Palabras de la embajadora de Nicaragua, Marcela Pérez Silva, en la inauguración de la muestra fotográfica Si pequeña es la patria, uno grande la sueña. Embajada de Nicaragua. Lima, 15 de marzo, 2018.

Palabras de la embajadora de Nicaragua, Marcela Pérez Silva, en la inauguración de la muestra fotográfica "Si pequeña es la patria, uno grande la sueña”. Embajada de Nicaragua. Lima, 15 de marzo, 2018.

Félix Rubén García Sarmiento (Nicaragua 1867-1916) había sido concebido en Santiago de los Caballeros de León pero, por azar del destino y bandidencia de su madre, nació en Metapa (hoy Ciudad Darío). Tenía apenas cuarenta días de nacido cuando llegó hasta allá su tío abuelo, lo metió en una canasta y se los llevó, a él y a su mamá, a lomo de mula de vuelta a León. Su recuerdo más antiguo lo sitúa en Honduras, donde su escapadiza progenitora había ido a parar con el novio. Lo cierto es que Rubén Darío comenzó su periplo por el mundo siendo muy joven. A los catorce años, perdidamente enamorado de Rosario Murillo, declara su intención de contraer matrimonio. Espantados, sus amigos lo meten en un vapor y lo mandan a El Salvador. Tres años después, herido de amor por su garza morena, el poeta en ciernes vuelve a zarpar, esta vez con rumbo a Chile, donde a los diecinueve años escribe Abrojos y a los veintidós, publica Azul… (1888). En Argentina publica sus Prosas Profanas (1896); en España, sus Cantos de vida y esperanza (1906). Funda y dirige diarios y revistas por todo Centroamérica. Es redactor, corresponsal y cronista de La Nación de Buenos Aires, donde publica más de seiscientos artículos durante un cuarto de siglo. Es nombrado cónsul general de Colombia en Buenos Aires, y cónsul de Nicaragua y Paraguay en París. Pronto habrá de ser ministro residente de Nicaragua ante el reino de España. Ya convertido en Príncipe de las letras castellanas, el Cisne de Nicaragua regresa a su patria a fines de 1907.

Su recorrido por “la tierra de los lagos” –como la llama él- dura cinco meses, y Darío plasma esa experiencia en diez poemas y once crónicas que va publicando La Nación, y que él luego editará con el nombre de Viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical (Madrid, 1909). La suya es la mirada enamorada y a la vez crítica de un hombre de mundo que regresa a su país y redescubre sus paisajes, su historia, la creatividad de sus compatriotas, la idiosincrasia del pueblo que lo formó. Es en ese libro que aparece el verso que da nombre a la muestra fotográfica que hoy inauguramos: SI PEQUEÑA ES LA PATRIA, UNO GRANDE LA SUEÑA. Se trata del poema Retorno, en el que nuestro autor asegura: Mis ilusiones y mis deseos y mis / esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña. / Y León es hoy a mí como Roma o París.

Camila, como Rubén, fue concebida en el trópico. La primera foto suya de la que se tiene registro, la captura en el volcán Masaya, junto a su padre, aún adentro de la barriga de su mamá. Sus ojos ven la luz en Lima, pero tres meses después, ya la encontramos en la Plaza de la Revolución, entre la muchedumbre con banderas sandinistas. Su primer cumpleaños lo celebra en La Habana, con Fidel. A los tres años ya sabe escribir, y ha sido fotografiada en Guadalajara y en Trípoli y en París. A los ocho, pide que le regalen por Navidad su primera cámara de fotos: una polaroid de Barbie. A los diez, se enamora de Harry Potter y devora entera la saga de J. K. Rowling. A los catorce años, se viene a vivir al Perú y entra al taller de Literatura de Mme. Christiane Félip Vidal. A los 15 se escapa de casa. A los 17 se va a Bolivia con una amiga y descubre el salar de Uyuni. Ahí, desafiando las leyes de la gravedad y teniendo el reflejo del cielo a sus pies, comienza a tomar fotos. A los 18, forma parte de los brigadistas del maestro Orlando Pineda, que van a alfabetizar en una comunidad indígena de Waspán, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua. La alfabetización se realiza en lengua originaria. Algunos viejitos se niegan a asistir a clases, aduciendo que no pueden ver de cerca. La misión de Camila es la de “enamorar a la gente” y ofrecerles un par de anteojos a cambio de una gallina. Casi todos sus amigos están lejos o hablan miskito. Ahí descubre Camila el inmenso potencial comunicativo de la imagen fotográfica. Ahí se descubre fotógrafa.

Hace unos años fuimos a la Isla de Ometepe, en el lago Cocibolca, a buscar a Abel Vargas, pintor campesino al que admiramos mucho. Mientras el maestro nos mostraba su taller, Camila se me perdió de vista. Regresó feliz. Había logrado un retrato maravilloso de doña Magdalena, la madre del pintor, que lindaba los cien años. La foto logra recoger el silencio, la luz y la penumbra que envuelven a la anciana. La de Camila es una mirada de asombro frente a lo sagrado.

