LO PEOR ESTÁ POR VENIR.

(Hernán Andrés Kruse)

En las últimas horas el presidente de la nación estuvo en la ciudad chaqueña de Charata, donde presentó la renovación de vías del Belgrano Cargas. A diferencia de lo que expresó el 1 de marzo, con motivo de la inauguración del período legislativo, donde afirmó que lo peor había pasado, en esta oportunidad reconoció que el futuro inmediato no se presentará nada halagüeño para los argentinos. Acompañado por el gobernador Peppo, Macri explicó que en los últimos meses hubo factores internacionales, frente a los cuales el gobierno nada puede hacer, que perjudicaron a la economía argentina. “Por supuesto que este camino tiene obstáculos que están más allá de las capacidades de los argentinos y de su Presidente. Lo que pasa en el mundo (reducción del crédito, aumento de la tasa de interés norteamericana) es algo que no podemos controlar”, manifestó. Y enfatizó: “Por eso necesito que hoy más que nunca digamos que estamos juntos y nos comprometamos a trabajar juntos: presidente, gobernadores, intendentes, los dirigentes y los argentinos”. “En vez de pedir cosas que están fuera de nuestro alcance que cada uno diga desde su lugar qué va a hacer para ayudarnos a recorrer este camino, porque este es el camino”, expresó. Consideró que las nuevas vías del Belgrano Cargas representan “la unidad de los argentinos” y señaló que cada kilómetro de vía que avanza el pueblo se acerca a su gran objetivo: una Argentina llena de oportunidades. “Y lo estamos haciendo bien, contra viento y marea lo estamos haciendo bien”, remató.

El presidente destacó una vez más que el camino elegido por su gobierno no sólo es el correcto sino que es el único. Para Mauricio Macri el camino de la más pura ortodoxia es el único que nos conducirá a buen puerto. Dos años y medio antes, al asumir, no pensaba lo mismo. Si bien jamás se apartó de los lineamientos fundamentales del neoliberalismo, enarbolaba las banderas de un gradualismo que exasperaba a los economistas ultraliberales. Estaba convencido de que si se aplicaban las recetas pregonadas por los Milei, los Espert y compañía, el país podía estallar por los aires. Sin embargo, el pueblo comenzó a sufrir desde ese día los efectos deletéreos de su política económica. La eliminación de las retenciones al “campo” y del cepo cambiario, los tarifazos y el ingreso indiscriminado de productos extranjeros causaron estragos sobre el bolsillo de los trabajadores. La política económica del macrismo se apoyó desde el principio en una constante devaluación de nuestra moneda provocando un aumento de la pobreza y de la inflación, y un paulatino e inexorable enfriamiento de la economía. El pueblo comenzó a consumir menos y sus problemas para llegar a fin de mes se agravaron. Los puestos de trabajo comenzaron a tambalear al compás del continuo cierre de establecimientos industriales, comerciales, etc. Mientras tanto, los beneficiados por esta política vieron incrementar geométricamente sus ganancias. Lo increíble fue que a pesar de este programa económico el gobierno venció cómodamente en las legislativas de 2017. Hasta ese momento el pueblo había aceptada con pasmosa mansedumbre la fenomenal transferencia de recursos desde los sectores populares hacia los sectores acomodados de la sociedad. Ayudó para que ello ocurriera una oposición destartalada y un sindicalismo cómplice.

