LECTURAS SOBRE BOLIVIA. (cuatro textos)

LECTURAS SOBRE BOLIVIA: 1. Evo Morales y sus secretos políticos Róger Rumrrill // 2. BOLIVIA: EL DESAFÍO DESPUÉS DEL TRIUNFO. Por Rafael Bautista S. // 3. Buenas razones para el triunfo, NAVEGAR RÍO ARRIBA, por Rodrigo Montoya Rojas // 4. El eco de Bolivia Humberto Campodónico Lunes, 20 de octubre de 2014

EVO MORALES Y SUS SECRETOS POLÍTICOS

Róger Rumrrill

A más de 4800 metros sobre el nivel del mar en la cárcel de Tiquina en el lago Titicaca hacía un frío polar. Una veintena de presos -entre ellos Evo Morales- nos apretujábamos para darnos un poquito de calentura.

Evo Morales Ayma, el máximo líder de las seis Federaciones de Cocaleros del Trópico del Chapare, Cochabamba, dormitaba con la cabeza hundida entre las piernas.

Uno de los marinos se acercó a nuestro grupo y, casi en secreto, susurró:

—Evo, Evo, te quieren matar. Pero nosotros te vamos a proteger.

Evo Morales levantó la cabeza y miró soñoliento al militar a tiempo que este repetía:

—Te vamos a salvar. Pero eso sí no te olvides de nosotros cuando seas presidente.

Era la madrugada del 18 de abril de 1996. Dos días antes, el 16, se había instalado bajo la presidencia del dirigente cocalero peruano Genaro Ccahuana el congreso internacional de productores de hoja de coca en el hotel “Ambassador” en el balneario boliviano de Copacabana. El día 17 llegó Evo Morales procedente de Santa Cruz y pocas horas después, en un espectacular operativo militar, cercaron el hotel, nos apresaron y en tres camiones portatropas nos condujeron hacia la cordillera.

El convoy militar, luego de avanzar varios kilómetros, salió de la carretera y se desplazó por colinas y cerros y se detuvo. El contralmirante “Nano”, el jefe del operativo, se bajó de su jeep y con su teléfono inalámbrico se puso a discutir con un interlocutor invisible. Un poco más tarde supe, por su propia versión, que estaba recibiendo la orden de no matarnos.

Mientras me interrogaba en Tiquina, me preguntó:

—A Ud. le observo que anota todo en un cuaderno. ¿Por qué?

—Porque soy periodista y todo lo que está ocurriendo se sabrá muy pronto-, le respondí.

—Bueno, un periodista les salvó la vida-, dijo con un tono de perdonavidas.

En efecto, en el momento en que la tropa asaltaba el hotel “Ambassador” y apresaba a Evo Morales y al grupo que lo acompañaba, el corresponsal de la BBC de Londres se paseaba por Copacabana y al ver el operativo comenzó a indagar sobre la operación militar. Supo que entre los detenidos estaba Evo Morales Ayma, declarado ya “enemigo público número uno de Bolivia” porque se negaba a aceptar la erradicación de la hoja de coca, una condición irrevocable que había puesto Estados Unidos a cambio de prestar algunos millones de dólares al gobierno de Sánchez de Lozada para equilibrar la precaria balanza de pagos.

El periodista de la BBC, desde una cabina pública, informó a su central en Londres sobre la detención de Evo Morales y segundos después era noticia mundial. “No los maten porque ya todo el mundo sabe que ustedes los llevaron vivos”, fue la orden que recibió “Nano”.

EL SECRETO DE SU PODER

Testigo de su carisma, de su intuición política y de su popularidad en el Chapare y Cochabamba y en una travesía por la Unión Europea para explicar que la coca no es cocaína, en reuniones en Montreal, París, La Paz, Lima, me he preguntado dónde reside el secreto del poder de Evo Morales Ayma, el secreto de su poder político que lo han convertido a él y a su gestión gubernamental, de acuerdo a los analistas políticos internacionales, en el autor del mayor y más profundo parteaguas e inflexión en la historia de Bolivia.

Para saberlo, he interrogado y consultado en mis viajes con él por América Latina y Europa y sobre todo en Bolivia a sus amigos y adversarios, políticos, empresarios, periodistas, intelectuales, líderes cocaleros e indígenas del Isiboro-Sécure.

La respuesta ha sido unánime: es un hombre tan honrado que si le cuelgan de los pies no le cae nada.

Además, nunca se ha alejado ni se ha desligado de sus bases.

Los cocaleros han sido, son y serán su soporte político fundamental. Un ejemplo de ello es que en el XI Congreso Ordinario de la Coordinadora de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, de julio de 2012, fue reelegido como el líder de los productores cocaleros del Chapare y Cochabamba.

