Un lúcido ensayo sobre una obra de Arguedas

(ANA MARÍA INTILI)

Universidad Nacional Mayor de San Marcos
La visión del mundo totalizante en “Diamantes y pedernales” de José María Arguedas

Apurímac está cruzado por los ríos más profundos y musicales del Perú; ríos antiguos, poderosos, de corriente de acero, que han cortado los Andes en su parte más alta –pedernales y diamantes- , hasta formar abismos a cuyas orillas el hombre tiembla, ebrio de hondura, contemplando las corrientes plateadas, que se van entre bosques colgantes.

Diamantes y pedernales

J. M A. 1935

Resumen

En el presente trabajo estudiamos la novela “Diamantes y pedernales” de José María Arguedas con énfasis en la relación afectiva que se establece entre los personajes principales. Los vínculos determinantes en el universo de los afectos se apoyan en la concepción totalizante del mundo andino puesto en relieve por el autor a lo largo de su recorrido escritural. Consideramos que la crítica nacional no ha valorizado lo suficiente esta obra y se ha encontrado escasas referencias a ella. En un primer momento Antonio Cornejo Polar habla de una “importancia discutible”, para recuperar parcialmente el valor de la misma en estudios posteriores. Proponemos una lectura intra-textual, que nos permita rescatar desde la cosmovisión andina, la vida auténtica cifrada en valores de las comunidades originarias, usos y creencias que el autor intenta liberar.

Palabras claves: Cosmovisión andina, totalizante, universo de los afectos, tú/ mí.

I

“Diamantes y pedernales” es una novela corta escrita por José María Arguedas (Andahuaylas 1911, Lima 1969), la que fue publicada en 1954. Consideramos que la crítica no ha realizado estudios sobre la misma que la ubique dentro de la obra total del escritor y para el caso, el estudioso Antonio Cornejo Polar la denominó “de valor discutible”[1]. Aunque se ratificó en estudio posterior, lo cierto es que hasta la actualidad son escasos los trabajos que muestren el auténtico valor que representa en el contexto total de la obra arguedeana[2] y que incluyeran la diversidad de disciplinas que se verían beneficiadas con los análisis correspondientes, como es el caso del estudio realizado por la musicóloga nacional Chalena Vásquez (2010).

Iniciamos el presente estudio con la sensación de injusticia y olvido histórico, al mismo tiempo que consideramos que en esta novela se encuentra el germen de la propuesta arguedeana, como lo haremos explícito a lo largo del presente trabajo. La importancia radica también, entre múltiples interpretaciones posibles, a la presencia de la música andina y su enorme sujeción al alma humana, los vínculos que se establecen entre el hombre y su instrumento musical, la relación entre el hombre y la comunidad, están tomados al detalle, así mismo los valores éticos y como marco referencial la discriminación permanente, quedan al descubierto, ya expresados de alguna manera en “Yaguar fiesta”, y que cobrará fuerza en las sucesivas novelas del autor.

Creemos que, tras un argumento en apariencia sencillo, cual es la historia de Don Aparicio/ Mariano, éste último un forastero que toca el arpa, es dueño de un cernícalo, y bajo la sabida historia del amo/ esclavo, como representación de la fortaleza/ debilidad, en el universo de los afectos se desarrolla una relación dual, de sometimiento y al mismo tiempo una búsqueda de la complementariedad, puesto de manifiesto en el tú/ yo, que borra las fronteras de la diferencia social puesta en evidencia por el dinero y el poder que de él emana. La consigna es “tocarás [tu arpa] solo para mí, para mi alma”, a la cual Mariano respeta con total complacencia, hasta que en la búsqueda de ayudar a Irma, una de las mujeres de Don Aparicio, la rompe. El enojo de éste es tal, que destroza el instrumento primero, para lanzar luego por la escalera a Mariano, ocasionándole la muerte. Proponemos como hipótesis que su ira toma desmesura debido a que no tolera que el indio forastero, concebido como su sombra, su alter ego, cobre independencia, tome decisiones propias rompiendo la consigna “tú no más para mí”, teoría que sustentamos.

