POLÉMICA INTERVENCIÓN AL PJ: EL PELIGRO DE MENOSPRECIAR LAS ENSEÑANZAS DE LA HISTORIA.

(Hernán Andrés Kruse)

Las casualidades no existen en el mundo de la política. De ahí que no deban considerarse como dos hechos aislados la reunión de diferentes referentes del peronismo en la ciudad de Catamarca y la polémica decisión de la jueza María Romilda de Cubría de ordenar la intervención del PJ nacional y nombrar como interventor al histórico dirigente gastronómico Luis Barrionuevo. El justicialismo está tratando de conseguir lo que hasta hoy es una quimera: la unidad. El encuentro catamarqueño fue un intento para acercar posiciones. Estuvieron presentes, entre otros, Agustín Rossi, Daniel Filmus y Felipe Sola. Horas más tarde la conocida jueza dictó la resolución número 16/18 con fecha 9 de abril de 2018 a raíz del pedido formulado a la magistrada por los dirigentes gremiales Carlos Acuña, Oscar Guillermo Rojas y Horacio Alberto Valdez de declarar el estado de acefalía del Partido Nacional Justicialista y ordenar su inmediata intervención. Para fundamentar su petición los sindicalistas expresaron: “Ninguno de quienes arrogan el mandato de afiliados, a la fecha cumplen ese requisito. Así las cosas, vemos cómo se realizan convocatorias en las que participan hermanos de frustrados candidatos, dirigentes sin mandato político que perdieron por paliza en las elecciones nacionales, ex funcionarios que solo podían ejercer alguna función a la sombra de la ex Presidente y que en la actualidad nadie reconoce”. Observará entonces V.S. que estos impresentables, sumando a los compañeros que solo en base a voluntarismo, mal pueden pretender ejercer un mandato que no existe, ya que desde el año 2012, (a) venció el mandato de los integrantes del Consejo Nacional, (b) venció también el mandato de los Apoderados, (c) se verifica, por lo menos, el delito de desobediencia de los usurpadores” (…) “En el Congreso Nacional del partido justicialista del 9 de mayo de 2014, se resolvió una cláusula adicional a la Carta Orgánica partidaria, mediante la cual se suspendió la elección por el voto secreto y directo de los afiliados para elegir a los miembros del Consejo Nacional en ese año. Siempre se trató de no hacer elecciones internas con voto directo. Para ello incrementaron las exigencias para presentar listas”. “No se ha respetado la democracia partidaria, al eliminarse las distintas corrientes de opinión que conforman la institución, exigiendo requisitos de casi imposible cumplimiento para presentar candidaturas” (…) “Las actuales autoridades fueron objeto de numerosos planteos judiciales” (…) “Los resultados electorales de las dos últimas elecciones 2015 y 2017 muestran al justicialismo en franco retroceso” (…) “Debe tenerse en cuenta la expresión de un importante número de afiliados y dirigentes partidarios que representando a distintas corrientes internas de la agrupación y que procurando cumplir con los requisitos formales que caracterizan a los actos partidarios, realizan un esfuerzo notable al organizar un acto masivo, que les permita hacer escuchar sus voces”.