Aquella foto le revela a Camila el camino a seguir, e inaugura la serie de retratos de su Nicaragua. Como dice Darío: de las cosas conocidas en los años de la infancia y de la primera juventud. A estas cosas entrañables pertenecen las manos de doña Meri, que la chineaba en la mecedora cuando era tiernita; el mango celeque que contiene el universo entero, en el patio de su casa; el volcán Masaya, que sigue siendo uno de sus lugares favoritos en el mundo, como cuando invitaba a sus amigas a celebrar ahí su cumpleaños, para compartir la aventura y asomarse al misterio.

SI PEQUEÑA ES LA PATRIA, UNO GRANDE LA SUEÑA es al mismo tiempo la culminación de un proyecto artístico y el punto de partida de una obra personal que crecerá y seguirá su propio derrotero. Es también un homenaje a las mujeres de Nicaragua: a las jóvenes creadoras que están llamadas a construir la patria: grande, a la medida de sus sueños.

La política de género de nuestro Gobierno cristiano, socialista y solidario, establece que la igualdad entre hombres y mujeres, además de ser un derecho humano, es una necesidad estratégica para la construcción de una sociedad justa. Desde 2007 que volvió el FSLN al gobierno, se han venido implementando políticas públicas y programas sociales que han favorecido nuestro empoderamiento como mujeres.

Las mujeres en Nicaragua seguimos luchando por conquistar nuestros derechos plenos: políticos, sociales, económicos y culturales pero, para esto, ahora contamos con leyes justas que nos amparan y nos garantizan el principio de igualdad y la no discriminación. Como la Ley integral contra la violencia hacia las mujeres que establece el delito de femicidio y sanciona toda forma de violencia contra la mujer; y la Ley de igualdad de derechos y oportunidades, que eleva a rango constitucional la participación igualitaria del 50% de hombres y mujeres en todos los cargos de elección popular. Gracias a la Ley de Municipios, conocida como la Ley 50-50, las mujeres, en el ejercicio pleno de nuestros derechos políticos, hemos accedido a cargos de dirección. Actualmente, el 44% de los alcaldes, el 55% de los vicealcaldes y el 50% de los concejales, a nivel nacional, son mujeres.

En la Asamblea Nacional las mujeres somos el 46%, y ocupamos 42 de los 92 escaños, lo cual nos coloca en el quinto lugar en el mundo en participación parlamentaria, según datos de la ONU, sólo superadas por Islandia, Cuba, Bolivia y Ruanda. En el Gabinete de Gobierno hemos alcanzado la equidad plena: junto a nuestra vicepresidenta, la poeta Rosario Murillo, contamos con 9 ministras en carteras tan estratégicas como Defensa; Gobernación; Educación; Salud; Ambiente y Recursos Naturales; Trabajo; Ministerio de Economía familiar, cooperativa, comunitaria y asociativa; Ministerio de la familia, adolescencia y niñez y Ministerio de la Mujer. El informe de Naciones Unidas nos coloca, junto con Francia y Bulgaria, en el primer lugar en el mundo con el 52.9% de mujeres en cargos ministeriales. La prestigiosa Policía que fundó Tomás, tiene al frente a una Jefa de la Policía Nacional y un 34% de mujeres integran sus estructuras. Las Comisarías de la Mujer que se hallan en todos los distritos del país trabajan, junto a cientos de promotoras voluntarias, en la prevención y atención a la violencia de género.

Además, nuestro Gobierno impulsa exitosos programas sociales especialmente dirigidos a madres solteras y mujeres cabezas de familia, como Hambre Cero, que ha fortalecido la producción de autoconsumo y ha convertido a 200,000 campesinas en actoras sociales de su propio desarrollo. Usura Cero ha otorgado créditos justos a 80,000 mujeres para que inicien pequeños negocios y las capacitado en gestión de emprendimientos. La Procuraduría General de la República, ha hecho entrega de 362,000 títulos de propiedad, urbana y rural, a jefas de familia, lo cual, además de ofrecerles seguridad jurídica, les garantiza la independencia económica, y las convierte en sujetos de crédito.

Según el más reciente informe del Foro Económico Mundial, Nicaragua se ubica en el primer lugar en América latina en equidad de género, y el sexto a nivel mundial (después de Islandia, Noruega, Finlandia, Ruanda y Suecia).

Aprovecho la oportunidad para agradecerle a nuestro presidente, el comandante Daniel Ortega, quien personalmente autorizó que esta exposición, que ofrecemos mi familia y yo como una declaración de amor a Nicaragua, se realizara en nuestra sede diplomática.

Agradezco también a Germán Vegas, maestro de Camila y curador de la muestra, por su gran apoyo. Al doctor Jorge Eduardo Arellano, por su solidaridad y sus bellas palabras de presentación, que celebran el trabajo de nuestra joven fotógrafa. A Lucía Arellano, por el diseño del precioso afiche y el elegante catálogo. Y, como siempre, a doña Emma López, a Cindy Herrera Huete y al invencible equipo de la Embajada de Nicaragua que, una vez más se ha lucido en la preparación este evento.

No queda más que declarar inaugurada la muestra SI PEQUEÑA ES LA PATRIA, UNO GRANDE LA SUEÑA, y desearle a nuestra artista alas y buen viento…