CONSTRUCTOR DE PODER

Evo Morales Ayma, nacido en Orinoca el 26 de octubre de 1959, es un constructor de poder político. Recuerdo muy bien su estrategia formulada en las reuniones con sus bases. Vamos a construir poder. Primero, convenceremos a los bolivianos sobre la legitimidad de nuestra causa: la defensa de la hoja de coca. El segundo paso será ganar las municipalidades de todas las regiones cocaleras de Bolivia; el tercer paso será el Congreso y el cuarto ganar el gobierno para la conquista del poder.

El proceso de construcción de poder se inició a principios de los noventas durante el gobierno de Hugo Banzer: miles de cocaleros marchaban a lo largo de 600 kilómetros desde Cochabamba hasta La Paz, recibiendo la solidaridad de los bolivianos. Cuando esta fase se agotó, participaron y ganaron las elecciones municipales en todas las regiones cocaleras. En 1997, para pasar a la tercera etapa de esta proceso de construcción de poder, la Confederaciòn de Trabajadores del Trópico de Cochabamba se fusionó con el Movimiento al Socialismo (MAS).

Las condiciones ya estaban dadas para transitar a la siguiente fase. El 2002 se produjo el primer intento de llegar al gobierno. Pero las elecciones fueron ganadas por Gonzalo Sánchez de Lozada. Sin embargo, el MAS obtuvo 27 diputados y 8 senadores. A partir del 2003, 2004 y 2005 las luchas sociales obligaron a renunciar primero a Gonzalo Sánchez de Lozada y luego a su sucesor Carlos Mesa Gisbert. La vieja oligarquía boliviana y su aparato político se derrumbaron; el terreno estaba preparado para el triunfo de Evo Morales Ayma en las elecciones del 2005 y su asunción al poder el 22 de enero del 2006.

En un momento de la celebración, le dije: “Hemos llegado al poder”. Me miró fijamente y me dijo con firmeza:

—Solo hemos ganado el gobierno. El poder lo tienen los grupos nacionales e internacionales que siempre han mandado en Bolivia. Pero vamos a ganar y conquistar el poder.

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BUENAS RAZONES PARA EL TRIUNFO,

NAVEGAR RÍO ARRIBA

Rodrigo Montoya Rojas

Con la tercera y contundente victoria de Evo Morales el domingo pasado, el Movimiento al Socialismo (MAS) gobernará Bolivia hasta 2020. Por primera vez la mayoría electoral coincide con lo que es el país y el llamado pueblo soberano dejó de elegir a un partido o coalición en beneficio de la derecha.

Desde la entrada en vigencia de la nueva Constitución en 2008, el Estado plurinacional de Bolivia reemplazó a la histórica República de Bolivia, fundada luego de la independencia de España. Se acabaron las dos Bolivias del pasado: una, blanca, q’ara-pelada, europea, dueña del país, del Estado y de la política, y, otra, heterogénea y diversa, como nación clandestina, aplastada por los herederos de la colonia española.

El nuevo Estado plurinacional boliviano se confunde con los rostros de todos los habitantes del país en todas y cada una de las naciones que son los pueblos, patrias, sangres, lenguas y culturas, sin excluir a ninguna. Para entender esta profunda revolución sugiero algunas claves.

En la campaña de la primera victoria, el heterogéneo y poderoso movimiento político de El Alto, la nueva ciudad surgida geográficamente encima de La Paz, negoció su apoyo al candidato Evo Morales con dos condiciones: que convocara a una Asamblea Constituyente para que el nuevo Estado corresponda a todas las naciones existentes en Bolivia y no solo a la de los mistis y q´aras, y que nacionalice los hidrocarburos que estaban en manos de las grandes empresas petroleras y de gas.

Evo dijo que sí. Los de El Alto precisaron que una nacionalización con un 50% para el Estado y el otro 50% para las empresas era insuficiente y que lo justo debiera ser invertir las proporciones vigentes y darle al Estado el 82 por ciento que se llevaban las empresas y reservar para ellas el 18% que esas empresas le daban al Estado.

Una vez elegido, Evo Morales y el MAS cumplieron su promesa electoral.

En la Asamblea Constituyente estuvieron representados todos los rostros y naciones del país. Rostros indígenas del 90 % del país estuvieron con sus polleras, ponchos y rostros amazónicos pintados de colores surgieron como nuevos actores políticos. Los Mallkus y Mama Tallas de los viejos ayllus bolivianos que preservaron desde el siglo XVI sus costumbres y formas de gobierno, tuvieron un papel relevante en el nuevo poder que emergía.

