MARX Y LA DIVISIÓN DEL TRABAJO DENTRO DE LA MANUFACTURA Y DENTRO DE LA SOCIEDAD

(Hernán Andrés Kruse)

Luego de estudiar los orígenes de la manufactura, sus elementos simples, el obrero parcial y su herramienta, y el mecanismo como sistema, Marx se adentra en la cuestión de la división del trabajo dentro de la manufactura y dentro de la sociedad, como piedra basal de la producción de mercancías.

Es factible considerar a la división de la producción social en sus grandes sectores como división del trabajo en general, a la clasificación de estos sectores productivos en categorías y subcategorías como división del trabajo en particular, y a la división del trabajo dentro de un taller como división del trabajo en el caso concreto. En “Cours d´Economie Politique” (ed. De París, I, p. 173) Storch considera que “la división del trabajo arranca de la separación de las más varias y múltiples profesiones, hasta llegar a ese régimen de división en que varios obreros se distribuyen las tareas para la elaboración del mismo producto, como ocurre en la manufactura”. Por su parte, en “Theorie des Richesses” (pp. 84 s.) Skarbeck manifiesta que “en los pueblos que han alcanzado cierto grado de civilización, nos encontramos con tres clases de división del trabajo: la primera, que llamamos general, determina la clasificación de los productores, en agricultores, industriales y comerciantes, y corresponde a las tres ramas principales del trabajo nacional; la segunda, que podríamos llamar especial, es la división de cada rama de trabajo en categorías…; finalmente, la tercera, que podría calificarse como división de la ejecución del trabajo o división del trabajo en sentido estricto, es la que se forma dentro de cada trabajo manual y de cada profesión…y se presenta en la mayoría de los talleres y manufacturas”. Dentro de la sociedad el principio de la división del trabajo se desarrolla, tal como acontece con la división del trabajo dentro de la manufactura, a partir de puntos de partida contrapuestos. En el seno familiar y posteriormente en el ámbito tribal surge una división del trabajo de carácter natural. Mientras tanto, diversas familias, tribus y comunidades comienzan a tener vínculos a través del intercambio de productos. Las comunidades dispersas descubren que la naturaleza que las rodea posee medios de producción y medios de sustento de diversa índole. A raíz de ello, los modos de vivir de las comunidades, los productos que elaboran y los medios de producción que poseen, son diferentes. Son precisamente estas diferencias naturales las que originan el acercamiento de las comunidades emergiendo un vínculo entre ellas de carácter comercial. Al intercambiar productos se produce su gradual transformación en mercancías. Marx enarbola pues las banderas de la globalización. Dice: “No es el cambio el que crea la diferencia entre las varias órbitas de producción; lo que hace el cambio es relacionar estas órbitas distintas las unas de las otras; convirtiéndolas así en ramas de una producción global de la sociedad unidas por lazos más o menos estrechos de interdependencia”. En este proceso la división del trabajo se origina debido al cambio entre órbitas de producción al principio diferentes, pero independientes entre sí. Cuando se pone en marcha la división fisiológica del trabajo los órganos específicos de un sistema cerrado y coherente se desarticulan entre sí, “se fraccionan-en un proceso de desintegración impulsado primordialmente por el intercambio de mercancías con otras comunidades-y se independizan hasta un punto en que el cambio de los productos como mercancías sirve de agente mediador de enlace entre los diversos trabajos”. En definitiva, lo que era dependiente se torna independiente mientras que órganos que eran independientes dejan de serlo.

Según Marx, la división del trabajo dentro de la manufactura y dentro de la sociedad presupone dos cosas diferentes. Dentro de la manufactura, la división del trabajo presupone la existencia de un grupo de obreros contratados simultáneamente por el capitalista; dentro de la sociedad, presupone una determinada magnitud y densidad de la población que en este ámbito sustituyen al conjunto de operarios que se agolpan en una manufactura. En sus “Elements” (etc. p. 50), James Mills expresa: “Tanto el comercio social como aquella cooperación de fuerzas que potencia el rendimiento del trabajo exigen un cierto grado de densidad de población”. Por su parte, Th. Hodgskin, en “Popular Political Economy” (pp. 12 5s.) dice: “Al aumentar el número de obreros, aumenta la capacidad productiva de la sociedad en la misma proporción de aquel incremento, multiplicado por la eficacia de la división del trabajo”.

El régimen capitalista se sustenta en la producción y la circulación de mercancías. A raíz de ello, la división del trabajo dentro de la manufactura necesita imperiosamente cierto grado de madurez de la división del trabajo dentro de la sociedad. A su vez, la división del trabajo dentro de la manufactura no sólo repercute en la división del trabajo dentro de la sociedad, sino que también la impulsa y multiplica. La diferenciación de los instrumentos de trabajo hace que se distingan con mayor intensidad las industrias que los producen. Cuando un régimen manufacturero se adueña de un sistema industrial, las industrias que lo componen adquieren autonomía propia. Cuando el producto manufacturado implica una unidad mecánica de productos parciales, los trabajos parciales están en condiciones de recuperar su autonomía como manufacturas independientes. La implantación de la división del trabajo dentro de una manufactura conduce a la división de la misma rama de producción en diversas manufacturas en función de la diversidad de sus materias primas o de las distintas maneras que una misma materia prima puede revestir. Dice Marx: “la explotación manufacturera, encargada de fabricar todas las especialidades, da un nuevo impulso a la división territorial del trabajo, que circunscribe determinadas ramas de producción a determinadas regiones de un país. La expansión del mercado mundial y el sistema colonial, que figuran entre las condiciones generales del sistema, suministran al período manufacturero material abundante para el régimen de división del trabajo dentro de la sociedad”.

