PICADA DE NOTICIAS. (XLXIII).

Hernán Andrés Kruse

Los números siguen sin sonreírle al presidente de la nación. Por primera vez desde que asumió, quienes opinan bien o muy bien de él se sitúan por debajo del cuarenta por ciento mientras que quienes opinan mal o muy mal se ubican por encima del 57 por ciento. El saldo negativo es del 18 por ciento, el mayor en toda su gestión. Hoy por hoy, quienes se consideran opositores superan a quienes se consideran oficialistas en 26 puntos porcentuales. Los temas que más preocupan a la población son, en orden de importancia, la inflación, los tarifazos, el empleo, la recesión, la inseguridad, la salud y la educación. Según los índices de satisfacción, el gobierno no supera los cuatro puntos, muy lejos de la autocalificación de ocho puntos que se puso el presidente hace un tiempo. Todavía gran parte de la población considera que el presidente gobierna para los ricos. Tales las conclusiones a las que arriba el último estudio realizado por Roberto Bacman (CEOP), en el que fueron entrevistadas 1200 personas de todo el país, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social. “Febrero”, expresa Bacman, “especialmente la segunda quincena, fue muy malo para el Gobierno Nacional. Sin lugar a dudas y sin temor a equivocarse, este es el peor momento de la gestión de Macri desde que asumió la presidencia quince meses atrás. Con estos datos a la vista la situación remata en un importante desafío: el principal problema que debe afrontar es la gestión. Muchos argentinos, especialmente los pertenecientes al segmento de los independientes, que confiaron en el cambio propuesto y que a lo largo de todo el 2016 no percibieron solución alguna, se negaban en forma insistente a perder la esperanza y hasta perdonaron muchos errores y soportaron estoicamente alta inflación, aumentos en los servicios públicos y sueldos e ingresos que quedaron muy por debajo de la inflación. Pero febrero significó el punto de inflexión”. “Se sucedieron”, agrega, “varias cuestiones que se fueron potenciando en pocos días e impactaron de modo negativo en la opinión pública. La economía sigue sin arrancar, no se ven logros y la esperanza se pone en tela de juicio: nuevo aumento de tarifas, aumento de la conflictividad gremial, paritarias al límite, las clases que no arrancan, el fútbol tampoco arranca. Y, como si esto fuera poco, la sombra de la corrupción, aquella que relaciona a la familia Macri con el mundo empresario, empezó a sobrevolar por estas latitudes”. Entre diciembre y febrero, los que se consideran opositores pasaron del 45 al 49 por ciento, mientras que los oficialistas pasaron del 33 al 24 por ciento. “Esto es complejo para enfrentar un año electoral”, manifiesta Bacman. “Cuando Macri asumió”, afirma, “casi seis de cada diez argentinos, muchos más de los que lo votaron en la segunda vuelta, confiaron en los aires de cambios. No sabían con claridad de qué cambios se trataba; pero en definitiva confiaron. Hoy la ecuación se dio vuelta y alrededor del sesenta por ciento está abiertamente insatisfecho. Por tal motivo el Índice de satisfacción Ciudadana se convierte en el indicador clave de esta última encuesta, ya que sintetiza el mal humor social de estos tiempos: una satisfacción, que medida en una escala de 1 a 10 puntos, arroja un promedio de 3,94. Otra vez hay que hablar de pérdidas: con respecto a agosto del año pasado un 7 por ciento. El factor más crítico, el que justifica en mayor medida este bajo índice sigue siendo la economía donde ni siquiera logra un cuatro”. “Yo diría”, dice Bacman como conclusión, “que uno de los fenómenos más persistentes y que está en el espíritu de las opiniones mayoritarias es que en el imaginario popular está instalado que Macri gobierna para los ricos. Así lo afirman siete de cada diez entrevistados. Es otra mala noticia para la coalición gobernante, en un año de elecciones” (fuente: Raúl Kollmann, “Cuesta abajo en mi rodada”, Página/12, 5/3/017). En su edición del 5 de marzo Página/12 publicó un artículo de Alfredo Zaiat titulado “Economistas de la city al poder”, en el que analiza un hecho inédito en la historia económica del país: la invasión de economistas de la ortodoxia que provienen de diversas firmas dedicadas al asesoramiento económico y financiero, a varios ministerios y organismos públicos. Dice el autor: “Casi 25 economistas de más o menos figuración pública provenientes de diversas consultoras de la city ocupan cargos importantes en el gobierno, y muchos más sin tanta exposición se han instalado en espacios técnicos de la estructura estatal de la Nación, Provincia de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires” (…) “Están distribuidos en los ministerios de Hacienda, Finanzas, Interior, Producción, en los bancos Central, Nación y Provincia, en el Indec, en la Jefatura de Gabinete y en otras dependencias públicas. En el gobierno de Macri no sólo han desembarcado CEOs y miembros de ONGs en la aventura de aprender de qué se trata la gestión pública, también se ha sumado a ese experimento cool una cantidad elevada de economistas del establishment” (…). “Otras experiencias de gobierno han cedido el manejo de la economía a determinados grupos de economistas. Carlos Menem lo hizo primero a Bunge y Born (uno de los integrantes de ese equipo económico fue el ahora consultor Orlando Ferreres), luego a la Fundación Mediterránea de Domingo Cavallo para terminar con el CEMA de Roque Fernández, Carlos Rodríguez y Pablo Guidotti. Fernando de la Rúa se entregó a José Luis Machinea y equipo, cuyos principales jugadores eran Miguel Bein, Pablo Gerchunoff y Mario Vicens, para luego abrazarse al staff de FIEL liderado por Ricardo López Murphy, secundado por Daniel Artana y Manuel Solanet, y finalmente desbarrancar con Domingo Cavallo. Esa lógica de administración de la cuestión económica, donde el poder político transfiere la responsabilidad de un área clave de gobierno a una corporación o a una fundación de economía solventada con aportes de grandes empresas, fue interrumpida en los tres gobiernos kirchneristas” (…) “Ahora con la Alianza macrismo-radicalismo muchos de sus miembros o sus descendientes ideológicos, algunos con cargo y otros en la periferia, han recuperado ese lugar privilegiado en la determinación de la política económica” (…) “Hasta diciembre pasado el Ministerio de Hacienda y Finanzas estuvo a cargo de Alfonso Prat Gay, ex ejecutivo del banco JP Morgan pero antes de asumir lideraba la consultora Tilton Capital, especializada en el negocio financiero. Pedro Lacoste, viceministro de Prat Gay, y Luis Caputo, entonces secretario de Finanzas y hoy ministro de esa área, también provienen de esa firma. El actual ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, además de ser columnista de La nación y de TN, tenía su propia firma de asesoramiento económico”(…) “Enrique Szewach fue presidente de Evaluadora Latinoamericana, firma dedicada a la calificación de alto riesgo, y fue designado vicepresidente del Banco Nación, responsabilidad que amplió ante la convalecencia del nuevo titular de la entidad Javier González fraga (de GF Macroeconomía), quien reemplazó a Carlos Melconian (de la consultora Macro View). El jefe de