Los cambios malignos de Cambiemos.

(Omar Dalponte)

La denominación de “cambiemos” como sello partidario del macrismo es adecuada. Cómo se le llama “cambiemos” a secas, y suena a convite, acertamos quienes vaticinamos que, una vez en el gobierno, el dispositivo político macrista no cambiaría nada para bien de nuestro país. Y así fue. A partir de 2015 Argentina entró en una serie de espirales descendientes que, a treinta meses del desgraciado acontecimiento que significó el triunfo electoral (por muy escasa diferencia) de Mauricio Macri, nos hizo caer en el territorio de la pobreza y la indignidad.

Después de haber llegado a ocupar un lugar preponderante en el escenario mundial, hoy se nos mira con lástima y con desprecio. No se respeta a un país que renuncia a su soberanía y se pone de rodillas frente a los poderosos. Pasamos de ser un país desendeudado a ser un estado dependiente, sometido a las decisiones que toman sobre nosotros los usureros de los centros financieros internacionales. Pasamos de la Argentina orgullosa de sus símbolos y de sus fechas fundamentales a ser un lugar en que se pretende ocultar nuestra historia, negar a nuestros próceres y perder nuestra identidad.

En poco tiempo dejamos de ser una república que crecía con alegría y con esperanzas hacia el futuro, para convertirnos en una tierra triste, en la cual se aspira la fetidez del pesimismo. De vivir en una nación respetuosa de las personas, nos trasladamos sin escalas a una situación de vulneración de los derechos humanos en la que se encarcela a inocentes, se reprime salvajemente al pueblo, se deja sin trabajo y sin posibilidades de una vida digna a millones de familias, se vetan leyes sancionadas por el Parlamento, se destruye la industria nacional y se atenta brutalmente contra la educación pública estatal.

Nadie puede negar esto que afirmamos ante las recientes represiones a trabajadores en Buenos Aires, coronel Cornejo (provincia de Salta) a docentes en Rawson (Chubut) y a estudiantes universitarios de la Universidad de Buenos Aires. Nadie puede desmentir nuestros dichos frente a 400 despidos en la Agencia Informativa Telam, 500 en la TV pública, 1.400 en el RENAPER y más de 50 en Radio del Plata, además de los que se producen en diferentes lugares, pues la ola de cesantías se extiende creando una situación de dolor, inseguridad y marginamiento en toda nuestra geografía.

Con la represión se trata de acobardar a la gente y silenciar las protestas. Con las cesantías se procura tener a disposición un ejército de desocupados que sirva como mano de obra regalada a los grandes empresarios. Con el castigo a los maestros se lanza un tiro directo al corazón de la instrucción pública estatal con el fin de sumir al pueblo en la ignorancia. Con el cierre de medios no complacientes con las políticas oprobiosas del conservadurismo amarillo, se intenta acallar voces opositoras y acabar definitivamente con la ya limitada libertad de expresión.

En todo esto y en muchas otras desgracias tiene que ver la malignidad de los cambios llevados a cabo por el macrismo. También, el terreno que corresponde a los partidos políticos ha sido infectado por el neoliberalismo cuando logró la complicidad de cierta dirigencia del radicalismo que, tirando por el inodoro los principios de Alem, de Yrigoyen y lo positivo dejado por Arturo Illia y Raúl Alfonsín, se sometieron cobardemente al manoseo de la derecha reaccionaria macrista.

El daño causado a nuestro país en todos los órdenes en estos últimos dos años y medio tiene responsables con nombres y apellidos. Alguna vez, con todas las armas de la democracia, los culpables de semejante desastre nacional habrán de ser sancionados de acuerdo a los delitos que hayan cometido. Alguna vez, quien en la actualidad ocupa la Casa de Gobierno, deberá rendir cuentas como máximo causante del perjuicio infligido a la Nación y del sufrimiento que hoy padece nuestro pueblo.

Mauricio Macri es el principal responsable del drama argentino y no merece que se le reconozca como presidente de la Nación. Convencidos de ello es que propusimos el desconocimiento de este personaje, culpable de que los argentinos seamos prisioneros de una monumental deuda externa que nos asfixiará por muchos años y nos condena a ser esclavizados por largo tiempo. Dada la gravedad de la situación en que nos encontramos es necesario que todas las variantes de lo que se dice oposición ponga freno a los ataques permanentes a los trabajadores, a la impiedad con que se trata a los sectores más postergados y al desprecio por nuestra soberanía nacional. Esta necesidad de respuesta opositora no debe quedar limitada a reuniones de floridos discursos, a las roscas politiqueras o a las expresiones de deseos difíciles de ser convertidas en realidad. Aquí se está jugando el destino de nuestro país y la civilidad debe expresar su desobediencia alzándose con todas sus fuerzas en defensa de los altos intereses de la patria.

Aunque muchas disposiciones de la Constitución Nacional sean letra muerta dentro de la democracia cautiva de nuestra argentina dolorida, hay que exigir a los diputados la aplicación del Art. 53 que habla del juicio político a los funcionarios por mal desempeño o delito en el cumplimiento de sus funciones. Es hora de que los diputados y diputadas que estén dispuestos a responder con valentía a las necesidades nacionales cumplan con su deber. Con hechos concretos. No a través de palabras que al final, cuando se trata de poner las cosas en su debido lugar, se las lleva el viento. El autor de estas líneas, asumió el compromiso de acompañar la propuesta de juicio político a Mauricio Macri y de impulsarlo ante quien corresponda por los medios que otorguen las leyes. Sepan los legisladores actuar con patriotismo.

omardalponte@gmail.com