SEGUNDA CARTA ABIERTA AL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, SEÑOR PEDRO PABLO KUCZYNSKI.

(José Luis Ayala)

Señor presidente:

Permítame decirle con que está usted absolutamente equivocado cuando se refiere a un posible indulto, llámale como lo llame, a favor del encarcelado ex presidente y súbdito japonés Alberto Fujimori Fujimori. Usted dijo: “Estamos hablando de la salud, no estamos hablando de perdonar a nadie”. Significa que podría usar ese discutible razonamiento para otorgar un ilegal indulto. Como si no le interesa la salud de tantos presos ancianos para que no mueran en las cárceles ha dicho: “Seguimos con mucho cuidado la salud de la gente interna de edad, que sean el señor Alberto Fujimori u otros. O sea, que tenemos que tener cuidado. No quiero un nuevo Leguía”.

Las circunstancias históricas y personales entre Leguía y Fujimori son diametralmente distintas y no es posible compararlas. No solo es un error grave cotejar acontecimientos de distintos escenarios políticos, sino que además resulta una aberración histórica como jurídica. Cuando se trata de historia en referencia a un hecho y se quiere relacionar con otro diferente, es preciso tener cuidado, pero además es necesario tener conocimiento fehaciente. No se pueden ver ni apreciar antojadizamente los hechos sin el debido análisis dialéctico, menos tratar de desconocer el concepto de la larga duración de la historia.

Sus asesores de imagen, que parece le aconsejaran muy mal o no los tiene, deberían decirle que cuide su lenguaje, que no suelte así no más expresiones tan variadas, desacertadas, inoportunas y a veces cachacientas. Su híbrida sonrisa no puede reemplazar a ideas de un mandatario, a un estadista con falta de argumentos intelectuales sólidos, para transmitir lo que por momentos trata de comunicar.

Quienes hemos trabajado en la administración pública en comunicación e imagen, sabemos que al titular del pliego, además de entregarle una diaria información inteligente, se le alcanza un pliego de sugerencias ante posibles temas y preguntas de periodistas. Pero sobre todo, las posibles respuestas que se podrían dar debidamente documentadas. ¿Por qué nadie de su entorno, no le aconseja que piense antes de hablar y no cometa tantos errores de conceptos jurídicos? Deberían informarle adecuadamente qué es un indulto humanitario para que usted no se equivoque tanto. O es que no escucha y cree que muchas personas ignoramos lo que realmente sucedió y en qué circunstancias murió Leguía.

En 1929 se produjo una grave crisis en la economía peruana, los empleados públicos, maestros y trabajadores fueron los más afectados por lo que encabezaron las primeras protestas. El ejército expresó su descontento, la corrupción generalizada en el Estado alcanzó grandes niveles de escándalos. Pero los hechos colmaron la paciencia popular cuando se firmaron los vergonzosos tratados con Chile y Colombia. Hasta que el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, el 2 de agosto de 1930 propició un golpe de estado y el 25 la guarnición de Lima pidió la renuncia de Leguía. Sánchez Cerro inauguró un período neofascista que dura hasta ahora. Leguía fue embarcado en el BAP Almirante Grau con destino a Panamá. Sin embargo, los líderes exigieron su prisión y ordenaron regresar al buque. Leguía fue llevado a isla de El Frontón y luego trasladado al Panóptico. Anciano, enfermo e incomunicado fue atendido por su hijo Juan Leguía Wayne. Al agravarse la bronconeumonía y enfermedad de la próstata, fue evacuado al Hospital Naval del Callao donde efectivamente falleció el 6 de febrero de 1932.

Cuando usted dice: “Seguimos con mucho cuidado la salud de la gente interna de edad, que sean el señor Alberto Fujimori u otros. O sea, que tenemos que tener cuidado. No quiero un nuevo Leguía”. Trata usted de afirmar que Leguía murió en la cárcel y eso no es verdad. Leguía no compadeció ante los Tribunales de justicia del Perú, debido a las circunstancias históricas. Además, es preciso tener en cuenta que debió haber sido juzgado. En cambio el súbdito Alberto Fujimori, ha tenido el debido proceso, una adecuada defensa y recibido con razón una condena de veinticinco años por delitos de lesa humanidad. Si se juzgaba a Leguía hubiera sido igualmente condenado por actos de corrupción, crímenes y delitos políticos.

Señor presidente Pedro Pablo Kuczynski: Fujimori no es preso cualquiera. Debe cumplir la condena que le impuso un Tribunal de justicia absolutamente imparcial, incuestionable. A usted lo están atarantando los Bererriles, los cancerberos de Fujimori y Aguinaga miente. Kenky Fujimori lo visita para ablandarlo, la prensa corrupta neofascista y empresarios beneficiados por el fujimorismo, aprovechan sus graves errores. Fujimori no tiene una enfermedad terminal, el tumor de la lengua no es nada, hay presos con cáncer que han pedido un indulto humanitario y no se les ha concedido.

