MARX Y EL PROCESO DE TRABAJO (primera parte)

(Hernán Andrés Kruse)

La Sección Tercera del Libro Primero de “El Capital” (El Proceso de Producción del Capital) lleva por título “La producción de la plusvalía absoluta”. Los primeros temas que toca Marx son el proceso de trabajo y el proceso de valoración.

El proceso de trabajo
Aquí Marx expone su filosofía del trabajo. Cuando el hombre trabaja no hace otra cosa que hacer uso de la fuerza de trabajo. La fuerza laboral es, pues, el propio trabajo. En el mercado el poseedor de dinero compra la fuerza de trabajo y luego la consume cuando el obrero comienza a trabajar a sus órdenes. Antes de entrar en contacto con el comprador, el vendedor de la fuerza de trabajo era un obrero en potencia. Luego de efectuada la compra de la fuerza de trabajo, se transforma en obrero, la fuerza de trabajo pasa a ser fuerza de trabajo en acción. El objetivo del obrero es materializar su trabajo en valores de uso, en objetos que sean útiles para satisfacer las necesidades humanas. El capitalista hace que el obrero se dedique a fabricar un artículo determinado. Ahora bien, la producción de valores de uso no cambia de carácter, señala Marx, por el hecho de que el obrero trabaje para el capitalista. Por eso, se debe comenzar el análisis centrando la atención en el proceso de trabajo en abstracto, sin tener en consideración la forma social concreta que manifiesta en un momento histórico determinado.

El trabajo media entre el hombre y la naturaleza. Marx presenta al trabajo como un proceso en virtud del cual el hombre es capaz de regular y controlar por sí mismo su intercambio de materias con el mundo natural. En este proceso el hombre es un poder natural que se enfrenta con la materia natural. Situado frente a la naturaleza, el hombre pone en acción su capacidad física y mental para asimilar las materias que le brinda la naturaleza. De esa forma, el hombre no sólo actúa sobre el mundo natural transformándolo y adecuándolo a sus propias necesidades, sino también actúa sobre sí mismo desarrollando las potencias que habitan en su interior. Marx comienza su análisis del trabajo en el momento histórico en el que aquél pertenece exclusivamente al ser humano. Si bien la araña ejecuta acciones que se parecen a las manipulaciones del tejedor y la construcción de los panales de las abejas son tan perfectas que causarían el asombro de cualquier maestro de obras, hay algo que siempre distingue al más mediocre maestro de obras de la más perfecta de las abejas: siempre, antes de ejecutar la obra, el hombre la piensa, la proyecta en el cerebro, la planifica. Cuando el obrero decide ejecutar la obra, antes la había pensado. Una abeja no puede hacer eso. Dice Marx: “Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad. Y esta supeditación no constituye un acto aislado. Mientras permanezca trabajando, además de esforzar los órganos que trabajan, el obrero ha de aportar esa voluntad consciente del fin a que llamamos “atención”, atención que deberá ser tanto más reconcentrada cuanto menos atractivo sea el trabajo, por su carácter o por su ejecución, para quien lo realiza, es decir, cuanto menos disfrute de él el obrero como de un juego de sus fuerzas físicas y espirituales”. Marx destaca la cuestión de la finalidad de la acción del obrero. El obrero modifica la naturaleza a través del trabajo para hacer una obra determinada. Cuando comienza a trabajar la finalidad de su acción ya estaba en su cabeza, tenía “existencia ideal”.

Marx distingue tres factores simples que intervienen en el proceso de trabajo: a) el propio trabajo, b) su objeto, c) sus medios. El objeto general sobre que versa el trabajo del hombre es la tierra. Hay objetos que la propia naturaleza brinda al hombre. Son aquellas cosas que el hombre desprende del mundo natural por intermedio del trabajo. La naturaleza brinda al hombre peces que aquél se limita a extraer del agua mediante la pesca o la madera que obtiene derribando los árboles en la selva. Cuando el objeto del trabajo ha sido “filtrado por un trabajo anterior”, se está en presencia de una materia prima. “Toda materia prima”, expresa Marx, “es objeto de trabajo, pero no todo objeto de trabajo es materia prima. Para ello es necesario que haya experimentado, por medio del trabajo, una cierta transformación”. ¿Qué entiende Marx por medio de trabajo? Es el objeto (o conjunto de objetos) que el hombre emplea para dirigir su accionar sobre el objeto que trabaja. Es el instrumento de que se vale el hombre para modificar el objeto que tiene delante suyo. El hombre utiliza el conjunto de las calidades físicas, químicas y mecánicas de las cosas para emplearlas en función del fin perseguido, o si se prefiere, “como instrumentos de actuación sobre otras cosas”. El objeto que el obrero manipula directamente, sin mediadores, es el instrumento de trabajo, pero no es el objeto sobre que trabaja, remarca Marx con esmero. Los productos provenientes del mundo natural pasan a ser órganos del accionar del obrero, órganos naturales que el obrero incorpora a su propio organismo. Desde el principio de los tiempos la tierra permitió al hombre manipular los primeros instrumentos de trabajo-la piedra que emplea para frotar y cortar, por ejemplo-. La propia tierra debe ser considerada como instrumento de trabajo aunque para su cultivo el hombre debió valerse de una serie de medios, además de exhibir un importante desarrollo de la fuerza de trabajo. El paso del tiempo trajo aparejado el desarrollo del proceso de trabajo, lo que obligó al hombre a valerse de instrumentos de trabajo fabricados. El empleo y la fabricación de medios de trabajo “caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano, razón por la cual Franklin define al hombre como un animal que fabrica instrumentos”. Marx otorga una gran relevancia histórica a los instrumentos de trabajo ya que sirven para que hoy el hombre pueda apreciar cómo eran aquellas antiguas formaciones económicas sepultadas por el paso del tiempo. Una época económica se diferencia de otras épocas económicas de acuerdo a los instrumentos de trabajo de que se vale el hombre para hacer lo que hace. Los instrumentos de trabajo, remarca Marx, no sólo indican el grado de desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre sino que son los que mejor ponen en evidencia las condiciones sociales del trabajo.

Afinando su análisis, Marx distingue dos tipos fundamentales de objetos que sirven de medios para el proceso de trabajo. Por un lado, están los objetos que hacen de mediadores entre las consecuencias del trabajo y el objeto del trabajo. Por el otro, están aquellas condiciones materiales que deben estar presentes para que el trabajo se efectúe. Son aquellas condiciones que pese a no identificarse de manera directa con el proceso de trabajo, su presencia es esencial para la ejecución del proceso de trabajo. Marx distingue como condición material fundamental a la propia tierra que brinda al trabajador el campo de acción necesario para desplegar su fuerza laboral. Además de la tierra, Marx distingue, entre otros, los siguientes medios de trabajo: los locales donde el obrero ejerce su trabajo, los canales y las calles.

El proceso de trabajo implica una actividad desplegada por el hombre que transforma el objeto del trabajo en función del fin perseguido. El proceso de trabajo comienza y finaliza en el producto. El producto se presenta como un valor de uso, una materia que existe en la naturaleza y que fue adaptada a las necesidades del hombre a través de una modificación de su forma. Marx considera que se da una compenetración del trabajo con su objeto. El trabajo se materializa en el objeto cuando éste está en proceso de elaboración. La actividad desplegada por el trabajador es puro dinamismo mientras que el producto es sinónimo de quietud. El producto es el resultado de la fuerza de trabajo activada por el trabajador. El trabajo del carpintero es puro dinamismo; la mesa por él creada, puro quietismo.

Hernán Andrés Kruse
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