MARX Y EL DOBLE ORIGEN DE LA MANUFACTURA

(Hernán Andrés Kruse)

Marx pasa ahora a analizar el doble origen de la manufactura. La cooperación apoyada en el principio de la división del trabajo se materializa en la manufactura. El sistema capitalista imperó plenamente durante el genuino período manufacturero que comienza en el siglo XVI y se extiende hasta el último tercio del siglo XVIII.

Según Marx es factible detectar un doble origen de la manufactura. Hay, pues, dos modos en que emergió la manufactura. Por un lado, la manufactura surgió cuando un grupo de obreros de diversos oficios independientes se reunió en un mismo taller y bajo el mando de un único capitalista (el dueño del taller) para elaborar un producto determinado. Un coche, por ejemplo, no es más que el producto final del esfuerzo mancomunado y colectivo de un grupo de trabajadores (carreros, talabarteros, costureros, cerrajeros, etc.). La manufactura reúne en un mismo ámbito de trabajo a una serie de trabajadores de diferentes oficios y los entrelaza, hace de ellos miembros de un sistema laboral para la fabricación de coches. Hasta aquí, aclara Marx, el análisis se centra sobre la cooperación simple que trabaja con el siguiente material: trabajadores y cosas (herramientas de trabajo, por ejemplo). En un momento determinado se produce un cambio sustancial. Obreros como el sastre, el cerrajero y el latonero, por ejemplo, que dedicaron toda su vida a la fabricación de coches, lentamente van perdiendo esa capacidad que los distinguió para desempeñar su trabajo en toda su extensión. Ahora emplean todas sus energías para desempeñar un trabajo parcial “que brinda ahora la forma más adecuada para una órbita restringida de acción”. Al principio, la manufactura de coches era el resultado de la combinación de trabajos independientes. Más adelante, comenzó a transformarse “en un sistema de división de la producción de coches en las diversas operaciones especiales que la integran, cada una de las cuales se erige en función exclusiva de un obrero, siendo ejecutadas en conjunto por la colectividad de estos obreros parciales”. A pie de página Marx cita lo siguiente: “La manufactura de hilados y tejidos de seda de Lyon y Nimes “tiene un carácter totalmente patriarcal; da trabajo a muchas mujeres y niños, pero sin fatigarlos ni aniquilar su salud; los deja seguir viviendo en sus hermosos valles, en el Drôme, en el Var, en el Isère y en Vaucluse, entregados a la cría del gusano de seda y al hilado de sus capullos; esta industria no llega jamás a adquirir el carácter de una verdadera fábrica. Si observamos la cosa de cerca (…), vemos que el principio de la división del trabajo revela aquí una característica especial. En esta manufactura hay devanadoras, torcedoras de seda, tintoreros, encoladores y tejedores; pero no trabajan reunidos en el mismo taller ni dependen del mismo maestro; trabajan todos por su cuenta, como obreros independientes” (A. Blanqui, cours d´Economie Industrielle. Reunido por A. Blaise, París, 1838-39, p. 79).

Por otro lado, la manufactura puede surgir cuando el capital reúne en el mismo taller de manera simultánea a una serie de oficiales que hacen idéntica labor o una labor análoga. Se trata del proceso de cooperación más simple. En este caso cada uno de los artesanos produce la mercancía en su totalidad, lo que significa que ejecuta todas y cada una de las operaciones necesarias para la producción de la mercancía. Cada artesano, por ende, ejecuta las mismas tareas que antes ejecutaba en su taller. En un momento determinado de la evolución económica y social se debe utilizar de otra manera la concentración de los obreros en el mismo lugar y la simultaneidad de sus funciones. El capitalista quiere entregar dentro de 30 días X cantidades de la mercancía Z. En consecuencia, decide distribuir el trabajo. En lugar de obligar a un mismo oficial a que ejecute todas las operaciones en un período de tiempo determinado (un mes, en este caso), decide confiar cada operación a un oficial en particular para que todos juntos, en régimen de cooperación, fabriquen la cantidad deseada de la mercancía Z en 30 días. Esta distribución de tareas, señala Marx, comienza de manera casual y luego se reitera demostrando su eficacia. De esa forma, termina adquiriendo el carácter de sistema bajo la forma de la división del trabajo. Al principio la mercancía era el producto final de la tarea de un artesano independiente; ahora, pasa a ser un producto social de un conjunto de artesanos que se especializan en una tarea parcial y específica del proceso de trabajo. En definitiva, “los orígenes de la manufactura y su derivación del artesanado son dobles. De una parte, la manufactura brota de la combinación de diversos oficios independientes, que mantienen su independencia y su aislamiento hasta el instante en que se convierten en otras tantas operaciones parciales y entrelazadas del proceso de producción de una misma mercancía. De otra parte, la manufactura brota de la cooperación de artesanos afines, atomizando su oficio individual en las diversas operaciones que lo integran y aislando éstas y haciéndolas independientes hasta el instante en que cada una de ellas se convierte en función exclusiva y específica de un obrero. Por tanto, de una parte la manufactura lleva la división del trabajo a un proceso de producción antes homogéneo, o la desarrolla; de otra parte, combina oficios hasta entonces separados. Pero, cualquiera que sea su punto especial de partida, su forma final es siempre la misma: la de un mecanismo de producción cuyos órganos son hombres”.

