PICADA DE NOTICIAS. (XLXIX).

(Hernán Andrés Kruse)

Las sucesivas marchas y contramarchas que tuvieron lugar en este último tiempo han puesto de manifiesto la profundidad de la grieta que nos aqueja. Durante marzo diversas manifestaciones fueron protagonizadas por docentes, mujeres y trabajadores que expresaron su disconformidad con las políticas que viene aplicando el Gobierno. Ver tanta gente en la calle despotricando contra el oficialismo sacó de quicio al presidente de la nación, a sus funcionarios y, fundamentalmente, a los miembros de los sectores medios altos y altos de la sociedad que no toleran semejante demostración de rebeldía de los sectores situados por debajo. Hace tiempo que no quedaba tan a la vista la honda división en clases sociales que existe en la Argentina. La marcha organizada por la CGT fue protagonizada por los sectores populares bajos de la sociedad, por la clase trabajadora, tan vapuleada por un Gobierno que no la soporta. La contramarcha del 1 de abril fue protagonizada por los sectores medios altos y altos de la CABA y Buenos Aires, que residen en Recoleta, Belgrano, Núñez, Martínez y San Isidro. Los manifestantes estaban muy bien vestidos y eran de piel blanca. Profesan un visceral anticomunismo y antiperonismo. Probablemente sean los descendientes de quienes llenaron la Plaza de Mayo cuando el general Lonardi asumió la presidencia el 23 de septiembre de 1955. Están convencidos de que actos como el de la CGT implican, lisa y llanamente, una invasión de los morochos del conurbano bonaerense. La CABA es de ellos, razonan los macristas, y nadie del mundo bárbaro tiene derecho a atormentarlos con piquetes y marchas. Las dos Argentinas antagónicas vienen peleando por el control del espacio público, pelea que se intensificará con el correr de los meses. De aquí a las cruciales elecciones de octubre habrá marchas y contramarchas a granel, configurando un escenario cargado de tensión política. Los ánimos están caldeados y nadie quiere dar el brazo a torcer. Los caceroleros creen sinceramente que la democracia está en peligro, que, como acaba de afirmar Jorge Triaca, la ex presidente quiere derrocar a Macri. El gobierno ha decidido apostar toda su suerte electoral a la polarización, a la profundización de la grieta. En las horas posteriores al masivo acto macrista el propio presidente dijo que lo había emocionado la espontaneidad del acto, la presencia masiva de ciudadanos que no necesitaron de los colectivos y de 500 pesos para manifestarse políticamente. Lo que ha decidido el Poder Ejecutivo es hacer una tajante división de la sociedad en dos sectores antagónicos: por aquí, los ciudadanos democráticos y republicanos, finos y educados; por allá, los negros del conurbano que son arriados como ganado, incapaces de pensar por su cuenta. Esta feroz división la piensan y la sostienen todos y cada uno de los integrantes del Gobierno y, obviamente, los caceroleros. Ellos creen que son superiores a los morochos del conurbano, que merecen mandar y los morochos obedecer. Qué duda cabe que la Argentina es un país inviable. En su edición del 2 de abril Página/12 publicó un artículo de Horacio Verbitsky titulado “Plazas y aplazos”. Dice el autor: “El jueves culminó el mes de actividad colectiva más intensa en medio siglo, con seis movilizaciones masivas en las que se expresó un rechazo contundente a las políticas del gobierno nacional: dos de los docentes, una de las mujeres, una de la CGT, una por el Día Nacional de la Memoria y otra conjunta de ambas CTA y de un sector de trabajadores industriales de la CGT. Ayer, el gobierno impulsó una réplica vergonzante por medio de su ejército de zombies electrónicos pero sin mostrar la mano, por miedo a la comparación. Le bastó para decorar con el punto del honor un set perdido sin atenuantes, aunque marcó que sigue en la cancha y dará pelea. La mera organización de esa marcha pone en contradicción al gobierno y transparenta sus desvelos, lo mismo que la cautela con que esperó el desenlace para celebrarla. El paro de la CGT del jueves ya requerirá de un marcador futbolero, como el de Alemania contra Brasil en el Maracaná” (…) “El discurso oficial alardea que la Alianza Cambiemos renovó las costumbres políticas y mantiene una comunicación personalizada con cada ciudadano, que luego se refleja en las urnas, mientras los actos y marchas serían como las hojas secas de un otoño político y parte de un pasado irreversible” (…) “Pero lejos de los micrófonos nadie del gobierno oculta la preocupación por el clima social, como testimonia una foto extraordinaria que escapó del control de la oficina de propaganda, en la que el presidente y varios de sus colaboradores miran con aprensión en una pantalla gigante una de las plazas colmadas hasta reventar. El guión oficial consiste en asignar a esas movilizaciones una intención destituyente, con el propósito de forzar una crisis que acorte el mandato presidencial” (…) “Una duda que sólo el tiempo podrá zanjar es si el gobierno cree de verdad que las reacciones a la crisis social desatada por su política en realidad obedecen al propósito de abortar el mandato para el que fue electo y del que ya ha consumido un tercio, con más pena que gloria. Otra hipótesis es que trate de extraer de ese relato un rédito similar al que obtuvo CFK luego del alzamiento de la Sociedad Rural y de las cámaras patronales agropecuarias en 2008. Este paralelo tiene varios inconvenientes. El primero, que el gobierno fue derrotado en las elecciones legislativas bonaerenses del año siguiente, con una lista que encabezaban Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa, y que recién después repuntó, con la ley audiovisual y las nacionalizaciones. Además, no es lo mismo un plan para sitiar por hambre durante semanas a las grandes ciudades que actos pacíficos en el corazón de ellas para ejercer el derecho constitucional de protestar y peticionar” (…) “Tampoco puede compararse el diálogo insidioso entre Mariano Grondona y Hugo Biolcati anticipando la asunción presidencial del vice Julio Cobos con la humorada del helicóptero de cartón exhibido en la Plaza de Mayo. En un caso se trataba de un plan concreto de sectores sociales poderosos que veían afectados sus intereses. En el otro, a lo sumo, la expresión de deseos de los manifestantes más lineales, no convalidada por los dirigentes” (…) “En paralelo se debate el efecto del conflicto docente, que el gobierno habría podido eludir si no hubiera decidido profundizarlo con una finalidad ejemplificadora. Por un lado intenta transmitir a todo el universo sindical que posee la capacidad y la decisión para quebrar a quien se le cruce en el camino con tal de reducir el costo salarial por segundo año consecutivo. La clase que lo sostiene ha demostrado a lo largo de la historia que no le importa matar para conseguir esos fines. Por otro, propone un antagonismo de Superhéroes de Marvel, entre el Ogro Malo y el Hada Buena, en el que cifra sus expectativas electorales. Suponen que en ese contraste de imágenes la mayoría acudirá en auxilio de quien aparece como más débil, aunque en voz baja se congratulan por el carácter de acero que atribuyen a la gobernadora bonaerense” (…) “Al mismo tiempo, la intensidad del conflicto social le permite descargar su responsabilidad por el mediocre resultado macroeconómico, invertir la cadena causal y achacar la sequía inversora a la protesta, cuando es uno de sus efectos. Vidal es la carta fuerte del gobierno, cuando faltan menos de tres meses para el cierre de las candidaturas” (…) “Que Macri apareciera junto a ella estaba previsto desde que el diferencial de opiniones positivas dejó muy atrás al presidente. La novedad de la semana fueron los actos conjuntos de los que también participó el intendente porteño, Horacio Rodríguez Larreta. El mensaje es que la homogeneidad política entre el Poder Ejecutivo de las tres jurisdicciones permite aplicar soluciones conjuntas para los problemas del área metropolitana. Esto no borra los matices entre ellos. Mientras Macri no consigue pronunciar la expresión terrorismo de Estado y cree que lo que sucedió en la Argentina fue el choque entre la violencia política y la violencia institucional, el gobierno bonaerense conmemoró el 24 de marzo con un spot con imágenes de la dictadura militar y las protestas de los organismos defensores de los Derechos Humanos, recortes de diarios sobre la anulación de las leyes de impunidad y la afirmación de que el estado de derecho se construye con memoria”. En su edición del 3 de abril Página/12 publicó un artículo de Mempo Giardinelli titulado “Las marchas y la grieta”. Dice el autor: “Muchísima gente en la marcha macrista de este sábado. Guste o no, deprima o no, fue el hecho nacional de esta semana” (…) “Fue una gran manifestación antiperonista, realizada en día feriado para subrayar que los marchantes eran “gente de trabajo” y no vagos acarreados en micros a cambio de choripanes y 500 pesos, según la delirante suposición del Sr. González Fraga. Convocados y alentados disimuladamente por el Gobierno e incentivados por la telebasura que durante horas no se ocupó de otra cosa, la insistencia en que el Gobierno no tenía nada que ver fue la prueba perfecta de lo contrario. El macrismo se maneja con astucia en las redes sociales, que domina, pero en cuestiones territoriales se les ve siempre la costura, como cuando