TRUMP: DE LOS DESDECIRES A LA PELIGROSA INCONSISTENCIA .

(Lido Iacomini)

Abril 18 de 2017

Si bien Trump tiene todas las condiciones que caracterizan a un troglodita de derecha, el papel que juega (o podría jugar) en ésta coyuntura internacional divide a los analistas políticos. Especialmente en esta parte del mundo, donde la esperanza anclaba en la posibilidad -ratificada apenas iniciada la gestión- que cumpliera algunas de las promesas que podrían ser útiles a nuestros pueblos, como por ejemplo dejar de lado los Tratados Transpacífico y Transatlántico, así como algunas otras políticas que han determinado el carácter de ésta globalización al servicio del gran capital financiero ultra concentrado y que tiene su epicentro en los EEUU. Sobre todo su afirmación de abandonar la guerra de Siria e involucrarse menos en actividades bélicas en el mundo. Si se lo ve decidido a arrasar con los derechos de las minorías, consecuente con su visión racista y misógina del mundo, atacando al liberalismo en su faceta más progresista y rescatable. Aun así la confusión y las incógnitas son muchas pero se van develando rápidamente al transcurrir de los acontecimientos, ya que Trump no mostró ni un programa y ni siquiera un proyecto con las mínimas características que pudieran hacerlo merecedor de tal categoría. Tampoco ni un tinhk thank conocido ni un conglomerado de intereses reconocible estuvo por detrás de su campaña.

Pero es posible analizar que sucedió en EEUU y en el mundo para que su triunfo deparara tamaña sorpresa para algunos y esta gran incertidumbre posterior para todos. Sabemos que el proyecto que mayoritariamente apoyado por el establishment norteamericano, incluyendo los grandes medios nacionales e internacionales, fue el de los demócratas encabezado por Hillary Clinton. Un proyecto que venía ya desenvolviéndose de la mano de Obama y que por supuesto incluía nuevos y en algunos casos drásticos desarrollos, como los tratados antedichos. Incluso en lo fundamental el aparato republicano NO APOYÓ a Donald Trump y gran parte de su dirigencia, abierta o subrepticiamente, se inclinó por Hillary. Es que era el proyecto del gran capital financiero concentrado y la gran industria globalizada, la más informatizada y robotizada. En gran medida el gran responsable de la crisis y recesión económica de la que el mundo bajo el dominio imperialista no logra emerger plenamente. Y especialmente responsable de la destrucción industrial en el mismo corazón territorial del imperio, los EEUU, que si bien en dominio del poder político rescató a los grandes conglomerados financieros y reactivó lentamente su economía, no se hizo cargo de que la mayoría del pueblo quedaba afuera.

Trump supo leer la disconformidad del pueblo norteamericano, principalmente de su clase obrera y del interior profundo que perdía su bienestar. Leyó bien que EEUU estaba en una difícil y complicada encrucijada nacional e internacional y también supo explotar los prejuicios y sentimientos más primarios de su población. Por eso con claridad quien fue derrotado electoralmente (y hasta ahora solo electoralmente) es el proyecto del establishment, el proyecto demócrata, el proyecto de la globalización imperialista. El neoliberalismo pretendió apurar el paso y desconocer las consecuencias que sobre las masas de la población norteamericana tuvo la crisis que provocó a partir del 2008-9. Su proyecto era ir más a fondo en la globalización sin asociar para ello a los trabajadores norteamericanos. No tomó el ejemplo de sus padres y abuelos burgueses que para construir las etapas decisivas del dominio imperial yanky sobornaron a los obreros norteamericanos a costa de los pueblos dependientes, como advirtieron los padres del marxismo. La derrota demócrata y el proyecto de Hillary es con seguridad un serio traspié de esta globalización, pero es aventurado al menos, decir que es el fin de la globalización con matriz norteamericana. Pero con Donald Trump no ganó un proyecto alternativo hasta el momento inexistente. El triunfo de Trump es tan sólo un emergente de una crisis no resuelta. Los pasos que Trump decía impulsar contradicen la tendencia objetiva del desarrollo económico del capitalismo que siempre avanza en pos de optimizar sus ganancias y utiliza para ello todos los adelantos científicos y técnicos que la revolución industrial le ofrece. La producción mundializada y robotizada está asentada en la formidable expansión comunicacional del planeta y la informatización, que le han permitido aprovechar el desarrollo desigual de los mercados de trabajo mundiales y que han determinado bolsones de pobreza y mano de obra sub remunerada. El capitalismo arrasará todo lo que se oponga a su aprovechamiento. Y además las etapas del desarrollo no vuelven atrás, al menos con consistencia, a grandes rasgos y con permanencia. El fordismo ya no será. Trump deberá negociar su ilusión o su destino anclará en otros dramáticos antecedentes de la historia norteamericana.