Marx se esmera ahora por clarificarle al lector el alcance de la división del trabajo en la manufactura. El proceso de producción se compone de diversas fases especiales. Ahora bien, su análisis coincide completamente con la desmembración de un trabajo manual en las diversas tareas parciales que lo componen. La ejecución de estas operaciones puede ser simple o compleja pero conserva su carácter manual, con lo cual sigue dependiendo de la capacidad individual del obrero en el manejo del medio de producción (la herramienta). El trabajo manual sigue siendo el meollo del asunto. Dice Marx: “Esta base técnica estrecha excluye un análisis verdaderamente científico del proceso de producción, ya que todo proceso parcial recorrido por el producto ha de ser necesariamente susceptible de ser ejecutado como trabajo parcial manual. Y esto, el hecho de que la pericia manual del operario forme aquí la base del proceso de producción, hace que cada obrero sólo se asimile una función parcial y que su fuerza de trabajo se convierta en órgano vitalicio de esta función. Finalmente, esta división del trabajo es una modalidad especial de cooperación, muchas de cuyas ventajas se derivan, no de esta forma específica de cooperación, sino de su carácter general”.

Marx pasa a analizar a continuación lo que él denomina “obrero parcial” y su herramienta. Con el imperio de la división del trabajo el obrero queda obligado a ejecutar para siempre una única y sencilla operación, transformándose su organismo en un órgano que funciona automáticamente y que necesita menos tiempo para cumplir con su tarea que el oficial obligado a ejecutar durante su turno una serie de operaciones disímiles. En la manufactura existe, pues, “el obrero total combinado”, constituido por la suma de obreros parciales que ejecutan una sola operación. El obrero total combinado no es más que un engranaje simbólico compuesto por todos los obreros contratados por el capitalista para que trabajen subordinados al principio de la división del trabajo. Así concebida y si se la compara con los oficios independientes la división del trabajo, remarca Marx, permite una mayor producción en un lapso de tiempo menor, o, lo que es lo mismo, “potencia la fuerza productiva del trabajo”. En “The Advantages of the East India Trade (Londres, 1720, p. 71)” se lee: “cuanto más se ramifique el trabajo, tratándose de industrias de gran complejidad, y se distribuya entre diversos obreros especializados, mejor y más rápidamente y con menos pérdida de tiempo y de trabajo se ejecutará”. Los trabajos hechos por los obreros parciales, al independizarse, alcanzan un mayor grado de perfección. La experiencia demuestra que al repetir de manera constante las mismas operaciones y centrar toda su atención en dichas operaciones, los obreros parciales consiguen el fin útil perseguido gastando el mínimo de energía. En opinión de Marx, la manufactura reproduce de un modo sistemático dentro del taller la existencia de diversas industrias que coexisten dentro de la sociedad. Además, considera que la tendencia de la manufactura a transformar el trabajo parcial del obrero especializado en una suerte de profesión vitalicia “responde a la tendencia de las sociedades antiguas a declarar hereditarias las profesiones, a petrificarlas en forma de castas o de gremios, cuando se dan determinadas condiciones históricas que engendran en el individuo una variabilidad incompatible con las castas”.

La producción de una obra exige al artesano la ejecución sucesiva de diversos trabajos parciales. El artesano está obligado, por ende, a cambiar de sitio y de herramienta de manera constante. El paso de una operación a otra dentro del proceso de trabajo no hace más que interrumpirlo, con lo cual el artesano deja a lo largo de la jornada laboral “una serie de poros”. Aquí pueden suceder dos cosas: los poros pueden tupirse si el trabajador ejecuta la misma operación a lo largo de la jornada laboral; o, por el contrario, pueden desaparecer si los cambios de operaciones disminuyen. Marx detecta la existencia de dos factores que explican la mayor productividad: a) un mayor gasto de fuerza de trabajo en un espacio de tiempo determinado (el operario trabaja más intensamente); b) una disminución del empleo improductivo de fuerza de trabajo. “En efecto”, explica Marx, “el exceso de desgaste de fuerzas supone siempre el paso de la quietud al movimiento, queda compensado por la duración más o menos larga de la velocidad normal, una vez adquirida. Mas, por otra parte, la continuidad de un trabajo uniforme destruye la tensión y el impulso de las energías que descansan y encuentran encanto en el cambio de trabajo”. Para que el trabajo rinda es vital que el operario sea virtuoso, sepa hacer bien su trabajo; pero también lo es que el operario cuente con herramientas de gran calidad. La misma clase de herramientas a veces es utilizada para diversos procesos de trabajo y muchas veces un mismo tipo de herramienta es útil para ejecutar un buen número de operaciones dentro del proceso de trabajo. Ahora bien, en el momento en que se produce el desglosamiento de las diversas operaciones de un proceso de trabajo y cada operación parcial adquiere identidad propia y comienza a ser ejecutada por un trabajador especializado, las herramientas utilizadas para diversos fines comienzan a desplazarse en mayor o menor medida. La manufactura posee dos rasgos característicos: a) la diferenciación de los instrumentos de trabajo; b) la especialización de los mismos. En definitiva, “el período manufacturero simplifica, perfecciona y multiplica los instrumentos de trabajo, adaptándolos a las funciones especiales y exclusivas de los operarios parciales. Con esto, la manufactura crea una de las condiciones materiales para el empleo de maquinaria, que no es más que una combinación de instrumentos simples. El obrero especializado y su herramienta forman los elementos simples de la manufactura”.

Hernán Andrés Kruse
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