llevan a Macri a barrios, bondis o centros de jubilados previamente montados para parecer “naturales. Para esta marcha…se apropiaron inteligentemente de un sentimiento caro y fuerte: “Por la democracia”. Y aunque no fue tan masiva como las cinco manifestaciones populares de marzo, corresponde reconocerla aunque lo multitudinario se redujo a la otrora llamada Capital Federal, donde la Policía de la ciudad calculó que llegaron unas 25 mil personas para hacer, por fin, una Plaza de Mayo incontaminada de peronistas, gronchos e inmigrantes, libre de Kas, Abuelas, Madres y populistas, exenta de zurdos y villeros” (…) “Pero, como fuere, el impacto fue grande y superó lo que muchos esperaban. Pocos jóvenes y mayoritariamente up 50-60, es cierto, y el grueso de ellos de clase media y media alta. Pero muchos. Y fue por eso, por número y composición, una manifestación importante que merece atención y análisis. Necio es negarlo. Y sobre todo porque fue el perfecto indicador del estado de la grieta que enferma a nuestra sociedad. Y éste es el punto. Porque es verdad que lo que se entiende por grieta-como quiebre o abismo que separa clases sociales-siempre hubo y va a haber, en la Argentina y en todo el mundo. Pero lo que aquí y ahora se propagandiza como “la” grieta es el producto de la fenomenal canallada que inventaron, impusieron y fomentan con ferocidad los medios dominantes. A eso aludía esta columna la semana pasada: al invento perverso que instalaron para dividir y polarizar a la sociedad, utilizándola para su propaganda electoral, y que siguen usando para dibujar una realidad que no existe mientras niegan y deforman la realidad evidente. Y para incendiar ánimos, cultivar incautos, engordar resentimientos y joder la pobre inocencia de la gente. Es curioso, además, que odien tanto a Venezuela aunque hacen todo lo posible para igualarse en la actual desdicha de ese país hermano. Responden a marchas populares con marchas burguesas y un obsesivo odio de clases; al resentimiento social con el resentimiento de ricos, que es peor” (…) “Todos perdemos con la grieta. No elecciones solamente; también afectos, amistades, confianzas históricas con quienes simplemente piensan distinto. A muchos nos dolió y nos duele que en estos años parientes, amigos, colegas, compañeros de trabajo o de la vida, estén tan inflamados de odio, ese sentimiento despreciable e indignificante, y enojados sin saber por qué ni quién ni cómo los indujo a odiar. La grieta no fue, no es y nunca será más que una tramoya, un engaño. Ni siquiera un espejismo, que, como las ilusiones, al menos sirven para imaginar nobles fantasías. La grieta mediática que inventaron algunos periodistas y fogonean redacciones y canales muestra la peor cara de la democracia degradada que hoy rige este país atormentado. La siguen fomentando, ahora con el negacionismo, y siempre con frivolidades como bailes machistas y viejas señoras que comen banquetes a la vista de un país con 14 millones de pobres e indigentes” (…) “Y todo con la insólita, vergonzosa complicidad de un partido centenario que supo ser intérprete de sentimientos nacionales y populares. Hoy degradado hasta lo inconcebible, el radicalismo en licuación macrista no interpreta el sentimiento de miles de radicales” (…) “Intoxicados de un revanchismo antiperonista que no se veía desde los fusilamientos y los bombardeos aéreos a Plaza de Mayo hace 60 años, polarizan y agrandan la grieta al ritmo que les marca Durán Barba y que repiten los mentimedios. “O amigo o enemigo” es la consigna. Y enemigo declaran a todo aquel que, aunque decente, consideran corrupto porque apoya a los “que se robaron todo”. Estupidez vacía con la que exculpan el robo sistemático que practican familiares, amigos y parientes de este Gobierno protegido por un hato de jueces y fiscales y los grandes mentimedios. Las lindas piernas y la sonrisa angelical de la gobernadora María Eugenia Vidal frente al porte panzón y barbudo del morochazo Roberto Baradel simbolizan, hoy, las dos fracciones en que desdichadamente han logrado partir a este país que durante 200 años luchó por ser una nación integrada e integradora gracias a más de 10 millones de inmigrantes llegados de todo el mundo, y en las últimas décadas mayoritariamente de Nuestra América. Romper sistemáticamente esa tradición y ese logro es, por lo menos, miserable”. En su edición del 2 de abril Página/12 publicó un artículo de Alfredo Zaiat titulado “De rodillas”. Dice el autor: “Hace un año el gobierno de Mauricio Macri firmó la capitulación en el juzgado de Thomas Griesa y semanas después empezó a pagar la cuenta reclamada por Paul Singer y otros fondos buitre. Cuatro fueron las promesas oficiales para terminar muy rápido con ese litigio judicial, mal denominado default: 1. Regresar al mundo. 2. Acceder con fluidez al financiamiento externo. 3. Recibir una lluvia de inversiones por la recuperación de la confianza internacional en el país. 4. Bajar el riesgo país, lo que implicaría reducir el costo del endeudamiento a niveles similares al de otros países latinoamericanos” (…) “La primera definición era un concepto ligero que encubría la pretensión conservadora de subordinar al país a las potencias occidentales, disponer la apertura de la economía nacional, debilitar el Mercosur para alinearse con bloques de libre comercio como la Alianza del Pacífico y congelar las alianzas estratégicas con China y Rusia” (…) “La afirmación de que Argentina estaba fuera del “mundo” formaba parte de la subestimación de analistas conservadores a su audiencia, cuyos miembros en general lo aceptaban con entusiasmo. En relación al endeudamiento externo, las puertas fueron abiertas de par en par por el sistema financiero internacional” (…) “El negocio de la deuda regresó con mucho ímpetu luego de varios años de sequía porque el anterior gobierno tenía una estrategia de desendeudamiento y no quería convalidar tasas de interés elevadas” (…) “La lluvia de inversiones no llegó a convertirse ni en garúa. La inversión extranjera directa sumó 4780 millones de dólares al tercer trimestre de 2016, según los últimos datos informados por el Indec” (…) “El monto de los primeros nueve meses del año pasado fue la mitad del registrado en el mismo período de 2015, con administración del mercado de cambio y restricciones a la remisión de utilidades. Con libertad absoluta para el movimiento de capitales las inversiones extranjeras disminuyeron, y con una política de control, aumentaron” (…) “El riesgo país (el diferencial de tasa de interés con la de un bono del Tesoro de Estados Unidos) no bajó luego de que el gobierno entregara todo lo que le demandaron los fondos buitre” (…) “Uno de los argumentos preferidos de la legión de economistas del establishment para denostar la política económica del “populismo” era que otras economías latinoamericanas conseguían tasas mucho más bajas en la emisión de deuda. La política económica amigable con las finanzas no está logrando el resultado esperado” (…) “Aceptar todas las condiciones de los buitres y volver a entregar en bandeja el negocio de la deuda a los grandes bancos internacionales (JP Morgan, Deutsche Bank, HSBC, Santander, Citi y Credit Suisse) no depositó a la economía argentina en el mismo lugar financiero que otras latinoamericanas. La banca elogia el rumbo de la política económica del gobierno de Macri pero no lo traduce en un menor costo de financiamiento. Mientras tanto ha emprendido con entusiasmo el negocio fabuloso de comisiones ante la desesperación de emisión de deuda del gobierno para cubrir su cada vez mayor brecha externa” (…) “Los datos de la subsecretaría de Programación Macroeconómica del Ministerio de Hacienda, utilizando como fuente la agencia Bloomberg, muestran que el riesgo país de Argentina sigue por encima del promedio de los denominados emergentes” (…) “Pese a que Argentina tiene mejores indicadores de solvencia financiera (deuda/PIB) y del sector externo y fiscal, aunque en acelerado deterioro, que los de Brasil, la diferencia en el riesgo país sigue siendo desfavorable. En abril de 2015 la distancia era de 230 puntos menos para Brasil, se redujo a 47 un año después para saltar ahora a 122 puntos” (…) “El riesgo país de Macri navegando entre los 450 y 480 puntos se ubica por encima de los dos mejores años del ciclo kirchnerista en relación con ese indicador financiero, en 2006 y 2007, cuando fue de 342 y 318 puntos, respectivamente” (…) “La apertura total al movimiento de capitales especulativos, la eliminación de cualquier tipo de control a la compraventa de dólares y la implementación de la política económica preferida de las finanzas globales no se ha reflejado en una caída sustancial del riesgo país. Esto significa que el gobierno de Macri está pagando tasas elevadas en comparación a otros países para el endeudamiento vertiginoso que comenzó con el pago a los buitres” (…) “¿Cuál fue el saldo entonces de la capitulación a los pies de los fondos buitre? No se regresó al mundo porque el país nunca se había ido; no hubo lluvia de inversiones sino un menor ingreso de inversiones extranjeras directas y una mayor fuga de capitales; se precipitó un endeudamiento externo e interno desenfrenado; y, fundamentalmente, se está pagando una tasa alta en comparación internacional por la emisión de deuda. No es un resultado para presumir de haberse arrodillado ante los buitres”.

