MARTÌN VIZCARRA: ¿TRASICIÒN O CONTINUIDAD?

(Carlos Angulo-Rivas)

El gobierno Vizcarra-Villanueva ha decidido convivir con la podredumbre, la degeneración y la honda crisis político-social, o sea con la PLUTOCRACIA CORRUPTA existente, en vez de ir como dijo, en su discurso de juramentaciòn el presidente, a un nuevo pacto social enfrentando con claridad la ausencia de democracia y la inmoralidad endémica del sistema. Siendo de este modo, la ciudadanía debe exigir en primer lugar una definición concreta respecto a la fundamental pregunta: ¿gobierno de transición o de continuidad? puesto que esta vez no se puede desperdiciar la oportunidad única de crisis total del sistema, sino aprovecharla a fin de construir una sociedad de bienestar, justa, solidaria y democrática. En consecuencia, en esta coyuntura es obligación de todos los peruanos honestos apostar por la transición, a pesar de estar frente a la trampa de un pacto de “gobernabilidad” con la derecha en su conjunto y la MAFIA aprofujimorista del Congreso, que han decidido, por sí y ante sí, quedarse hasta completar el período de Pablo Pedro Kuczynski. .

Ante la vacancia-renuncia del presidente Kuczynski tenemos el antecedente del gobierno de transición de Valentín Paniagua que si bien no hizo nada sustancial, convocatoria a una Asamblea Constituyente, por ejemplo, terminó acatando la convocatoria a elecciones generales hecha por Alberto Fujimori antes de renunciar por FAX. Hoy, el aprofujimorismo enarbola banderas de triunfo con la caída de PPK pero sigue siendo un cáncer nacional y con esta enfermedad incurable ha pactado el apristòn Martín Vizcarra por recomendación del Jefe de la Mafia, Alan García, tras el cortinaje de la “gobernabilidad” entre, por supuesto, mafiosos políticos, los que más existen y se multiplican en el redil de congresistas, jueces, fiscales, militares, policías, partidos políticos y hasta en algunos gremios sindicales; todos ellos parte de la gigantesca corrupción que atraviesa el país. Siendo de este modo, las preguntas yacen por sí solas ¿estamos en una luna de miel entre recién casados? ¿la caída de PPK no significó nada? ¿todo se arregló con la juramentaciòn de Martín Vizcarra? ¿estamos frente a un gabinete ministerial salvador de la patria? ¿hemos recuperado la soberanía y la dignidad como nación? Nada de eso ¿verdad?

Antes de responder reflexionemos acerca de la coyuntura política actual y los cantos de sirena de los opinòlogos oficiales y oficiosos que impulsan voltear la página con críticas vanas y superficiales. La crisis política peruana es mucho más honda de lo que suponemos. Existe una crisis de valores, de conducta, de decencia y de ética; y ella de ninguna manera se resuelve con un presidente como Martín Vizcarra, designado mas no elegido, y un gabinete ministerial reciclado entre burócratas y corruptos de distintos pelajes. Ni el Ejecutivo ni el Congreso han evaluado en serio el pedido o exigencia de la ciudadanía expresada en la movilización social, gremial, regional y en las redes sociales. Con una vuelta a la tuerca nos encontramos frente a un silencioso pacto político de las élites empresariales nacionales y transnacionales y la mafia política tradicional. Pacto que se viene imponiendo ignorando el problema de fondo y el clamor de la calle.

El gabinete burocrático de Martín Vizcarra, con no menos de la mitad de elementos corruptos comprobados, conversado con el mayoritario grupo aprofujimorista del Congreso, es una suerte de apuesta a ver qué pasa y en lo fundamental se está jugando a que la ciudadanía olvide la quiebra total de valores, de un antes y después de la caída de Pedro Pablo Kuczynski. El desprestigio y descomposición del sistema político peruano es una realidad especifica que no puede ni debe ignorarse, menos soslayarse por el simple cambio de presidente, ya que pensar de esa manera sería absurdo, perdiéndose de vista el grave significado de la vacancia-renuncia de Kuczynski y de la crisis político-social vivida, puesto que PPK no es el único pésimo gobernante corrupto y ni siquiera el “chivo expiatorio” del descalabro institucional del Perú. Si definimos a este gobierno como TRANSITORIO, como debe ser puesto que no fue elegido, los planes deben cambiar radicalmente en la perspectiva de un nuevo diseño de estado, de democracia, de erradicación de la corrupción y de justicia social. Además, las mujeres, hombres, jóvenes y viejos, que estuvimos de acuerdo con la vacancia de Kuczynski por ser probadamente un corrupto e inmoral lo hicimos con la esperanza de un cambio imprescindible en el Perú, de ninguna manera para cambiar mocos por babas.

Los síntomas de este pacto mafioso están en palacio de gobierno, primero mediante la promulgación de la nueva ley de la Controlorìa General, objetada por Kuczynski porque eximìa al Congreso de control, y promulgada por Vizcarra en presencia de Luis Galarreta y otros congresistas del autoritario grupo aprofujimorista; segundo en la conformación y juramentaciòn del gabinete ministerial; y tercero en los deseos manifiestos de querer quedarse hasta el año 2021. “Basta de odios trabajemos por los peruanos” afirmó Vizcarra luego de juramentado su Consejo de Ministros, sin embargo, este llamado es un saludo a la bandera en medio de un pacto que junta a los políticos mafiosos y sus enlaces con la misma clase empresarial transnacional y nacional representada por la CONFIEP y ese ministro de Economía Tuesta, empleado procedente de la banca internacional; o sea en todo caso se refiriò a los “odios” o “pleitos menores” de la casta política, ignorando que más del 70% de la población no acepta ni aceptará la unidad de las alturas mientras los estragos de este arreglo inmoral o pretendido “borrón y cuenta nueva” no elimina las heridas sangrantes infringidas al país que aún permanecerán abiertas y sin el tratamiento adecuado para su sanación.

*Poeta y escritor peruano.