Un escarmiento para la ruptura.

(Gustavo Rosa)

Para quienes siguen la información con cierta responsabilidad y no se dejan llevar por los absurdos de los medios hegemónicos, desde hace mucho tiempo, el Gobierno Amarillo está tensando la vida democrática: en campaña, con promesas que estaban muy lejos de su pensar, como no abrir las importaciones, mantener el Fútbol Para Todos o no quitarle la ayuda a nadie; mucho antes, trepándose a las fantasías informativas de Clarín y todas sus usinas de estiércol y explotando la complicidad de algunos jueces federales, tanto los presionados como los adherentes; y ahora se suma a todo esto el potencial de ser oficialismo para comprar voluntades y castigar rebeldías. Para los que han estado siempre atentos y los que empiezan a estarlo, este desigual forcejeo está pronto a terminar: el Gran Equipo cae por su propio peso o los 40 millones nos sometemos a las apetencias de las mil familias a las que representa. Para el resto cada vez menor, todavía funcionan ciertas frases que alientan una vana esperanza: “hay que darle tiempo” y “no poner palos en la rueda”, porque “si a Macri le va bien, al país le va bien” y los sacrificios que hoy estamos haciendo “sirven para un futuro mejor”. Esos que miran el dedo cuando alguien señala la luna, son los que van a despertar del supersticioso ensueño demasiado tarde para advertir que era una pesadilla.

A pesar de todas las señales, todavía quedan algunos que se cuelgan de la Pesada Herencia o abrazan la idea del purgatorio por todo “lo que nos hicieron creer” para seguir apoyando La Revolución de la Alegría. No consideremos a grandes empresarios con los que jamás tendremos un mínimo roce, sino a los iguales con los que nos cruzamos todos los días en taxis, colectivos, ascensores o colas de supermercado, que olfatean la hecatombe pero no atinan con el origen del hedor. Esos que prefieren ostentar sus prejuicios –por más disparatados que sean- para fundar sus conclusiones, antes que escuchar razones mucho más fundadas.

Esos que tuercen el gesto ante cualquier cuestionamiento del presente que no incluya una feroz denostación del gobierno anterior, al estilo de “las tarifas están muy caras pero lo anterior era insostenible”. Todo un triunfo de la manipulación hacer que los usuarios se quejen por pagar poco sus servicios. Como si un comprador protestara porque lo que va a comprar hoy está más barato que la semana anterior. ¿Acaso rechazan el descuento que les hacen en un negocio o desdeñan las engañosas ofertas de los productos de supermercado? Una confusión que saquea el bolsillo para engrosar las ganancias de las empresas ligadas al Ingeniero. Confusión pertinaz que significa un desafío esclarecer.

Embaucadores en decadencia

El argumento oficial es que los servicios deben pagarse a tarifas internacionales -a pesar de que somos productores de energía- porque eso permite más inversión y desarrollo. Tan incongruente es la posición que el empresidente contrapone esta estafa saqueadora con la gratuidad absoluta. La ley aprobada para ser vetada no retraía los precios a diciembre de 2015 sino apenas a noviembre de 2017. Con los incrementos aplicados en el primer año del Cambio basta para garantizar ganancias e inversiones. Pero como los amigotes de Macri –Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin, Rogelio Pagano y Joe Lewis- son tan avarientos como él, quieren ganar mucho más. En 2017, las empresas de estos personajes que concentran el 51 por ciento de la generación y distribución de electricidad obtuvieron unos 11300 millones de pesos de ganancia. Más del 90 por ciento fue repartido entre los accionistas y apenas un 5 por ciento fue re invertido.

Con respecto a las empresas de distribución del gas, las ganancias se ubican entre 300 y 400 por ciento y van por mucho más. Lo del desarrollo es un verso más grande que un elefante. Esta transferencia de recursos llegó a 16500 millones de dólares que, en manos de los usuarios se hubiera volcado al mercado interno y no a la simple acumulación en paraísos fiscales. El Estado macrista está más preocupado por multiplicar la fortuna de sus cómplices que por garantizar el bienestar del pueblo y esto es indudable.

Además, inaceptable. Tanto como todo lo realizado desde el comienzo de este Régimen Restaurador. Ahora que están perdiendo gran parte del apoyo conquistado con engaños y patrañas, se dan el lujo de exteriorizar lo que verdaderamente son: una oligarquía que vino a operar para la oligarquía. La mejor muestra de esto es la escena de la gobernadora Vidal en el Sheraton ante empresarios del Rotary: “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”, seguido de aplausos y risas de los oyentes. ¿Qué aplaudían: la sabiduría de la sentencia o la posibilidad de cerrar universidades? Lo primero es inexistente, como quedó demostrado con testimonios de graduados y las cifras estadísticas difundidas por los propios centros de estudio. Lo segundo, monstruoso, porque el cercenamiento del acceso a las universidades públicas significa más transferencia de recursos hacia los que no necesitan nada. De los dichos de Vidal se desprende la intención de instaurar una estructura de castas donde el ascenso social sea imposible. Y esto revelado por la cara más bondadosa del PRO, la que decía “no vamos a quitarle la ayuda a nadie”.

Ahora que no están en campaña, muestran su faz in-votable: ésa que exige más sacrificios para ir hacia un paraíso cada vez más inalcanzable; ésa que demoniza cualquier objeción y obliga a la obediencia ciega bajo el formato del diálogo y el consenso; ésa que propone un gran acuerdo nacional para seguir desigualando; ésa que piensa recurrir a los militares para garantizar el “apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y desafíos actuales”, cuando en realidad, la principal amenaza para nuestra seguridad se atrinchera en La Rosada SA.

Esa faz que apela a cualquier cosa para no perder su núcleo duro, conformado por un manojo de individuos que odia al ritmo de las tapas de Clarín y La Nación, que se indigna con lo que TN magnifica en sus titulares, que ilustra su opinión con cenas de diva o imitaciones domingueras. Porque el oficialismo está perdiendo terreno, surge otra vez el Operativo Cristina, ya sea por sus locuras o con la invención de delitos. Siempre que las encuestas advierten sobre la caída en la imagen positiva de Macri, los jueces consustanciados con la ceocracia gobernante reciclan las tres o cuatro causas sobrevivientes con recursos muy alejados de la búsqueda de la verdad y más aún de la Justicia. Para alimentar titulares que puedan minimizar las masivas movilizaciones de protesta contra las políticas de Macri que se están realizando en algunos puntos del país, sobre todo en la CABA, dictan procesamientos sin indagatoria, juzgan asesinatos sin asesinos y acusan sin pruebas ni coherencia. El suicidio de Nisman convertido en homicidio es una prueba de esto. Pero no hay que olvidar que, mientras las organizaciones sociales coronaban la Marcha Federal en la Plaza, Macri estaba justificando su veto a la ley de Tarifas junto al opo aliado Juan Manuel Urtubey. Y después del aliento de la gobernadora Vidal al cierre de universidades, el Ingeniero inauguró el primer campo de golf público del mundo en Santiago del Estero. Esa es la cara del Cambio: poner el Estado al servicio de una minoría empachada en perjuicio de la mayoría cada vez más ajustada. ¿Cómo considerar democrático a un gobierno que lo único que hace es castigar a su pueblo?