MARX Y EL CAMBIO DE MAGNITUDES DEL PRECIO DE LA FUERZA DE TRABAJO Y DE LA PLUSVALÍA (primera parte).

(Hernán Andrés Kruse)

¿Cómo se determina el valor de la fuerza de trabajo, de la actividad desplegada por los obreros en la fábrica? Por el valor de los medios de vida que necesita el obrero para garantizar su sustento y el de su familia. La masa de los medios de vida debe considerarse dentro de una época y una sociedad determinadas, como algo dado, como una magnitud constante. Lo que cambia es su valor. Existen dos factores que lo determinan: a) el costo de producción (varía con el régimen de producción); b) la diferencia de naturaleza (se trate de trabajo femenino o masculino, maduro o incipiente). El consumo de las diversas fuerzas de trabajo está condicionado por el régimen de producción y determina profundas diferencias en el costo de reproducción de la clase trabajadora y en el valor del trabajador varón adulto.

En esta parte de su análisis, Marx parte de los siguientes supuestos: a) “las mercancías se venden por su valor”; b) “el precio de la fuerza de trabajo, aunque a veces exceda de su valor, no es nunca inferior a él”.

A continuación, Marx rememora algunos conceptos vertidos en capítulos precedentes. Hay tres circunstancias de las que dependen las magnitudes relativas del precio de la fuerza laboral y de la plusvalía: a) la magnitud extensiva del trabajo (lo que dura la jornada laboral); b) la magnitud intensiva del trabajo (la intensidad normal del trabajo del obrero); c) la fuerza productiva del trabajo. Entre estos factores pueden darse variadas combinaciones, según que uno permanezca constante y los dos restantes variables, que uno permanezca variable y los dos restantes constantes, y que los tres factores varíen al unísono. En este capítulo Marx se limita a exponer las combinaciones fundamentales: a) constantes la magnitud de la jornada de trabajo e intensidad de éste, y variable la fuerza productiva de trabajo; b) constantes la jornada laboral y la fuerza productiva del trabajo, y variable la intensidad del trabajo; c) constantes la fuerza productiva y la intensidad del trabajo, y variable la jornada de trabajo; d) variaciones simultáneas en cuanto a la duración, fuerza productiva e intensidad del trabajo.

CONSTANTES LA MAGNITUD DE LA JORNADA DE TRABAJO E INTENSIDAD DE ÉSTE, Y VARIABLE LA FUERZA PRODUCTIVA DE TRABAJO

Marx sostiene que la determinación del valor de la fuerza de trabajo y de la plusvalía es obra de tres leyes.

¿Qué sostiene la primera? “Una jornada de trabajo de magnitud dada se traduce siempre en el mismo producto de valor, por mucho que varíe la productividad del trabajo y con ella la masa de productos y, por tanto, el precio de cada mercancía”. Por ejemplo, el producto de valor de una jornada laboral de 12 horas es de 6 chelines aunque la fuerza productiva de trabajo haga cambiar la masa de los valores de uso producidos; es decir, aunque los 6 chelines se repartan entre una cantidad mayor o menor de productos.

¿Qué sostiene la segunda? “El valor de la fuerza de trabajo y la plusvalía cambian en sentido inverso el uno de la otra. Los cambios operados en la fuerza productiva del trabajo, su aumento o su disminución, influyen en sentido inverso sobre el valor de la fuerza de trabajo y en sentido directo sobre la plusvalía”. El producto de valor de una jornada laboral asciende a 6 chelines; se trata de una magnitud constante. Esta magnitud constante, los 6 chelines, es el resultado de la sumatoria de la plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo y que el propio obrero se encarga de reponer mediante un equivalente. Una magnitud constante posee dos partes: resulta por demás evidente que cuando una de esas partes aumenta la otra disminuye. Cuando el valor de la fuerza de trabajo aumenta de 3 chelines a 4, paralelamente la plusvalía baja de 3 chelines a 2. A su vez, la plusvalía no puede experimentar un alza de 3 a 4 chelines si al mismo tiempo el valor de la fuerza de trabajo no desciende de 3 chelines a 2. “Por tanto”, reflexiona Marx, “en estas condiciones no puede operarse ningún cambio en la magnitud absoluta, tanto del valor de la fuerza de trabajo como de la plusvalía, sin que al mismo tiempo cambien sus magnitudes relativas o proporcionales. Es imposible que ambas aumenten o disminuyan al mismo tiempo”. Por lo demás, no disminuye el valor de la fuerza de trabajo ni aumenta la plusvalía sin que se produzca un incremento de la fuerza productiva del trabajo. Siguiendo con el ejemplo precedente, no se puede producir un descenso del valor de la fuerza de trabajo (de 3 chelines a 2) sin la presencia de una fuerza productiva mayor que permita a la fuerza laboral producir en 4 horas la misma masa de medios de subsistencia que antes necesitaba 2 horas más para su producción. Y a la inversa: no se puede producir un incremento del valor de la fuerza de trabajo (de 3 chelines a 4) sin que se produzca al mismo tiempo una disminución de la fuerza productiva del trabajo, haciéndose necesarias 8 horas para producir la misma masa de medios de subsistencia que antes eran necesarias apenas 6. En consecuencia, “al aumentar la productividad del trabajo, disminuye el valor de la fuerza de trabajo, aumentando por tanto la plusvalía” (…) por el contrario, al disminuir la productividad crece el valor de la fuerza de trabajo y la plusvalía disminuye”.

