MARX Y EL PROCESO DE VALORIZACIÓN (primera parte)

(Hernán Andrés Kruse)

Marx analiza ahora el proceso de valorización. El producto es propiedad del capitalista, le pertenece. El producto es, además, un valor de uso. Fue creado para algo, persigue un fin determinado. Ese fin no es otro que la satisfacción de una necesidad humana. Aunque las mercancías constituyan el basamento del progreso social, el capitalista no las fabrica por amor al arte. En el proceso de producción de mercancías no está vigente la filantropía. Por el contrario, en dicho proceso “los valores de uso se producen pura y simplemente porque son y en cuanto son la encarnación material, el soporte del valor de cambio”. El capitalista decide participar en el mercado de mercancías por dos razones fundamentales, señala Marx. En primer lugar, desea producir un valor de uso que posea también un valor de cambio. En otras palabras, el capitalista produce una mercancía para poder venderla en el mercado. En segundo término, pretende “producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción, es decir, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo, por los que adelantó su buen dinero en el mercado de mercancías”. El capitalista no desea producir tan solo un valor de uso; pretende producir un valor que le permita obtener un valor mayor, una plusvalía.

Hasta el momento, Marx se ha limitado a analizar la producción de mercancías que es un aspecto del proceso. Así como la mercancía encapsula el valor de uso y el valor, su proceso de producción engloba un proceso de producción y un proceso de creación de valor. El valor de toda mercancía se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, o lo que es lo mismo, por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso. Este enfoque es válido también para la mercancía que, siendo fruto del proceso de trabajo, termina siendo adquirida por el capitalista. Marx sugiere analizar en primer término el trabajo que se materializa en dicho producto. Siendo fiel a su metodología, se vale del siguiente ejemplo para clarificar su análisis. Para fabricar el hilado se necesitó en primer lugar la materia prima correspondiente, 10 libras de algodón. El capitalista compró el algodón en el mercado por 10 chelines. En ese precio está contenido el trabajo que se necesitó para producirlo. Marx supone, además, que la masa de husos desgastada utilizada para producir el algodón vale 2 chelines. En el hilo de algodón se materializan dos jornadas de trabajo. Que el algodón modifique su forma y la masa de husos desgastada desaparezca de manera radical, no debe producir confusión alguna. Marx lo explica de la siguiente manera: “Con arreglo a la ley general del valor, 10 libras de hilado, por ejemplo, equivalen a 10 libras de algodón y a ¼ de huso, siempre y cuando que el valor de 40 libras de hilado sea igual al de 40 libras de algodón más el de un huso entero, o, lo que es lo mismo, siempre y cuando que para producir los dos términos de esta ecuación, se requiera el mismo tiempo de trabajo. Arrancando de esta premisa, el mismo tiempo de trabajo aparece representado, de una parte, en el valor de uso hilado y de otra parte en los valores de uso algodón y huso. Al valor le tiene, pues, sin cuidado el que aparezca encarnado en hilado, huso o algodón. El hecho de que el huso y el algodón, en vez de yacer inmóviles, el uno junto al otro, se combinen en el proceso de la hilatura, combinación que altera sus formas útiles, convirtiéndolos en hilado no afecta para nada a su valor; es exactamente lo mismo que si trocasen por un equivalente de hilado mediante un simple cambio”.

La producción de algodón implica un cierto tiempo de trabajo necesario. Dicho tiempo, a su vez, forma parte del tiempo de trabajo necesario para producir el hilado. El algodón está contenido dentro del hilado porque le es útil como materia prima. Lo mismo acontece con el tiempo de trabajo necesario para la producción de la masa de husos, cuyo consumo fue muy importante para garantizar el funcionamiento del hilado. El tiempo de trabajo para la producción del hilado, su valor, consta de diferentes y sucesivos procesos concretos de trabajo que están separados en el espacio y en el tiempo. Es esencial recorrerlos para producir el algodón y la masa de husos consumida, pasos previos indispensables de la conversión final de los husos y el algodón en hilado. Todo el trabajo que contiene el hilado es trabajo pretérito. Hay, pues, un tiempo de trabajo necesario para la producción de los elementos que componen el hilado que pertenece al pasado; hay también un trabajo invertido para garantizar el éxito del proceso final que se halla más cerca del tiempo presente. Pues bien, para Marx ello es un hecho por demás irrelevante. Si la construcción de una casa demanda 30 días de trabajo, “el hecho de que la última jornada de trabajo se incorpore a la producción 29 días después que la primera no altera en nada el total del tiempo de trabajo absorbido por la casa. Para estos efectos, es como si el tiempo de trabajo que se contiene en los instrumentos de trabajo y en la materia prima se hubiese invertido en una fase anterior del proceso de hilatura, con anterioridad al que en la fase final se añade bajo la forma de hilado”. Los valores de los medios de producción forman parte del valor de uso de la mercancía. Siguiendo el ejemplo, el valor del algodón y el valor de los husos, ambos expresados en el precio de 12 chelines, integran el valor del hilado. Ahora bien, para que el valor de ambos medios de producción (el algodón y los husos) forme parte integrante del valor del producto (el hilado), han de darse, según Marx, dos condiciones. En primer lugar, los medios de producción, el algodón y los husos en este caso, deben servir realmente para la producción del valor de uso, el hilado en este caso. En segundo término, es fundamental que la inversión de trabajo necesario se realice bajo las condiciones de producción vigentes. Si la producción de una libra de hilado requiere una libra de algodón, únicamente debe emplearse esa libra.