La marcha del 1 de abril le vino de perillas a un gobierno que se había visto obligado a estar a la defensiva durante marzo, a raíz de las sucesivas manifestaciones que se dieron lugar en la CABA para protestar contra sus políticas. No fue casualidad que horas después de la marcha el presidente de la nación retomara un discurso de línea dura contra la dirigencia sindical y la clase trabajadora. Macri utilizó un acto en la Casa de Gobierno para descerrajar munición gruesa contra los gremios y hacer responsables a los trabajadores por la difícil situación económica por la que atraviesa el país. Dijo no entender las razones del paro del 6 de abril y se quejó por las pérdidas que le va a provocar al país (15 mil millones de pesos, calculó). Durante su alocución el primer mandatario hizo una tajante división entre la manifestación del 1 de abril, a la que tildó de “genuina”, y las manifestaciones contrarias a su gobierno, conducidas por mafiosos que sólo les interesa defender sus prebendas. “No podemos aceptar más comportamientos mafiosos en la Argentina”, exclamó para luego recalcar que el sindicalismo es el ámbito propicio para los mafiosos, razón más que suficiente para borrarlo de la faz de la tierra. Una vez más, apeló al doble discurso. Por un lado, destaca la necesidad del diálogo constructivo; por el otro, apalea a la oposición dedicándole “piropos” tales como “los que se creen los dueños de este país”, “los que ponen palos en la rueda” y “sacarle el poder a cada uno de estos mafiosos”. Gerardo Martínez y José Luis Lingeri, presentes en el acto, recibieron la reprimenda presidencial: “respeto, compañeros sindicales, esta decisión de hacer un paro, pero no la entiendo y no ayuda en nada a los trabajadores. Es un paro que va a costar más de 15 mil millones de pesos”. Hizo referencia a un supuesto panorama brillante de la construcción y “récord” para la obra pública, lo que motivó el aplauso de la platea. La réplica sindical no se hizo esperar. Juan Carlos Schmid, de visita por Rosario, dijo que “el gobierno ha gastado casi el 30 por ciento de su mandato y no le ha encontrado el agujero al mate en la cuestión económica, tenemos mayores dificultades que antes y se quebró la confianza”. Convencido de la medida de fuerza del jueves próximo, el triunviro manifestó que el paro “es la consecuencia del fracaso de la política, no se olviden que el año pasado estuvimos mucho tiempo en tratativas para intentar resolver estas cuestiones, y los resultados fueron bastantes mezquinos”. Y agregó a manera de colofón: “parece ser que los famosos brotes verdes que anuncian desde el gobierno nacional, hasta que se conviertan en rama, están asentados sobre el lomo del pueblo trabajador”. ¿Estará en lo cierto el sindicalista Viviani, quien acaba de decir que en el país se ha instalado la lucha de clases? (fuente: Fernando Cibeira, “Nada peor que un trabajador con un choripán”, Página/12, 4/4/017). En su edición del 4 de abril Página/12 publicó un artículo de Horacio González titulado “La multitud desnuda”. Dice el autor: “La multitud desnuda impone cierto temor, no son pocos ni muchos, ni llenan toda la plaza pero la ocupan en gran parte. ¿Por qué impondrían una ligera inquietud si solo invocan una democracia de artillería verbal mecanizada salida recién de un laboratorio recóndito? Quizás porque al salir a la calle esgrimen no ser lo que son; se declaran portadores de un despojamiento que no tienen, ausentes y distraídos de una politicidad que los constituye en cada átomo de su cuerpo deschoripaneado” (…) “Un relator de TN dijo que son clase media-alta, clase media-media y clase media-baja. Medidas de sastrería, catalogaciones para tasar ubicaciones en el teatro, en el buquebús o calcular el colesterol” (…) “¿Eran ellos un subsuelo entumecido no atraído por ningún llamado y de repente estaban allí con sus carteles reivindicando el terrorismo de Estado? Y muchos otros lo hacen y lo siguen haciendo, pero aquí venían con un argumento diáfano: no nos pagaron estipendio, dicen, insultando gravemente al resto de los que caminaron en largas procesiones a lo largo de la historia, desde las de Santiago de Compostela hasta las del 17 de octubre. “(…) “La Marcha tenía su fuerza en decir cómo se había hecho la Marcha. El no salir de las estrechas portezuelas de hacinados ómnibus escolares. Bien. ¿Pero eran hombres libres los que salen de la Nada? ¿Son copos de nieve contra grasientos embutidos? Entonces, al choripán lo han convertido en un tótem, solemne ritual de arcaicas y bárbaras religiones. Este rechazo a las movilizaciones habituales donde hablan dirigentes en sus tablados y leen proclamas, tiene un aire de golpismo lingüístico. Entonces: contra el Choripán y el Golpe” (…) “Pero con este sábado de gloria para las neoderechas: ¿estamos ante el origen de un milagro político notable? ¿De una multitud que no es llamada sino que hace un llamado con solo flotar etéreamente sobre el pavimento, sin tirar un solo papelito o un envoltorio de caramelo al piso? “(…) “el sábado pasado no hubo pecheras, no hubo identificaciones específicas. Nada de una manifestación donde todos dicen quienes son, capítulo tras capítulo de una compacta marcha. Es que estas son las maduras manifestaciones de una democracia popular que florece en su antropología política democrática (de corte vitalista y no formalista) para hacerse eficaz, dúctil y digna en su futura arquitectura electoral (de corte veritativo y no con falsías de ocasión). Diferentes entonces de las manifestaciones de la muchedumbre desnuda, poseída por un ascetismo agresivo y por la militarización de los sentimientos por ahora aplicado al odio pavote al famoso sándwich nacional de emprendedores choripaneros, que deberían tratar mejor siendo sus trabajadores sujetos activos del micro-emprendimiento. Los que salieron de la Nada salieron en verdad del interior de otra clase de ómnibus. Eran los camiones de exteriores de TN y de otra clase de sándwich, la viralización de individuos que encierra e inventa vidas desde un emparedado electrónico permanente. El golpe del que hablan es el que hacen revertir sobre su propio corazón machucado por servilismos que son insensibles a la experiencia, impermeables a la autorreflexión. No obstante, saben salir a la calle para construir una nueva oquedad sin rostro convocante, etérea, tan ligeras como volátiles” (…) “Así es esta República con apagados gritos de dolor que son audibles tras las bambalinas de una palabra que si tiene encarnación, hay que buscarla realmente en actos del gobierno anterior, donde se insinuaba una más convincente si bien indecisa República Social envuelta en una Democracia vivaz” (…) “¿Son multitudes “sin aparato”? ¿Son superiores a las que están organizadas pero que no deben condescender con el vocablo aparato, pues en el fondo con él se las menoscaba?” (…) “No fueron diferentes las multitudes de la Marcha por la Constitución y la Libertad en 1945, la Plaza de Lonardi o la Plaza de los Españoles en 2012. Plaza y Clase social establecen una genealogía oscura en la historia nacional. Todas son hijas de la gran desestabilización de la que acusan a los demás. ¿Cómo criticar este inagotable juego de espejos? Una ética de izquierda y una teoría del conocimiento popular, social y movilizador democrático, serían los polos complementarios de un pensamiento reconstruido sobre su propia memoria, la memoria de la gran marcha popular. La iconografía de las marchas abstractas del concreto conservadorismo estamental argentino son las mismas, se asemejan en sus indumentarias, entre severas y diseñadas sin exaltaciones a pesar del cambio de las modas. Hay una uniformidad de sastrería, dobladillos, remeritas y ajuares cuyo epicentro sentimental puede surgir del pochoclo con el que salen de los Multiplex de Caballito” (…) “La multitud atomizada y sustraída ejerce paródicamente una coreografía de libre circulación del ciudadano para apoyar a Gobernantes de Derecha, que se sustraen de ella pero a la que reinventan” (…) “El choripán, acostumbrado a ser metáfora-es más, nació para ello-, sabe del elogio como del vitupero. En su digna inocencia fue convertido en fetiche funesto. Pobre sociedad argentina en su momento totémico, que vive deseando el momento del banquete que devoró al padre desconocido. No sabe que sus jefes son muchos de estos grandes conceptos de dominación, la remesa de ganancias, el lavado de capitales, las indemnizaciones sin fundamento a los magnates, las falsas acusaciones sobre el caso Nisman. No es entonces que no tengan jefes ni que inauguren una manifestación limpia, de esqueletos apenas carnales y de cuerpos que salen a la calle tal como se asiste a un desfile de modas. Agresivos y etéreos, lo uno en grado extremo, lo segundo en grado de inverosimilitud. No fueron convocados pero más que venir de la nada, iban a llenar el vacío del gobierno” (…) “La multitud coaccionada deviene abstracta, se desprende de mediaciones para humillarse más a sí misma creyéndose autónoma. Luego en la calle, no hay centro, no hay foco principal de atracción, no hay palcos, no hay discursos, no hay dirigentes. Las derechas son siempre