Oficialismo, medios hegemónicos y poder judicial en sintonía electoral.

(Alejandro Mosquera)

Es difícil pensar que hubo otra campaña electoral similar a la que estamos transitando. La coordinación de la maquinaria electoral del oficialismo, y sus Ministerios, la pauta oficial de Nación, Provincia y Ciudad, sumada a un parte sustancial del poder judicial tomando sus decisiones en clave de esa campaña, y las empresas de medios hegemónicas en un intento de demolición del oponente kirchneristas o peronistas y de promoción del macrismo fuera de toda medida. Y por otro lado la campaña de Unidad Ciudadana en la provincia de Buenos Aires sobre las espaldas de CFK, y un limitado papel de los principales candidatos. Y los diversos peronismos que se esfuerzan por defender sus territorios en los distintos puntos del país, necesitados de los votos opositores al Presidente pero chantajeados por el poder de la chequera nacional, lo cual los desdibuja.

Quienes creyeron que podrían ser beneficiarios de esos ataques combinados del periodismo de guerra contra el peronismo y el frente para la victoria y del activismo militante de jueces y fiscales adictos al oficialismo, chocaron con la dura realidad donde se desdibujaron y perdieron perfil y posiblemente votantes. El Randazzismo trata de fidelizar el magro voto de las PASO pero todo indica que parte del mismo tomará nuevos rumbos, y el Frente Renovador de Massa que resistirá en los dos guarismos pero también estaría sufriendo una emigración a favor principalmente de Cambiemos.

El poder real, como ya hemos sostenido en estas páginas busca imponer una derrota estratégica al movimiento popular, erradicar cualquier posibilidad en los próximos veinte años de un nuevo gobierno popular, y asegurar así la instauración de un modelo estable de dominación, de maximización de sus ganancias, sin importar el costo que esto suponga respecto a los segmentos más débiles de nuestra población. En ese marco hay que entender los proyectos de flexibilización laboral y de reapropiación privada del ahorro de las jubilaciones.

Sin embargo no logran hasta el momento, y hasta sus más ortodoxos economistas saben que si siguen el rumbo de endeudamiento externo masivo, fuga de capitales, descapitalización presupuestaria e impositiva del Estado, inflación y degradación industrial, más cerca o más tarde someterán al país a una crisis del modelo neoliberal con la ola de inestabilidad social y política que acarreará.

Si se comprueba en las elecciones del 22 de octubre que la mayoría de los argentinos vota en contra u opciones diferentes al oficialismo, aunque mientan o dibujen con ayuda de los medios como un triunfo el resultado electoral para el oficialismo, en el fondo la situación es riesgosa para el oficialismo. Porque les faltara las mayorías automáticas para garantizar las reformas estructurales que el poder real les exige que tomen con premura, y por otro que si lo hacen mal pueden provocar una inestabilidad social que no puedan dominar. Por eso los principales cuadros políticos del oficialismo una y otra vez repiten la palabra gradualismo, que no es otra cosa que señalar esa cuerda floja en la que se mueven en tanto proyecto político.

El peronismo y el kirchnersimo seguramente se tensionaran pos elecciones, y se ira configurando lentamente el nuevo escenario político. Sin embargo incluso la unidad de una parte sustancial de estas fuerzas no garantiza el triunfo. Está faltando un actor político que pueda romper la estrategia de dominación de la grieta, y dar canal para la creación de una fuerza de centroizquierda (o izquierda democrático-popular) con vocación de mayorías que pueda construir la necesaria Confluencia Nacional y Popular.

Es un tiempo de una transcendente batalla cultural entre el pensamiento neoliberal y el pensamiento nacional transformador, por los valores, las ideas, la historia y hasta por la concepción de la democracia. La puja esta abierta.