A fines de diciembre se produjo el primer cimbronazo. La aprobación de la reforma previsional sacudió al gobierno. Se trató de una victoria pírrica que puso al descubierto la verdadera naturaleza del gobierno de Macri. Sin embargo, el oficialismo se mantenía imperturbable. Seguramente creía que la ayuda financiera del exterior sería eterna. Grande debe haber sido su sorpresa cuando Wall Street le avisó a uno de los hombres del presidente más importantes, Luis Caputo, que los flujos externos se terminaban, al menos durante un buen tiempo. Esa aciaga noticia tuvo lugar en los primeros días de enero de este año. De golpe, desde el exterior se le informaba al gobierno que dejaría de seguir recibiendo el oxígeno que lo mantenía con vida. A partir de ese momento el gobierno comenzó a andar a los tumbos. El panorama se agravó cuando a mediados de abril dio comienzo una corrida cambiaria que aún perdura. A partir de entonces el gobierno quedó a merced de su majestad el dólar, la divisa norteamericana se transformó en una obsesión para el oficialismo y también para un sector importante de la población. En poco tiempo el peso se depreció en tal magnitud que los niveles de pobreza e indigencia aumentaron exponencialmente. Mientras tanto el por entonces presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, se mostraba desorientado y perplejo. Fue entonces cuando el presidente, aconsejado por Luis Caputo, pidió ayuda al Fondo Monetario Internacional, algo que seguramente jamás estuvo en sus planes cuando asumió. Apremiado por una realidad económica asfixiante el presidente le rogó a Lagarde y los suyos el salvavidas que lo salvara de morir ahogado. Por supuesto que el gobierno dijo otra cosa pero la verdad es que de no haber sido por el FMI Macri hoy no sería el presidente.

Lo cierto fue que Macri y su gobierno se acercaron al Fondo y no al revés. El presidente se arrodilló ante este prestamista de última instancia para que le preste los dólares que necesita para que su gobierno sobreviva. Y el FMI actuó en consecuencia. Lejos de ser una negociación, lo que hubo fue una imposición. ¿Acaso cabía esperar otra cosa? El gobierno presentó el stand-by por 50 mil millones de dólares como un gran logro, un fenomenal reconocimiento del mundo a su política económica. El FMI decidió salvar al gobierno de Macri porque si caía podía llegar a producirse un peligroso efecto dominó sobre la región. En realidad, quien salvó a Macri fue nada más y nada menos que el mismísimo Donald Trump. Macri sigue en la Rosada por una decisión geoestratégica del gobierno republicano. El primer desembolso tuvo lugar hace pocos días. El gobierno recibió esos primeros 15.000 millones de dólares con alivio. La mitad de esos fondos comenzaron a ser utilizados por el nuevo presidente del BCRA, Luis Caputo, para venderlos al mercado con el objetivo de apaciguar al dólar. Hasta ahora no lo ha conseguido. La gran pregunta es si esos 50 mil millones de dólares serán suficientes para garantizar que el gobierno haga frente a sus compromisos externos (léase, el pago de intereses de la deuda). Son muchos los economistas que dudan que Macri lo pueda hacer. Al mismo tiempo, una corporación internacional privada elevó al país a la categoría de “país emergente”, lo que fue muy festejado por el gobierno. Argentina dejó de ser una timba financiera clase B para pasar a ser una timba financiera clase A. Ello no impidió que el dólar siguiera subiendo. En los últimos días Caputo aplicó el torniquete para impedir la depreciación del peso. Lo consiguió apenas por un par de días. En las últimas horas el dólar volvió a acercarse a los 29$ y no sería extraño que muy pronto perfore la barrera de los 30$ (de hecho, el viernes de la semana pasada lo hizo).

Lo que acaba de decir el presidente en Charata es que todos los padecimientos que viene soportando el pueblo desde que asumió, no harán más que profundizarse. Para colmo, afirma que es el único camino posible, lo que es absolutamente falso. Un modelo económico lejos está de ser un hecho natural, inevitable, como la ley de gravedad. Un modelo económico es un hecho social, fruto de la decisión deliberada de un grupo de personas, en este caso el presidente y el mejor equipo de los últimos 50 años. En consecuencia, pueden ser evitadas sus consecuencias. Para ello es fundamental que el poder sindical se ponga las pilas y que la oposición se una. Macri habla de esta forma porque no tiene más remedio. Hoy la economía está en manos del FMI y Macri sólo es formalmente el presidente de la nación.