El algodón y los husos representan, en el valor del hilado, la materialización de 2 jornadas de trabajo, es decir, 12 chelines. Marx procura ahora saber cuál es la parte de valor que el hilandero añade al algodón con su trabajo. Para el logro de este objetivo es muy importante enfocar el trabajo del hilandero de manera diferente a como se hacía cuando se analizaba el proceso de trabajo. En efecto, el proceso de trabajo giraba en torno a una actividad encaminada a un fin determinado: la conversión del algodón en hilado. El trabajo del hilandero era diferente al de otros trabajos productivos. Mientras el hilandero se vale del algodón y el huso para elaborar un producto específico (algodón), el carpintero se vale de específicos medios de producción para la producción de una mercancía determinada (mesa), que nada tiene que ver con la mercancía elaborada por el hilandero. Además, los valores de uso de ambas mercancías son diferentes. Pero si el trabajo es enfocado como fuente de valor, el trabajo del hilandero no se distingue de los trabajos del carpintero, el plantador de algodón y el fabricante de husos. Plantar algodón, fabricar husos e hilar no son otra cosa que elementos cuantitativamente diferentes del mismo valor total, del valor del hilo. Se trata, pues, de una cuestión cuantitativa, no cualitativa. No se trata de la naturaleza y el contenido del trabajo sino de su cantidad. Y la cantidad se calcula, expresa Marx, a través de una sencilla operación aritmética. Para ello, se debe partir del supuesto de que hilar implica un trabajo social medio, es decir, simple.

Durante el proceso de trabajo, éste pasa del movimiento a la materialidad, de la inquietud al ser. El hilandero trabaja durante una hora. En ese período sus actividades producen una determinada cantidad de hilado. Expresado en otros términos: una hora de trabajo se materializa en la mercancía elaborada, el algodón. El hilandero invierte su fuerza de trabajo durante una hora para elaborar algodón. Según Marx, únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario cuenta como fuente de valor. Su explicación es la siguiente. Es vital que mientras dure el proceso de trabajo (la creación de la mercancía) en virtud del cual el algodón se convierte en hilados, dicho proceso dure exactamente el tiempo de trabajo socialmente necesario. Si en condiciones sociales medias de producción durante una hora de trabajo X libras de algodón se transforman en Z libras de hilado, sólo se considerará como jornada de trabajo de 12 horas aquella que logre transformar 12 por X libras de algodón en 12 por Z libras de hilo.

Tal como sucede con el trabajo, la materia prima interesa ahora por su capacidad para absorber y asimilar una determinada cantidad de trabajo. Si la materia prima efectivamente se convierte en hilado durante el proceso de absorción de trabajo, ello se debe, remarca Marx, a que la fuerza de trabajo se le incorpora como trabajo de hilatura. En este caso, el hilado (el producto) “no es más que el termómetro del trabajo absorbido por el algodón”. Imagine el lector que durante una hora se tejen 1 2/3 libras de algodón o se convierten en 1 2/3 libras de hilo; en consecuencia, 10 libras de hilado serán el equivalente a 6 horas de trabajo absorbido. Las cantidades de producto (1 2/3 libras de algodón y 1 2/3 libras de hilo) sólo representan una determinada masa de trabajo. Tales cantidades son únicamente la materialización de X cantidad de horas diarias de trabajo social.

Hernán Andrés Kruse
Rosario-hkruse@fibertel.com.ar