Los mandados de Míster Almagro.

(Víctor Manuel Ramos)

El señor Almagro, Secretario General de la OEA, es uruguayo, posiblemente católico, apostólico y romano, aunque más parece norteamericano. Desde su llegada a ese puesto, calificado por el inmortal Fidel Castro como el Ministerio de las Colonias de Estados Unidos, no ha disimulado su amor y entrega a los intereses del gran capital que gobierna a United States of America y al mundo, muy a pesar de que su encumbramiento fue respaldado por todos los gobiernos progresistas de América Latina, la Nuestra América de la que nos habló Martí y, sobre todo, con el respaldo de Pepe Mujica, quien se desempeñaba como presidente de la República Oriental del Uruguay.

Pues bien, asómbrense Uds., Míster Almagro, que esa es la distinción que ahora se ajusta a su conducta veleidosa, se ha dedicado a amenazar al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, encabezado por el presidente Nicolás Maduro Moro, electo en elecciones generales igualmente legítimas. Mr. Almagro quiere que los venezolanos vayan a elecciones y, de esta suerte, se toma atribuciones que únicamente le corresponden al pueblo bolivariano venezolano.

Esas manifestaciones públicas –ha intentado en varias ocasiones, sin lograrlo, imponer sanciones a la República Bolivariana de Venezuela-, son el producto de que Mr. Almagro está coludido con la reacción internacional patrocinada por el gobierno de Obama destinada a desestabilizar la economía venezolana, bajando arbitrariamente el precio internacional del petróleo, creando problemas de abastecimiento de alimentos y medicamentos, situación que el gobierno de Maduro ha sorteado mediante el impulso de medidas de distribución en cooperación con las organizaciones populares. Igualmente intentaron desequilibrar el bolívar, moneda nacional, mediante el secuestro del circulante y la imposición de un mercado de divisas al margen de la ley. Por su parte, los paramilitares y la derecha colombiana ha impulsado acciones anti venezolanas mediante el contrabando en la frontera venezolano colombiana para extraer los alimentos que se venden subsidiados y revenderlos a precios exorbitantes. Y qué decir de las manifestaciones que se desarrollan en los barrios en donde habita la burguesía que han terminado con atentados en contra de la propiedad estatal y con muertes de ciudadanos inocentes, muchos de ellos luchadores por la vigencia del legado que dejó el comandante Hugo Chávez.

Ahora, Míster Almagro se presenta como “la chula” y amenaza al pueblo bolivariano y venezolano con solicitar a la OEA la aprobación de la Carta democrática, que no es más que la ley de intervención que valida las agresiones norteamericanas a nuestros pueblos, si Maduro no convoca a elecciones generales de inmediato para “democratizar al país”.

Sin embargo Míster Almagro padece de alucinaciones ópticas: ve en Venezuela a un país anti democrático, violador de las leyes, enfrentado con el pueblo, muy a pesar de que es, precisamente, con la revolución iniciada por Chávez que los venezolanos de abajo –la gran mayoría- han podido tomar el control de su país y ven en el horizonte un verdadero camino de redención que ya se inició con la medidas revolucionarias puestas en acción y que son torpedeadas por la derecha local con el apoyo de la derecha internacional con su líder Los Estados Unidos de Norte América. Pero no ve flagrante violación a las aspiraciones del pueblo brasileño gobernado ahora por Ali Babá Temer y sus cuarenta, ni mueve un dedo en contra del golpe de Estado a la Presidenta Dilma; no hace nada por el régimen de terror a que está sometido el pueblo mexicano, atrapado en las redes del narcotráfico y la violencia estatal, cuyo ejemplo más claro es el asesinato de los muchachos de Ayotzinapa. No ve la miseria y el abandono en que está sometida la gran mayoría del pueblo guatemalteco, ni se asombra por el renacer de los paramilitares en Colombia, aboga, porque Mr. Almagro mete sus narices parcializadas en todas partes, por el triunfo de la derecha en Ecuador. Y, en lo que concierne a los hondureños, no ha movido su boca, Míster Almagro, para llamar a que se aplique la Carta democrática al régimen usurpador de Honduras, sobre todo en las actuales circunstancias en que el presidente Hernández se postula como candidato presidencial para la reelección, acto que está reñido con la Constitución de la República.

Lo cierto es que los pueblos de América Latina, de Nuestra América como le llamó Martí, han despertado y han echado a andar. No habrá tal carta democrática para hostilizar a un gobierno legítimo y entregado en la lucha por el bienestar de la mayoría de los venezolanos. En América hay ya mecanismos consolidados para oponerse a la intervención que propone Mr. Almagro y en Venezuela hay un pueblo decidido a defender su destino luminoso, a defender su revolución y un ejército que es el brazo armado del pueblo. Míster Almagro, no podrá, por lo que se ve, satisfacer a sus amos norteamericanos.

13 de marzo de 2017