En su edición del 29 de junio Clarín publicó un artículo de Miguel Espejo titulado “Triunfalismo y políticas débiles, la danza argentina de la suprema ignorancia”. Escribió el autor: “A esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”, sentenció Perón al regreso de su largo exilio en noviembre de 1972. La fórmula, todavía vigente, fue irrealizable durante este largo período. Desde el retorno a la democracia, en 1983, la dirigencia argentina, y no sólo política, fue incapaz de imaginar políticas de estado que revirtieran el desastre en que dejó el poder, en todos los terrenos, la última dictadura militar” (…) “Hoy nada indica…que la sociedad argentina se encuentra madura para efectuar un acuerdo entre los distintos segmentos de nuestra variada dirigencia” (…) “Sin embargo, necesitamos concedernos una tregua porque no hay, simplemente, otra alternativa” (…) “Las proclamas de distribución cuando caminamos por el filo de la navaja no sólo son irresponsables, sino suicidas” (…) “Ese descenso (del PBI a partir de 1930) no se detuvo y continúa hasta el día de hoy, cuando en términos comparativos hay menos para repartir y la desigualdad se ha acrecentado” (…) “Esta incapacidad de generar políticas de Estado ha sido la principal responsabilidad de nuestra dirigencia política. Nos ha sobrado “punteros” y nos han faltado estadistas. Hoy se padece una situación peor que antes de 1983 en salud, educación y seguridad. Tenemos un Estado caro e ineficiente. La evolución de nuestra expectativa de vida con la de otros países de América Latina y el desastre educativo revelan mejor que cualquier otro dato nuestra verdadera situación” (…) “A lo largo de la historia humana muchas veces se ha señalado que la ignorancia más peligrosa es la de aquellos que creen saber. Ese pronóstico se ha vuelto, lamentablemente, una parte consustancial de nuestra idiosincracia, como si la capacidad de negación del otro y del mundo que nos rodea fuera una de nuestras principales características” (…) “La dirigencia política, especialmente el peronismo, ha actuado, cada vez que tuvo acceso al Ejecutivo, despreciando el hecho de que la democracia es, además de la separación de poderes, su alternancia” (…) “Hemos vivido durante décadas una especie de “guerra fría civil diferida”, donde los conflictos no se dirimieron sólo en las urnas, sino a través de supuestos valores superiores” (…) “El peronismo se las ha ingeniado, hasta ahora, para ser la víctima que salvará al pueblo de las desgracias que él mismo provoca. Nuestro grave problema, en tanto país, es que los otros sectores y corrientes políticas también han actuado de una manera parecida, ignorando, o simulando ignorar, los hechos de los que eran responsables” (…) “A la hora de pagar por las decisiones equivocadas o los daños deliberados nadie es capaz de asumir esa responsabilidad” (…) “La sociedad argentina necesita con desesperación encontrar puntos de acuerdo y confluencia, sin perder de vista ni un instante las necesidades urgentes de los excluidos y menos favorecidos, para sanear una economía con graves distorsiones” (…) “El gobierno de Macri, si desea con éxito esta posibilidad, debería ser el primero en saber que hacer política consiste en negociar con los demás y no en tener siempre razón. ¿A qué convocar a los demás si no es para encontrar al menos un frágil equilibrio? El triunfalismo ha sido siempre nuestro peor enemigo y es nuestra suprema ignorancia”.

