Respetuosa crítica a la crítica

(Julio Carmona)

Aludo en el título de este artículo a la estudiosa mexicana de la literatura Araceli Soní Soto, de quien he leído un artículo en torno a uno de los poemas de Trilce, de nuestro inmarcesible César Vallejo. Ella dice que Trilce dio impulso «a los cambios gestantes del movimiento literario de vanguardia en América Latina»[1]. Según esta autora, resulta que CV, sin saberlo, no solo perteneció a la vanguardia (por haber actuado en la misma época, como veremos que dice ella más adelante) sino que le da impulso a su gestación. (Pero cabe preguntarse, entre paréntesis: ¿cómo podía Trilce ‘impulsar los cambios gestantes de la vanguardia en América Latina’, si en su mismo país ‘nació en el mayor vacío’, y el interés —tardío— que despertó fue después de ser publicado en España, en los años treinta?) Pero, además, la autora agrega otras opiniones realmente traídas de los cabellos. Dice:

«Vallejo no recurre en esta ocasión al ensayo, al artículo o a la crítica para explicar y justificar el surgimiento del nuevo movimiento[2] y la necesidad de búsqueda de nuevas formas expresivas que los poetas de su generación intentaron infringir, sino que a través de un poema, el LV, nos hace comprender el porqué de la transgresión de las normas sintácticas, gramaticales, léxicas y fonéticas de la vanguardia, frente a los versos medidos, la perfección de los hemistiquios y la exquisitez de las expresiones, que por esas fechas, los poetas de la época comenzaron a valorar como un lenguaje de fórmula.»

Y, a continuación agrega que en su trabajo va a ubicar «a Trilce dentro del contexto literario en el cual surgió [es decir: lo va a ubicar dentro de la vanguardia y]; de este modo observaremos hasta qué punto responde a las características de la época, dado su hermetismo y su difícil comprensión» [o sea que está reduciendo a la vanguardia a las características de la experimentación formal cuyas consecuencias serían el hermetismo y la difícil comprensión]. Y también dice que: «El poema LV es tan sólo un ejemplo del estilo de Trilce y constituye un ejercicio metapoético, en el que están presentes dos estilos diferentes que tratan el mismo tema. El primero representa, al lado de Samain, la estética simbolista decadente y el segundo, el de vanguardia, cuyo ejemplo más notable es Trilce, al lado de César Vallejo». Pues bien, si dice que el poema LV «es tan solo un ejemplo del estilo de Trilce», se debe colegir que en Trilce hay otros ejemplos del estilo no solo de Trilce sino de CV, que no se reducen a la pura experimentación formal. Y esto lo reconoce la autora en lo sucesivo, pues dice que el poema LV

«Es un ejemplo palpable de los cambios gestantes en la vanguardia y más allá de ella, puesto que, como sabemos, Trilce trasciende las características formales de ese movimiento a favor de expresiones auténticas y vivenciales».

Pero, después de punto seguido agrega otra idea que es también discutible. Dice: «Ambos poetas, Samain y Vallejo aluden a la muerte, pero lo hacen de modo distinto». Sin embargo, si se lee el verso de Samain que CV cita en el poema (y es el siguiente: «el aire es quieto y de una contenida tristeza»), en este verso no veo por dónde aparece la muerte. Y aunque CV sí menciona a la muerte en su contraposición:

«Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia, y versos anti sépticos sin dueño»,

lo que está confrontando no es propiamente (como dice la autora) dos maneras de comprender la poesía ni que ‘el poema constituya un ejercicio metapoético’, sino una manera de entender la vida. Samain la presenta como motivo de contemplación, que es «como ver llover»: ‘como un aire quieto y de una contenida tristeza’. Entonces con el símbolo del aire, más bien se puede decir que Samain está aludiendo a la vida, porque hasta el más acérrimo idealista no puede dejar de reconocer que sin el aire se acaba la vida, aunque, sí, el idealista aprecia a la vida pero como algo estático. Mientras que un poeta realista —y es el caso de CV— la ve en constante movimiento. Y nos dice que la única alternativa que tiene el hombre para constatar que se acerca al fin de la vida es el avance de su edad (es decir: su movimiento vital) y un símbolo de esta es el «cabello perdido» [valga hacer aquí la siguiente atingencia: que un poeta realista no tiene por qué enemistarse con los recursos poéticos que existen independientemente de sus creadores, como el símbolo o la metáfora], pero además de ese signo de avance en la edad (el cabello perdido), hay en el hombre todo un cúmulo de elementos materiales, comunes, domésticos (‘algas, toronjiles como almácigos en guardia’) que se van almacenando en la conciencia, actuando esta como «la cubeta de un frontal», y el último de esos elementos (que causa cierto desconcierto) es los «versos antisépticos sin dueño» que —recurriendo al significado de la palabra antiséptico: sustancia o medicamento que se emplea para destruir los gérmenes que infectan un organismo vivo o para evitar su existencia— se puede inferir que lo que salva al hombre de la muerte es su capacidad creadora: y los versos son la expresión de esa capacidad, y con esos ‘versos sin dueño’ se puede impedir el triunfo de la muerte, porque todo lo que crea el hombre no tiene dueño, y por eso decía arriba que los recursos poéticos existen independientemente de sus creadores. Y hacen que prevalezca el triunfo de la vida, vista como acción y no como contemplación, que es lo que denuncia CV en la concepción simbolista que él ilustra con el verso de Samain.

Porque, sí, en efecto, el poema de CV es una contraposición de visiones, pero no metapoéticas, ni mucho menos que sea para que CV proponga la poética vanguardista como pretende la autora.