II

“Sus ojos eran pequeños, su frente corta, sus pómulos relucientes; era bajo y recio. Se ajustaba el pantalón con un chumpi (cinturón) ornado de figuras de patos y toros.” Es la manera que el autor, describe a Mariano, el personaje de la novela “Diamantes y pedernales” (La agonía de Rasu–Ñiti. Lima s / f. Populibros peruanos); era “forastero”, e “iba a cumplir tres años de residencia en el pueblo”. Ubicado ya en el escenario, ha de iniciar el relato de la historia. El chumpi era regalo que “sus hermanas le enviaban como recuerdo […] Mariano era arpista y ayudante de sastre. Criaba un cernícalo al que llamaba “Inteligente Jovín” (18).

El narrador extradiegético, irá dando cuenta de la tramoya en la que el personaje, es mostrado como el débil, para el caso un “upa”[3] en una primera lectura. Al poco andar, nos daremos cuenta que es quién se irá posesionando de la historia, para constituirse en eje, a modo de alter ego de “Don Aparicio“, quien es único hijo de “la señora principal de un distrito próximo”. De figura “alt[a]”, ruidosa, quién “excitaba al vecindario”, invitando “champaña a sus amigos”, “se reía […] de forma escandalosa”, “hasta provocar que el pueblo se div[irtiera] con este espectáculo” (19). Sus carcajadas retumbaran hasta “en la plaza [...] Mil indios trabajaban para él (19).” Pero todo este despliegue de poder, decaía de manera particular frente a la figura de Mariano, quién no mostraba “emoción ante las burlas o los elogios; permanecía callado y tranquilo” (18). Se había convertido en una compañía cercana, algo así como su sombra “en las noches […] iba tras de él, y Don Aparicio no le hablaba” (19). En la expresión “Mariano ingresó al barrio de los señores y se detuvo en la sombra […]”; pareciera expresar que al llegar al barrio, el lugar de Mariano sería el de la “sombra” destino primordial para instalarse en un lugar ajeno, para trajinar su vida. En otras “le ordenaba a Mariano que llevara su arpa al salón de la casa. Se acomodaba en la mecedora y le pedía al sastre” que tocara “Palomita de campo”, y los huaynos tristes que su patrón iba nombrando “El sauce ingrato”, “El chihuaco”[4], “El tuquito”. “¡Ahora canta el carnaval de mi pueblo! ¡De Lambra!” (20).

III

Mariano no es un ave dotada de hermosura, de plumaje en bellos colores, ni canta como el mejor de los pájaros. No. Es ”bajo”, quinto y último de sus hermanos, era denominado “upa” en su familia, expresión de torpeza, “el que no oye”, de escaso desarrollo intelectual, de “ojos grises y pequeños” (21), “se agacha hasta apoyar la frente” (22). Tiene la voz “grave y baja”, como de “sapo cantor” (20). Debía existir desde lo más bajo, “entre las yerbas de los campos húmedos, baldíos”, con lo que afirma una vez más la distancia que lo separa de Don Aparicio, no solo en lo social, en lo económico, que habla de la distribución de la riqueza, si no, de los derechos que esto le confería; también cuando el narrador expresa “Mil indios trabajaban para él”. Es un señorito “alto”, desde las alturas, sinónimo de empoderamiento; hijo único, mimado, al que se le otorga lo mejor, sinónimo también, de cómo lo ejerce. Había necesidad de hacer explícito aquello de “a ti no más te dejo tranquilo por tu canto; por tu arpa también”, “le decía el corpulento señor de Lambra” (20). Pero en la intimidad del hogar, a modo de amalgamar su propio yo-interior al yo-interior de Mariano, le habla quedo, sin carcajadas ni palabras altisonantes, para que las oyera todo el pueblo, el que además se encontraba bajo su dominio. Más adelante:

“-¿Porqué será, Don Mariano? Mis mujeres no me dan tranquilidad; el trago ya sea cañazo o champán es para peor. ¡Anda ya a dormir! Pero en medio del patio tócame por último cualquier huayno del pueblo.” (20).

El presente párrafo es altamente revelador de esta vivencia que postulo como dual, dependiente, complementaria y de total necesidad. En una revisión fragmentaria en el “-¿Porqué será Don Mariano?” resaltamos que al menor, al inferior, se le confiere el apelativo de “Don” [5], para el caso igualitario al de “Don Aparicio”. Del mismo modo, el solo hecho de preguntar, de consultarle a Mariano, reconoce en su palabra, en la opinión que emana de ella, como valedera, esclarecedora.

