MARX Y EL CONCEPTO DE LA PLUSVALÍA RELATIVA (primera parte)

(Hernán Andrés Kruse)

Luego de analizar la cuota y la masa de plusvalía, Marx centra su atención en el concepto de la plusvalía relativa.

Hasta el momento Marx había venido considerando el tiempo de trabajo destinado a la producción de un equivalente del valor de la fuerza de trabajo abonado por el dueño de los medios de producción como una magnitud constante. Luego de cubrir el tiempo de trabajo necesario (x cantidad de horas), el obrero está en condiciones de trabajar más horas (2, 3, 4 horas, por ejemplo). La cantidad de horas de trabajo que el obrero está en condiciones de trabajar luego de haber cubierto el tiempo de trabajo necesario depende de la cuota de plusvalía y la duración de la jornada laboral. El tiempo de trabajo necesario es constante; sin embargo, la jornada laboral total es variable. La línea A - - - - - - - - - - B - - C representa una jornada laboral de 12 horas (cada guión representa, pues, una hora laboral). El segmento A-B representa las 10 horas de trabajo necesario mientras que el segmento B-C representa el trabajo excedente. El problema que se plantea ahora es cómo alargar el segmento B-C (el acrecentamiento de la producción de plusvalía) sin alargar más la jornada laboral total, es decir, la línea A-C. He aquí la manera como Marx analiza y resuelve la cuestión. A y C constituyen los límites fijos de la jornada laboral. El problema es si es posible prolongar la línea B-C (el trabajo excedente) desplazando no el punto C (el punto final de la jornada laboral) sino desplazando B hacia atrás, hacia A (el punto inicial). Marx responde que, obviamente, que sí. A continuación, Marx agrega a la línea A-B el segmento B´-B: A- - - - - - - - - B´- B - - C. El nuevo segmento (B-B´) equivale a la mitad del segmento B - - C, es decir, a una hora de trabajo. Si en la línea A-C (jornada de 12 horas laborales) el punto B ocupa el lugar de B´, el segmento B-C (el trabajo excedente) se prolonga hasta adquirir las dimensiones del segmento B´- C, lo que significa que el trabajo excedente se incrementó un 50% (antes era de 2 horas y ahora pasa a ser de 3 horas), manteniéndose intacta la jornada laboral de 12 horas (A – C). Para que el trabajo excedente se prolongue una hora es imprescindible que el trabajo necesario se comprima una hora (de A – B a A – B´, de 10 horas a 9). Dice Marx: “En esas condiciones, la prolongación del trabajo excedente lleva aparejada la reducción del trabajo necesario; es decir, exige que una parte del tiempo de trabajo que el obrero venía empleando para sí mismo se convierta en tiempo de trabajo invertido para el capitalista. Lo que varía no es la longitud de la jornada de trabajo, sino su división en trabajo necesario y trabajo excedente”. Cuanto más se exceda el tiempo de trabajo excedente, mayor será la explotación del obrero. Cuanto más se prolongue el segmento B´- C, mayor será el tiempo de trabajo empleado por el obrero para satisfacer los intereses del capitalista o, si se prefiere, mayor será el tiempo, dentro de la fábrica, en que el obrero es un esclavo.