el sentimiento de que sus ritos más calcáreos ya están implantados para siempre. Con sus íntimos desprecios e injurias, se empeñaron en una supuesta crítica a la barbarie del choripán a favor del copo de nieve que disimula con su pantomima el pasado represivo y el odio arcaico con el que vuelven. Actuaban por procuración, por sustitución, por sustracción. Derechas en estado de disponibilidad y gobierno disponible. Juegan a sustraerse mutuamente. Triunfaba así por un día una osatura cremosa, la política vista como vida desnuda, pero falsa en cuanto al salir a la calle revelaban su profunda incultura. Seguramente no lo percibían así, pero eran una forma de la barbarie, bajo el dudoso rostro de creerse una forma de la civilización”. En su edición del 4 de abril La Nación publicó un artículo de Natalio Botana titulado “Días de ira en que reinan los extremos”. Dice el autor: “La política volvió a la calle con estrépito en el mes de marzo. Estalló en el macrocentro porteño con protestas organizadas que se prolongan hacia la provincia de Buenos Aires de la mano del conflicto docente” (…) “No hay signo más dañino de la incapacidad de gobernantes y gremios para pactar reformas de fondo que la recurrente inclinación a tomar como rehenes de esa desatino histórico a los chicos más pobres de nuestra sociedad (y son legión). Nuestra declinación está pues a la vista. Invade los espacios comunes en los cuales la pobreza se naturaliza y es componente habitual del paisaje urbano, y también invade el espacio político: en una nación declinante, la dialéctica gobierno-oposición se agrava sin dar respiro” (…) “desde hace más de treinta años nuestra democracia no ha podido resolver un conflicto entre dos legitimidades: por un lado, el proyecto, aún inconcluso, de poner en pie una democracia republicana, atenta al valor de las reglas institucionales y al respeto que merece la alternancia pacífica en el ejercicio del poder; por otro, la realidad más tangible de una democracia concebida como instrumento del ejercicio hegemónico del poder y de la subordinación de las reglas a dicho designio. Parece difícil encarar políticas de desarrollo económico y de distribución del ingreso sin la asistencia de acuerdos duraderos sobre aspectos cruciales que atañen a la estructura del estado y al desenvolvimiento de la sociedad civil (lo que Macri comprobó en Holanda). En su lugar nos atenaza el impulso hegemónico para imponer políticas que fracasan o, en su defecto, el afán por proceder sin tener en cuenta los efectos de las decisiones. En ambas circunstancias, siempre se despliega la pasión de impedir y bloquear proyectos. Se reproduce de este modo una variable de ajuste que acrecienta la pobreza y la exclusión social” (…) “Antes que perseguir el objetivo de la reconstrucción, es más sencillo dedicarse a derribar gobiernos. Para esto todo vale: la negación del título legítimo para gobernar que llega envuelta por la exaltación de la violencia del pasado y por la memoria de gobiernos derrocados antes de concluir su mandato. Perversa retórica del helicóptero. A estas actitudes se suma la presencia de la corrupción en los estrados judiciales. Como es sabido, se expurga la corrupción mediante sanciones judiciales. Pero estos procesos son lentos, engorrosos y avanzan a ritmo de carreta cuando las movilizaciones, los comicios primarios y las elecciones intermedias lo hacen, insistimos, a la velocidad de un jet. Este contrapunto temporal es decisivo, en especial cuando la experiencia nos muestra que las elecciones intermedias han sido un factor más importante para vetar políticas y derrotar oficialismos…que para reforzar la gobernabilidad. De aquí la intensidad que conmueve a los actores de este proceso electoral. No solamente está en juego la gobernabilidad a futuro, aun cuando no varíe sustancialmente la distribución de bancas en el Congreso; también están en juego los procesos judiciales, siempre atentos a los vaivenes políticos, que hoy comprometen las cabezas del anterior gobierno” (…) “La democracia desemboca así en una carrera cuya meta consiste en conquistar privilegios. Con esto, esos diputados y senadores, si son elegidos, pervierten el principio de igualdad de toda la ciudadanía. Así se va formando una trama opaca en la que intervienen la recesión económica de un quinquenio, la inseguridad de la vida, la memoria de los gobiernos inconclusos gracias al poder de la calle, los juicios que ahora suscita la corrupción de la administración kirchnerista, la disputa por el liderazgo en el vasto mundo peronista, las demandas corporativas de sindicatos, organizaciones sociales e intereses empresarios, y una estructura federal que sigue reproduciendo hegemonías en provincias y municipios” (…) “En principio éste es el cuadro de una radical heterogeneidad. En otro nivel éste es, sin embargo, el producto de un país político que no frena la declinación y no consolida una legitimidad que comparta un núcleo de políticas de Estado y acate una regla de sucesión. En este sentido el papel de los partidos y de las coaliciones es fundamental. El oficialismo de Cambiemos hace lo suyo en medio de errores (algunos gruesos) y rectificaciones, soportando su condición minoritaria en el congreso y provincias, y una herencia que no denunció de entrada diciendo la verdad” (…) “Por su parte, las oposiciones peronistas siguen trabadas entre el cuestionamiento a todo trance del kirchnerismo a la legitimidad del Gobierno y una reconstrucción republicana aún incipiente. Nada sería más negativo para el futuro de nuestra democracia y de una economía sustentable que una resurrección en sus filas de la memoria hegemónica y los liderazgos prepotentes. Por tanto, la campaña electoral de este año debería tener en mira no una sino dos victorias: la victoria del oficialismo y la victoria de los moderados en el seno del justicialismo”. En su edición del 2 de abril La Nación publicó un artículo de Jorge Fernández Díaz titulado “La irresponsable convocatoria de los malos espíritus”. Dice el autor: “(…) Fue un hito histórico: organismos humanitarios reivindicando organizaciones armadas que sacralizaron el crimen político y conspiraron contra la democracia. Organismos ecuménicos asumiendo su nuevo rol partidario y explicando implícitamente que ERP y Montoneros tenían razón” (…) “Narcisismo revolucionario, elitismo militar, sanguinolento folklore, imaginería heroica y martirio: esas son las palabras con las que describía aquel fenómeno el ensayista Pablo Giussani” (…) “La batalla contra el silencio y la “historia oficial” de los dictadores fue una epopeya cívica cuya principal arma resultó ser la verdad: nombres, datos, testigos, peritajes, trabajo científico. El magnífico triunfo de la Justicia, al cabo de tantos años, permitió que se edificara, sin embargo, una nueva “historia oficial”, que niega la verdad de la aritmética, como si 8500 fuera menos grave que 30.000, cuando alrededor de 900 casos le bastaron a Strassera para acusar a las tres primeras juntas militares. Y como si una manipulación estadística no pudiera ser revisada por la historiografía profesional sin el riesgo del insulto, que viene bajo la etiqueta de “negacionista” o de “apologista de los dos demonios” (…) “También hay un grosero negacionismo acerca de los crímenes de lesa humanidad que se cometieron durante el gobierno justicialista: como si los 900 desaparecidos registrados en la Conadep y los 1500 ejecutados bajo esa luctuosa era de Perón e Isabel fueran vidas de segundo orden” (…) “El llamado a despreciar la democracia (esa cosa de “buenitos”) y a homenajear a las organizaciones terroristas (imaginemos lo que sería reivindicar hoy en España los “ajusticiamientos” de ETA) se combina con una alucinada puesta en escena según la cual Mauricio Macri es directamente la dictadura, a pesar de que fue votado por casi 13 millones de ciudadanos. La jugada es un verdadero dislate porque asimila capitalismo con dictadura, de modo que cualquier atisbo de un sistema republicano con una economía abierta a la globalización es automáticamente considerado dictatorial y aberrante” (…) “¿Es posible concebir, a esta altura del conocimiento humano, que un dirigente (Mauricio Macri) tenga como propósito consciente hambrear al pueblo que debe votarlo? Idéntico infantilismo cunde en otras acusaciones: reducción de derechos laborales (no se han verificado todavía), apertura indiscriminada de las importaciones (los guarismos demuestran que es apócrifa y que seguimos siendo el tercer país más cerrado del planeta), la destrucción de la industria nacional (deteriorada por el estancamiento de los últimos cinco años), el aumento de la deuda externa (único recurso para no producir una sangría en la administración pública insustentable que legó Cristina), alineamiento con el FMI (hasta los países más progresistas de la región aceptan su auditoría)” (…) “la represión (hasta los propios votantes de Cambiemos le recriminan a Balcarce 50 su mano fofa con los piquetes y la inseguridad)” (…) “Esperemos que si pierden las elecciones de octubre no pasen a la clandestinidad. Que sigan eligiendo una vez más la farsa a la tragedia”.