Es visible como en otro de los alardes en el sintagma “las mujeres no me dan tranquilidad.” (20), la figura “las mujeres”, señuelo de la seducción, no está investida con el halo pagano del placer. Escuchemos “Don Aparicio confundía el verdadero amor con la tristeza” (24). Continuamos con el relato “el trago, ya sea cañazo o champán, es para peor”. Aborda tanto el “cañazo” en cuanto bebida intensa, muy fuerte, pero de bajo precio y calidad y por lo mismo destinada a los indios, pertenecientes a la llamada clase pobre, léase sometida; pero tampoco el “champán”, suave, espumante, de alto precio, cuyo destino era la clase pretendida como selecta, de cuna, la que se identifica en calidad de encumbrada. Ni una ni otra bebida le sirve, por el contrario expresa Don Aparicio “es para peor”. La usa sí, para reafirmar quién manda, en su condición de “terrateniente“ en el intento de retener, no de soltar el poder, hecho que logra por instantes cuando emite la orden” ¡Anda a dormir!”. De inmediato llega lo que percibimos una súplica, como si dijera: pero no te vayas, no así no más, no me dejes, tócame al menos “algún huayno de tu pueblo” (20). Es visible el modo que la orden la reduce a petición, a ruego; es la forma que se escucha el “por último”, el ahí se tolera “cualquier” cosa, no lo escogido, ni lo selecto, no lo mejor, “por último cualquier huayno del pueblo” (20). Es decir quién se expresa es el alma suplicante de Don Aparicio, su yo más íntimo, como revirtiendo la figura planteada con anterioridad. Aquí “cualquier” es el término en cuestión, como si dijera, el que tú quieras estará bien para mí. También el sintagma “huayno del pueblo”, donde se acerca más al orden natural de Mariano, allí el trato resulta llano, igualitario, más aún lo complementario queda al descubierto, para el caso ya no señorito “alto”, “poderoso”, “altivo”. Inmersos ahora en el mundo de un orden que llamaremos “no natural”, “invertido”, atendemos al universo de los afectos, a modo de telón de fondo. Es ahí donde le ha sido posible colocarse en el orden “inverso” como si dijera tú mandas Mariano, ahora soy el que me (mí) someto, por último acepto cualquier elección que quieras hacer, sea cual fuera el huayno que vayas a tocar y que voy a escuchar, ha de calmar mis ansias, el que me dejará dormir.

El párrafo que viene a continuación, está sabiamente ubicado:

Mariano era nativo de uno de los pueblos fruteros del “interior”, de más adentro de la cordillera. Allí, en hondas quebradas, crecían manzanos, peros y duraznos, que florecían como jardines y daban frutos limpios, brillantes, de colores que esplendían a distancia.” (20)

El hecho es que Mariano es un hombre “nativo”[6], es decir originario, crece naturalmente, no necesita impostación, por lo tanto puede manifestarse tanto en el suelo, como en los aires y continúa siendo nativo. También notamos sintagmas como “hondas quebradas”, “crecían”, donde intuimos el crecimiento de abajo hacia arriba en el que, el hecho de llegar arriba, implica madurez, la posibilidad de “florec[er] como jardines y dar frutos limpios, brillantes”. También eran “de colores que esplendían a distancia”. Llegamos ahora a lo más exponencial del presente estudio, de la propuesta visiblemente inspirada en la cosmovisión andina. Recordemos que en el cosmos quechua pacha envuelve tanto el espacio como el tiempo, el mundo de abajo, que hanan pacha el mundo de arriba y engloba al tiempo futuro; kay pacha representa al mundo en el aquí y ahora y el hurin pacha, el mundo de abajo, pero también el tiempo pasado. Tomando esta visión del mundo andino como referencia, proponemos que el autor presenta al ser como una totalidad, que va más allá de la dicotomía arriba/ abajo y por lo tanto excluyentes. También en la expresión “[Mariano] vio cómo los indios bailaban en grandes círculos” hay un acopio de lo que conocemos como efecto circular[7]. En la locución propuesta se avizora como la de un ser totalizante, como la vida misma. Podemos expresar por ejemplo, tomando el modelo del ritmo circadiano, en la noche dormimos, es el mundo de la ensoñación, del aire ubicado arriba. En el día, despiertos, caminamos para desplazarnos en el mundo terrenal, en el mundo de abajo. Postulamos que es de esta manera que el autor intenta dar cuenta una vez más de lo totalizante del ser. Es decir el ser humano, transita siempre, él, en sí mismo un mundo tan totalizante como Universal, pero es al mismo tiempo lo recíproco (tú y mí), es decir aquello que le compete por lo tanto involucra al otro. Esta concepción separa al ser de sus investiduras, llamaremos para el caso otras, como ocurre por ejemplo con el color de la piel, la religión, la lengua, la cultura, es decir los elementos que revisten al yo otorgándole una fuerza exponencial en su expresión corporal. Esta lectura estaría refrendada en el párrafo:

