Neoconservadores.

(Orlando Villalobos)

Venezuela recibió por años la corriente inmigratoria que llegaba como consecuencia de las dictaduras militares del cono sur o por la violencia institucional desatada en países como Colombia y Perú. Era principalmente la inmigración de quienes venían apremiados por la pobreza, pero también vinieron los perseguidos políticos e intelectuales acosados.
Una dictadura genocida como la de Pinochet, en Chile, para citar un caso, no averiguaba matices, reprimía por igual a marxistas, izquierdistas y socialdemócratas, a cualquiera que se opusiera a sus desmanes. Eso hizo que aquí llegaran profesores y trabajadores intelectuales, de distintas corrientes y tendencias, que se incorporaron a nuestras universidades o al ámbito de la cultura. Algunos alimentaron o se sumaban al pensamiento crítico, con raíces socialistas, marxistas, cristianos de la teología de la liberación o simplemente irreverentes.
Traían una formación intelectual y profesional y una invalorable experiencia de distintos procesos políticos, como el ascenso de la Unidad Popular en Chile, y el crecimiento de los movimientos populares argentino y brasileño. De algún modo ayudaron a sacudir al mundo universitario venezolano. Se fueron incorporando y poco a poco empezaron a dejar su siembra. En la Universidad del Zulia si uno echa una mirada a ese tiempo consigue el libro del profesor de arquitectura, argentino, Héctor Iglesias, “Ciudad, política y arquitectura”; el chileno Tomás Vasconi pasó por la Escuela de Sociología, el argentino José Sazbón publicó su libro “Historia y estructura”.
Ahora el viento cambió de dirección y experimentamos esta ola de emigrantes venezolanos. Como se ha dicho, tiene sus características. Muchos son egresados universitarios, con títulos de grado y posgrado. Tienen ese hándicap favorable. Se da el caso de que muchos son profesores universitarios, con formación y experiencia, pero que en lugar de pensamiento crítico son portadores de posiciones conservadoras y reaccionarias. Se van, en su mayoría –se me puede decir que no todos y es cierto-, a “buscar un mejor destino”, pero fundamentalmente detrás del espejismo del american dream, “porque con este comunismo latinoamericano no se puede”. Por años buscaron hacer de la universidad venezolana, pública y gratuita, un muro de contención a los cambios sociales y políticos.
Cabe citar a John Beverley, quien en el diario mexicano La Jornada, resalta que en América Latina crecen las corrientes políticas de izquierda, a veces desde el gobierno, influyen cada vez más, sin embargo, la intelectualidad artística y literaria de la región parece experimentar un giro neoconservador que, en defensa de un “valor estético”, se ha alejado de los movimientos y la cultura populares.
Beverley, especialista en literatura latinoamericana y estudios culturales de la Universidad de Pittsburg, da su propia explicación. Dice que el actual giro es el resultado del predominio que el neoliberalismo tuvo en América Latina, sobre todo en las décadas de los 80 y los 90. Y pese a haber un rechazo al neoliberalismo, agrega, hubo gente de izquierda que aceptaba ese modelo neoliberal que ahora es cada vez más cuestionado en el mundo, porque “el mercado crea el problema de no generar otros patrones de valores o de inspiración para la población”. Ahora prefieren estar al margen de lo que ocurre y se declaran hipercríticos.
Esa es la caracterización que cabe para el pensamiento neoconservador que hemos empezado a “exportar”. Reniegan no solo de las políticas bolivarianas, lo cual no cabe duda forma parte del debate. Lo extraño no es que sean opositores de este proceso cuestionador del capitalismo, y del dominio neocolonial, lo cual siempre es una posibilidad teórica y política, lo que si resulta claro y categórico es que se sitúan en la acera del frente del pensamiento crítico y se van con su rabia reaccionaria.