asesores del Banco Nación es Luis Secco, director de la consultora Perspectivas Económicas. Eduardo Levy Yeyati de Elypsis fue director del BICE hasta mediados del año pasado y mantiene el cargo como asesor en el Consejo de la Producción” (…) “En ese ámbito participan Félix Peña, Bernardo Kosacoff, Andrés López, Jorge Forteza y Dante Sica, socio fundador y director de la consultora Abeceb, quien fue parte de la comitiva que acompañó al presidente Mauricio Macri en su reciente viaje a España. El ministro de Interior y Obras públicas, Rogelio Frigerio, era titular de Economía y Regiones, sumando a su equipo a Ricardo Delgado, líder de la consultora Analytica, como subsecretario de coordinación de la Obra Pública. Empiria consultores aportó a Hernán Lacunza, ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires, Francisco Grismondi, director del Banco Central, y Damián Bonari, subsecretario de Coordinación Económica de la Provincia de Buenos Aires. Luciano Cohan es una de las últimas incorporaciones al staff de funcionarios del gobierno de Macri desde el mundo de las consultoras de la city. Trabajaba en Elypsis, la de Levi Yeyati, y desde mediados del mes pasado es subsecretario de Desarrollo del ministerio de Hacienda” (…) “El factor que diferencia este gobierno de CEOs, ONGs y economistas de la city de otras experiencias es la fragmentación del área económica. Esto derivó en la convocatoria de líderes y técnicos de varias consultoras del establishment. No existe ahora un manejo orgánico del Ministerio de Economía porque ha sido parcelado y, por este motivo, no hubo la cesión a un equipo de economistas identificado con una única entidad (fundación, centro de estudios) para la distribución de los cargos. El gobierno de Macri decidió dividir la responsabilidad de la administración económica, incorporar a todos los técnicos de su propio think tank (Fundación Pensar) y sumar economistas de la mayor cantidad de consultoras posibles. Esta debilidad de contar con pocos cuadros propios y salir a buscarlos en el mercado se ha convertido a la vez en una fortaleza relativa al neutralizar críticas de esas firmas dedicadas a comercializar información económica. Al tenerlos dentro del gobierno logra minimizar los daños de observaciones a una política económica que, pese a los esfuerzos del marketing de generar expectativas positivas, no logra resultados satisfactorios” (…) “Es muy amplia la benevolencia en el análisis de la mayoría de esos economistas, con escasas excepciones” (…) “Las motivaciones para trazar un panorama económico optimista con escasas señales en ese sentido por parte de esos consultores hoy reconvertidos en funcionarios y de gurúes de la city que actúan de soporte al oficialismo desde el ámbito privado, pueden ser las siguientes: a) la afinidad ideológica con el macrismo reivindicando el neoliberalismo y el predominio del mercado en el orden económico; b) la identificación política con el gobierno, por pertenecer al PRO, al radicalismo o por ser un activo militante antikirchnerista; c) el desafío de realizar la experiencia de transitar la función pública e incorporar de ese modo un capítulo más al currículum vitae; d) conseguir un empleo bien remunerado con privilegios de funcionario público; e) obtener contratos de asesoramiento muy bien pagos a cuenta del estado; f) aspirar a un cargo en alguna institución financiera internacional gracias al antecedente de haber sido funcionario público; g) cuidar las inversiones propias en el mercado financiero-bursátil o en la actividad agropecuaria”. En su edición del 5 de marzo La Nación publicó un artículo de Joaquín Morales Solá titulado “La primera rebelión gremial contra Macri”, en el que evalúa el peor momento desde que Macri llegó a la Rosada. Dice el autor: “Dicen que María Eugenia Vidal encontró por fin el símil de Aníbal Fernández que le estaba haciendo falta. Es Roberto Baradel, líder de los docentes bonaerenses, un cristinista de malas formas y peores compañías” (…) “Baradel bailó de algún modo la melodía que le propuso Vidal. La gobernadora subrayó su posición dialoguista mientras Baradel acentuó su perfil brutal e intransigente. Ella o él. La opción la beneficia a ella. Es lo que ella quería. Sin embargo, el conflicto gremial es mucho más vasto que el que comprende a los docentes bonaerenses. Es, en primer lugar, un paro nacional de maestros aguijoneados por Baradel. Es una huelga contra el gobierno nacional que no tiene ninguna escuela en el país” (…) “La huelga docente convivirá en el tiempo también con la primera marcha gremial (y un paro parcial) que la CGT le hará a Mauricio Macri en casi 15 meses. Ocurrirá pasado mañana. Se lo mire por el costado del peronismo cristinista de Baradel o por el del peronismo ecuménico de la CGT, lo cierto es que también los gremios decidieron estrenar el año electoral con un alboroto político” (…) “Es necesario descifrar los planteos concretos. ¿Están los trabajadores en peores condiciones que hace seis meses, cuando los gremios no hacían ni paros ni marchas? Según el ministerio de Trabajo, que conduce Jorge Triaca, en el primer semestre del año pasado se perdieron 110.000 puestos de trabajo, pero se crearon 85.000 en el segundo semestre. El método que usa Triaca para medir el empleo es el mismo que usaba Carlos Tomada. Entre enero y febrero, según estimaciones parciales, se habría alcanzado en la creación de puestos de trabajo el mismo número de despidos del primer semestre de 2016. No hay más trabajo; sólo el mismo que había cuando asumió Macri. No obstante, hubo cesantías en los últimos dos meses que rompieron el acuerdo firmado entre el Gobierno, los sindicatos y los empresarios. Fueron en casi todos los casos poscierre de empresas” (…) “Los empresarios, sobre todo los medianos y pequeños, son actores necesarios del conflicto. Hay quienes ahora piden una devaluación y lo hacen al lado de los dirigentes gremiales. La devaluación es la mejor receta para bajar rápidamente los salarios. Ningún extranjero entendería nunca por qué la Argentina es el único país donde sus líderes sindicales están de acuerdo con las devaluaciones” (…) “Si bien la dura semana gremial que le aguarda a Macri tiene un sesgo político y electoral, también constituye un precalentamiento para el inicio del período anual de paritarias que comienza este mes y terminará en junio. La inflación de los últimos meses es inferior a la del primer semestre de 2016. Las cosas no están peores que hace seis meses. La inflación subirá un poco en tiempos próximos por el efecto de las subas de las tarifas de servicios públicos, pero los cálculos del Gobierno aseguran que el aumento del costo de vida se estabilizará en un 18 por ciento anual” (…) “La CGT se siente la “novia” del peronismo, dice un dirigente gremial. ¿Qué significa eso? Que quiere ser el centro del sistema solar. Por eso recibió a los movimientos sociales por primera vez en la historia; se acercó a las CTA, otrora archienemigas, y forcejea también para que Sergio Massa dispute su candidatura dentro del peronismo” (…) “La CGT se resiste a una sola cosa: a volver a caer en brazos de Cristina Kirchner. Es su límite, a pesar de que ella también quiere acercarse a la central obrera”.