En su edición del 29 de junio La Nación publicó un artículo de Sergio Berensztein titulado “López Obrador, un espejo incómodo para Cambiemos”. Escribió el autor: “El caso más perfecto y duradero de la ortodoxia gradualista está a punto de desembocar, en el segundo país más importante de América Latina, en una experiencia populista sin precedente” (…) “Su eventual triunfo representará el fin de una larga etapa de transición que inició un proceso de democratización y reformas promercados considerado, en líneas generales, exitoso” (…) “El país está a punto de probar una receta vieja y nueva: el populismo fue su principal política de Estado desde los 30, cuando el general Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, hasta el desastre de la crisis de la deuda de 1982, que arrastró a todo el subcontinente y prácticamente a todo el mundo emergente. Entonces comenzaron los programas de estabilización y reforma estructural que México siguió al pie de la letra, para convertirse en el alumno más disciplinado del Consenso de Washington” (…) “Con las reformas políticas fue mucho más prudente: comenzaron a comienzos de la década del 60 con algunos toqueteos casi marginales al sistema electoral. En un sentido estricto, no terminaron nunca de armar un sistema genuinamente democrático, transparente y participativo” (…) “Las elecciones de 1988…fueron un punto de quiebre: fue evidente que Carlos Salinas de Gortari no era un presidente legítimo, ya que Cuahutemoc Cárdenas, el hijo del general…obtuvo muchísimo más apoyo que el reconocido por las autoridades electorales” (…) “A partir de entonces, el PRI permitió que el Partido de Acción Nacional ganara algunas elecciones estaduales. En una de ellas, Vicente Fox, el primer presidente mexicano no priísta en 70 años, fue electo gobernador de la bella Guanajato. Entonces, AMLO forjó su profunda desconfianza con el sistema político y de poder mexicanos. Era un destacado integrante del PRD (Partido de la Revolución Democrática) y hasta llegó a ser entre 2000 y 2005 un eficaz intendente de Ciudad de México” (…) “López Obrador es expresión del fracaso o, al menos, de las “promesas incumplidas” (diría Norberto Bobbio) de las dimensiones económica y política del gradualismo a la mexicana. Constituye un espejo incómodo para Mauricio Macri y sus estrategas” (…) “Tras tres y media largas décadas de gradualismo, México está a punto de experimentar una regresión sin destino que produce en su establishment una mezcla de escozor, terror y parálisis” (…) “¿Es este un escenario factible también para la Argentina, en especial si Cambiemos se afirma en el poder con un triunfo en las elecciones del próximo año? ¿Existe el riesgo de otra regresión populista con tufillo autoritario? La potencial paradoja es interesante: un gobierno que pretende conservar el “monopolio de la racionalidad” (¿será por eso que se siente tan cómodo con la grieta y postergue cualquier esfuerzo de construcción de consenso con la oposición más moderada?) e implementar con éxito su plan de operaciones, sucumbe luego frente al enemigo que se proponía erradicar” (…) “México venció la inflación; consagró (y mantuvo a rajatabla) la independencia de su autoridad monetaria, el prestigioso Banco de México; abrió muchísimo su economía y se integró comercialmente al mundo…implementó una política social muy agresiva focalizada en los sectores más vulnerables que obtuvo amplio reconocimiento por su carácter innovador y su espíritu solidario” (…) “No conozco un programa más parecido al de Cambiemos. ¿Cómo es posible, entonces, que AMLO, favorito en las encuestas sobre los representantes del PRI y del PAN, vaya a ganar tan fácilmente?” (…) “Con Trump desmantelando el (des)orden político y económico liberal-democrático que sus antecesores se habían esforzado en estructurar…México tendrá un presidente que, en líneas generales, coincide con el diagnóstico fatalista e insustancial de su vecino y magnate” (…) “AMLO es una figura muy divisiva. Genera odios y amores. Voluntarista, confiado en su destino y su estrella, la victoria de este domingo llegaría luego de sendas derrotas en 2006 y 2012” (…) “México hizo casi todas las reformas, pero careció de un proyecto consensuado de desarrollo equitativo y sustentable. Tampoco construyó un Estado eficiente y transparente. Y por elaborar un diagnóstico inadecuado y simplista de los problemas por resolver, le está entregando el poder a un líder que promete profundizarlos. No repitamos esos mismos errores”.