¿Qué sostiene la tercera? “El aumento o la disminución de la plusvalía es siempre consecuencia, jamás causa, del correspondiente descenso o aumento del valor de la fuerza de trabajo”. Marx parte de los siguientes supuestos: a) la jornada de trabajo es una magnitud constante; b) cuando se modifica la magnitud de la plusvalía se modifica en sentido inverso la magnitud del valor de la fuerza de trabajo; c) el valor de la fuerza de trabajo sólo cambia si varía su fuerza productiva. Pues bien, de estas suposiciones se desprende que toda modificación de la magnitud de la plusvalía surge de un cambio inverso en la magnitud del valor de la fuerza de trabajo. “Por tanto”, especula Marx, “si hemos visto que en el valor de la fuerza de trabajo y de la plusvalía no puede darse ningún cambio absoluto de magnitud sin que cambien sus magnitudes relativas, de ello se desprende que sus magnitudes relativas de valor no pueden cambiar sin que cambie la magnitud absoluta de valor de las fuerzas de trabajo”. Tal como lo estipula la tercera ley, cuando se modifica la magnitud de la plusvalía se desplaza el valor de la fuerza de trabajo, desplazamiento ocasionado por las modificaciones que se producen en su fuerza productiva. “El límite de aquel cambio”, remarca Marx, “lo traza el nuevo límite de valor de la fuerza de trabajo”.

¿De qué depende el valor de la fuerza de trabajo? De una específica cantidad de medios de subsistencia. Cuando cambia la fuerza productiva del trabajo, cambia el valor de dichos medios y no su masa. En ciertos casos, cuando se incrementa la fuerza productiva del trabajo se produce un aumento simultáneo y en la misma proporción de la masa para el obrero y el dueño de los medios de producción, sin que ello implique automáticamente ningún “cambio de magnitud entre el precio de la fuerza de trabajo y la plusvalía” (el trabajo excedente). Si el valor de la fuerza de trabajo asciende a 3 chelines y el tiempo de trabajo necesario, las horas que debe trabajar el obrero para garantizar su supervivencia y la de su familia, son 6, y la plusvalía asciende a 3 chelines o representa 6 horas de plustrabajo, si se desdobla la fuerza de trabajo permaneciendo igual la división de la jornada, no se producirá variación alguna tanto en el precio de la fuerza de trabajo como en el de la plusvalía. Lo único que acontecerá será “que ambos se traducirán ahora en el doble de valores de uso, pero proporcionalmente abaratados”. Puede suceder que el precio de la fuerza de trabajo no varíe; aún en este caso, “se remontaría por encima de su valor”. Y si dicho precio disminuyese pero sin alcanzar el límite mínimo de 1½ chelines (trazado por su nuevo valor), sino hasta alcanzar el valor, primero de 2 chelines y 10 peniques, luego de 2 chelines y 6 peniques, etc., este precio en franco descenso continuaría representando una masa de medios de subsistencia en aumento. “De este modo”, concluye Marx, “el precio de la fuerza de trabajo podría disminuir constantemente, siempre y cuando que la fuerza productiva se intensificase, y, no obstante, llevar aparejado un desarrollo constante y simultáneo de la masa de medios de subsistencia del obrero. Pero, en términos relativos, es decir, comparados con la plusvalía, el valor de la fuerza de trabajo disminuirá constantemente, agrandándose por tanto el abismo abierto entre el nivel de vida del capitalista y el del obrero”. En “Outlines of Political Economy” (y que Marx cita a pie de página) se lee lo siguiente: “Cuando en la productividad de la industria se opere un cambio que permita producir más o menos con la misma suma de trabajo y capital, puede ocurrir, evidentemente, que los salarios varíen sin que cambie la masa que esta parte de los salarios representa, o que la masa varíe sin que la parte representada por los salarios sufra alteración”.

Hernán Andrés Kruse

Rosario-hkruse@fibertel.com.ar