Cada vez peor. La política económica del gobierno está causando estragos sobre la inmensa mayoría de la población. Hay un indicador, que suele pasar inadvertido para la opinión pública, que demuestra el descalabro económico reinante. Entre diciembre de 2015 y febrero de 2017 el país se endeudó en 77 mil millones de dólares, el 15 por ciento del Producto Bruto Interno. En este sentido, 2017 no arrancó de la mejor manera. En efecto, durante enero y febrero fueron colocados cerca de 25 mil millones de dólares, un 50 por ciento de toda la deuda acumulada durante 2016. Es cierto que ingresaron al país miles de millones de dólares obtenidos en los mercados internacionales, pero esa marea de dinero no fue empleada para financiar proyectos de infraestructura ni para potenciar la capacidad exportadora de las economías regionales y de empresas industriales. Ese dinero fue utilizado exclusivamente para sostener la fuga constante de dólares del mercado interno, fuga que fue provocada por la desregulación de los controles cambiarios y la apertura a los movimientos de capitales. Según el informe presentado por el Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, estos niveles de sobreendeudamiento no se sustentan en el largo plazo lo que obligará a Cambiemos a retornar a las políticas productivas, salariales y laborales. Los números son elocuentes. En enero y febrero de 2017 se produjo un importante aumento de la emisión de bonos. El Tesoro sumó préstamos por 13 mil millones de dólares en los mercados externos, Letes por 4886 millones de dólares en el mercado interno y títulos en moneda doméstica por 2268 millones de dólares. Por su parte, las provincias efectuaron colocaciones del orden de los 2050 millones de dólares y las empresas 1937 millones de dólares. Durante el primer bimestre de este año la deuda ascendió a los 24.141 millones de dólares. No se necesita ser un economista para percatarse que un endeudamiento de esta envergadura conduce a la larga a la bancarrota. Nicolás Trotta, rector de la UMET, afirmó que “luego del vertiginoso proceso de apertura de la economía y del fracaso de las políticas pro mercado del macrismo-que no han hecho más que acelerar el proceso de fuga de capitales-, el endeudamiento se ha convertido en el respirador artificial que mantiene con vida al actual modelo económico”. Agregó que “la creación del Observatorio de la Deuda Externa a fines del 2016 responde a la necesidad de involucrar a nuestra Universidad, sus investigadores y las organizaciones sindicales que la promueven, en los principales problemas que atraviesa la realidad política y social de la Argentina. No podemos ser indiferentes y guardar silencio frente al espiral de endeudamiento irresponsable del gobierno”. Arnaldo Bocco, director del Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, manifestó que “la Argentina se endeudó en tan sólo 14 meses en 77.615 millones de dólares, aproximadamente un 15 por ciento del PIB”. Consideró que el incremento del endeudamiento no hizo más que potenciar el proceso de fuga de capitales. “La demanda de dólares sigue en aumento, lo cual no sólo es abastecido a través del mercado de cambios sino también a través de la emisión de Letes del Tesoro, que subsidia la compra especulativa de dólares por medio del crecimiento de la deuda. Si sumamos sólo la fuga de enero, que alcanzó 3196 millones de dólares, y las emisiones de Letes-Letras del Tesoro emitidas en dólares-de enero y febrero de 2017 por 4886 millones, la salida de dólares por atesoramiento, giro de utilidades, turismo e intereses alcanzó los 8082 millones”, sentenció. El elevado déficit fiscal obligó al Tesoro a emitir nueva deuda a partir de diciembre de 2015. Según el Observatorio de UMET, el Gobierno colocó en los mercados internacionales y bajo legislación extranjera la friolera de 34.910 millones de dólares, de los cuales 21.919 millones fueron emitidos durante todo el año pasado y los restantes 13.000 millones en enero y febrero últimos. De acuerdo al informe presentado por el Observatorio fueron licitados dos bonos en dólares bajo legislación de Nueva York por 7000 millones de dólares con vencimiento en 2022 y 2027. A comienzos de enero el gobierno recibió un préstamo a 18 meses por 6000 millones de dólares de los siguientes bancos: Santander, BBVA, HSBC, Citi, JP Morgan y Deutsche Bank. El Tesoro buscó formas de financiarse en el ámbito interno. Desde el inicio de la gestión de Cambiemos se emitieron 9688 millones de dólares en Letes y respecto a los préstamos en moneda local, el gobierno recibió 254.425 millones de pesos (16.336 millones de dólares). También las provincias se endeudaron. En los últimos 14 meses, Buenos Aires, Entre Ríos, La Rioja, Neuquén, Mendoza, Chubut, Córdoba, Salta, Chaco, Santa Fe y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires emitieron por 9055 millones de dólares. El documento de la UMET advierte que “los gobiernos provinciales también se han sumado al festival de endeudamiento de Nación, emitiendo títulos bajo moneda extranjera y legislación extranjera”. El Observatorio también registró que a partir de diciembre de 2015 la fuga de capitales ascendió a 25.595 millones de dólares (5 puntos del PIB), que de haberse quedado en el país podrían haber sido destinados al consumo, la inversión y la expansión del mercado interno. Respecto al ahorro en dólares, se fugaron 13.920 millones de dólares mientras que en relación con el atesoramiento de divisas, en enero se ubicó en 1945 millones de dólares, es decir, un 23 por ciento más respecto de enero del año pasado. Según la UMET, el giro de las utilidades de las multinacionales es otro factor que ayuda a entender la fuga de capitales. En efecto, dichas utilidades ascienden a 3215 millones de dólares (3016 millones se anotaron el año pasado). Otro factor de la fuga de capitales es el pago de intereses de la deuda. En efecto, dicho pago implicó una salida de divisas de la economía local del orden de los 13.451 millones de dólares en los últimos 14 meses (el 90 por ciento fue abonado en 2016). El documento de la UMET concluye de la siguiente manera: “considerando que hubo emisiones en moneda extranjera por alrededor de 70 mil millones de dólares a partir de diciembre de 2015 y las reservas internacionales subieron en torno a 21 mil millones, resulta evidente que el crecimiento exponencial de la deuda de estos últimos meses ha seguido financiando de manera contundente una creciente fuga de capitales” (fuente: Federico Kucher, “Fiesta con timba y fuga de divisas sin control”, Página/12, 6/3/017). En su edición del 6 de marzo, Página/12 publicó un artículo de Mempo Giardinelli titulado “Mucho ojo esta semana”, en el que efectúa un análisis de lo que sucederá, política y socialmente hablando, de aquí al viernes. Dice el autor: “Esta es una semana de grandes movilizaciones. Marcharán trabajadores de la educación de todo el país; obreros y empleados de todas las centrales sindicales; mujeres y varones contra la violencia de género y la protección policial-judicial a violadores y abusadores. Y muchos de esos miles, decenas de miles, atentos y vigilantes por la citación a la ex presidente a los impuros estrados de Comodoro Py. Algunos se entusiasman con aparente apresuramiento y demasía, quizás pensando que estamos en instancias decisivas-acaso finales-del régimen macrista-radical. Lo que puede ser peligroso o por lo menos excesivamente voluntarista, y por eso hay que señalarlo” (…) “Es decir: ojo con esta semana en la que se jugarán tantas cosas en las calles de la república. Y ojo porque, desde luego, el pueblo movilizado siempre es grato a los ojos populares, pero ese hermoso espectáculo en nuestra historia-la reciente y la lejana-demasiadas veces terminó mal. Y no se escribe esto para meter miedo, sino todo lo contrario, para inculcar la prudencia necesaria para el éxito que busca toda movilización, que no es otro que el cambio de rumbo y de políticas. En nuestro presente, la finalización del tormento cotidiano por goteo que se le está aplicando a un pueblo manso y trabajador, pero ya demasiado sometido a abusos” (…) “Así que ojo con las provocaciones, que estos tipos no se van a caer así nomás y encima van a acusar al pueblo de golpista o destituyente. Que nosotros no lo somos, nunca lo fuimos. Pero sí somos los que ellos matan en cada huida gubernamental; la que injustamente padeció Alfonsín, la del helicóptero de De la Rúa, la del interino Duhalde. Los muertos siempre los pone el pueblo, y es lo primero que hay que evitar ahora. Sobre todo porque los ricachones farsantes y corruptos que hoy gobiernan saben perfectamente lo que es el golpismo: lo practicaron con todos los gobiernos y en particular con Néstor y Cristina. Así que ojo. Las marchas y movilizaciones son las mejores formas pacíficas de empujar los cambios de la historia. Muy bien. Pero ojo con la violencia. Que siempre es un recurso de ellos, y perverso, porque tienen armas y tropas y carecen absolutamente de escrúpulos. Ciertamente esta semana puede ser decisiva-como piensan algunos, muchos-pero quizás no lo sea, y no importa demasiado. Mejor que lo decisivo es lo inexorable eficaz. Y todo arrima el bochín para un juicio político ya harto justificado. Las marchas por eso mismo tienen que ser multitudinarias y contundentes, pero sobre todo pacíficas” (…) “Ojo entonces con esta semana, que tanto bien hará si de paso marchamos pensando en los viejos errores, no para flagelar sino para no repetirlos. Y para estar firmes y seguros cuando a la hora de revisar todo lo que estos tipos destruyen por decreto, sepamos