A continuación, Marx analiza la diferencia, no de grado sino de esencia, que existe entre la división del trabajo dentro de la manufactura y la división del trabajo dentro de la sociedad. Pero ello no significa que ambas no presenten analogías. Donde emerge en toda su magnitud la analogía es allí donde se detecta una relación interna entre diversas ramas industriales. El ganadero se encarga de la producción de pieles; el curtidor, de su conversión en cueros; y el zapatero, de convertir el cuero en botas. Cada uno de los industriales mencionados fabrica un producto gradual diferente-pieles, cuero, botas-y lo que resulta finalmente es una mercancía combinada de sus trabajos específicos. Además, hay que destacar el hecho de que sus medios de producción respectivos suministran a los industriales mencionados múltiples ramas de trabajo. Lo que enlaza los trabajos independientes del ganadero, el curtidor y el zapatero, es el hecho de que lo que producen posee la cualidad de mercancías. Por el contrario, lo que caracteriza a la división manufacturera del trabajo es “el hecho de que el obrero parcial no produce mercancías”. Como bien expresa Th. Hodskin en “Labour defended against the claims of Capital” (Londres, 1825, p. 25) “pero hoy ya no hay nada que pueda considerarse como el salario natural del trabajo de cada individuo. Hoy, cada obrero sólo produce una parte de un todo, y como, por sí sola, esta parte carece de valor o de utilidad, no hay nada que el obrero pueda tomar y decidir: “Esto lo he hecho yo y me pertenece a mí”. Sólo es mercancía el producto común de todos los obreros intervinientes en el proceso de trabajo. Es a través de la compra y venta de productos de diversas ramas industriales como opera la división del trabajo dentro de la sociedad. Por su parte, los trabajos parciales que forman parte de la manufactura se enlazan a través de la venta de diversas fuerzas laborales (los obreros) a un dueño de los medios de producción (el capitalista) que las emplea no de manera aislada, individual, sino como una fuerza de trabajo única. La división del trabajo dentro de la manufactura supone la concentración de los medios de producción en poder de un único capitalista. La división del trabajo dentro de la sociedad supone la partición de los medios de producción entre diversas mercancías independientes entre sí. En la manufactura se impone una determinada cantidad de obreros para el ejercicio de una determinada cantidad de funciones; en cambio, en la sociedad la distribución de las mercancías entre las diversas ramas sociales de trabajo se basa fundamentalmente en el azar y la arbitrariedad. Dentro del taller la norma de división del trabajo se sigue a priori, como si fuese un plan preestablecido, mientras que en la división del trabajo dentro de la sociedad dicha norma rige a posteriori, como si fuese, destaca Marx, una ley natural interna, muda, que se impone al capricho y arbitrariedad de los productores. Dentro de la manufactura, la división del trabajo supone la presencia del capitalista que impone su autoridad sobre los obreros empleados. En cambio, la división social del trabajo enfrenta a productores independientes que sólo reconocen la autoridad de la concurrencia, la coacción que ejerce sobre ellos la obligación constante de prevalecer sobre los demás. Es muy interesante lo que Marx acota a continuación a propósito de esto: “Por eso la misma conciencia burguesa, que festeja la división manufacturera del trabajo, la anexión de por vida del obrero a faenas de detalle y la supeditación incondicional de estos obreros parcelados al capital como una organización del trabajo que incrementa la fuerza productiva de éste, denuncia con igual clamor todo lo que suponga una reglamentación y fiscalización consciente de la sociedad en el proceso social de producción como si se tratase de una usurpación de los derechos inviolables de propiedad, libertad y libérrima “genialidad” del capitalista individual. Y es característico que esos apologistas entusiastas del sistema fabril, cuando quieren hacer una acusación contundente contra lo que sería una organización general del trabajo a base de toda la sociedad, digan que convertiría a la sociedad entera en una fábrica”. La doble moral es, qué duda cabe, de larga data. Bajo el imperio del régimen de producción capitalista la anárquica división social del trabajo y la despótica división manufactura del trabajo se condicionan recíprocamente. En cambio, sociedades más antiguas presentan, por un lado, la imagen de una organización social del trabajo ordenada y obediente; mientras que por el otro sólo estimulan de manera esporádica o fortuita la división manufacturera del trabajo. A manera de colofón, Marx señala lo siguiente: “mientras que la división del trabajo dentro de la estructura total de una sociedad, se hallase o no condicionada al cambio de mercancías, es inherente a los tipos económicos más diversos de sociedad, la división manufacturera del trabajo constituye una creación peculiar y específica del régimen capitalista de producción”.

Hernán Andrés Kruse
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