En virtud de lo expuesto por los mencionados dirigentes la jueza María Romilda Servini manifestó: “Luego de analizar los argumentos esgrimidos por los requirentes, y de repasar brevemente la historia partidaria reciente, resulta necesario forzar la memoria a efectos de poder encontrar una crisis política e institucional como la que afecta al Partido Justicialista de Orden Nacional en la actualidad. Los adversos resultados electorales obtenidos en los dos últimos procesos electorales, han profundizado la división interna que venía gestándose con antelación. La derrota en los comicios presidenciales como así también el fracaso en el acto electoral para elegir gobernador en el distrito más grande del país, han provocado una crisis en la conducción partidaria difícil de superar. El grado de división alcanzado, con líneas internas partidarias que se ubican en las antípodas del pensamiento político, ha creado una situación crítica insostenible que de permanecer en el tiempo, podría afectar la propia existencia del partido” (…) “Se ha observado que, en los últimos comicios nacionales y provinciales del año 2017, reconocidos dirigentes partidarios apoyaron candidaturas de partidos o frentes políticos de los que el justicialismo no formó parte o directamente se han postulado como candidatos de esas agrupaciones que compitieron en el último proceso electoral contra el partido fundado por el General Perón. Esta suerte de vaciamiento partidario, provocado por quienes dicen ser peronistas al solo efecto de obtener una ventaja electoral, se ve perfectamente plasmado en la actitud de aquellos que utilizando el “sello” de la agrupación y el apellido de quien fuera su fundador, emigran a otras agrupaciones políticas-distintas y de diferente pensamiento-, para apoyar candidaturas que no son sostenidas por el Partido Justicialista” (…) “Por otra parte, corresponde advertir asimismo, que la última reunión del Congreso Nacional partidario fue realizada el 24 de febrero de 2016. Es decir, hace más de dos años” (…) “Amén de ello, no resulta posible soslayar que la situación de conflicto que se verifica a nivel nacional, encuentra su réplica en la problemática que afecta a los partidos de distrito de diversas provincias” (…) “Este estado de conflicto interno permanente, no es novedoso. En los últimos años han tramitado ante este tribunal numerosas causas relacionadas a la vida institucional del Partido Justicialista” (…) “Cuando la dirigencia política se aleja de las personas y transita por senderos separados a los que recorre la ciudadanía, el mandato otorgado por el pueblo se ve traicionado en su origen, al quebrantarse la misión fundamental de la acción política” (…) “En estas condiciones, el futuro cercano presenta para el Partido justicialista un camino difícil de transitar, ante la ausencia de ideas o proyectos bien definidos, que permitan consensuar claramente cual es la misión que debe cumplir el partido justicialista en el actual momento político de la Nación y como debe actuar en el nuevo rol de partido de la oposición que actualmente le toca desempeñar” (…) “En consecuencia, resulta razonable acoger la solicitud de Intervención Judicial, a fin de plasmar en la vida partidaria, aquella máxima que nos impone “…organizar republicanamente los partidos para organizar republicanamente la Nación…”, (Matienzo Nicolás, Lecciones de Derecho Constitucional, Buenos Aires, 1926).

Lo que primero resalta del escrito de Servini es su carácter netamente político. No hay nada jurídico en sus considerandos y fundamentos. Si alguien desprevenido, sin saber a qué se dedica la autora, leyera el escrito creería que se trata de un documento interno del Partido Justicialista y no un escrito elaborado en sede judicial. La decisión de la jueza electoral de intervenir el PJ se inscribe en un escenario cargado de tensión política, de feroces luchas internas entre los dos sectores antagónicos peronistas que hoy existen en el país: el peronismo kirchnerista y el peronismo antikirchnerista. Servini actuó no como una jueza sino como una militante del justicialismo. En realidad, lo hizo como una militante del peronismo antikirchnerista. En efecto, al dar lugar al pedido de intervención efectuado por los tres sindicalistas mencionados (oh casualidad, uno de ellos es el lugarteniente de Barrionuevo), no hizo más que tomar partido por el peronismo antikirchnerista. Su escrito se apoya en un increíble maniqueísmo político. Están los buenos-los peronistas anti K-y los malos-los peronistas K-. Los culpables de todo el infortunio que hoy atormenta al PJ son Gioja y los suyos. Sin decirlo expresamente, la jueza electoral los tilda de autoritarios y sectarios. Ellos son los victimarios y los peronistas anti k son las víctimas.