restaurarlo también por decreto. O cuando nos lancemos de una vez a la profunda Reforma Constitucional que desde El Manifiesto Argentino venimos planteando” (…) “Pero que ahora, en vísperas de esta semana que pinta trascendental, recupera aquella idea de Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, de que “una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia”, o sea una especie de “prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían la servidumbre”. Descripción anticipada y casi perfecta del modelo neoliberal que el clarín-macrismo viene instalando desde hace años y noche a noche con los señores Tinelli, Giménez, Legrand y cuantimás que están al servicio de contaminar la verdad inventando fantasías y reproduciendo mentiras con bailes y comidas irrespetuosas frente a una teleaudiencia a la que mantienen en infame cautiverio. Siete siglos atrás, Dante Alighieri enseñó que hay que caminar por las cornisas del Infierno si se quiere llegar al Paraíso. Muy bien. Pero primero hay que estar seguros de no caer. Así que mucho ojo esta semana”. En su edición del 6 de marzo La Nación publicó un artículo de Vargas Llosa titulado “El populismo, nuevo enemigo de la democracia”. Dice el Nobel de Literatura: “El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal-de la libertad, sino el populismo” (…) “Pero, a diferencia de lo que muchos creíamos, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, ha surgido la amenaza populista. No se trata de una ideología, sino de una epidemia viral-en el sentido más tóxico de la palabra-que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas, de izquierdismo en el Tercer Mundo y de derechismo en el Primero” (…) “¿Qué es el populismo? Ante todo, la política irresponsable y demagógica de unos gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por un presente efímero. Por ejemplo, estatizando empresas y congelando los precios y aumentando los salarios, como hizo en el Perú el presidente Alan García durante su primer gobierno, lo que produjo una bonanza momentánea que disparó su popularidad. Después, sobrevendría una hiperinflación que estuvo a punto de destruir la estructura productiva de un país al que aquellas políticas empobrecieron de manera brutal” (…) “Un ingrediente central del populismo es el nacionalismo, la fuente, después de la religión, de las guerras más mortíferas que haya padecido la humanidad. Trump promete a sus electores que “América será grande de nuevo” y que “volverá a ganar guerras”; Estados Unidos ya no se dejará explotar por China, ni por Europa, ni por los demás países del mundo, pues, ahora, sus intereses prevalecerán sobre los de todas las demás naciones” (…) “Inseparable del nacionalismo es el racismo, y se manifiesta sobre todo buscando chivos expiatorios a los que se hace culpables de todo lo que anda mal en el país. Los inmigrantes de color y los musulmanes son por ahora las víctimas propiciatorias del populismo en Occidente. Por ejemplo, esos mexicanos a los que el presidente Trump ha acusado de ser violadores, ladrones y narcotraficantes” (…) “En América Latina, gobiernos como los de Rafael Correa en Ecuador, el comandante Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia se jactan de ser antiimperialistas y socialistas, pero, en verdad, son la encarnación misma del populismo. Los tres se cuidan mucho de aplicar las recetas comunistas de nacionalizaciones masivas, colectivismo y estatismo económico, pues, con mejor olfato que el iletrado Nicolás Maduro, saben el desastre a que conducen esas políticas” (…) “Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas. Todos ellos consideran, como el ultraconservador Trump, que la prensa libre es el peor enemigo del progreso y han establecido sistemas de control, directo o indirecto, para sojuzgarla” (…) “El populismo tiene una muy antigua tradición, aunque nunca alcanzó la magnitud actual. Una de las dificultades mayores para combatirlo es que apela a los instintos más acendrados en los seres humanos, el espíritu tribal, la desconfianza y el miedo al otro, al que es de raza, lengua o religión distintas, la xenofobia, el patrioterismo, la ignorancia. Eso se advierte de manera dramática en los Estados Unidos de hoy” (…) “¿Se puede combatir el populismo? Desde luego que sí. Están dando un ejemplo de eso los brasileños, con su formidable movilización contra la corrupción, los estadounidenses que resisten las políticas demenciales de Trump, los ecuatorianos que acaban de infligir una derrota a los planes de Correa al imponer una segunda vuelta electoral” (…) “sin embargo, la derrota definitiva del populismo, como fue la del comunismo, la dará la realidad, el fracaso traumático de unas políticas irresponsables que agravarán todos los problemas sociales y económicos de los países incautos que se rindieron a su hechizo”. En la misma edición La Nación publicó un polémico editorial titulado “Seguridad interior y Fuerzas Armadas”, en el que se muestra partidaria del retorno de las Fuerzas Armadas a tareas que garanticen la seguridad interior del país. Dice el mitrismo: “Muchas cosas se han perdido en nuestra Argentina. Una de ellas, ciertamente preocupante, es el control de sus extensos espacios territoriales frente a diversas amenazas. Se han debilitado al extremo los instrumentos normalmente usados por un gobierno para controlar el orden público: disuadir, evitar el delito y garantizar la seguridad de sus ciudadanos en el marco de la ley y el Estado de Derecho” (…) “La situación económica que atravesamos torna muy compleja la asignación de mayores recursos para solucionar estas carencias con la urgencia requerida. Mientras tanto, la línea divisoria entre las amenazas a la defensa y a la seguridad interior se ha ido diluyendo para concebir cada vez más a ambas como un continuo. Hoy vemos en París a hombres de las fuerzas armadas que custodian iglesias y sinagogas, mientras en Roma se ocupan de la seguridad ciudadana” (…) “Nuestra ley de defensa, dictada en tiempos de fuerte sensibilidad por los excesos en la represión del terrorismo subversivo y pensada de cara a la Guerra Fría, está cerca de cumplir 30 años, mientras que las condiciones internas y externas han cambiado. En 2008, se dictó el decreto reglamentario de la ley, que en realidad sólo se ocupó de tres artículos. Uno de ellos, más que reglamentado fue afectado por una verdadera reforma legislativa anómala, de dudosa constitucionalidad, que culminó restringiendo el empleo de las Fuerzas Armadas únicamente en caso de ataques de fuerzas foráneas perpetrados por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estado/s. Se cercenó por decreto la fórmula más amplia de la ley votada por amplia mayoría en 1988, que calificaba la agresión que debía enfrentar la defensa por su “origen externo” y no por su naturaleza ni por el lugar de su impacto” (…) “Cuando una ley, que como toda construcción humana es fatalmente histórica y temporal, se torna tan obsoleta como esta que nos ocupa, existen dos caminos posibles. O se fuerza su interpretación avanzando sobre hipótesis que ella no contempla, con la consiguiente inseguridad paras quienes ejecutan las operaciones acerca de la valoración que hará la Justicia de sus conductas, o se la actualiza de manera que permita prever el empleo del poder del estado en beneficio de la libertad y la seguridad ciudadanas. Es necesario en lo inmediato actualizar la reglamentación de la ley de defensa de manera de proveer la mínima y necesaria cobertura legal a quienes actúan. Al mismo tiempo, una nueva ley ha de fijar la necesidad de que se dote a las fuerzas armadas de la instrucción, equipamiento y reglas adecuadas a las nuevas misiones que se les encomienden. Constituye un error determinar la posibilidad o no de una respuesta a una agresión sólo a partir de su origen externo o interno, sin considerar las características del agresor, los medios que usa y la potencialidad del daño que ocasiona” (…) “En cuanto a la ley de seguridad interior, de 1991, incluye una muestra de total imprudencia, que impide a las Fuerzas Armadas equiparse y capacitarse para desarrollar tareas de seguridad que la propia ley les demanda en dos expresas circunstancias: Estado de Sitio y solicitud de comité de crisis” (…) “Es evidente que no todos los temas vinculados con la seguridad interior tienen la misma relevancia. Sería demencial, por ejemplo, el empleo de las Fuerzas Armadas en la represión de quienes hoy cortan a su antojo calles, avenidas y rutas. Otra cosa muy distinta es que colaboren en mejorar el control de las fronteras o en la custodia de determinados objetivos estratégicos o que coordinen eficientemente sus acciones con las fuerzas de seguridad para realizar un patrullaje más adecuado en la custodia de nuestra riqueza ictícola” (…) “Deben dar soporte a la capacidad de decisión soberana y al ejercicio eficaz y equilibrado de la diplomacia, para lo cual habrá que abocarse a su reconstrucción para superar la extrema debilidad que hoy sufren respecto de sus similares de la región” (…) “Deben actualizarse las normas y optimizarse la estructura operativa y el despliegue estratégico de las Fuerzas Armadas para potenciar su capacidad disuasiva mediante equipamiento moderno y organización para respuestas inmediatas y eficaces ante situaciones de amenazas internas y externas. La adquisición de armamento moderno y ayuda técnica militar debe lograrse optimizando el uso de los limitados recursos financieros exponiendo ante el mundo el pleno respeto por los acuerdos internacionales, por el Estado de Derecho y una clara vocación por la paz”.