La nueva Constitución redefinió el país como un Estado plurinacional, que corresponde a lo que es el país. Se hizo humo el viejo Estado-nación con su farsa de un Estado, una nación, una lengua, un dios único y verdadero.

Un simple decreto estableciendo nuevas reglas de juego para que el Estado disponga del 82% y las empresas reduzcan sus inmensas ganancia a solo el 18%, fue el primer paso firme de lo que es una política de redistribución.

Las empresas no se fueron de Bolivia, con ese 18% siguen ganando. Por esa vía y muchas otras, el nuevo Estado Multinacional, tuvo y tiene fondos suficientes para disponer de suficientes recursos para invertir en obras y ofrecer beneficios reales a quienes, como los ancianos, nunca antes recibieron nada del Estado.

Lo que acabo de contar podría ser suficiente para entender por qué casi dos tercios de la población electoral del país, renueva su apoyo dos y tres veces al MAS y a Evo Morales.

Cuando se promete y cumple, el camino de la reelección está debidamente abonado. Hay muchas otras razones que sirven para entender el caso extraordinario de Bolivia. En lo que queda de espacio en esta columna mencionaré dos más.

Hace cincuenta años, Fausto Reynaga, autor de varios textos, entre ellos La Revolución india (1967) escribió que no había una Bolivia sino dos: una de los europeos y otra “de los indios”. Contribuyó a que la figura de Túpaq Katari, el líder aymara de la revolución contra los españoles al lado de Túpac Amaru, saliese del olvido.

Una gran mayoría de bolivianas y bolivianos se vio en el espejo de ese aymara con el rostro andino. Surgió así lo que se llama el “Katarismo”, como una especie de inconsciente colectivo indígena del país.

Se asumieron como kataristas los ayllus y comunarios, los sindicatos de campesinos, los obreros de la Central Obrera Boliviana, también un grupo de intelectuales de primer orden como Silvia Rivera. Se formaron partidos Kataristas, clasistas y étnicos, se multiplicaron y dividieron.

Uno de ellos, Víctor Hugo Cárdenas, fue vicepresidente de la República. Sánchez de Lozada, el presidente, le encargó las funciones del protocolo. Hasta ahí llegó el katarismo de los líderes indígenas.

Luego, el MAS y Evo Morales tomaron la posta para construir sobre el fondo del katarismo una gran coalición de obreros mineros, campesinos, indígenas, capas medias, estudiantes, intelectuales y vecinos de una nueva gran ciudad como El Alto. Era ya el anuncio del nuevo Estado Plurinacional.

Evo Morales, un joven aymara mil oficios se forjó como líder sindical de cocaleros en el Chapare. Elegido diputado fue acusado por la derecha como narcotraficante, le quitaron la diputación y lo encarcelaron. Fue elegido senador estando en la cárcel, porque no era un narcotraficante sino un líder de gran arraigo.

Se educó políticamente en las luchas de todos los días, tomó lo mejor del espíritu katarista y de la Central Obrera Boliviana, COB, fue factor decisivo para la formación de esa gran coalición que lo eligió tres veces.

Quedan pendientes muchas cuestiones, principalmente los reclamos de los pueblos indígenas de la Amazonía para defender la Amazonía y no cruzarla de carreteras interoceánicas e hidroeléctricas.

También la necesidad política de nuevos dirigentes que lo sustituyan y continúen la larga marcha para construir una sociedad del Buen vivir-allin kawsay-suma qamaña, que es el paradigma indígena en abierta oposición al llamado desarrollo, entendido como simple crecimiento sin redistribución alguna gracias a la destrucción de la naturaleza.

En Bolivia, como en todos los pueblos indígenas del mundo, se cree que la naturaleza es una madre a la que se quiere y respeta.

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EL ECO DE BOLIVIA

Humberto Campodónico

Hace 10 años se realizó en Bolivia un referéndum sobre el gas, durante el gobierno de Carlos Mesa. La cuestión es que el consorcio Pacific LNG, formado por Repsol y British Gas, querían exportar el gas boliviano construyendo un ducto hacia territorio chileno para salir al mar y, en la costa, construir una planta de licuefacción (LNG). El gas sería exportado a EEUU, al precio vigente en ese país, llamado “Henry Hub”.

La oposición a dicho proyecto fue muy grande y las movilizaciones populares habían sido reprimidas por el gobierno de Sánchez de Lozada. Después de más de 75 muertos, “Goni” fugó a EEUU, asumiendo el vicepresidente Carlos Mesa. Las preguntas del referéndum eran simples y directas.