El juez Claudio Bonadio, quien tiene en la mira a Cristina Kirchner, no ha podido probar que la ex presidente y sus dos hijos hubieran concretado alquileres ficticios ni alquileres a valores que no correspondían con los de mercado, tampoco que hubiera habido pagos en efectivo. Lo que realmente logró demostrarse fue que todos los movimientos de dinero de la sociedad Los Sauces fueron a través de cheques y depósitos bancarios. A pesar de ello, el juez de la servilleta elaboró un fallo por intermedio del cual acusó a la familia Kirchner y a otras 18 personas de conformar una asociación ilícita, de lavar dinero y de efectuar negociaciones incompatibles con la función pública, a pesar de que los imputados ya habían sido sobreseídos de esa acusación. Lo increíble de todo este aquelarre es que Bonadio finalmente decidió declararse incompetente, admitiendo de esa manera que se trata de un armado político para esmerilar las chances electorales de Cristina en octubre. El juez de la servilleta sostuvo que de aquí en adelante el juez Julián Ercolini deberá hacerse cargo de la investigación. Según Bonadio existió “una banda que, al menos en lo que respecta al hecho aquí investigado, encabezaron Cristina Fernández de Kirchner, junto a Néstor Carlos Kirchner y Máximo Carlos Kirchner en un primer momento, de haber armado una empresa denominada Los Sauces S.A., con fecha 7 de noviembre de 2006, con el objeto de canalizar dinero ilegítimo como contraprestación, al menos en el caso de las empresas del Grupo Báez, de la obra pública adjudicada ilegítimamente por Néstor Carlos Kirchner y la imputada cuando ejercieron la primera magistratura de la República. Tal devolución o retorno se hacía mediante contratos de alquiler de propiedad de esta empresa, que se formó a tal efecto. La misma operatoria se hizo con el grupo Indalo, pero orientada a compensar la concesión de licencias de juego. Los alquileres fueron caros e innecesarios”. El magistrado no logró corroborar todas esas acusaciones en su extenso fallo. Pese a ordenar 40 allanamientos de las 13 propiedades de Los Sauces, en cada uno de ellos se encontró a los correspondientes inquilinos, lo que hizo imposible la comprobación de algún alquiler simulado. El magistrado ordenó a su vez una pericia contable que no encontró ningún tipo de irregularidad. Hubo una referencia a la existencia de algunos contratos que no fueron localizados o que únicamente se encontraron fotocopias. Al respecto, el doctor Carlos Alberto Beraldi, abogado de los Kirchner, afirmó que tales contratos fueron víctimas de secuestros en allanamientos ordenados por otros jueces, lo que termina corroborando lo que Bonadio finalmente reconoció: que investigaba el mismo objeto procesal que los otros jueces. Según la defensa de los Kirchner los alquileres de Los Sauces no sumaron más que 22 millones de pesos en siete años y la obra pública adjudicada por la provincia de Santa Cruz a Báez superó los 20 mil millones de pesos. La defensa enfatiza que por una cuestión de proporciones, tales alquileres no pueden constituir un retorno de la obra pública. Además, a los Kirchner no se les encontró ninguna cuenta en el exterior ni dinero en negro ni sociedades offshore que evidencien la existencia de coimas. En su fallo el juez de la servilleta no logró probar la existencia de una sola operación en efectivo o alquileres que no se hayan cobrado por intermedio de cheques o que no se hayan depositado en algún banco. En otra parte del fallo Bonadio critica la manera en la que el contador Víctor Manzanares llevó la contabilidad de la empresa. El profesional explicó que existen antecedentes, jurisprudencia, sobre un método global de llevar la contabilidad de una sociedad familiar, como los Kirchner. Al respecto, señaló que “no hay forma de distorsionar las actividades. Cada una de las operaciones puede ser reconstruida sin mayores inconvenientes mediante la información que surge de las entidades bancarias con las cuales operó la firma, así también las personas físicas”. Bonadio parte de la hipótesis según la cual los alquileres de Los Sauces no fueron más que coimas pagadas por adjudicaciones irregulares de obra pública. Su convicción se estrelló contra el hecho de la presencia de inquilinos en cada una de las propiedades, por lo que si efectivamente los alquileres eran reales no podían ser al mismo tiempo retornos, como siempre lo sostuvo el juez de la servilleta. Sin embargo, el magistrado considera que “si bien dichas viviendas pudieron ser efectivamente ocupadas por empleados de las firmas de ese grupo Báez, nada obsta a que dicha maniobra sea ilegal y como devolución de esas concesiones de obras públicas”. Una vez más, Bonadio se basa en el delito de asociación ilícita para embestir contra la ex presidente. Esa figura jurídica, como se sabe, fue empleada durante los comienzos del siglo XX para dañar a los sindicatos y partidos de izquierda. Al enarbolar la bandera de la asociación ilícita la atención sólo se centra en el hecho de que tal o cual persona forma parte de la asociación. Por eso cuando se enuncia el delito se considera que la asociación debe producir “intranquilidad jurídica”. Para Bonadio hay intranquilidad pública “cuando se percibe una asociación de ciudadanos dispuestos a delinquir”. Pero lo más rimbombante del fallo es la decisión del juez de la servilleta de declararse incompetente. Es la cabal demostración de que esta causa no es otra cosa que una operación política destinada a pulverizar la credibilidad de la ex presidente. Para el juez de la servilleta el expediente Los Sauces debe continuar junto con el expediente Hotesur, la denuncia por asociación ilícita y la investigación sobre la obra pública, todo en poder del juez Ercolini. Al final de su fallo Bonadio expresa que “teniendo en cuenta ello, y que las causas a acumular se encuentran en estadios similares, reunirlas sería tanto por razones de economía procesal y comunidad probatoria como para procurar el éxito de la investigación a fin de no afectar la buena administración de justicia y la celeridad procesal” (fuente: Raúl Kollmann e Irina Mauser, “Para su Señoría las pruebas son lo de menos”, Página/12, 5/4/017). La ex presidente cuestionó en duros términos su procesamiento por el juez Bonadio, al que consideró como una decisión legitimada por el presidente Macri para ocultar la grave situación económica por la que atraviesa el país. Según su opinión, en los últimos días quedó en evidencia la decisión del gobierno de digitar titulares de diarios y canales. El 1 de abril “una manifestación que según la Policía de la ciudad no superó las 25 mil personas es relatada por medios y prensa adicta como una “masiva” marcha de apoyo al Gobierno”. Sugirió que “no pudieron mostrar ni una sola foto panorámica” para demostrarlo y la comparó con “movilizaciones que convocaron a cientos de miles de argentinos y argentinas en rechazo a las políticas económicas y de derechos humanos de este gobierno” durante las semanas anteriores. “El lunes los mismos medios anuncian el “relanzamiento” de un gobierno que con sus políticas hundió la actividad económica a niveles que creíamos haber dejado en el pasado, y arrojó a millones de compatriotas a la desesperanza y la desesperación, o a la incertidumbre sobre el porvenir”, advirtió la ex presidente. Y agregó: ese mismo lunes, el presidente, “en un acto público desde el salón Blanco de la Casa Rosada, amenaza a todos los que piensan diferente a él o no hacen lo que él quiere, y a los trabajadores les exige ser más “flexibles” y trabajar hasta los sábados y los domingos”. “No puede distinguir entre ser Presidente de un país y ser Presidente de cualquier cosa”, destacó Cristina al comparar los discursos presidenciales en la Casa de gobierno y en el Club Boca Juniors. Al referirse a la resolución de Bonadio, ironizó: “dependencias del Poder Ejecutivo en Comodoro Py”. Luego recordó que ese mismo magistrado dictó su segundo procesamiento por asociación ilícita (Los Sauces): “como la situación económica empeora, le agrega a hijos, escribanos, contadores-etcétera-y al mismo tiempo y en la misma resolución Bonadio se declara incompetente”. “¿Y con el expediente qué pasó? Se lo mandó a Ercolini, que en el 2011 ordenó el sobreseimiento en la misma causa”, rememoró. Por último lanza advertencias a Macri y los miembros de su gabinete. “Gobernar no es manejar los titulares de los diarios o los zócalos de los noticieros”, destacó Cristina. Luego manifestó: “gestionar no es armar puestas en escena, ni tratar de golpistas a los que piensan que las políticas de este Gobierno son equivocadas. Ni perseguir judicialmente y espiar desde los organismos de inteligencia del Estado a los opositores y sus familias”. Así concluyó: “la gravedad de la situación que aflige a millones de compatriotas por el desastre económico y social que este Gobierno está provocando, sumado al desamparo que están sufriendo numerosas provincias argentinas inundadas, no se solucionan con montajes mediático-judiciales. Alguien debería decírselo” (fuente: “La respuesta de CFK”, Página/12, 5/4/017). En su edición del 5 de abril La Nación publicó un artículo de Pablo Mendelevich titulado “Un golpismo explícito llenó las calles de gente”. Dice el autor: “Es cierto que la impactante concentración del sábado es la primera de la historia políticamente huérfana, de origen silvestre, oficialista y exitosa. Pero hay una novedad anterior, ni más ni menos que lo que convenció a decenas de miles de personas de salir a la calle a defender a un gobierno que no se lo había pedido: los sectores golpistas perdieron la vergüenza. Según la tradición histórica argentina, desestabilizar a un gobierno constitucional o pretender su caída-militares aparte-es algo que si se hace, no se dice, a menos que se esté parado fuera del sistema (como en su momento las guerrillas marxista y peronista, la izquierdas radicalizada, ciertos grupos conspirativos de ultraderecha). Que una corriente del peronismo como el kirchnerismo, hace apenas seis años conquistadora de la mayoría absoluta del electorado, hoy quiera conseguir la caída del gobierno constitucional que la sucedió y dirija buena parte de su acción política hacia ese objetivo en forma más o menos explícita es algo inédito” (…) “El discurso oficial de las últimas semanas evitaba acreditarle a Cristina kirchner en forma directa una intención golpista, acaso para sostenerla a la vez como potencial oponente electoral. Decía, por un lado, que ella estaba movida por el progreso de las causas judiciales en su contra y, por otro, que ella “quiere que fracase el cambio”, acusación bifronte algo confusa” (…) “Pese a la ambigüedad oficial, la multitud al parecer entendió el sábado que hay alguien en la Argentina que está poniendo la democracia en peligro” (…) “Todos los caminos conducen a Cristina Kirchner: el paro nacional apurado por quienes corrieron del palo al triunvirato cegetista, ATE versión Yasky, Baradel, Hebe de Bonafini, los organismos de derechos humanos, la reivindicación del ERP y montoneros, los cánticos de La Cámpora, el discurso peronista impregnado de alusiones al hambre (en consonancia con el kirchnerismo que habla de hambre planificado), la ciudad sitiada por cortes. Quizás en forma aislada nada califique como golpista, pero el conjunto, de aspecto sincronizado, sí” (…) “Siempre movimientista y multifacético, el peronismo en conjunto mira para el costado, como si las bravatas de su vertiente de origen santacruceño no existieran. Actúa como si nadie cantara en sus narices (y en algunos de sus actos compartidos) “Macri, basura, vos sos la dictadura”. Finge no recordar que paros nacionales, huelgas salvajes y planes de lucha superpuestos precedieron los desalojos de los presidentes Frondizi e Illia y la renuncia anticipada de Alfonsín” (…) “Sobran antecedentes de climas articulados funcionales a golpes de estado, luego nominados (al menos hasta 1983) por las Fuerzas Armadas. Gran aporte del revisionismo kirchnerista a la historiografía: su liturgia exige ahora hablar de golpes cívico-militares, chocolate por la noticia” (…) “¿Por qué Perón mismo celebró la caída de Illia, al que calificó de tremendo corrupto? ¿Qué hacía Vandor en la jura de Onganía? ¿Qué vínculo amasaron el gobernador peronista Victorio Calabró y Videla?” (…) “El golpismo, como issue, merodea aquí y ahora. Pero si uno entra a la página del Partido Justicialista se tranquiliza. Casualmente al reportarse la reunión del Consejo Nacional del martes pasado, dice: “Los conejeros (se cree que quisieron poner consejeros, pero por lo que sigue bien podría tratarse de conejeros y de magos) del Justicialismo Nacional manifestaron que el Peronismo siempre respetó los principios republicanos y nunca en su historia fue conspirador contra un gobierno democrático, muy por el contrario, fue el que siempre acudió en las crisis institucionales a colaborar, de manera democrática, con la solución de los conflictos”. Interesante aclaración. ¿Quién preguntó?” (…) “Quienes califican al político más votado en las últimas elecciones-el presidente que debe gobernar hasta 2019-de execrable (con sinónimos suburbanos) para nada se sienten obligados a explicar qué sería, en su opinión, una democracia. ¿Venezuela, el telón de fondo donde justo ahora se proyecta la película que acá nos perdimos? La resistencia es en las calles, repiten. La describen como genuina, heroica, eterna, mientras torean al Gobierno para que la represión que ellos desde hace rato vienen denunciando deje de ser holográfica. Hebe de Bonafini, en cuyo fanatismo jactancioso confluyen el kirchnerismo y la izquierda radicalizada, gasta los últimos cartuchos de su inmunidad victimológica para lanzar (caben aquí las dos acepciones del término) la novedad revolucionaria de la hora: “Basta de ser democráticos para ser buenitos”. Vaya elocuencia. Cristina se inspira, tuitea frenética, pero sólo se le ocurren cosas sobre Macri”. En la misma edición La Nación publicó un editorial titulado “El paro del miedo”. Dice el mitrismo: “La realidad es que durante 12 años no se invirtió en redes eléctricas pues las tarifas estaban congeladas y las empresas distribuidoras, en cesación de pagos. Lo mismo ocurrió con el gas natural, el transporte de personas, la producción de hidrocarburos y una larguísima lista de etcéteras. Durante años no se conocieron estadísticas de inflación y, de esa forma, se ocultó la pobreza, para no “estigmatizar” a los pobres” (…) “Durante 12 años se generó, desarrolló y ocultó un tumor gigantesco en el cuerpo social de la República. Ahora que llega el momento de extirparlo, se irrumpe en el quirófano y se acusa al cirujano de crueldad, pues el enfermo lucía mucho mejor cuando aún estaba en casa, bien diferente que ahora, con un tajo en el abdomen, respiración artificial y las crueles manchas de la sangre. “No ven la realidad”, repiten los dirigentes sindicales, los gremios docentes, los activistas de la memoria y los kirchneristas de la victoria, mostrando las fotos sacadas en el quirófano e ignorando las ecografías anuales que anunciaban la gravedad de la neoplasia. La realidad es que todos ellos conocen la herencia recibida y todos tienen buenas razones para distribuir helicópteros amarillos en sus marchas, pues todos tienen miedo al cambio. El kirchnerismo tiene miedo pues necesita volver al poder para evitar la cárcel de sus principales dirigentes. Ésa es la verdad cruda y dura: no los motiva una ética solidaria ni una épica de la justicia social. Son acusaciones gravísimas que están en la raíz de la tumefacción: el diseño de estructuras para la corrupción, el armado de asociaciones ilícitas, la traición a la patria y hasta el posible asesinato de un fiscal de la Nación” (…) “Los sindicalistas también tienen miedo. Saben que guardaron silencio durante el gobierno de los Kirchner y, como buenos hombres de negocios, entienden perfectamente la coyuntura actual. Pero también saben que si la Argentina se convierte en un país en serio, desaparecerá el esquema de poder mediante el cual hicieron política y dinero en lugar de mejorar el nivel de vida de los asalariados y aumentar el empleo” (…) “Tienen miedo de mostrar si sus manos están limpias y de explicar patrimonios personales, como condición indispensable para predicar desde la tribuna. Tienen miedo de que se auditen los fondos que han administrado sin control, como las obras sociales o los muchos aportes arrebatados al homologarse sus convenios colectivos” (…) “Tienen miedo quienes se desgañitan gritando “no ven la realidad”, aferrándose a designaciones clientelistas aun a sabiendas del costo que implica para la sociedad mantenerlos, natural correlato del desempleo en el sector privado” (…) “El paro de mañana es a sabiendas de que el principal obstáculo a la inversión es la duda acerca de la capacidad del Gobierno para introducir cambios duraderos, teniendo minorías parlamentarias frente a poderosísimos intereses creados. El paro pretende demostrar que el pasado tiene más fuerza que el futuro, que esa capacidad no existe y que lograrán la profecía autocumplida. Será entonces otro paro teatral, con consignas falsas y de palabras huecas. Impulsado por el miedo de que la República cambie hacia una nación más normal, donde se retribuya el mérito, se aplauda el esfuerzo y se libere al Estado de quienes lucran de lo público en forma inmerecida o ilegal, destruyendo el empleo y expulsando la pobreza. Quienes no advierten esto no ven la realidad”.

