es medio gol…Croacia le ganó bien a Inglaterra. Como sea, fue sorpresivo. Croacia tiene un gran equipo y unas ganas tremendas de ganar la Copa. Se vale por sí mismo. No necesita propinas de nadie” (…) “Croacia no necesita propinas. Esto significa: es autónomo. No depende de nadie. Se sustenta a sí mismo” (…) “El mundo del fútbol es un mundo de millones. Todo es abusivo. En el capitalismo importa más un jugador talentoso que la construcción de cien barrios populares. Total, a la hora del partido todos estamos prendidos al televisor” (…) “La distribución de la renta le es ajena al neoliberalismo. Las diferencias entre países son escandalosas. Los migrantes que llegan a la centralidad de Occidente manifiestan esa desigualdad. No les permiten entrar. Lo cual revela el desajuste mundial. Ni la propina quieren darles. Eso quieren los que piden entrar en los países ricos. Una propina. Lo que sobre. Pero ni eso se está dispuesto a darles” (…) “Ahora que salimos de la Copa volveremos a hablar del FMI. Cuyas propinas esclavizan países enteros, que las aceptan interesadamente, para los intereses de algunos, reñidos con los de todos. Propinas que matan”.

Feinmann toca dos temas por demás interesantes: por un lado, el Mundial ruso; por el otro, las propinas mortales del FMI. La competencia planetaria del fútbol celebrada en la cuna del marxismo fue espectacular. Fue una cabal demostración de capitalismo globalizado…¡en la tierra de Lenin! Paradojas de la historia. Hubo grandes fracasos, como los de las selecciones de Alemania, España, Argentina y Brasil. Al no estar presente Italia, se dio algo increíble: luego de los cuartos de final no figuraban los clásicos ganadores de mundiales (Brasil, Italia, Alemania y Argentina). Lo de los teutones fue muy pobre. En el partido decisivo no pudieron con los coreanos del sur. Se los notó desganados, desmotivados. España se redujo al toque de pelota improductivo, pese a contar con grandes jugadores. Fue eliminada por la rústica Rusia. Brasil jugó bien pero perdió injustamente frente a Bélgica. La selección nacional, una vez más, defraudó. Empató con la débil Islandia, fue goleada por Croacia, le ganó milagrosamente a Nigeria y cayó ante el futuro campeón mundial. La goleada propinada por los croatas sepultó las chances del equipo nacional y la imagen de Sampaoli como técnico. Contra Francia me parece que el equipo jugó su mejor partido. Pese a ser superado por los galos logró ponerse 2 a 1 al comienzo del segundo tiempo. Pero en una ráfaga que duró cerca de un cuarto de hora Francia liquidó el pleito con tres goles. La actuación de Croacia fue altamente meritoria. Sufrió contra los daneses, los rusos y los ingleses. Pero llegó a la final. Después del susto contra la Argentina, Francia le ganó sin despeinarse a Uruguay y debió luchar para ganarle a Bélgica con lo justo. En la final fue superior a los croatas y fue un justo campeón. Francia demostró ser un equipo práctico, frío, calculador, con jugadores técnicos y una delantera mortífera.

Feinmann alude a las propinas del FMI. Lo real y concreto es que el FMI no se postuló como un salvador de la Argentina, sino que el propio presidente de la nación le imploró un salvataje financiero que lo salvara del naufragio. En ningún momento el gobierno tuvo en mente acudir a las propinas del Fondo. El propio Dujovne, antes de ingresar al gobierno, mostró en televisión (en el programa de Pagni) una pancarta que rezaba su oposición a cualquier intento de retorno al FMI. Ahora, no queda otra que ir a llorar a la Iglesia. El presidente ignoró por completo al Congreso al tomar esta drástica decisión y a partir de ahora la economía quedó en poder de los burócratas fondomonetaristas. De aquí en más los argentinos deberemos acostumbrarnos a revisiones periódicas trimestrales del FMI, de cuyos resultados dependerá la continuidad o no del auxilio financiero. Por propia incompetencia, el gobierno sacrificó la soberanía en materia económica para sobrevivir hasta el final del mandato de Macri. Una verdadera afrenta que hubiera avergonzado a presidentes tan disímiles pero poderosos como Sarmiento, Roca, Yrigoyen y Perón. Hoy, el antiguo granero del mundo no es más que una colonia de cuarta categoría manejada por Madame Lagarde y su patrón en las sombras-o no tanto-Donald Trump.

