MARCO MARTOS: ALGO MAS QUE MUSAS DEL CELULOIDE.

(WINSTON ORRILLO)
“El cine tiene la virtud de llegar a millones de personas en el globo terráqueo y cuando es de calidad iguala a cualquiera de las manifestaciones artísticas consagradas a lo largo de los siglos, una de ellas, la poesía. El cine es el arte de las imágenes y la poesía el arte de las palabras”.
MM

Un libro, qué duda cabe, sui generis en la poesía peruana, aunque esto, ya nos va a parecer un lugar común si se trata de Marco Martos quien, obra a obra, incursiona en linderos no hollados por él mismo y/o por otros grandes vates. Esta vez es en el llamado “Sétimo Arte” donde, con audacia para no caer en el clisé, nos emborracha con la belleza –inconsútil y a la vez contundente- de las que él llama “musas del celuloide” que, en su obra, son más, mucho más que eso: verdaderos himnos a tantas y tantas de aquellas que no nos han permitido dormir con sosiego, debido a que despertaban nuestras febricitantes expectativas.
Así, cuando escribe sobre Greta Garbo, nos apabulla con una retahíla de metáforas que, a cual más incantatoria, intentan aprehender la deslumbrante presencia de la sueca:
“Traes la serena belleza de tus ojos,/ líquidos como el lenguaje de los sueños, /quietos, como las noches cálidas de luna llena,/ intensos como la aurora boreal con dos fuegos/ deslumbrantes como la voluntad de una deidad/ cuando creó la tierra como un paraíso./ Portas el misterio, la lejanía de los bosques/ de hayas y abedules, de pinos y arrayanes,/ la hermosura esencial del rostro humano”.
Uno de sus lectores más encomiásticos –cuyo nombre nos reservamos- calificó este libro como un multiorgasmo, como un viaje con/ a través de una suerte de ayahuasca fílmico-poético, que sobreviene al encontrarnos con textos sobre, entre otras, Audrey Hepburn, Ingrid Bergman, Kate Hudson, Penélope Cruz, Jeanne Moreau, Cecilia, Roth, Catherine Denueve, Julia Roberts, (la divina) Brigitte Bardót, Marilyn Monroe y Anita Eckberg.
Y es imposible no citar el texto dedicado a ésta, la inolvidable protagonista de La dolce vita (que ha pasado a ser toda una calificación para un cierto modus vivendi):
“Kinema llamaban los griegos al movimiento, /a los trastornos, a la confusión./ Así las manos de Federico Fellini, sus ojos mágicos, conducen a Anita Ekberg/ a la Fontana de Trevi en la noche de milagros,/ y entre las sombras aparece Marcelo, el eterno enamorado,/ y le dice a la beldad: eres la mujer del primer día del universo,/ eres la madre, la hermana, la amante,/ el ángel, la diablesa, la tierra, la casa./ La actriz entonces lanza monedas a las aguas maravillosas./ Hasta ahora continúa inventando los sueños/ en las cálidas noches del estío romano/ todavía se está bañando en las aguas ceremoniales/ con el vestido pegado a sus carnes generosas, / y miles y miles de varones la están mirando alelados,/ sin moverse de sus butacas, pasmados, inermes,/ considerándola diosa entre las diosas, más allá de los deseos.”
Y es imposible no citar los versos que Marco le dedica a quien es, no solo por ser la que es, sino por el inolvidable texto del hoy polémico, Ernesto Cardenal, Oración por Marilyn Monroe:
“Marilyn Monroe lleva la belleza de la humanidad en su cuerpo y en su alma/ y toda la tristeza del mundo en sus ojos dormidos en Manhattan.// Y por último la leyenda, por alguna razón desconocida/ a lo largo de los siglos, los dioses tienen la deplorable preferencia/ de hacer cruzar el Leteo, el río del olvido, en la barca de Caronte, a las mujeres y varones que destacan en sus amaneceres, / en las artes y en las ciencias, en las ganas de vivir en sus extremos./ Marilyn Monroe vive en los ojos de los espectadores,/ en los niños que están naciendo y la verán conmovidos,/ y en aquellos otros que solo podemos imaginarlos,/que quieran reconstruir la belleza dramática del cine en el futuro.”
Y terminamos las citas de “musas” extranjeras, con la asombrosa belleza de las imágenes que le dedica a Isuzu Yamada:
“En las serenas nieves del invierno de Japón, nace Isuzu Yamada,/ hermosa como la flor del crisantemo, radiante como la luna llena,/ oscura y con rayos como una noche de tempestad…”
Pero nuestro relevante poeta no es un alienado que sólo ve lo de fuera, sino que –punto a favor- nos muestra la rica fuente de artistas de cine que, en nuestro doloroso país, ya tenemos.
Así, aquí fulgen los nombres de Mónica Sánchez, Mónica Domínguez, Magaly Solier, Melania Urbina, Vanessa Saba, Gianella Neyra y Lourdes Berinzón.
Escojamos, al azar, una cita que pinta, de cuerpo entero, a la primera de las nombradas:
“Mira cómo Mónica Sánchez, en cualquiera de los lugares de Lima, /se desliza como patinando por aceras, plazas y avenidas, / debajo de los jacarandás en Barranco, o en el centro del ágora pública,/ reclamando los derechos de la multitud, de los tristes,/ y de los que viven en el centro de la desdicha y nada dicen/ porque creen que la vida es así, cúmulo de dolores y desconsuelos…//la llaman musa de la ternura, enérgica mujer, dueña de la hermosura,/luz de nuestros días, anuncio de lo bueno que tal vez llegue./ Es un privilegio haberla visto y seguirla viendo en la pantalla.”
La alusión es, sin duda alguna, a la posición militante de Mónica, enfrentada permanentemente a la injusticia y defensora impertérrita de los derechos humanos.
En fin, el libro nos deja borrachos de belleza, pero sin olvidar las actitudes “humanas, demasiado humanas” de algunas de éstas que nosotros calificamos como algo más, mucho más que Musas del celuloide, Editorial Caja Negra, Lima, 2016).
Martos, autor de 21 libros de poemas, es, como característica singular, un poeta que no se repite: un profesional de la lírica que, permanentemente, busca temas como Caligrafía china (2014) o Máscara de Roma (2015), y ante cuya permanente, inexhaustible creación siempre nos preguntamos, cuál será, ahora, su próximo tema…
Premio Nacional de Poesía del Perú, sus textos se pueden hallar en ocho idiomas y, recientemente, 2016, ha aparecido, en la lengua de Homero, su reciente libro Máscaras de
Roma, traducido por el hispanista Rigas Kapattos.