Macrismo: de los festejos con globos a los desbordes histéricos.

(Omar Dalponte)

La actividad política se ha ido degradando en todo el mundo No son muchos los hombres y mujeres que hoy rigen los destinos de los aproximadamente 200 países del planeta, con suficiente preparación para cumplir con tamañas responsabilidades. ¿Quién se destaca hoy en día en el mundo por sus atributos de gran estadista? Un claro ejemplo de lo que afirmamos podemos verlo en lo que se cree que es la primera potencia mundial: los Estados Unidos. Su presidente es Donald Trump, una mascarita millonaria que en cualquier momento puede desatar una tragedia para la humanidad. Y en este centro imperial no es novedad que los votantes hayan decidido elegir a un tipo limitado y peligroso. El cuadragésimo presidente de ese país entre 1981 y 1989 fue un actor estadounidense, Ronald Wilson Reagan que, precisamente, no brilló por su inteligencia. El presidente norteamericano número cuarenta y tres desde 2001 hasta 2009 fue el empresario George W. Busch, quien tampoco se destacó por su capacidad. Los tres podrían haber sido – tal vez- protagonistas de una o varias películas de vaqueros por ser típicos personajes representativos del yanqui medio. Brutos, belicosos, racistas. Sin estos tipos en el centro de la escena internacional seguramente no hubiésemos vivido de sobresalto en sobresalto. Tampoco hubiesen ocurrido tantas invasiones, bombardeos y muertes en diversos puntos del globo ni sometimientos de países a los cuales se los condenó a vivir en estado de servidumbre. Claro que no se nos escapa que los presidentes en los Estados Unidos, fuera del cuento que nos quieren hacer creer presentándolos como mandatarios todopoderosos, son realmente mascarones de proa de los enormes monopolios de la economía y de las finanzas norteamericanos. A ver si alguien cree que cualquiera de estos personajes de opereta puede hacer lo que le dé la gana sin el consentimiento de las grandes compañías monopólicas como la Exxon Mobil, JP Morgan Chase, Chevron Corporation o las oficinas superiores de Wall Street.

Los argentinos no podíamos ser menos y hoy ocupa la “presidencia” un empresario pícaro que no se caracteriza por sus dotes intelectuales. Con el correr de los años, luego de los turnos de Perón - el último gran estadista que gobernó a la Argentina- fuimos nivelando para abajo, salvo en algunos momentos en que Dios estuvo de nuestro lado. Kirchner primero y Cristina después nos hicieron vivir un tiempo de importantes realizaciones, de esperanzas y de prestigio a nivel internacional. Pero sabemos que la política y las disputas por el poder no son cuestiones de suerte y aquí, como en todas partes, el poder no está en quienes administran el Estado. También aquí, los sectores concentrados de la economía y de las finanzas, cuando ven que algunos beneficios van para el lado del pueblo descargan toda su artillería para conservar sus privilegios. Siempre tienen a mano, a sujetos del mundo de la política o de las fuerzas militares dispuestos a hacer el trabajo sucio, y si no los encuentran se arreglan para introducir en ese territorio (el de la política) a figuras de su propia clase social e instalarlos en las primeras líneas con la apoyatura de los medios de comunicación. Lo hicieron en 1955, 1966, y 1976 con la instalación de dictaduras cívico militares; y en 1989, 2009, 2013, 2015 y 2017 con Menem, De Narváez, Massa y Macri.

Hace dos años y medio, por muy pocos votos de diferencia y un resultado electoral bastante dudoso, el macrismo ocupó la Casa de Gobierno dando inicio a otra etapa de penurias en nuestro país. Se acabó la seguridad en el trabajo, los jubilados están transitando por los límites con la miseria o dentro de ella, la inflación se come los salarios y encima los aumentos en las tarifas de los servicios - imposibles de pagar- ahogan en las necesidades a millones de compatriotas. Han pasado treinta meses de incertidumbres, crecieron la desocupación, la pobreza, la indigencia y se nos ha endeudado por decenas de años. Pero también, a pesar de las flojedades y traiciones de muchos, nació y va en crecimiento la resistencia a las políticas de ajuste ejecutadas por el “modelo” macrista. Después de varias movilizaciones anteriores, los últimos grandes acontecimientos producidos por sectores populares en lucha fueron la imponente concentración en la zona del obelisco y la reciente Marcha Federal. Estos reiterados pronunciamientos, la posibilidad de un inmediato paro general y el creciente descontento de la sociedad con la gestión macrista, están alterando los ánimos del oficialismo que, al comenzar a desbarrancarse, desata su broca vomitando barbaridades. Macri trata de loca a la ex presidenta, a viva voz procura influir en la división del peronismo, amenaza con sacar el ejército a las calles y María Eugenia Vidal que, con esfuerzo, quiso construir una imagen de niña buena, de repente se puso histérica y lanzó por la boca lo que los neoliberales tienen en mente: El desprecio por los pobres y la intención de destruir a las universidades públicas gratuitas, donde miles y miles de personas de origen humilde tienen acceso al conocimiento y consiguen ascender en la escala social. Parece que en la dirigencia macrista se disipa el estado de beodez que le produjeron las ganancias electorales, y la realidad, con alguna derrota parlamentaria incluida, comienza a demostrarle que la musiquita y los globos amarillos de los tiempos favorables empiezan a ser superados por los gritos de protesta de la gente y los múltiples colores del pueblo movilizándose en calles y plazas. Parece que al interior de Cambiemos no son pocos los que toman conciencia de su debilidad frente a las multitudes en movimiento y eso los enfurece y los aterroriza. Por eso es probable que aumente su ferocidad y que el miedo los impulse a cometer disparates mayores.

Afortunadamente, este proceso de resistencia al macrismo ha permitido que se sume a los compañeros desde siempre comprometidos con las necesidades populares como Yasky, Palazzo, Baradel, Segovia, Sobrero, Micheli y Moyano, una generación de dirigentes del nivel de Daniel Menéndez, Esteban Castro, Romina Del Plá y Manuela Castiñeira, cuyas presencias y voces enriquecen los actos del sindicalismo y de las organizaciones sociales.

Otra buena noticia que resonó como un fuerte cachetazo en la cara neoliberal fue la destitución del derechista presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, quien a principios de abril pasado junto a Mauricio Macri “se comían los chicos crudos”. El soberbio presidente del Partido Popular español a quien Mauricio Macri casi le besó los zapatos, salió del gobierno de España como rata por una canaleta. De la fotografía en Argentina tomada hace poco más de un mes a la registrada un par de días atrás en España, queda claro que, en política, las caídas llegan de pronto y el golpe final puede ser fatal. Los rostros desencajados de algunos personajes denotan preocupación. “No hay nada peor que un burgués asustado” (Bertolt Brecht)

omardalponte@gmail.com