Por ejemplo, ¿está usted de acuerdo en derogar la Ley de Hidrocarburos de Sánchez de Lozada? ¿Está usted de acuerdo con la recuperación de todos los hidrocarburos en boca de pozo para el Estado boliviano? ¿Está usted de acuerdo con refundar YPFB, recuperando la propiedad estatal de las acciones (…), de manera que pueda participar el Estado en toda la cadena productiva de los hidrocarburos?

Las preguntas tuvieron una aprobación abrumadora y dieron lugar, más adelante, al triunfo del MAS en diciembre del 2005.

La recuperación del gas para Bolivia fue la plataforma que permitió el salto de Evo de dirigente cocalero a dirigente nacional. En el 2006 se promulgó la nueva Ley de Hidrocarburos, que establece que el Estado boliviano es el propietario de la molécula y dispone de manera soberana el destino de los hidrocarburos.

Esa fue la llamada “nacionalización del gas” que, estrictamente hablando no es tal, puesto que las empresas privadas como Repsol, Petrobras y Pluspetrol, entre otras, siguen operando.

Lo que sucede es que estas empresas producen el gas pero lo entregan a la estatal YPFB, que lo comercializa. Con los nuevos contratos, el Estado recibe el 50% por concepto de regalías. De su lado, a las empresas se le reconocen sus costos y sus utilidades, previo pago del impuesto a la renta del 25%.

Es sobre la base de estos logros que el gobierno negoció contratos de venta de largo plazo a Brasil y Argentina, a precios muy superiores a los del Henry Hub de EEUU. Este es el sustento de la actual fortaleza fiscal del país altiplánico.

En el plano político se aprobó una nueva Constitución para el Estado Plurinacional de Bolivia, reconociendo sus derechos.

Y, sobre la base de los ingresos de las regalías de hidrocarburos, el gobierno ha llevado a cabo una política masiva de inclusión social, instaurando la Renta Dignidad, que es una pensión para mayores de 65 años que llegó a 835,000 personas en el 2012, por un monto de US$ 270 millones. También está el bono Juancito Pinto (para incentivar la matrícula de los niños) y el Bono Juana Azurduy (para la salud y nutrición de las mujeres embarazadas).

También ha tenido particular importancia que ahora la “media luna” del oriente boliviano, antes impulsora de políticas separatistas, ahora haya votado masivamente por Evo Morales. Se habla de una relación amistosa con los empresarios de la Región.

El FMI dice en su último informe que Bolivia crecerá en el 2014 por encima de su crecimiento potencial sustentado en el sector hidrocarburos y un moderado impulso fiscal (1). Continúa diciendo que espera que el superávit de la cuenta corriente se mantenga, pasando del 3.1 al 1.1% del PBI del 2014 al 2018 (en el Perú ya tenemos déficit de la cuenta corriente).

Dice también el FMI que el resultado fiscal será levemente negativo (-0.1% del PBI en el 2015) y que las autoridades tendrán éxito en estabilizarla alrededor del 5% en los próximos años.

No menos importante es que, por primera vez desde los años 20, Bolivia salió a los mercados internacionales con dos emisiones de bonos de US$ 500 millones cada una, no por necesidades fiscales sino para crear una referencia (benchmark) para el sector privado.

Hay todavía mucho por hacer en el campo de la inversión, que llegará al 19.4% del PBI en el 2014 (en el 2009 fue 17%) con una mayor inversión pública que privada, lo que es revelador.

En efecto, el gobierno ha emprendido un ambicioso plan de industrialización a partir de los hidrocarburos.

Ya se han montado dos plantas de separación de líquidos del gas (Río Grande y Gran Chaco).

También se ha instalado una planta de licuefacción para transportar gas en camiones cisterna. Y ya está por concluirse una planta de amoniaco y urea en Cochabamba con una inversión de US$ 1,800 millones.

Y están en marcha los planes para la petroquímica del prolipropileno y del etileno (la empresa Tecnimont está encargada de los estudios), con inversiones de más de US$ 3,000 millones.

No todo es color de rosa y existen conflictos con comunidades amazónicas y otras, por temas de tierras y de medio ambiente.

También persiste la informalidad y hay críticas por las sucesivas reelecciones.

La cuestión central es, sin embargo, que hoy los bolivianos son propietarios de sus recursos naturales y los pueden destinar a gastos sociales, decidir adónde los exportan y usar esa renta para impulsar su diversificación productiva. Lo que explica el 60%, por las promesas cumplidas.

No ha sido fácil y ha tomado varios años de conflictos y fricciones. ¿Cuándo es fácil un cambio de esta naturaleza?

Pero ahora el rumbo de la nave es más estable.

Mucho más de lo que se puede decir acá.

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