Jueves 6 de abril de 2017. Primer paro general que sufre el presidente de la nación. En este momento son las 8 y 57 minutos de la mañana y en el centro de Rosario puedo afirmar que no vuela ni una mosca. El acatamiento es total, como en el resto del país. Es cierto que al no haber ningún tipo de transporte y haber piquetes en puntos neurálgicos, resulta imposible circular libremente por las calles de la Argentina. Mauricio Macri, no acostumbrado a los paros generales, lo está experimentando en carne propia. Su decisión de trabajar hoy como si nada pasara, es una prueba elocuente de cómo le duele la primera medida de fuerza en su contra. La inmensa mayoría del pueblo se ha plegado por muchísimas razones que pueden sintetizarse en la siguiente: rechazo visceral por la política económica del gobierno de Cambiemos. Desde que asumió el 10 de diciembre de 2015 Macri no ha hecho otra cosa que favorecer los intereses de sus amigos y de específicos grupos económicos concentrados, fundamentalmente los vinculados con el campo y las finanzas. Las increíbles transferencias de recursos que impuso han destruido el poder adquisitivo del salario de los trabajadores. Dieciséis meses después hay desempleo y la inflación sigue vivita y coleando: el escenario es, pues, de estanflación. Las inversiones extranjeras brillan por su ausencia y más que un cambio, el pueblo está experimentando una involución cuyas consecuencias todos sabemos. Porque lo que estamos padeciendo ahora lo sufrimos hace veinte años cuando el país estaba en manos del metafísico de Anillaco. El paro es un serio llamado de atención para el presidente de la nación. Lo más probable es que lo minimice o directamente lo ningunee. No sería extraño que tome la decisión de redoblar la apuesta, siguiendo los consejos de Jaime Durán Barba. En consecuencia, de aquí a las elecciones de octubre habrá más marchas, contramarchas y, probablemente, más paros generales. Lo que está pasando en este histórico 6 de abril no es más que la exteriorización del hartazgo popular por un gobierno insensible e impiadoso. Al componerse de CEOs es incapaz de advertir el sufrimiento que provocan sus medidas económicas. Cree que todo se reduce a la macroeconomía, a quedar bien con “el mundo”, a que los números cierren. Lo cierto es que el gobierno de Macri gobierna para un sector de la sociedad, desentendiéndose del resto al que considera prescindente. Esta forma abyecta e inmoral de ejercer el poder está siendo duramente cuestionada por este paro histórico que se hizo a pesar del triunvirato cegetista, que se vio obligado a convocarlo por la presión de las bases. Este es, por ende, un genuino paro de los trabajadores, al margen de la voluntad de Daer y compañía. Dios quiera que el presidente recapacite y tome conciencia de lo que está en juego: nada más y nada menos que la estabilidad democrática. En las últimas horas falleció el gran politólogo Giovanni Sartori a los 92 años. A manera de rememoración de esta gran figura de la ciencia política contemporánea, paso a transcribir algunos párrafos de su libro “Partidos y sistemas de partidos”, uno de los aportes fundamentales a la teoría de los partidos y sistemas de partidos del siglo XX. Dice Sartori: “Existen más de 100 Estados en los que, al menos sobre el papel, existe algún tipo de disposición de partidos. La variedad de esas disposiciones es tan impresionante como su número. ¿Cómo ordenar el laberinto? Desde hace mucho tiempo, los sistemas de partidos se vienen clasificando mediante la cuenta del número de partidos, sean de uno, de dos o de más de dos. Pero ahora ya existe acuerdo casi unánime de que la distinción entre sistemas unipartidistas, bipartidistas y multipartidistas es muy insuficiente. E incluso se nos dice que “un juicio acerca del número de partidos importantes…oscurece más de lo que aclara” (Crotty, Political Parties Research, en Approaches to the Study of Political Science). Una reacción al enfoque de la cuenta de partidos consiste simplemente en abandonar la base numérica, precisamente “a partir del supuesto de que la distinción tradicional entre los modelos bipartidista y multipartidista no ha acarreado percepciones lo bastante significativas” (…) “Otra reacción consiste en dejar que los datos-especialmente los resultados electorales-determinen las clases, esto es, los diferentes racimos de sistemas de partidos” (…) “Una tercera reacción consiste en preguntarse si necesitamos en absoluto las clases, esto es, si tiene algún sentido clasificar los sistemas de partidos. En este caso se aduce que nuestro universo es continuo, y, por tanto, lo único que necesitamos es un índice de fragmentación, o de fraccionalización, o de dispersión lineal, etc.” (…) “De momento limitémonos a señalar que casi cada autor plantea su propio esquema. Ya son plétora las clasificaciones y las apologías de los sistemas de partidos, y la norma parece ser la confusión y la profusión de términos” (…) “El mal menor quizá consista en volver atrás y revisar el caso desde el principio. ¿Adolecía nuestro comienzo inicial de algún error fundamental, o nos hemos desviado en algún punto del cambio? Efectivamente, no está claro dónde nos hallamos. ¿Queremos decir que poco importa el número de partidos que hay? ¿O queremos decir, por el contrario, que nuestra clasificación no logra ordenar esos números? A la primera pregunta contestaría yo que sí importa cuantos son los partidos. Para empezar, el número de partidos indica inmediatamente, aunque sólo sea de modo aproximado, una característica importante del sistema político: la medida en que el poder político está fragmentado o no fragmentado, disperso o concentrado. Análogamente, con sólo saber cuántos partidos existen estamos alerta al número de posibles “corrientes de interacción” que intervienen” (…) “Como estas posibles corrientes de interacción ocurren a múltiples niveles: electoral, parlamentario y gubernamental, lo que se indica claramente es que cuanto mayor sea el número de partidos (que tienen voz), mayor será la complejidad y probablemente la complicación del sistema” (…) “Además, y en particular, la táctica de competencia y oposición de los partidos parece guardar relación con el número de partidos, y ello a su vez tiene gran influencia en cómo se forman las coaliciones gubernamentales y cómo pueden funcionar éstas. En resumen, la verdadera cuestión no es la de si importa el número de partidos-que sí importa-, sino la de si un criterio numérico de clasificación nos permite aprehender lo que importa. Hasta ahora, la respuesta es claramente que no. Y la razón preliminar es igual de clara: ningún sistema de contar puede funcionar sin normas para contar. Si recurrimos a contar debemos saber cómo contar. Pero ni siquiera podemos decidir cuándo uno es uno y cuándo dos son dos: si un sistema es, o no es, un sistema bipartidista. Y entonces damos un salto al infinito, es decir, renunciamos totalmente a contar: como no hemos logrado establecer cuándo dos son dos, abarcamos todo el resto diciendo sencillamente más de dos. Por eso, no es de extrañar que el enfoque basado en el número de partidos desemboque en la frustración. No sólo no basta con tres clases, sino que tal como están definidas no sirven para poner los casos en orden. Evidentemente, el estado actual de la cuestión es que nos hemos deshecho del criterio numérico de clasificación antes de aprender a utilizarlo. Y creo que hay muchos motivos para dar otra oportunidad a este criterio. Para empezar, el número de partidos es un elemento muy visible que establece divisiones naturales y que refleja las condiciones del mundo real de la política. Así-cualesquiera sean nuestros índices-, tanto los políticos como los votantes seguirán combatiendo por, y discutiendo acerca de, más o menos partidos, si debe aumentarse o reducirse el número de partidos. Por otra parte, no olvidemos que los partidos son el coagulante, o las unidades de coagulación, de todas nuestras medidas” (…) “Habida cuenta de lo que antecede, me propongo empezar con las normas para contar y estudiar, con ayuda de esas normas, el kilometraje que nos da una clasificación basada en el número de partidos. Como se advertirá, el criterio numérico es susceptible de buen uso. Por otra parte, también se advertirá que para hacer ese buen uso hace falta ayuda. Al comienzo, y durante bastante rato, resulta correcto decir que, aunque no vaya solo, el criterio numérico sigue siendo la variable primaria. Pero se llega a un punto en que no basta con contar pura y simplemente. En resumen, el problema es: ¿qué partidos importan? No podemos contar todos los partidos simplemente por las apariencias. Y tampoco podemos resolver el problema contándolos por orden decreciente de fuerzas. Es verdad que el “cuántos son” tiene que ver con el qué fuerza tienen. Pero persiste la cuestión de cuánta fuerza hace que un partido sea importante y cuánta debilidad hace que un partido no tenga importancia. A falta de mejor solución, por lo general tratamos de establecer un umbral por debajo del cual no se hace caso de un partido. Pero ésta no es solución, pues no existe un rasero absoluto para evaluar la importancia del tamaño. Si se establece el umbral-como se hace muchas veces-al nivel del 5 por 100, ello lleva a omisiones graves. Por otra parte, cuanto más se rebaja el umbral más son las posibilidades de incluir partidos sin importancia. La importancia de un partido no está sólo en función de la distribución relativa del poder-como es evidente-, sino también, y especialmente, en función de la posición que ocupa en la dimensión izquierda-derecha” (…) “Es evidente que, si el problema tiene solución, ésta se halla en el establecimiento de las normas conforme a las cuales se ha de tener o no en cuenta a un partido. Básicamente, tenemos que establecer un criterio de no importancia respecto de los partidos menores. Sin embargo, como la grandeza o la pequeñez de un partido se miden por su fuerza, empecemos por apuntalar ese concepto. La fuerza de un partido es, en primer lugar, su fuerza electoral. Hay otras cosas, pero mientras estemos aplicando el criterio numérico, la base nos la da esta medida. Sin embargo, los votos se traducen en escaños, y esto nos lleva a la fuerza del partido parlamentario. Para evitar complicaciones innecesarias, podemos, pues, contentarnos con la fuerza en escaños, que a fin de cuentas es lo que importa cuando han pasado las elecciones” (…) “entonces resulta permisible comenzar con esta medida: la fuerza del partido parlamentario se indica por su porcentaje de escaños en la Cámara Baja. El paso siguiente consiste en cambiar el foco al partido como instrumento de gobierno. Este cambio tiene poco interés con respecto a los sistemas bipartidistas, pero cuantos más sean los partidos, más debemos preguntarnos acerca del potencial de gobierno, o las posibilidades de coalición de cada partido. Lo que verdaderamente pesa en la balanza del multipartidismo es la medida en que se pueda necesitar a un partido para una o más de las posibles mayorías gubernamentales. Un partido puede ser pequeño y, sin embargo, tener grandes posibilidades en las negociaciones para montar una coalición. A la inversa, es posible que un partido sea fuerte y, sin embargo, carezca de capacidad