“Mariano tocaba fuertemente los huaynos alegres de esas regiones. En las cuerdas de alambre, de las notas altas, se regocijaba repitiendo la melodía; con la otra mano arrancaba los bajos en lo alto del arpa.” (20). El resaltado es nuestro.

Aquí, el efecto totalizante se inserta en la expresión del yo de Mariano en tanto cuerpo físico y tangible. Escuchemos “[…] era bajo […] Mariano tocaba fuertemente” (18; 20). La lectura propuesta es que se trata de una persona de baja estatura, callada, tranquila, también de voz baja y suave. Más cuando tocaba el arpa, como manifestación de la parte intangible del yo, es decir lo esencial, lo alto, aquello referido al espíritu, cuando señala “tocaba fuertemente”, “no más para mí, para mi alma”. Es de advertir cómo, de qué manera, su ser transita así tanto abajo como arriba como en lo de adentro-exterior con respecto a lo de fuera-interior, o viceversa, dependiendo a qué aspecto de su yo nos referimos o dirigimos la atención. Pero lo explícito no queda allí. Escuchemos:

“- ¡Don Mariano, tú no más para mí, para mi alma!... –iba diciendo el patrón desde la escalera, mientras subía paso a paso hacia su dormitorio.”(20)

Llegado a este punto del relato, para que el autor dé cuenta del entrecruzamiento a modo de espiral sobre-puesto, mejor inter-puesto por donde el ser transita, en un libre discurrir, dinámico, necesario y por ello totalizante, donde lo que se recrea es lo de arriba/ abajo, dentro/ fuera, cerca/ distante, lo mío/ lo tuyo, modalidades todas referidas al espacio-tiempo pero también involucra al personaje. A modo de ejemplificar, pondré atención a ciertos aspectos:

· “Tú no más para mí” búsqueda de correspondencia donde tú y mí se lían.

· “iba diciendo el patrón” el vocablo “patrón”, relativo al mundo de arriba.

· “[… ] para mi alma” no solo en el yo-corporal, involucra al yo-espiritual.

· “desde la escalera” como lugar de tránsito arriba/ abajo, también cerca/ lejos

· “mientras subía” como referente al mundo de arriba.

· “Paso a paso” deliberado lugar de arriba o de abajo.

· “hacia su dormitorio” destino de los afectos, alocución que cierra el párrafo.

Si retornamos al lugar de inicio del relato hay un tú, que se involucra con un mí, posesivo en primera persona correspondiente al yo como expresión del mundo totalizante, también expresado en los relatos iniciales del mismo autor, pero ahora renovados, enriquecidos. En la novela que analizamos, el autor hace énfasis en la misma concepción que hará eclosión en su novela cumbre “Todas las sangres”, que inscribe a Arguedas no solo en la historia literaria del Perú y América, sino que es sinónimo de una nueva concepción del hombre y su mundo; una visión inclusiva, la que será aceptada a tal grado, que José María Arguedas vida y obra, es ahora motivo de estudios en numerosos países y cada vez traducido a más idiomas.