La huelga docente nacional tuvo, durante su primera jornada, un alto acatamiento en todo el país. Según Ctera, el 95 por ciento de las escuelas públicas no funcionaron mientras que según Sadop, el 75 por ciento de las escuelas privadas no tuvieron alumnos. Ayer (lunes 6) unos 70 mil docentes marcharon por las calles porteñas hasta el ministerio de Educación, como respuesta a la intención del gobierno de eliminar la paritaria federal que, desde 2008, fijaba el salario mínimo de los maestros. Mientras tanto el presidente de la nación viajaba a Jujuy para inaugurar oficialmente el ciclo lectivo y acusar a la dirigencia educativa de “elegir el oportunismo”. A manera de réplica, los sindicatos advirtieron que si el gobierno se sigue negando a convocar la paritaria, en muy poco tiempo habrá una nueva huelga de cuarenta y ocho horas. El conflicto comenzó a gestarse en diciembre pasado cuando Esteban Bullrich, el inepto ministro de Educación, convocó a los dirigentes del sector con representación nacional para informarles que a partir de 2017 no habría ningún llamado a la paritaria federal. A partir de entonces se sucedieron pedidos de audiencia que no obtuvieron ninguna respuesta mientras la atención comenzó a desplazarse a la provincia de Buenos Aires, como si se tratara exclusivamente de un tema a resolver por la gobernadora
Vidal y el dirigente Roberto Baradel. A nadie sorprendió, pues, el inicio conflictivo del ciclo lectivo. Si el gobierno nacional creyó que situando a Baradel en el rol del “malo” de la película, para así oponerlo a la figura de “Heidi” (Vidal), lograría enervar el espíritu de lucha de los maestros, se equivocó groseramente. Lo único que consiguió fue que Ctera, UDA, CEA, Sadop y AMET se unan en una sola consigna: paro nacional de la educación. Por si ello no hubiera resultado suficiente, la ceguera política del gobierno también movilizó a los docentes universitarios, quienes se plegaron a la huelga. Sonia Alesso, titular de Ctera, dijo: “lo que pedimos es que cumplan con la ley”. Y agregó: “la ley de Financiamiento Educativo dice que el gobierno nacional debe convocar a los cinco gremios nacionales a la paritaria nacional para discutir salarios y el fondo compensador”. Mario Almirón, de Sadop, expresó: “el neoliberalismo quiere volver a dividir nuestro salario en 24 distritos, como ya lo hizo en los ´90”. Carlos Acuña, miembro del triunvirato cegetista”, acompañó a los dirigentes de la educación. Cuando le tocó hacer uso de la palabra, señaló: “no sólo los docentes están sufriendo los atropellos de este gobierno, sino que lo están sufriendo todos los trabajadores del país”. Luego aseguró que habrá un paro general. En la vereda de enfrente el presidente de la nación arremetió contra la huelga a través de un gesto por demás simbólico: inauguró el ciclo lectivo en una humilde escuela de la localidad jujeña de Volcán, acompañado por el mandamás de la provincia, Gerardo Morales. En su discurso, hizo un llamamiento a la “unión de todos los argentinos” y criticó la medida de fuerza sin hacer mención de sus razones. Pidió a los docentes “ir por el camino de sentarnos en una mesa a dialogar” para luego lamentar “que muchos hayan vuelto a elegir el oportunismo a través del paro. Llevan décadas de paro, ¿y cuál ha sido el resultado? Cero. Ese camino lo hemos explorado y no funcionó”. Por último, se mostró preocupado por el bienestar de los maestros: “sin ustedes no podemos hacer nada”. “Necesitamos que se sientan acompañados, cuidados, con herramientas para los desafíos del siglo XXI. Tenemos que darles las herramientas para que puedan generar ese camino hacia los chicos”. En la paritaria nacional se fijaba hasta 2016 el salario mínimo inicial de los maestros. En la negociación el estado nacional acordaba con las provincias más pobres el monto del fondo para pagarlo, monto que se establecía del Fondo de Incentivo Docente (suma que va directamente al bolsillo del docente). El gobierno decidió no convocar a la paritaria nacional, recortar el Fondo de Incentivo Docente (calculado para 2017 en 20 mil millones de pesos) y reducir el fondo compensador que reciben las provincias más conflictivas (en 2017 esa partida alcanzó los 1800 millones de pesos). Un argumento que utilizó el gobierno para eliminar la paritaria nacional es el enganche del salario inicial docente al salario básico. Desde mayo del año pasado, cuando el básico sube, también lo hace el inicial docente hasta quedar un 20 por ciento por encima. Los gremios sostienen que esa cláusula logró solucionar un problema, porque con la inflación el piso docente quedaba debajo de lo estipulado por la ley sin sustituir a la paritaria. Con la paritaria nacional se evita que los salarios queden a merced de la situación financiera de cada provincia, consecuencia de la decisión del ex presidente Carlos Menem de traspasar las escuelas a las provincias, pero sin los fondos correspondientes para el pago de los sueldos. Si no hay más paritaria nacional lo más probable es que se vuelva a esa época donde reinaba una enorme disparidad de ingreso. Las provincias ricas estarán en condiciones de recomponer los sueldos mientras que las más pobres pagarán lo que puedan. Es decir, habrá docentes de primera y docentes de segunda por la misma labor que realizan. Además, sin paritaria nacional desaparecen otros temas relevantes como la formación docente, la continuidad de los programas educativos, la construcción de escuelas y la definición de los contenidos educativos fundamentales para todo el país (fuente: Laura Vales, “Al final no era sólo el paro de Baradel”, página/12, 7/3/017). En su edición del 6 de marzo Página/12 publicó un artículo de Eduardo Aliverti titulado “Marzo, fuerzas, recomienzo”. Dice el autor: “(…) “Con acierto, desde la propia prensa oficialista se señaló que la intervención presidencial ante diputados y senadores no fue una pieza de la que correspondiera reparar en su contenido técnico, calidad de balance, proyecciones de mediano o largo plazo ni, menos que menos, capacidades de oratoria de las que, como todo el mundo sabe, el jefe de estado carece por completo. Dicho ya por los analistas de todo color ideológico, y por todas las fuerzas políticas con natural excepción (pública) de la alianza gobernante, lo de Macri consistió exclusivamente en polarizar contra Cristina, sin nombrarla como significante pero sí como significado de una herencia perversa de la que sólo puede salirse de a poco” (…) “si Cristina y el kirchnerismo representan un pasado atroz en cualquier sentido que se quiera, derrotado en las urnas apenas hace poco más de un año y sin posibilidades de retorno porque, de acuerdo con el relato M, los argentinos somos conscientes de que el populismo es un escenario que nos devastó, ¿por qué tanta necesidad de centralizar contra la ex presidente y la simbología de los doce años?” (…) “De ser veraz que con la perorata del caos heredado empieza ya a no alcanzar, ¿por qué no apoyarse en algún logro concreto y, sobre todo, en perspectivas aún más específicas (modelo productivo, metas económicas inclusivas de las mayorías, políticas salariales, números precisos sobre reparto de los ingresos)? ¿No sabe el Gobierno hacer eso? Claro que sabe. Es que no debe, so pena de quedar en evidencia asumida de para quiénes se gobierna” (…) “¿Con qué credibilidad puede hablar de una ley de anticorrupción empresarial quien viene sumergido en un escándalo tras otro de