La receta del Ingeniero.

(Gustavo Rosa)
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Con todas las letras: hay que estar muy confundido para esperar que el Cambio cambie. Esto es el Cambio: prepotencia presentada como institucionalidad y diálogo, empobrecimiento generalizado en beneficio de una minoría específica y anulación del adversario de la peor manera posible. Quien espere otra cosa, se momificará en la espera. Por más que los funcionarios amarillos hilvanen excusas y reciten promesas de manera encantadora, están conformes con el engendro que están amasando: los miedos que siembran justifican las tormentas que pergeñan. Si alguien esperaba una reacción humana en los miembros del Gran Equipo por la desaparición de Santiago Maldonado, la decepción lo habrá inundado. Ni humana ni lógica. Lejos de reconocer errores, se ufanan de una precisión inexistente y nadie los acusa de soberbios, como ocurría en tiempos de Cristina. No tan en secreto, se enorgullecen de los daños que han provocado y de los que producirán en los tiempos que se vienen.

La marcha del viernes pone en evidencia la distancia que nos separa de los Gerentes y sus adeptos. El “¿dónde está Santiago?” que clamorearon las multitudes en estos días cae en el saco roto de los oídos gubernamentales. Mientras se producía el conmovedor reclamo en Plaza de Mayo, el empresidente Macri estaba catando helados en Tucumán. Ni un mensaje de apoyo o solidaridad con la familia. Su desprecio sólo inspiró una opinión favorable al helado de mate cocido y un apoyo al accionar de Patricia Bullrich al frente del ministerio de Seguridad. La reacción de los ceócratas deja al descubierto una intencionalidad macabra: inventar un clima de violencia que justifique el recrudecimiento de la represión.

Como desde el principio de su gestión, lo importante es provocar. Después de la masiva concentración del viernes, un grupo de desaforados –léase ‘infiltrados de los servicios’- atentó contra el histórico Cabildo con piedras y pintadas. Los uniformados de la CABA entraron en la escena, no para apresar a los vándalos, sino para iniciar una cacería contra los que nada habían hecho. Las cámaras mostraban que los encapuchados que habían iniciado los desmanes se escudaban detrás de las filas policiales para aparecer después como efectivos de civil. Una coreografía para estrenar en el noticiero de la noche en HD y destinada a alejar al público cautivo de cualquier empatía con el desaparecido artesano. Durante agosto, funcionarios y acólitos mediáticos trataron de construir un enemigo con las víctimas del Sur y, con las pintadas en el Cabildo, concluyeron el plan de demonización del adversario. Y Macri avaló todo.

El despertar de la Fuerza

Que el Ingeniero esté satisfecho demuestra que cada ingrediente forma parte de la receta. Desde la expulsión de los mapuches de sus tierras ancestrales usurpadas por los terratenientes hasta las tretas de distracción intentadas por los funcionarios y adláteres mediáticos; desde las discriminadoras expresiones del jefe de Gabinete de Seguridad, Pablo Noceti hasta las desubicadas excusas de la ministra Bullrich; desde la simulada preocupación hasta la histriónica búsqueda; desde la ilegal irrupción de Gendarmería en las tierras mapuches hasta la quema de las pertenencias y la persecución de sus dueños. Con la confirmación de Patricia Bullrich al frente de Seguridad, Macri avala todo, hasta la desaparición de Santiago Maldonado.

Que no haya sido mapuche le agrega un condimento extra. Gracias a eso, el país entero comienza a empaparse de los conflictos por las tierras de los Pueblos Originarios. Si Santiago no fuera un bonaerense rubio y de buena familia, el plan de exterminio y desalojo no hubiera pasado de la repercusión regional. Ahora sabemos que el Estado administrado por Macri, en lugar de proteger el derecho a las tierras de las comunidades indígenas como manda la Constitución y la ley 26160, pone todos los organismos del Estado para resguardar los espurios privilegios de empresarios extranjeros. También sabemos que muchos periodistas acólitos se sumaron a la estrategia de distracción, difamación y encubrimiento. Y lo siguen haciendo, a pesar de que ya es evidente que la nueva Conquista del Desierto está en marcha.

El reclamo por la aparición con vida de Santiago Maldonado recorre el mundo y la marcha del viernes ocupó a la prensa internacional durante el fin de semana. La pacífica concentración en Plaza de Mayo y no los incidentes armados que ocurrieron más de una hora después. Hay que ser muy distraído o estar bastante consustanciado con el Cambio para tomar como kirchneristas a esos vándalos con flamantes banderas negras que gritaban “uno, uno” y que después se calzaron chalecos anti balas para formar parte de la captura de desprevenidos paseantes. En lugar de responder dónde está Santiago, montan una escena para desprestigiar los reclamos en las tapas hegemónicas del sábado. Como en los Tiempos Oscuros, los uniformados salieron en razzia de viernes para invadir bares y pizzerías, tomando rehenes que ni siquiera habían estado en la Plaza. Periodistas, fotógrafos y portadores de celular se convirtieron en blanco de la cacería.

Y Macri avala todo porque es la única manera de imponer el brutal plan de ajuste y desigualdad que tiene en mente. Mientras los dirigentes de la CGT no saben debajo de qué mesa de diálogo esconderse, los empresarios de AEA se frotan las manos por la flexibilización que se viene sin pasar por el Congreso. Mientras los opo-oficialistas no saben qué bandera esgrimir, los familiares de los funcionarios blanquean miles de millones de dólares de dudosa procedencia. Mientras el consumo sigue en caída libre y los importados destruyen la industria local, los ceócratas amparan a los saqueadores extranjeros. Mientras, desde las sombras, los Servicios inventan focos de violencia inadmisibles, gran parte de la sociedad pregunta ¿dónde está Santiago?

Hay que ser muy ingenuo para esperar que lo busquen, porque desde el principio saben dónde está. Ahora hay que exigir que lo devuelvan. Y sin trucos. Que no le dejen en cualquier lado porque ya está comprobado dónde lo chuparon. Que no presenten su aparición como un logro para la campaña porque sería muy obsceno. Santiago no fue abducido por venusinos sino secuestrado por gendarmes. El periodista Ricardo Bustos de FM del Lago en Esquel relató la captura el 2 de agosto con lujo de detalles y, de manera despectiva, describió a Santiago: “el sujeto era de La Plata pero residía en la vecina y marihuanera ciudad de El Bolsón, un hippie con OSDE 510”.

Un caso de desaparición forzada en democracia es muy grave pero ya sabemos que los que fueron Nisman jamás serán Santiago. También sabemos que esto no es una dictadura, pero huele a algo parecido. También sabemos que nos llevan a una catástrofe y que ya no pueden disfrazarse de nada. Y además sabemos que muchos de nuestros conciudadanos olfatean algo parecido pero no se atreven a reaccionar. Ya sabemos muchas cosas y sería bueno que tanto saber nos vuelva tan sabios para salir de esta pesadilla antes de que no podamos despertar jamás.