Conclusiones

Podemos inferir que cuando Mariano desobedece a Don Aparicio al acudir a la tienda de Irma, compañera sentimental de aquel, y le toca unos huaynos, se separa de él, deja de ser su “sombra”, para el caso el tú no se relaciona, se desliga, se libera del mí. Es por eso que llegado al lugar, toma conocimiento de los hechos. Don Aparicio se enfurece, no lo trata más de manera cordial, por el contrario se obnubila hasta tal punto, que destroza primero el arpa, instrumento de su solaz, con el que tanto se había calmado “antes de dormir“ y luego como si lo desconociera, como si ya no fuera más parte de sí, termina con su vida, desbarrancando a Mariano por la escalera. Actúa como si al sentirlo separado de sí, lo recusara. Por su desobediencia, cual era la de tocar el arpa solo para él, ya no es vivido como su “sombra”, no lo necesita, su persona está de más en su vida. Se pierde la visión del mundo totalizante, el otro ya no se involucra. Pero si la muerte arrebata a Mariano vivido como su “sombra”, el “cuerpo” simbólicamente representado como Don Aparicio, no tiene razón de seguir con vida. También se entrega a un destino incierto cuando se lanza sobre su caballo portando al cernícalo de éste, como símbolo, en la búsqueda de complementariedad de su propio yo, hacia destino desconocido. De una manera metafórica “muere”, desaparece del escenario, para, en búsqueda de un destino común, reunirse con su otra parte.

Finalmente, interpretamos también esta historia como una señal, una advertencia, tal vez una petición o súplica en la que si el mundo de arriba y el mundo de abajo, confluido en todas las sangres, no se sostiene en lazos vivenciales, y en armonía total con la naturaleza, de tolerancia recíproca en la convivencia, es poco o nada lo que se puede alcanzar. Simbolizado como una meta trunca, aparece la muerte como destino inexorable.

Bibliografía

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(2008). La obra de José María Arguedas: Elementos para una interpretación. La novela peruana. Clorinda Matto de Turner, Enrique López Albújar, Ciro Alegría, José María Arguedas, Manuel Scorza, Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa. Lima: Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar-Latinoamericana editores.

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Hernández, Max; Lemlij, Moisés; Millones, Luis y María Rostworowski (1987). Entre el mito y la historia. Psicoanálisis y pasado andino. Lima: Ediciones Psicoanálisis Imago S.R.L.

Intili, Ana María (Inédito). Aproximación a la violencia política (1980-2000) en el Perú, a propósito de dos cuentos de Zelideth Chávez Cuentas.

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Martínez Gómez, Juana (1976). El espacio en las novelas de José María Arguedas: la significación de lo sensorial. Anales de Literatura latinoamericana, N° 3, 303-329

Portocarrero, Gonzalo (1993). Racismo y mestizaje. Lima: SUR Casa de estudios del Socialismo.

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Romero, Aída (1987). Paisajes del arco iris, 2° ed. Lima: Redluz.

Vásquez, Chalena. Diamantes y pedernales: relectura e interpretación (Una musicología andina… antropología de la música en la obra literaria de Arguedas). La ventana. Consultado el 4 de enero de 2011 en http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5739

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[1] Los ríos profundos: un universo compacto y quebrado en Los universos narrativos de José María Arguedas, Buenos Aires: Editorial Losada, 1973.

[2] Solé Zapatero, Francisco Xavier. Diamantes y pedernales, de José María Arguedas: una relectura, hoy. Convergencia. Revista de Ciencias sociales. Universidad Autónoma del Estado de México, 2004, 299-321.

De igual modo el trabajo de la Dra. Juana Martinez Gómez (1976), donde ubica “Diamantes y pedernales” junto a sus otras novelas, “Yawar Fiesta”, “Los ríos profundos”, “Todas las sangres” y “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, a propósito de su estudio El espacio en las novelas de José María Arguedas: la significación de lo sensorial.

[3] Según el diccionario de la Real Academia Española (1998 b, 1478): “Opa: del quechua upa, bobo, sordo. 1. adj. despect. coloq. Arg., Bol., Par. y Ur. Tonto, idiota”.

[4] Recordaré el poema de la escritora tarmeña Aída Romero (1936) “¿Por qué cantas/ con tristeza/ chiguaquito de mi tierra?” (1987, 43).

[5] “Era extraño que un joven tan poderoso [Don Mariano], tan altivo, le llamara Don el Upa” (Arguedas, sin fecha: 24).

[6] Según el diccionario de la Real Academia Española (1998 a, 1428): “Nativo: 2. adj. Perteneciente o relativo al país o lugar en que alguien ha nacido. Suelo nativo. Aires nativos. 4. adj. Innato, propio y conforme a la naturaleza de cada cosa”.

[7] Para mayor ampliación del tema revísese “El uso del efecto circular en Rosa Cuchillo”, estudio de la misma autora (2010).