negociados familiares y corporativos? ¿Qué significa mentar “pobreza cero” si el núcleo abrumador de las medidas tomadas es favorecer a los ricos? ¿Con qué se come citar el récord de la cosecha agraria, como no sea para explicar un auge gemelo en la venta de los vehículos de alta gama, en medio de la pérdida generalizada del poder adquisitivo de las clases bajas y medias, los tarifazos, los despidos, los cierres de pymes? ¿Acerca de cuál dialoguismo podría testificar una gestión que violó la ley nacional de la paritaria docente? ¿De cuál respeto a las instituciones podría jactarse mientras se carga una presa política? En reemplazo de todo eso y de tanto más que no puede decir por aquello de que no debe, en función de su obediencia debida a la clase para la que administra, Macri tenía la única opción de reincidir en su catálogo de frases párvulas. Esas oraciones, antes de representar su volumen narrativo, expresan la imposibilidad de sincerarse y la necesidad de sustituirlo achacando culpas en el pasado reciente” (…) “El Macri auténtico de la intervención ante la Asamblea Legislativa fue, por un lado, el del cinismo. Pero, en esencia, en su esencia, lo reflejó mejor la casi increíble patoteada que le disparó a Roberto Baradel. El secretario general del Suteba, con custodia hace semanas por decisión judicial debido a amenazas recibidas contra él y sus hijos, fue advertido por Macri de que “no necesita que nadie lo cuide”. En esa reacción se sintetizan varias cosas. El Presidente que banaliza intimidaciones; el dialoguista que agrede; el lector que no puede apartar su vista de los papeles que le escribieron y que sólo se sale de libreto para formular una provocación personal; el estadista que se rebaja a una chicana igual de barata que de lamentable; el jefe político que convoca a cuidar a los docentes y que no tiene mejor idea que hacer eso cuando las clases están a punto de no empezar porque el republicanista vulneró olímpicamente la ley del sector. Entre el Macri que hace lo que puede para disimular las consecuencias de su gobierno y el Macri que da rienda suelta a sus instintos de patrón de estancia, se espeja en buena medida la respuesta que esta semana llegará a ser, quizás, la más importante desde la asunción de Cambiemos”. En su edición del 7 de marzo Página/12 publicó un artículo de Raúl Dellatorre titulado “Empresas corruptas y bien protegidas”. Su lectura es imperdible. Dice el autor: “Hoy la obra pública dejó de ser un sinónimo de corrupción; gracias a los ahorros, a partir de licitaciones transparentes y contratación de proveedores como corresponde, se ahorraron en transporte 32 mil millones de pesos”. El diputado nacional del FPV Carlos Heller dio su propia hipótesis ante la Asamblea Legislativa del 1 de marzo: “Estaba hablando de Dinamarca” (…) “Pero avanzando un par de párrafos más adelante, el mismo discurso de Macri a la Asamblea sugiere que está hablando efectivamente de Argentina, contradiciendo la hipótesis de Heller, al pedirle al Congreso que “debata y sancione la Ley de Responsabilidad Empresaria”, una iniciativa por la que se presume que se podrán sancionar a empresas que participen en hechos de sobornos. Este proyecto ya había sido anunciado a principios de julio de 2016, cuando arreciaban las denuncias y sospechas sobre las contrataciones durante el gobierno kirchnerista” (…) “El proyecto para el escarmiento de empresas corruptas recién llegó al Congreso tres meses y medio después, el 20 de octubre, y ahora es reflotado por el presidente de la Nación en un clima muy diferente al que le dio origen: las sospechas se han vuelto sobre el propio entorno gubernamental, y los nombres de firmas como Sideco, Macair, Constructora Caputo o La Anónima, ahora merecen tanta atención como antes se le prestó a varias constructoras patagónicas. El momento en el que se presentó el proyecto al Congreso, en el mes de octubre, no es casual sino que sigue una secuencia que, por entonces, el gobierno parecía sostener. Pocos días antes, el parlamento había aprobado una cuestionada ley del arrepentido, “otorgando beneficios a aquellos que, luego de haberse involucrado en sobornos, se arrepientan y colaboren con las autoridades”, según el comentario de un artículo sobre el tema que publicó en su página web el megaestudio jurídico Marval O´´Farrel y Mairal” (…) “La corrupción se combate con transparencia e integridad”, enfatizó Macri ante la Asamblea Legislativa este 1 de marzo. Todos entienden de qué se trata la transparencia en este caso, pero a otros les habrá llamado la atención el uso del término “integridad” (…) “En su comentario, el estudio Marval O´´Farrel y Mairal señala que, “de acuerdo con el proyecto, la responsabilidad penal podría ser mitigada o eliminada si se puede demostrar que la persona jurídica (la empresa) involucrada ha implementado, con anterioridad a la comisión de la ofensa (el delito), un programa de integridad”. Y enseguida explica que, dentro de los términos del proyecto oficial, “los programas de integridad serán considerados efectivos en aquellos casos en los que sean adecuados para prevenir, detectar, remediar y reportar ante las autoridades correspondientes los hechos delictivos abarcados por la ley. Estos programas de integridad implican el cumplimiento de una serie de requisitos, desde un código de ética o de conducta de directores y empleados, hasta “un sistema de investigación interna que respete los derechos de los investigados e imponga sanciones efectivas a las violaciones del código de conducta” (…) “Lo llamativo es que el sólo hecho de contar con un “programa de integridad” prácticamente exime de sanciones y de responsabilidad a una empresa contratista ante la comisión de hechos de corrupción, según el proyecto de ley que el presidente de la Nación reclama aprobar. Y así también parece entenderlo el estudio Marval O´´Farrel y Mairal, que en el comentario en su página web sobre el proyecto, tras enumerar los puntos que debería incluir un “programa de integridad” para ser considerado “efectivo” para la ley, sostiene: “Independientemente del texto que finalmente apruebe el Congreso, éstos parecen ser los lineamientos generales a los cuales, en el futuro, deberán adaptarse las personas jurídicas (empresas) para mitigar o eliminar cualquier tipo de atribución de responsabilidad por delitos de corrupción”. Los programas de integridad están concebidos para cuidar los intereses de las empresas, particularmente de los accionistas, contra el accionar delictivo de empleados o directivos “infieles”. A ellos apuntan los mecanismos de control o códigos de conducta. En cambio, los hechos de corrupción bajo sospecha, a los que se busca combatir, involucran decisiones corporativas-pagar una coima para adjudicarse una obra o la contratación de prestación de determinado servicio, cuando no la entrega de un área de negocios en forma monopólica-que favorecen a la propia corporación, en perjuicio del Estado o de terceros (competidores)” (…) “Poseer “un programa de integridad” sería así una suerte de patente de corso, un “pase libre” en el parabrisas de las grandes corporaciones para “mitigar o eliminar cualquier tipo de responsabilidad por delitos de corrupción”. Es lo que, según parece, plantea “la ley para penalizar a las empresas corruptas” que propone el gobierno. Levantando las banderas de la transparencia y el combate a la corrupción, pero haciendo la vista gorda con las grandes corporaciones”.