Según Marx, la magnitud del trabajo excedente (B´- C o B – C) va implícita, como algo dado, en los siguientes factores: el valor de la fuerza laboral y la magnitud de la jornada de trabajo. El tiempo de trabajo necesario para producir el valor de la fuerza de trabajo determina el tiempo de trabajo que se necesita para reproducir su valor. Marx brinda el siguiente ejemplo para dotar de claridad a su análisis. Si el valor de una hora de trabajo asciende a medio chelín o 6 peniques y el valor diario de la fuerza laboral asciende a 5 chelines, el obrero estará obligado a trabajar 10 horas por día si pretende reponer lo que vale diariamente su trabajo desembolsado por el dueño de los medios de producción o bien deberá producir el equivalente al valor de todos los medios de vida que necesita para sobrevivir a diario. El valor de la fuerza laboral del obrero va implícito en el valor de estos medios. En su libro Political Anatomy of Ireland, William Petty dice: “El valor del salario medio de un día se determina por lo que el obrero necesita para vivir, trabajar y perpetuarse” (1672, pág. 64). Por su parte, Malthus expresa: “El precio de los medios de subsistencia equivale, en realidad, al costo de producción del trabajo” (Inquiry into, etc. Rent, Londres, 1813, pág. 48, n). La magnitud del trabajo excedente (la plusvalía o, si se prefiere, B´- C o B – C) se obtiene achicando la longitud de la línea A – B (el tiempo de trabajo necesario). Si a las 12 horas de trabajo (A – C) se le quitan 10 horas, quedan dos, Y no es fácil comprender que, remarca Marx, “en las condiciones que dejamos expuestas, pueda prolongarse el trabajo excedente más de dos horas”. El capitalista puede tranquilamente pagar al obrero, en concepto de salario, una cifra menor a 5 chelines: 4 chelines y medio, por ejemplo. Ahora bien, “para reproducir este valor de 4 chelines y medio”, explica Marx, “bastarían 9 horas de trabajo, con lo cual quedarían para el trabajo excedente 3 horas de las 12 en vez de 2 y la plusvalía sería de chelín y medio en vez de un chelín”. El capitalista ganaría un chelín y medio expoliando impunemente al obrero. Pero para el logro de este objetivo (la extensión del trabajo excedente y el incremento de la plusvalía) el capitalista debe sí o sí “hacer descender el salario del obrero por debajo del valor de su fuerza de trabajo”. Así lo explica Marx: “Con los 4 chelines y medio que produce en 9 horas, este obrero dispone de una décima parte menos de medios de vida que antes, y, en estas condiciones, su fuerza de trabajo sólo puede reproducirse a duras penas. Por este camino, el trabajo excedente (es decir la plusvalía) se prolongaría a costa de rebasar sus límites normales, sus dominios se extenderían mediante una usurpación del territorio reservado al tiempo de trabajo necesario”. El segmento B´- C se correría más y más a la izquierda, achicando cada vez más el segmento A – B (el trabajo necesario). Marx agrega: “Por el momento, este método, que desempeña un papel muy importante en el movimiento real de los salarios, queda excluido de nuestras consideraciones, por una razón: porque aquí partimos del supuesto de que las mercancías, incluyendo entre ellas la fuerza de trabajo, se compran y venden siempre por todo su valor. Sentado esto, es evidente que el tiempo de trabajo necesario (A – B) para producir la fuerza de trabajo o para reproducir su valor no disminuirá por el mero hecho de que el salario del obrero quede por debajo del valor de su fuerza de trabajo, sino que para ello será indispensable que disminuya este mismo valor”. Teniendo en consideración la duración de la jornada de labor (12 horas, en el ejemplo de Marx), el tiempo de trabajo excedente (B´- C o B – C) únicamente puede prolongarse si se reduce el tiempo de trabajo necesario (A – B). Siguiendo el ejemplo, Marx considera que para que el tiempo de trabajo necesario (A – B) se reduzca de 10 horas a 9 horas (1/10) y, a raíz de ello, crezca el trabajo excedente 1 hora (de 2 horas a 3), es esencial que el valor de la fuerza laboral disminuya en la misma proporción (1/10). Si dicho valor disminuye en 1/10, entonces la misma masa de medios de vida deberá ser producida a partir de ahora en 9 horas y no en 10, como sucedía hasta ahora. Para que ello suceda debe aumentar la capacidad productiva del trabajo. Para que la masa de medios de vida se produzca ahora en 9 horas es fundamental que el obrero incremente su capacidad laboral. Un zapatero, con los medios concretos de que dispone, está en condiciones de producir un par de botas a lo largo de la jornada laboral de 12 horas. Si pretende, en la misma jornada laboral, hacer dos pares de botas (el doble) deberá necesariamente duplicar la capacidad productiva de su trabajo. Para que ello suceda deberá utilizar nuevos instrumentos de trabajo o aplicar nuevos métodos de trabajo (o ambas cosas a la vez). Para que el zapatero produzca dos pares de botas en 12 horas de trabajo debe producirse, enfatiza Marx, “una revolución en las condiciones de producción de su trabajo, es decir, en su régimen de producción y, por tanto, en el propio proceso de trabajo. Por aumento de la capacidad productiva del trabajo entendemos un cambio cualquiera sobrevenido en el proceso de trabajo, por virtud del cual se reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía, es decir, gracias al cual una cantidad más pequeña de trabajo adquiere potencia suficiente para producir una cantidad mayor de valores de uso”. El aumento de la capacidad productiva del zapatero se traduce en la posibilidad de hacer dos pares de botas en el mismo período de tiempo en el que antes hacía sólo un par. A manera de colofón, dice Marx: “Así, pues, mientras que hasta aquí, al estudiar la producción de la plusvalía, partimos siempre de un régimen de producción dado, ahora que se trata de obtener plusvalía convirtiendo el trabajo necesario en trabajo excedente, no basta, ni mucho menos, que el capital se adueñe del proceso de trabajo en su forma histórica tradicional, tal y como lo encuentra, limitándose a prolongar su duración. Para conseguir esto, tiene que transformar las condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo, y, por tanto, el mismo régimen de producción hasta aumentar la capacidad productiva del trabajo, haciendo bajar de este modo el valor de la fuerza de trabajo y disminuyendo así la parte de la jornada de trabajo necesaria para la reproducción de ese valor. La plusvalía producida mediante la prolongación de la jornada de trabajo es la que yo llamo plusvalía absoluta; por el contrario, a la que se logra reduciendo el tiempo de trabajo necesario, con el consiguiente cambio en cuanto a la proporción de magnitudes entre ambas partes de la jornada de trabajo, la designo con el nombre de plusvalía relativa”.

Hernán Andrés Kruse
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