para negociar su presencia en una coalición. La cuestión ahora es la de si se puede realizar un cálculo realista de las posibilidades de coalición de cada partido a base exclusivamente de su fuerza” (…) “la norma para decidir-en una situación multipartidista-cuándo se debe o no contar a un partido es la siguiente: norma 1: “Se puede no tener en cuenta por no ser importante a un partido pequeño siempre que a lo largo de un cierto período de tiempo siga siendo superfluo en el sentido de que no es necesario ni se lo utiliza para ninguna mayoría de coalición viable. A la inversa, debe tenerse en cuenta a un partido, por pequeño que sea, si se halla en posición de determinar a lo largo de un período de tiempo y en algún momento como mínimo una de las posibles mayorías gubernamentales. Esta norma tiene una limitación, pues sólo es aplicable a los partidos orientados hacia el gobierno y que, además, son ideológicamente aceptables para los demás miembros de la coalición. Ello puede excluir algunos partidos relativamente grandes de la oposición permanente como los partidos antisistema. Por tanto, nuestro criterio de no importancia necesita un complemento residual, o, en circunstancias especiales, un criterio de importancia. Cabe volver a formular la pregunta como sigue: ¿qué tamaño, o qué dimensión, hace que un partido tenga importancia, independientemente de sus posibilidades de coalición?” (…) Esto nos lleva a formular una segunda norma auxiliar para contar basada en la capacidad de intimidación, o, dicho en términos más exactos, las posibilidades de chantaje de los partidos orientados hacia la oposición. Norma 2: “un partido cuenta como importante siempre que su existencia, o su aparición, afecta a la táctica de la competencia entre los partidos y en especial cuando altera la dirección de la competencia-al determinar un peso de la competencia centrípeta a la centrífuga, sea hacia la izquierda, hacia la derecha o en ambas direcciones-de los partidos orientados hacia el gobierno”. En resumen, podemos dejar de contar a los partidos que no tienen: a) posibilidades de coalición ni b) posibilidades de chantaje. A la inversa, debemos contar a todos los partidos que tienen importancia gubernamental en la liza en que se deciden las coaliciones o una importancia competitiva en la liza de la oposición” (…) “Por ahora, señalemos que, para empezar, ambos criterios son postdictivos, pues no tiene sentido utilizarlos con carácter predictivo. En cuanto a la norma 1, esto significa que las coaliciones viables, y por ende los partidos que tienen posibilidades de coalición, coinciden, en la práctica, con los partidos que de hecho han participado, en algún momento, en gobiernos de coalición y/o han dado a los gobiernos el apoyo que necesitaban para llegar al poder o para permanecer en él. Por tanto, en la mayor parte de los casos la norma es fácil de aplicar, siempre, naturalmente, que dispongamos de la información sencilla que requiere la misma. Si pasamos a la norma 2, la objeción podría ser que la dirección de la competencia no es cosa fácil de evaluar” (…) “Pero en la práctica la idea del partido del chantaje guarda relación sobre todo con la idea del partido antisistema, y tanto la importancia como el carácter antisistema de un partido se pueden establecer, por turno, mediante una batería de indicadores ulteriores” (…) “Hasta ahora sabemos cuándo tres son tres, cuatro son cuatro, etc. Es decir, podemos ordenar los casos. La pregunta siguiente es: ¿permite el criterio numérico ordenar también clases nuevas? Hasta ahora nos hemos ocupado de contar (conforme a normas). La nueva pregunta plantea, por así decirlo, el problema de contar de forma inteligente. Como norma general, la existencia de pocos partidos indica poca fragmentación, mientras que muchos partidos indican una gran fragmentación. Sin embargo, al contar los partidos, también podemos hallar su fuerza. Y existe una distribución que se destaca ostensiblemente como caso único: aquella en que un partido cuenta él solo y durante mucho tiempo con la mayoría absoluta (de escaños). Esto es, una forma inteligente de contar es lo único que necesitamos para ordenar-con nada más que mirar-la distribución en que un partido cuenta más que todos los demás partidos juntos: la clase de los sistemas de partido predominante. La ventaja de ordenar este sistema es que no sólo cuatro clases son mejor que tres (unipartidismo, bipartidismo y multipartidismo), sino también que ahora tenemos una idea bien clara de la fragmentación” (…) “Si nos salimos del terreno de los sistemas de partidos competitivos y pasamos al de los no competitivos, es posible todavía que nos encontremos con comunidades políticas con más de un partido en las cuales los partidos secundarios no se pueden dejar meramente de lado como fachadas puras y simples. Por otra parte, sí es cierto que estos partidos secundarios y periféricos cuentan menos. Por así decirlo, tienen permiso y únicamente se les permite existir como partidos subordinados. Esos son los sistemas que yo califico de hegemónicos” (…) “Al llegar a este punto parece que se han agotado las posibilidades del criterio numérico. Dentro de poco entraré en la distinción entre pluralismo limitado (moderado) y pluralismo extremo (polarizado). Pero no es posible identificar y mantener estas clases únicamente sobre bases numéricas. Es el punto en el que la variable del número de partidos pasa a ser secundaria y toma precedencia la variable de la ideología” (…) “Y lo que sugiero es que el criterio numérico puede rendir siete clases (de sistemas de partido), indicadas como sigue: 1-de partido único; 2-de partido hegemónico; 3-de partido predominante; 4-bipartidista; 5-de pluralismo limitado; 6-de pluralismo extremo-; 7-de atomización” (…) “Pese al mejoramiento analítico global, la primera categoría resulta, de forma muy visible, insuficiente. Uno no es más que uno, y conforme al criterio numérico las variedades y las diferencias entre las comunidades políticas unipartidistas escapan totalmente al reconocimiento. En el otro extremo, y es todavía peor, no está claro cómo deben dividirse las clases de pluralismo extremo y limitado. El supuesto de sentido común en que se basa esta distinción es que de tres a cinco partidos, o sea, el pluralismo limitado, tienen interacciones muy diferentes a las que existen entre seis y ocho partidos, o sea, el pluralismo extremo. Pero ni nuestras normas para contar ni la forma inteligente de contar pueden ordenar de verdad estas dos pautas. El motivo es que cuando entramos en el terreno de la fragmentación-digamos a partir de cinco partidos-esta fragmentación puede ser resultado de una multiplicidad de factores causales, y sólo se puede apuntalar habida cuenta de esos factores. Dicho brevemente, la fragmentación del sistema de partidos puede reflejar una situación de segmentación o una situación de polarización, esto es, de distancia ideológica. Es evidente, pues, que existe algo que no se puede detectar nada más que contando, y que, sin embargo, es fundamental. Esto equivale a decir que estamos perentoriamente obligados a pasar de la clasificación a la tipología y, con ello, a aplicar el criterio numérico utilizando la ideología como criterio” (…) “Aquí se utiliza el término (ideología) para denotar en primer lugar una distancia ideológica, esto es, el ámbito general del espectro ideológico de cualquier comunidad política dada, y en segundo lugar para denotar la intensidad ideológica, esto es, la temperatura o el afecto de un contexto ideológico dado. En términos más exactos, el concepto de distancia ideológica interviene en la aprehensión de los sistemas de más de un partido, mientras que la idea de la intensidad ideológica es indispensable para la aprehensión de las comunidades unipartidistas” (…) “El objeto de la clasificación modificada es resolver el problema que deja intacto la clasificación numérica: el de cómo acabar con la segmentación. La solución se halla en verificar las comunidades políticas segmentadas en contraste con la variable ideología. Si están fragmentadas, pero no polarizadas, se atribuirán al tipo de pluralismo (ideológicamente) moderado. Si están fragmentadas y polarizadas, es evidente que pertenecen al tipo de pluralismo (ideológicamente) polarizado. La clasificación modificada difiere, pues, de la numérica únicamente con respecto a las clases de pluralismo limitado y extremo, a las que sustituyen los tipos que califico de pluralismo moderado y polarizado” (…) “Cabría decir…que el criterio numérico brinda una indicación, aunque sea muy imperfecta, de la distribución del poder político. Pero la distribución es algo que resulta muy difícil evaluar. Por tanto, preferiría decir que lo que nos brinda la cartografía es una indicación bastante buena de la dispersión-sea una dispersión polarizada o segmentada-del poder. Para empezar, en la situación actual el caso del unipartidismo está claro: el poder político lo monopoliza un solo partido, en el sentido preciso de que no se permite la existencia de ningún otro partido. Después tenemos el caso en que un partido cuenta más que todos los demás, pero de dos formas muy diferentes. Por un lado, nos encontramos con un partido hegemónico que permite la existencia de otros partidos únicamente como satélites, o, en todo caso, como partidos subordinados; esto es, no se puede desafiar la hegemonía del partido en el poder. Por otra parte, nos encontramos con el sistema de partido predominante, es decir, una configuración del poder en la que un partido gobierna solo, sin estar sujeto a la alternación, siempre que continúe obteniendo, electoralmente, una mayoría absoluta. Los sistemas bipartidistas no plantean ningún problema, dado que su configuración del poder es transparente: dos partidos compiten por una mayoría absoluta que está al alcance de cualquiera de ellos. Esto nos deja la configuración del poder del multipartidismo en general, que se puede detallar como sigue: 1-no es probable que ningún partido se acerque a, o por lo menos que mantenga, una mayoría absoluta; y 2-la fuerza (o la debilidad) relativa de los partidos se puede clasificar conforme a su relativa indispensabilidad (o dispensabilidad) para las coaliciones, y/o 3-su capacidad potencial de intimidación (chantaje). Ya he dicho que el número de partidos es importante. Lo que queda por explicar es: ¿respecto de qué exactamente es importante? Cuando se clasifican los sistemas de partidos conforme al criterio numérico se clasifican conforme a su formato: cuántos partidos contienen. Pero el formato no interesa sino en la medida en que afecta a la mecánica: cómo funciona el sistema. Dicho en otros términos, el formato es interesante en la medida en que contiene predisposiciones mecánicas, en que contribuye a determinar un conjunto de propiedades funcionales del sistema de partidos, en primer lugar, y de todo el sistema político como consecuencia. De ahí que a partir de ahora mi investigación se centre en la distinción y la relación entre formato y mecánica. Esto equivale a decir-habida cuenta de mi distinción entre la clasificación y la tipología de los sistemas de partidos-que estudiaremos cómo se relaciona la clase, que denota el formato, con el tipo, que connota las propiedades”.