La marcha de la CGT fue gigantesca. “Paro general” fue el pedido unánime de los miles y miles de trabajadores que se acercaron al centro porteño para exteriorizar su bronca y frustración. Trabajadores sindicalizados, organizaciones sociales, partidos opositores y un buen número de los denominados “independientes”, dieron lugar a la protesta más relevante hasta el día de la fecha contra el Gobierno. Si bien los jerarcas sindicales confirmaron el paro general, no anunciaron la fecha concreta de realización lo que provocó un gran malestar que derivó en escenas de violencia. Hacía mucho tiempo que no se veía a los jerarcas sindicales abandonar un acto en medio de insultos y escupitajos. La CGT tiene ahora la última palabra y todo parece indicar que en las próximas horas dará a conocer el día del paro (finales de marzo o la primera semana de abril). Desde horas tempranas se percibía que la convocatoria cegetista sería masiva. Tal como aconteció en abril de 2016, las adhesiones abarcaron la totalidad del arco político opositor: La Cámpora, Camioneros, Movimiento Evita, Nuevo Encuentro, la CTA y la izquierda. Sin embargo, el clima estaba más caldeado que hace un año. Los numerosos carteles que portaban los manifestantes demostraban la existencia de un hartazgo generalizado provocado por una administración que sólo se interesa por satisfacer los intereses propios y de sus amigos más cercanos. Una pancarta, sostenida por una mujer, decía “Macri es el fin de la industria”, mientras que en un cartel adherido a un kiosco de revistas sobre la avenida Belgrano se leía “Los grupos económicos de la dictadura son el gobierno actual”. Una de las columnas más vitoreadas por la concurrencia fue la Bancaria a raíz de la derrota que le infligió al Gobierno en el marco de las paritarias. Llamó la atención un hombre con una careta de goma de Macri que tocaba el bombo a más no poder. Como no podía ser de otra manera, hubo una nutrida presencia de dirigentes políticos, casi todos pertenecientes al peronismo. Se los vio al ex gobernador bonaerense Daniel Scioli, a su rival en la interna que finalmente no tuvo lugar, Florencio Randazzo, a varios intendentes del conurbano como Verónica Magario (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Fernando Gray (Esteban Echeverría) y Gabriel Katopodis (San Martín), entre muchos otros. También se hicieron presentes Fernando Espinoza (peronismo bonaerense), José Luis Gioja (titular del PJ Nacional) y Víctor Santa María (jefe del PJ porteño). También se hicieron ver Héctor Recalde, Diana Conti, Jorge Landau, Carlos Kunkel y Aníbal Fernández, quien intentó acercarse al palco pero se encontró con una guardia pretoriana que se lo impidió. La izquierda se hizo presente por intermedio de Nicolás del Caño y Myriam Bregman. No se vieron, en cambio, dirigentes del Massismo. El cierre del acto estuvo a cargo de los tres popes sindicales. El primer en hacer uso de la palabra fue Acuña, quien había estado presente el día anterior en el acto de los docentes. Llamó la atención que se hubiera adelantado una hora a lo previsto sin explicación de parte de los organizadores. El orador fue interrumpido varias veces por la multitud que coreaba “paro general”. “Basta de manoseos”, dijo el titular del gremio de empleados de Estaciones de Servicios, que le exigió al Gobierno que reconozca una inflación por arriba del 40 por ciento y negocie paritarias acordes. Luego le tocó el turno a Juan Carlos Schmid, titular del gremio de Dragado y Balizamiento y titular de la Confederación Argentina de Trabajadores de Transporte, quien expresó que mientras el oficialismo propone “llegar a la pobreza cero en veinte años, ha sido muy veloz para responder a las demandas de los poderosos, cosa que agiganta la brecha social”. También cuestionó la política de inversiones del gobierno. ¿Dónde se encuentra? preguntó, “¿en las importaciones, en los capitales especulativos, en las facilidades para ir de compras a Chile?”. “La falta de acción golpea a los más desprotegidos y se manifiesta en despidos y vacaciones adelantadas” mientras “la inflación está bajando a costa de los trabajadores”, acusó. Pese a pronunciar el discurso más combativo, Schmid también fue blanco de los insultos de los presentes. “No estamos aquí para dilatar nuestra propuesta: venimos a anunciar que habrá medidas de fuerza en la Argentina antes de fin de mes”, arengó pero sin lograr satisfacer a la audiencia. Finalmente habló Héctor Daer, quien tuvo serios problemas para hablar dado lo caldeado que estaba el ambiente. “Vinimos hasta acá a decir que si no hay rectificaciones, habrá paro, pero tiene que ser acompañado por todos los sectores de la sociedad”, señaló. En un momento dado el sindicalista, al referirse a la fecha del paro, se valió de la expresión “antes de fin de año”. Fue, obviamente, un furcio pero que no hizo más que encender la chispa que generó el incendio. Luego de los disturbios, Daer procuró hacer responsable de lo que acababa de suceder a “un grupo de La Cámpora de Berazategui”. Sin embargo, los manifestantes camporistas se encontraban en ese momento a más de tres cuadras del lugar, sobre la Avenida 9 de Julio. La respuesta del oficialismo llegó vía Twitter. Francisco Cabrera, ministro de la Producción, expresó: “vamos a seguir confiando en el diálogo entre gobierno, trabajadores y empresas como el mejor camino para el desarrollo de la Argentina”. Por su parte, Marcos Peña, jefe de Gabinete, escribió: “muchos dirigentes gremiales no están siendo lo más francos posibles sobre el rumbo económico del país, que va a ser de crecimiento este año”. Anoche (martes 7) en el programa “Intratables”, el ministro de Trabajo Jorge Triaca expresó: “La verdad es que nos preocupa cómo terminó esto. Esta movilización estuvo muy teñida de intereses políticos y eso se manifestó al final. Había sectores muy vinculados a lo que se fue del país que gritaban “volveremos”, “volveremos”. Cree que hay sectores vinculados al kirchnerismo “que se están resistiendo al cambio y defienden intereses personales y sectoriales que van en contra del bien común”. Criticó a aquellos que pretenden retornar “a la situación de privilegio anterior”, que durante años no fueron capaces de resolver los problemas de la gente y que los está resolviendo este gobierno. Por último, manifestó que “los que han gobernado los últimos 30 años no pueden decir que no tienen responsabilidad de lo que está pasando. No merecemos estar en situación de pobreza” (fuentes: a) Nicolás Lantos, “Un multitudinario reclamo contra el Gobierno”, Página/12, 8/3/017); b) La Nación, “Qué dijo Jorge Triaca después de la marcha de la CGT”, 8/3/017). En su edición del miércoles 8 Página/12 publicó un artículo de Mario Wainfeld titulado “La voz de la calle, la sordera del palco”. Dice el autor: “Parecía difícil echar a perder o por lo menos deslucir la movilización de ayer. Todo se conjugaba a favor. Primero y principal, la muchedumbre de laburantes que se expresó de modo pacífico y claro” (…) “A los oradores, los triunviros de la CGT, solo les cabía cumplir con su palabra y cumplir el reclamo de las bases: anunciar por enésima vez el paro general y, tarde pero seguro, fijarle día. Cometieron dos errores o torpezas o defecciones, cada quién y el tiempo dirán. Adelantaron la hora de sus discursos, privando a muchas personas de llegar y participar. Y, lo que es más grave, divagaron sobre la huelga, no determinaron su fecha y hasta supeditaron a un imposible cambio de la política económica del macrismo, en el plazo de un mes. No fue un ultimátum ni una oferta viable sino una concesión, incomprensible a esta altura” (…) “Habían perdido su momento, su tenue liderazgo, tal vez una oportunidad histórica. El saldo los perjudica, más que a los trabajadores que demostraron su estado de ánimo y sus demandas. El lugar de la concentración es raro, atípico. Seguramente se eligió para ahorrarle parte del dolor de cabeza al Gobierno del presidente Mauricio Macri. No en la Plaza de Mayo, donde mandaba la historia, sino en las puertas del edificio que supo ser de SOMISA, luego sede de la Jefatura de Gabinete de ministros y ahora albergue de algunas dependencias del ministerio de la Producción” (…) “Decenas o más factiblemente cientos de miles de personas serenas y alegres dotaron de sentido a ese “no lugar”: lo habían transformado. La avenida Belgrano, que es el acceso más ancho, mostraba cuadras y cuadras colmadas (no menos de ocho) a las tres de la tarde, una hora antes del cierre anunciado. La Diagonal Sur también albergaba columnas interminables. Por la 9 de Julio seguían llegando cantidades de trabajadoras y trabajadores. Las calles aledañas rebosaban de grupos “sueltos” o columnas que buscaban un lugarcito en las avenidas” (…) “Se veían trabajadores sindicalizados, informales, de la economía popular. Los que tienen algún conchabo y el creciente conjunto de desocupados. Movimientos sociales, agrupaciones políticas del variado abanico peronista y de la izquierda” (…) “Carlos Acuña, Juan Carlos Schmid y Héctor Daer tenían una baraja ganadora en la mano, que a la vez era su jugada única. La desperdiciaron y se privaron de expresar en serio la marejada que puso el cuerpo y a millones más que estaban representados. Representados, se entiende, pero sin esos dirigentes a la cabeza. Explicar por qué lo hicieron será motivo de