Turbulencias de agosto.

(Gustavo Rosa)

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Los Amarillos están perdiendo el control y no atinan con la clave para recuperarlo. Si no es la economía que no se despierta son las fuerzas de seguridad que están desbocadas. Ni la Selección de fútbol dibuja una sonrisa que pueda distraer un poco. Después de probar con patrañas y demonizaciones durante más de un mes, el empresidente Macri y su Gran Equipo descubrieron que la desaparición forzada de una persona preocupa a muchos más que a sus familiares. Por fin se enteran que el marketing no puede disfrazar el desdén y que detrás de los números hay gente de carne y hueso. Nadie puede augurar si agosto porta lecciones para modificar la impronta PRO o para simular un poco de humanidad como parte de la campaña, pero con el caso Maldonado la gobernabilidad recibió heridas que no se sanan con globos ni bailecitos.

El cambio de discurso resulta notorio. El Ingeniero se refirió al tema por primera vez en estos días, aunque no de la mejor manera: primero para condenar los hechos de violencia que Ellos mismos habían planeado y después para recitar algunos formalismos de catálogo. Cualquier cosa menos reconocer que el conflicto por las tierras ancestrales de los mapuches no se soluciona con palos. En realidad, nada se soluciona de esa manera, sino con eso que tanto pregonan pero no practican: el diálogo. El diálogo no como un camuflaje para imposiciones, sino como la búsqueda de un camino para resolver un problema. Claro, parece fácil, pero no lo es. Más aún cuando los administradores del Estado, en lugar de arbitrar, ayudan a los poderosos. En lugar de planear sus medidas para atenuar las penurias de los más vulnerables, operan para favorecer a los que nada necesitan.

Con una mano en el corazón, Benetton y algunos más tienen tierras de sobra. Y quieren más a costa de lo que sea. El Estado, en lugar de acotar la ambición para evitar que despojen al resto, alienta la pulsión y la facilita; de esta forma, pronto estaremos los 40 millones amontonados en un islote. Y este razonamiento permite analizar cada una de las decisiones y propuestas de los gerentes. Desde las reformas laborales que hacen vibrar sus duros corazones hasta las quitas impositivas que excitan sus hormonas. Desde sus excusas hasta sus razones, desde los estigmas que vomitan hasta las adulaciones que lengüetean. En todo está la intención de esquilmar derechos para potenciar privilegios.

La desaparición como amenaza

Por supuesto, no lo dicen de esa manera: el maquillaje abunda en las zanahorias que exhiben. La engorrosa y engañosa propuesta de la Reparación Histórica permitió el blanqueo de amigos y familiares a cambio de casi nada. Delincuentes de guante blanco que arrojaron unas monedas a las arcas del Estado para legalizar una evasión de años. Ni siquiera los invitaron a repatriar los capitales fugados para invertirlos en algo más productivo que la bicicleta financiera. Ni los obligaron a servir la copa de leche en algún comedor comunitario para que aprecien de cerca el daño que produce tanta especulación. Ahora son legales sin recibir, al menos, un edificante rapapolvo.

Con las tarifas de los servicios públicos han hecho lo mismo: nos convencieron de que estafábamos a los distribuidores de servicios consumiendo como parásitos por chaucha y palitos. Ahora que sacaron los subsidios y multiplicaron las ganancias empresariales, nos tratan como niños malcriados por pretender usar calefacción en invierno y refrigeración en verano. Una perversa ecuación se ha instalado en nuestras vidas: adquirimos menos confort por mayor precio y en lugar de invertir en producción, fugan las ganancias a paraísos inalcanzables.

Pero la ola ajustadora no se detiene porque hay que reducir el déficit que Ellos mismos producen. Mientras anuncian en los medios que despiden a ñoquis choriplaneros –la grasa militante- contratan globoludos con sueldos triplicados para que se conviertan en timbreros o activistas de las redes sociales. Mientras sub-ejecutan partidas presupuestarias aprobadas por el Congreso en áreas esenciales, reparten pautas publicitarias encubiertas o sobornan operadores de los medios para que tapen las trapisondas con historias inverosímiles. Ni los discapacitados se salvaron de la guadaña, aunque la Justicia ya ordenó restituir las pensiones que –por cruel capricho- habían eliminado.

La vaselina con que pasa todo esto tiene dos fuentes: los medios hegemónicos que confunden el entendimiento colectivo y las cuevas de Comodoro Py donde hay alimañas tribunalicias siempre dispuestas a inventar las causas más estrambóticas. Ahora que el encubrimiento por el caso Maldonado puede salpicar a varios, el eficiente y mañoso juez Claudio Bonadío sale al escenario para reflotar la vergonzante denuncia de traición a la Patria contra CFK y el ex canciller Héctor Timerman. El memorándum con Irán ponderado en su momento por el fiscal Alberto Nisman, aprobado en el Congreso por amplia mayoría, bien recibido por dos agrupaciones de familiares de víctimas de la AMIA y que nunca se puso en funcionamiento, sólo sirve para alimentar prejuicios desde titulares reiterativos. De la intención de la gerencia PRO de entregar los archivos de inteligencia por el atentado a una empresa estadounidense casi nadie esboza una protesta.

Con todo esto han jugado hasta ahora pero la desaparición de Santiago Maldonado se convierte en un límite. Las mentiras que han propalado y los versitos recitados los deja al desnudo. El marketing no alcanza a tapar tanto atropello. Con la impunidad que los caracteriza, tildan de ‘política’ cualquier crítica cuando son Ellos los que han perpetrado un crimen político. Ellos se escandalizan por el uso que los opositores hacen de este caso cuando sobre explotaron el suicidio de Nisman presentándolo como un homicidio. Y lo siguen haciendo, tratando de validar nuevas pericias cuando cualquiera sabe que eso ya es imposible. Con tantas trampas que tienden van a terminar entrampados.

Agosto brinda muchas lecciones pero no para los ceócratas, que jamás aprenderán nada bueno, sino para los que siguen confiando en ellos sin beneficiarse en nada. Si no alcanza la barbarie de los gendarmes ni las torpezas defensivas de la ministra para el desencanto de los incautos, un macabro detalle debería bastar para que algunos desorientados crucen de este lado de la grieta: la nueva tendencia represiva incluye la desaparición como amenaza. Si esto no convence es porque la oscuridad ha invadido esos confundidos corazones. Entonces, ya son irrecuperables.