Es tan evidente el carácter político de la resolución que de su lectura emerge rápidamente la respuesta a una clásica pregunta que se formula cuando hay un conflicto o una crisis: ¿Quiénes son los ganadores y quienes son los perdedores? Los ganadores son todos aquellos enrolados en el peronismo anti K: Barrionuevo y el sindicalismo que le responde, el senador Miguel Ángel Pichetto, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, etc. El que ganó es el peronismo “de centro” que se reunió en Gualeguaychú la semana pasada, el peronismo cercano a Macri o, si se prefiere, el peronismo cooptado por Macri. Es el peronismo que aprobó casi todas las medidas antipopulares que tomó el gobierno nacional en estos dos años y pico de ejercicio del poder. Es el peronismo que no ve a Macri como un adversario sino como un socio del poder. Los perdedores son los peronistas K, aunque cuesta considerar a Gioja y Scioli en este sector. Sin embargo, Gioja terminó siendo en la agitada jornada del martes 10 la cabeza visible de este peronismo, del peronismo que perdió. Cuando no tuvo más remedio que abandonar la sede del partido los grandes medios dijeron que había sufrido una dura derrota.

El fallo de Servini es perfectamente funcional a las ambiciones políticas del presidente. Macri quiere ser reelecto el año que viene y para que ello suceda es fundamental, vital en realidad, que el peronismo esté irremediablemente dividido. La intervención del PJ nacional apunta a profundizar la grieta. Ni qué hablar de la decisión de nombrar como interventor a Luis Barrionuevo, un dirigente sindical que odia a los Kirchner y que siempre se ha manifestado cercano al gobierno. Resulta evidente que no resultó casual la elección de semejante personaje como interventor del PJ nacional. Su designación provocó un tsunami dentro del peronismo. Los peronistas K no lo soportan y están enfurecidos. Eso es, precisamente, lo que provocó el fallo. Indignar a los peronistas K para que en masa se vayan a Unidad Ciudadana para luego declararles la guerra a los peronistas anti K. El fallo de Servini no hizo otra cosa que echar más leña a un fuego que amenaza con descontrolarse. Las escenas que se vieron por televisión de una sede del PJ cercada por fuerzas de seguridad son impropias de una democracia. Para colmo, se vieron forcejeos e insultos. Un escenario muy feo que hace trizas todos los esfuerzos que algunos dirigentes peronistas vienen haciendo para construir una única oposición al macrismo.

Hay un hecho que aparentemente ha pasado inadvertido pero que conviene tenerlo siempre presente. Esta intervención al PJ nacional puede alimentar viejos y peligrosos fantasmas. No fue casual que La Cámpora, por ejemplo, inmediatamente de tomar conocimiento de la intervención haya acusado al gobierno de Macri de pretender proscribir al peronismo. Se trata de un tema sumamente delicado ya que la proscripción del peronismo está íntimamente ligada a un período histórico cruel y violento que desembocó en el nefasto gobierno de María Estela Martínez y la posterior dictadura militar. La proscripción del peronismo ha enseñado que la única manera de vencer al peronismo es ganándole limpiamente en las urnas, como lo hicieron Alfonsín, De la Rúa y Macri. Por eso cuesta entender la decisión de la jueza electoral, propia de períodos de facto y no democráticos. Nuestra ajetreada historia ha puesto en evidencia que cuando el peronismo fue atacado como ahora, fue capaz de resurgir de entre las cenizas y retornar al poder con mucha fuerza. El peor error que puede cometer un político no peronista (o antiperonista, si se prefiere) es darle al peronismo motivos para victimizarse. Es lo que algunos dirigentes peronistas están tratando de hacer por estas horas al hablar de proscripción. El gobierno de Macri, me parece, no quiere proscribir al peronismo. Lo que pretende es debilitarlo profundizando el odio entre los kirchneristas y los antikirchneristas. Desea de todo corazón que el año que viene Cristina encabece la fórmula presidencial de Unidad Ciudadana y Sergio Massa, la del Frente Renovador. Hasta ahora, la jugada le está saliendo bien al gobierno. Pero conviene que no apriete el acelerador a fondo porque cuando el peronismo se siente acorralado, es temible.