discusiones o justificaciones en los días por venir” (…) “Como fuera, un acto de esa magnitud es siempre un diálogo entre la masa y los oradores o dirigentes. Aquel que maneja el micrófono debe armonizar con la calle. Desoírla, desafiarla, tiene sus costos. Los triunviratos como las diarquías, son formas imperfectas usualmente precarias de conducción, que trasuntan falta de consensos o de liderazgos. Ayer se hizo palpable. Ni Saúl Ubaldini ni Hugo Moyano (por mentar dos referentes sindicales de las décadas recientes) hubieran dejado picando esa pelota frente al arco sin empujarla hacia la red” (…) “La conducción de la CGT quedó sin margen. Ninguna movida inmediata la dejará bien parada, ni la regresará al punto en que estaba, pongámosle, ayer a las dos de la tarde. Si le pone fecha al paro se leerá como un reflejo tardío y bajo presión. Si lo retracta, será una abdicación, por decirlo de forma piadosa. El final del acto, con griteríos, empujones y una salida desdichada de los oradores será mostrado como un triunfo por el macrismo. Una nueva prueba de la violencia “del peronismo”, de su imprevisibilidad. No fue para tanto, ni eran todos peronistas los que se enfrentaron en el palco e inmediaciones” (…) Ese final eclipsa solo de momento a la segunda gran movilización anti macrista de la semana, con intensa participación popular” (…) “El rechazo al modelo económico y cultural del Gobierno crece, la oposición social pone el cuerpo. La dificultad de dirigentes políticos y gremiales para ponerse a la cabeza de esas protestas tuvo ayer una expresión extrema, preocupante. La historia continuará”. En su edición del 8 de marzo La Nación publicó un artículo de Morales Solá titulado “Atrapados en el laberinto de las facciones peronistas”. Dice el autor: “A pesar de los errores y del descenso en las últimas encuestas conocidas, el gobierno de Mauricio Macri puede dormir tranquilo. Durante un tiempo, al menos. Resumidas en una síntesis tal vez arbitraria, las imágenes de la marcha cegetista de ayer significan que el peronismo y los gremios están divididos (y, a veces, peligrosamente enfrentados) hasta para confrontar con Macri. Sin ganas de ir de las palabras a los hechos, los líderes de la CGT terminaron pidiendo el cambio de la política económica del Gobierno. Es una manera de no pedir nada. ¿Qué gobierno que se precie de tal aceptaría cambiar el rumbo de sus políticas según las protestas del día? ¿Por qué dirigentes sectoriales le impondrían políticas a un gobierno elegido democráticamente por una mayoría social?” (…) “Para resumirlo en una pregunta: ¿qué pueden hacer juntos en la vida y en la política Armando Cavalieri y Emilio Pérsico? El acto de ayer estuvo claramente dividido en dos sectores: el peronismo clásico y los gremios ortodoxos, por un lado, y la izquierda política y sindical junto con el kirchnerismo, por el otro. Estos últimos son los que al final coparon el escenario (que casi se derrumbó) para reclamar una fecha para el paro general. La cúpula cegetista tenía tan poca convicción sobre ese paro que Héctor Daer, uno de los tres jefes de la CGT, prometió en su discurso que el paro se haría “antes de fin de año” (…) “Esa lucha interna dentro de la central obrera fue acompañada por los cánticos de la izquierda y el kirchnerismo. Por ejemplo: “Se va a acabar la burocracia sindical”, un eslogan que no se escuchaba desde hacía más de 40 años. El peronismo deja de ser alternativa política, aunque sea momentáneamente, cuando regresa a la violencia entre su derecha y su izquierda. Tratar de unir esas franjas en un acto pacífico resulta siempre una ingenuidad. Franjas mayoritarias de la sociedad independiente dieron signos inconfundibles de fatiga frente a la eterna lucha entre facciones peronistas” (…) “En efecto, cuando los caciques sindicales abandonaron el escenario, éste fue copado por personas excesivamente excitadas, que basculaban entre la grosería y la violencia y que no llevaban banderas políticas. Fue una maniobra astuta, pero el diablo se esconde en los detalles. Algunos vestían remeras con las caras de Milagro Sala, de Néstor o de Cristina Kirchner. No hacía falta más identificación. Ésas son las figuras icónicas del kirchnerismo” (…) “Los sindicatos y comisiones internas de izquierda están pisando los talones de “los gordos” y de los independientes, cuya capacidad de movilización, debe consignarse, quedó otra vez demostrada ayer. Es el gran problema del sindicalismo. Daer prefiere a Sergio Massa, Juan Carlos Schmid responde a Hugo Moyano, y Acuña tiene como referente a Barrionuevo. La izquierda está muy lejos de cualquiera de esos líderes políticos o sindicales. Sin embargo, la competencia dentro del propio gremialismo es con la izquierda dura y pura. Semejante ensalada de corrientes políticas y sindicales hizo eclosión ayer al término del acto. Viboreó en el medio el kirchnerismo, cuyos objetivos son de tan corto plazo que se remiten sólo al próximo procesamiento, infaltable, de Cristina Kirchner. La variopinta muchedumbre de ayer, construida por las discordias en la cúpula, obligó a cambiar la hora y el programa del acto. Se adelantaron los discursos antes de que se calentara el ambiente” (…) “Desesperados por encontrarle una salida al laberinto, los dirigentes gremiales eligieron saltar el cerco. Pidieron directamente otra política económica, más proteccionista, sin tantos alardes de apertura con el mundo, una versión más atenuada de “vivir con lo nuestro”. Se cuidaron de subrayar, en declaraciones previas, que no estaban pidiendo que “vuelva lo anterior”, pero en su receta casi describieron lo anterior” (…) “De todos modos, gran parte del discurso sindical de ayer pareció influenciado por sectores de la pequeña y mediana empresa que adscribieron al kirchnerismo. Estas empresas también son proteccionistas, enemigas de la apertura y amigas de aranceles tan altos que cerrarían de hecho la Aduana. Es lo que repiten los gremios. Le temen a un “mundo que se cierra”, según describen. El único que parece cerrarse es Donald Trump, pero hasta México se convirtió en un adversario en el discurso de esos sectores del nacionalismo económico. Adiós, entonces, a la Patria Grande, según el viejo paradigma kirchnerista. El kirchnerismo es un grupo político reducido, pero sus ideas tienen un eco profundo en amplios sectores de la dirigencia social argentina. En el sindicalismo y en algunos empresarios, por ejemplo. La dimensión del cambio cultural que pregona Macri no se la imagina ni el propio Macri”. En su edición del 8 de marzo Página/12 publicó un artículo de Luis Bruschtein titulado “La fecha”. Dice el autor: “El acto fue masivo, impresionante. Tal vez más grande que el del primero de mayo del año pasado. Un acto claramente opositor al gobierno, por lo menos en el ánimo de los manifestantes, sin importar colores partidarios. El dato más fuerte, donde no pusieron suficiente atención los tres dirigentes cegetistas, fue que la convocatoria era una válvula de escape del clima que había presionado para que se realizara. Y ese clima se sentía a medida que el acto crecía, crecía y crecía. En las diferentes columnas que confluían desde toda la ciudad se podía sentir el enojo, la calentura con el gobierno” (…) “Había una contradicción en la convocatoria. El triunvirato de la CGT se esforzó para que el acto no apareciera como antigobierno, por eso no fue en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. Se convocó en un lugar incómodo para semejante multitud, frente al Ministerio de la Producción porque la intención era que quedara claro que el acto criticaba aspectos puntuales de la política económica y social del gobierno. Pero también se convocaba con la idea de que se iba a anunciar un paro contra el gobierno. Se creó una expectativa para confrontar la política económica del gobierno en el marco del fuerte impacto de esas políticas en los bolsillos de los trabajadores. La convocatoria apuntaba a convertir el malhumor y la bronca en una acción de protesta concreta” (…) “Se hizo una convocatoria sobre la base de un clima de enojo contra el gobierno en el universo del trabajo. No se puede ir contra ese clima. El trío que conduce la CGT surgió de otra situación en la sociedad, cuando recién asumía el gobierno de Cambiemos, y le resulta muy difícil reflejar el cambio que se produjo. Las políticas que representa esa alianza gremial se enredan en sus propias contradicciones y no puede contener la presión cada vez más fuerte de las bases. Es una conducción que reflejó otro momento. La política del gobierno de Cambiemos genera una fuerte polarización y en ese contexto, el opoficialismo tiene poco margen, cada vez más superado por la bronca. Se están produciendo despidos, suspensiones y cierres en todas las ramas de la industria y en los servicios, la preocupación por la estabilidad en el trabajo, que antes no figuraba, se convirtió en un tema central de los trabajadores” (…) “Estos contrastes que se produjeron en el acto constituyen un tema de debate en el movimiento obrero. Pero desde el punto de vista del macrismo y sus aliados, el acto fue una impresionante y masiva demostración contra el gobierno, un anticipo del clima social que están creando sus medidas económicas. El hecho de que las posiciones más conciliadoras dentro de la CGT hayan sido desbordadas por el enojo de la muchedumbre, enfatiza esa percepción”.