Quizás sea eso lo que se solapa detrás de sus desdecires: ya no es “aislacionista” y ahora bombardea Siria tras las huellas de Obama, el premio Nóbel de la Paz, el presidente norteamericano que mayor cantidad de guerras lleva desatadas. Es, digamos, un retorno a las fuentes. Fuentes demócratas y republicanas. Es cierto que el semblante de Trump es más torvo e impredecible. Pero aunque nadie puede saber que hubiera sucedido en este devenir si en la elección hubiese sucedido lo que no sucedió, no hay antecedentes históricos para afirmar que con los demócratas marcharíamos mejor. Creo que la impiadosa historia norteamericana no puede solventarlo.

La acusación que encubre el ataque, el uso de Assad de armas químicas, tampoco es novedoso. La anterior peor crisis “Siria” se produjo a partir de acusaciones de Obama nunca probadas –intervención de la ONU mediante- de que el régimen de Siria poseía un arsenal de armas químicas y la excusa condujo a una escalada en la confrontación ruso norteamericana extendida a Ucrania, culminando en un fortalecimiento de Rusia y de Putin convertido en protagonista de primer nivel en los recreados caminos de la guerra fría.

Colocar a la humanidad en los bordes del terror, que crece apenas se enciende el rumor de riesgos nucleares, no le resultó excesivo a Donald Trump para demostrar al mundo que si bien no tiene un plan alternativo frente a la crisis económica que la globalización imperialista provocó, sí posee la decisión de usar la superioridad militar necesaria y que dice tener, sobre todo las agallas correspondientes, para reafirmar que retienen la hegemonía. Y si bien es cierto que los ruidos pasaron de los ladridos a las explosiones bélicas, hasta ahora todo indica una peligrosa escalada en el chantaje militar habitual. Peligrosa digo.

También es cierto que la respuesta rusa a la dura provocación de bombardear con misiles al principal protegido ruso en Medio Oriente, por ahora no pasó de un tenue endurecimiento discursivo pero nada hace pensar que los rusos dejarán las cosas ahí. Putin sabe que corresponde moderación frente a la realidad que impone la iniciativa en manos norteamericanas, sobre todo si se posee un mínimo de responsabilidad frente al borde nuclear que se juega cerca de Corea del Norte, aunque el carácter del jefe ruso rebosa orgullo e intransigencia. Pero no es esperable que los rasgos personales de los líderes tengan un peso decisivo en el rumbo de los acontecimientos Sí cuenta que Rusia tiene mucho que perder si no responde adecuadamente en defensa de su autoridad y responsabilidad adquirida en los últimos años. Rusia es el paragüas garante de la integridad siria y es a partir de esa situación que creció su prestigio y confiabilidad como aliado de naciones a la intemperie frente a las agresiones yankys.

En cambio China la actitud frente a las presiones y provocaciones norteamericanas ha sido persistir en la construcción del cerco económico (o “competencia” si lo prefieren) apostando a alianzas aseguradas por la conveniencia mutua de las que Argentina es un buen ejemplo, donde no sólo es un magnificente comprador sino un potencial, y casi inmediato, inversor de dimensión incomparable. Véase planes energéticos retomados por el macrismo. Rusia en cambio atiende a su músculo militar y si bien puede cambiar de frente, es en este plano donde distintos países en todos los continentes depositan sus expectativas. Principalmente en zonas calientes del planeta: Irán, Venezuela, Siria, Yemen, etc.

Sorprendió cómo Trump pasó en cuestión de horas de ser acusado de connivencia con Vladimir Putin a convertirlo en su principal enemigo, renunciando a lo que muchos consideraban su más importante diferencia estratégica con el establishment, asociarse con Rusia para romper la peligrosa entente ruso china. Es cierto que era una ilusión poco consistente. Pero en realidad en política, poco es lo consistente en el actual devenir del imperialismo norteamericano.

En EEUU el Partido Demócrata se restriega las manos: mientras dejan que Trump haga el trabajo sucio que a ellos incomoda pero desean, como buenos electoralistas liberales juegan a ser los policías buenos mientras Trump asume con gusto el papel de policía malo. Les va mejor como opositores.