¿No sabe acaso por qué razones está preso? Le recuerdo que fue condenado por las muertes en Barrios Altos, La Cantuta y secuestros. Fue procesado por la justicia peruana y recluido en la Diroes, después que la Corte Suprema de Chile aprobó su extradicción a pedido del Poder Judicial. El 11 de diciembre del 2007 se dictó la primera sentencia de 6 años de prisión por usurpación de funciones, acción destinada a desaparecer los vladivideos. La segunda sentencia se dictó el 7 abril del 2009. Ese juicio sirvió para imponerle 25 años de prisión por asesinato de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle y 15 personas en Barrios Altos, entre ellas un niño de ocho años. Ese juicio incluyó los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y Manuel Dyer en 1992. En el mismo año fue sentenciado a 7 años y 6 meses de cárcel por el delito de peculado al haber reconocido que extrajo de 15 millones de dólares del erario nacional para entregarlos a Vladimiro Montesinos.

La cuarta condena fue en el 2015 por corrupción y espionaje telefónico, el pago a medios de comunicación y compra de congresistas, se le impuso seis años de prisión y una reparación civil a cada víctima. La Cuarta Sala Penal Liquidadora lo sentenció el 8 de enero de 2015 a ocho años de prisión por desviar fondos de las Fuerzas Armadas y del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), para financiar a los ‘diarios chicha’ que auparon su segunda candidatura presidencial en 1995.

Pero falta resolver un caso de homicidio calificado y uno de peculado. Deber ser enjuiciado por el presunto homicidio en calidad de autor mediato por el crimen de seis personas, a cargo del Grupo Colina en Barranca en 1992. No solo eso, sino el presunto peculado en calidad de cómplice primario, por la autorización de entrega de cerca de un millón de dólares a un amigo a fin de que adquiera terrenos en 1996, en el proyecto Chavimochic (La Libertad).

Cuando dijo usted: “hay que voltear la página”, la reacción del pueblo peruano en contra de un posible indulto a Fujimori fue inmediata. Además soltó otra desconcertante expresión: “es un caso médico y humanitario”. ¿En qué país vive? ¿Acaso no ha visto la gran movilización que causó sus desacertadas expresiones? ¿Por qué no contesta cuando las madres de los asesinados estudiantes de la Cantuta preguntan dónde están sus restos humanos? ¿Acaso no sabe que por lo menos hasta ahora no han nacido 30,000 mil niñas y niños a causa de las esterilizaciones forzadas?

Andrés de Santa Cruz tuvo la valentía de no perdonarle la vida a Felipe Santiago Salaverry, que 1835 derrocó al presidente constitucional Luis José de Orbegoso. Le declaró la guerra a la Confederación Perú-boliviana y ordenó el fusilamiento del correcto comandante Valle Riestra. Salaverry murió fusilado al haber sido condenado después de un debido proceso sumario. Pero Santa Cruz se equivocó al no haber fusilado a todos los peruanos que se aliaron a las tropas del Ejército Restaurador Perú-Chile chilenas y firmó el Tratado de Paucarpata, el 17 de noviembre de 1837. Las tropas del general Blanco Encalada, invadieron al Perú por acuerdo del Congreso de Chile pero fueron derrotadas y aniquiladas. Desgraciadamente Santa Cruz permitió su retirada con la promesa de no regresar más al Perú. Todo error en una guerra y en la paz se paga muy caro, siempre.

Usted señor Pedro Pablo Kuczynski, es evidente que no se ha puesto a pensar en las graves consecuencias históricas que traería un posible indulto al súbdito Alberto Kenya Fujimori Fujimori. No imagina el grave daño que nos haría a millones de peruanos de ahora y a quienes nacerán en los próximos siglos. Usted como Fujimori se irán del país, ambos tiene raíces ancestrales distintas a nosotros, corriente sanguínea y ADN ajeno a millones de peruanos que nos sentimos orgullos de un pasado glorioso. Fujimori saldría a disfrutar de una incalculable fortuna sin pagar ni un centavo de reparación civil al Estado. La agrupación política que lidera crecería y querría gobernar por los menos veinte años. No nos haga ese daño.

A la gran mayoría de peruanos no nos gusta la forma como gobierna usted. Pero con seguridad que no terminaría su mandato en caso de indultar a Fujimori, causaría una gran convulsión social. Además sería un acto de traición y contra las normas jurídicas internacionalmente consagradas. De una vez por todas diga que no procede el indulto y acabe con tanta incertidumbre. Atentamente. José Luis Ayala. DNI: 07201436.