Escribió Mocca: “¿Cómo enfrentará el gobierno macrista lo que a todas luces aparece hoy como una crisis de credibilidad en la sociedad argentina enmarcada en los presagios de un agravamiento de la crisis económica y política? El presidente dijo recientemente a sus allegados, según las crónicas periodísticas, que “para el mundo somos los únicos garantes de este modelo”. Puede tratarse de una frase de ocasión pero también podría considerársela como una clave de la hoja de ruta presidencial. El gobierno carece de una agenda atractiva para la sociedad, capaz de asegurar la inversión de la marcada tendencia al debilitamiento de sus apoyos. El texto del acuerdo firmado con el FMI tiene un contenido inequívoco; su centro es el ordenamiento de las cuentas fiscales, objetivo que ha pasado a ser una obsesión del presidente, quien intenta construir una épica refundacional a partir de un propósito tan poco promisorio como es la disminución del gasto estatal” (…) “Es evidente que la comprensión del “mundo” (que para el gobierno son los grandes consorcios financieros y sus centros de coordinación globales) es considerada un activo fundamental para la etapa política que se abre” (…) “En este caso, se reviste de un dramatismo especial: si el “mundo” abandona a Macri, el fantasma del regreso del populismo está en el futuro próximo inevitable del país” (…) “La apuesta más bien parece querer incorporar la mirada del “mundo” en la disputa política doméstica. La idea es poner a prueba la cambiante política de la estructura federal del justicialismo y del massismo frente a la crítica etapa que espera al país. El planteo del macrismo es que tendrán que resolver si permanecen en el registro de políticos responsables y serios que no quieren una catástrofe nacional o se inclinan por defender sus intereses sectarios a cualquier precio. “Nosotros o el caos”…es un arma de uso sostenida por un mito central de esta administración, como es que el atractivo (económico, geopolítico o de cualquier otro orden) que el país pueda significar para los poderosos del mundo global es la clave central para el futuro” (…) “El otro dilema central es la posición del peronismo y de la “oposición responsable”. Desde que en diciembre de 2001 estallaron la economía, la sociedad y la política argentina después de más de una década de reestructuración neoliberal, esa escena se ha convertido en un poderoso mito político” (…) “Hay que reemplazar aquella conducta oportunista del peronismo por una visión que le otorgue prioridad al sostenimiento de la gobernabilidad, cualquiera sea el costo que haya que pagar a cambio. Sin embargo, esa lectura de aquel episodio está abiertamente reñida con la realidad histórica. La oposición de entonces no fue la que creó las condiciones de la catástrofe. En todo caso, su contribución al desmadre consiste no en la rebelión popular…sino en los años del menemismo, cuando se ejecutaban en tono festivo todas las políticas que nos llevaron a la quiebra económica, la ruina social y el derrumbe político. Todo el sistema político tuvo una responsabilidad innegable en aquella deriva caótica” (…) “Argentina tenía muchos problemas en diciembre de 2015 pero un problema que no tenía era el de la extrema vulnerabilidad de su economía, claramente conectada con el híper-endeudamiento de este corto período y el desastroso estado de nuestra balanza comercial y de cuenta corriente producto de las políticas en curso” (…) “Es por eso que es muy difícil de prever la conducta de la autodenominada “oposición responsable”. Porque sabe que una actitud de enfrentamiento serio y programático al ajuste concertado con el FMI podría ser respondida por una dura campaña mediática orientada a colocarlos en el lugar del oportunismo y la desestabilización” (…) “Sabe ese sector del peronismo que el buen trato por parte del gobierno y de los medios de comunicación solamente es compatible con la complacencia hacia el gobierno y la intransigencia del enfrentamiento con Cristina” (…) “La prueba de fuego para la política argentina será la discusión sobre el presupuesto del año próximo. No tanto por la cuestión formal porque los presupuestos no se cumplen, sino porque significaría que no hay apoyo político para el acuerdo con el Fondo. Lagarde ya ha dejado trascender que este es un asunto clave para la evaluación que el organismo haga de su marcha. La CGT ya ha dicho que esta será una etapa conflictiva. Lo mismo ocurre con los movimientos sociales territoriales. Mientras los cálculos electorales pugnan por ocupar el centro de la atención, el país entra en una zona de mucha incertidumbre política. Lo más probable es que, de no mediar acontecimientos imprevisibles, el clima en el que viviremos a mediados del año próximo no se parecerá en nada a la mascarada de la “revolución de la alegría” con que empezó este proceso”.

Anexo

En su edición del 5 de julio La Nación publicó un artículo de Emilio Cárdenas titulado “Qué se espera después de la cumbre entre Corea del Norte y EEUU”. Escribió el autor: “La República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) se autodefine todavía como “estado socialista autosuficiente”. El resto del mundo la consideraba una nación pequeña, de apenas 24 millones de habitantes, con una extraña vocación de aislamiento, efectivamente separada de la comunidad internacional, quizás con la excepción importante de China, su socio comercial más activo, país con el que además comparte una larga frontera” (…) “Está gobernada por un patológico régimen dinástico y autoritario a la vez, que hace del “culto a la personalidad” su evangelio y de sus líderes la columna vertebral de su pesada liturgia política” (…) “Por décadas, los Estados Unidos y Corea del Norte mantuvieron un peligroso estado de desencuentro, en función del cual intercambiaron reiteradamente asperezas verbales y amenazas recíprocas” (…) “Pero de pronto la agresividad del régimen que preside el joven Kim Jong-un se ha transformado-inesperadamente-en cortesía. El país ermitaño comenzó a buscar afanosamente una reunión entre su líder y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y lo logró. Presumiblemente, porque se trata de un país de conducta preocupante, que ha demostrado poseer no sólo misiles intercontinentales, sino también armas atómicas” (…) “Si bien la “Cumbre” (en Singapur) no ha generado demasiadas consecuencias inmediatas, lo cierto es que las puertas que estaban cerradas se han abierto, lo que es trascendente” (…) “Sin embargo, lo importante en materia de resultados tiene todavía que ocurrir. La “Cumbre” fue solo un indispensable primer paso. Ahora ambos países deberán confirmar, con actos, la progresiva distensión de la relación” (…) “En pocas palabras, el acuerdo de Singapur es sólo la obertura de un proceso que recién comienza. Es el primer movimiento de una sinfonía cuyas melodías todavía deben crearse, paso a paso” (…) Eso requerirá compromiso, buena fe, coherencia y disciplina. Pero también buena comunicación, la que no podía edificarse sin el primer paso que acaba de darse” (…) “Cabe esperar que de ahora en más cesen las inquietantes amenazas, burlas e insultos que caracterizaron la difícil relación entre ambas naciones en los últimos años” (…) “En síntesis, se ha abierto una nueva etapa en una relación bilateral que generara angustia y desconfianza y que ahora está comenzando a proyectar la esperanza de poder conformar una relación normal que contribuya a que sus dos actores dejen atrás los desencuentros acumulados. No es poco. Pero está muy lejos de ser imposible”.