LLEGAR (Para periodistas e interesados en la comunicación social).

(GABRIEL FERNÁNDEZ)

La autenticidad no está reñida con la información. Resulta paradójicamente irrespetuoso respetar a quien no se respeta. Es insistente la preocupación de tantos periodistas amigos por “llegar” a esas franjas de la población adversas que prefieren modalidades indignas de comunicación y las relacionan con sus opciones políticas.

Asentados en nuestra propia historia periodística, no tanto la personal sino la que confluye desde tiempos lejanos, decimos: si te gusta bien y si no, andá a cagar. Esto no significa evitar tácticas comunicacionales para incidir en tal o cual sector, ni dejar de lado el impacto para expandir. Indica que lo prioritario es el trabajo bien realizado desde una perspectiva justa.

Los lectores, oyentes, televidentes, saben que desplegamos con intensidad la labor destinada a llegar a los trabajadores, los sectores sociales damnificados y la militancia en general. Lo hacemos tomando en cuenta códigos y registros, y fundamentalmente orientando la acción periodística hacia los organizadores, las referencias, los activos. Aprendemos de ellos.

La pretensión de lograr que quien está enamorado de Baby Etchecopar descrea de su palabra y se fugue en dirección nacional popular jauretcheana es una ilusión que no merece esfuerzo alguno. Pero ofrecer datos e ideas convincentes a sus vecinos y compañeros de trabajo… puede derivar en éxitos impensados.

Ningún medio abarca la totalidad, aunque en ocasiones lo aparente. Las investigaciones económicas de Raúl Scalabrini Ortiz resultaban indigeribles para lo que se llama “el gran público”. Pero configuraban herramienta de fuste para que la militancia resistente encarara la acción con el volumen de juego que implica la convicción.

Una digresión: cuando un periodista tiene buena información y un background profundo que la entorne, se percibe. Logra transmitir, aún cuando el espacio resulte acotado, lo necesario para dar cuenta de una realidad. Cuando su preocupación es sólo estilística, aunque disponga de tiempo suena hueco; lo cual –ay- también afecta su estilo.

Es preciso dejar de acomplejarse con “llegar”. El buen trabajo periodístico, llega. Otra cosa es la fama; hay una confusión en muchos colegas sobre la distancia que existe entre difundir certezas corroboradas y concepciones de fondo con “ser conocido”. Eso es otra cosa y quien encara este oficio así debería analizar otras opciones, para evitar la frustración.

La concreción de un sólido planteo sobre política internacional, por caso, aporta donde debe. Sitúa el marco, facilita la absorción local de información. En cambio, una búsqueda inocente como la de sentarse a matear con los accionistas de Blackwater y decirles “qué feo esto que hacen, ganar millones armando milicias mercenarias y vendiendo armas”, es una tontería inútil.

Llegar tiene al menos dos acepciones, como se observa. Cada medio y, en foco, cada periodista, tiene el público que puede tener dada la ecuación entre su capacidad y el estado de la sociedad en la cual se desenvuelve. Es más productivo –y lucrativo, aunque parezca mentira- ahondar y estudiar que andar desesperándose por insertar mensajes de modo directo en zonas reactivas.

Esto es un borrador. Aunque resulte curioso, está en línea con una observación anterior acerca del aspecto etario del voto. El planteo, que deviene de varios debates, recién empieza.

* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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