LA QUIMERA DE AXEL KICILLOF.

(Hernán Andrés Kruse)

Días pasados estuvo en Catamarca el ex ministro de Economía Axel Kicillof en el marco de la campaña electoral rumbo a las presidenciales del año próximo. En un diálogo con vecinos del paseo General Navarro el dirigente cristinista sostuvo que para los funcionarios macristas el negocio está por encima de las decisiones que adoptan y que uno de sus últimos inventos es el conflicto de intereses. En este sentido se preguntó: “¿Qué sería conflicto de intereses? ¿Que un funcionario toma una decisión desde el gobierno, en un cargo de Estado, para favorecerse a sí mismo, a eso llaman conflicto de intereses?”. Luego afirmó que el gobierno de Cambiemos “le ha puesto tapones en los oídos a mucha gente para que no pueda escuchar. Yo les vengo a decir que no nos vamos a resignar, que no nos van a ganar con esa estrategia, que vamos a volver en 2019”. Hay que hablar con todos. No hay que ir a refregar nada porque ahí, ganan ellos”, sentenció.

Las presidenciales de 2019 están a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la severa crisis que agobia a la Argentina hace que el año y medio que resta para ese transcendental acontecimiento parezca eterno. A pesar de ello, la dirigencia política no lo entiende de esa manera ya que desde hace tiempo ha dado comienzo a la carrera electoral. La frase del ex ministro “vamos a volver en 2019” ¿es una mera expresión de deseos?; ¿una quimera?; ¿o es fruto de su pleno convencimiento? Me parece que por el momento se trata de lo primero. Veamos. La situación económica y social del país es extremadamente grave. Ayer (domingo 24) Página/12 publicó las conclusiones surgidas del Monitor de clima social (MCS) relevado periódicamente por el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM) que pone en evidencia un hecho dramático: casi la mitad de quienes habitan en la CABA y el Gran Buenos Aires comen menos porque carecen del dinero suficiente para alimentarse correctamente. ¡Estamos hablando de una de las necesidades básicas del ser humano: la comida! En la Argentina, el otrora granero del mundo, el país de la agricultura y la ganadería, es incapaz de garantizar a su población una alimentación digna. Una afrenta a la dignidad del pueblo argentino. Como bien acaba de señalar Hugo Moyano, durante la presidencia de Cristina el pueblo comía. Ahora no. Este dato estremecedor pone en evidencia el grado de degradación que estamos sufriendo como sociedad y como nación desde que Macri llegó al poder. Fue hace dos años y medio pero parece que fuera hace dos siglos y medio. El daño que están haciendo el presidente y sus CEOS es tremendo. El salario de los trabajadores se ha pulverizado. El peso no vale absolutamente nada a raíz de la feroz devaluación que viene teniendo lugar desde abril pasado. La corrida cambiaria que enloqueció al gobierno y a todos nosotros tuvo como resultado un aumento del dólar de ocho puntos. En marzo el dólar estaba a 20 pesos y hoy está a 28$. Una depreciación del peso que atenta contra el nivel de vida de la inmensa mayoría de los argentinos. Una depreciación que provoca inexorablemente fuertes aumentos en alimentos y medicamentos, nada menos. Y como los salarios siguen congelados la lógica consecuencia es el dato brindado por el CEM: cada día que pasa a la mayoría de los argentinos le cuesta alimentarse como corresponde.

Pero eso al gobierno de Macri y sus CEOS los tiene sin cuidado. Para ellos lo único que importa es la reacción de los “mercados” frente a cada decisión que toman en materia económica. Para Cambiemos sólo es relevante la timba financiera que se ha adueñado de los resortes del Estado. Todas las decisiones que ha adoptado el gobierno han tenido como único objetivo garantizar los negociados de sus amigos internos y externos. Para ello fue que se endeudó de manera irresponsable, sin medir las consecuencias. Desesperado por la carencia de dólares, el presidente creyó que con el retorno de la Argentina al mundo, la banca internacional le prestaría dólares indefinidamente, como si se tratara de recursos ilimitados. Pero los dólares son limitados, aunque parezca mentira. El presidente se percató de ello en enero de este año cuando se quedó sin oxígeno para continuar respirando. Desesperado, acudió al FMI para sobrevivir. El gobierno del megalómano Donald Trump decidió ayudarlo “convenciendo” al FMI que le prestara esos tan ansiados dólares. Con la aprobación del Stand-By por 50 mil millones de dólares, el gobierno resucitó. Mientras tanto subía de categoría al ser declarado un mercado emergente. Macri tomó estas dos decisiones como una victoria épica, digna de Aquiles. El retorno al FMI fue lo peor que nos podía haber pasado. Ahí está la historia reciente para hacernos refrescar nuestra endeble memoria colectiva. La crisis del 2001 y el terrible 2002 fueron el resultado lógico de la “ayuda” prestada por el FMI. Veinte años después la historia se repite. Si en aquella oportunidad el arreglo con el FMI terminó en un desastre, ¿por qué ahora la historia tendría un final diferente? Todo indica, lamentablemente, que vamos directo al desastre, a la colisión con un iceberg gigantesco, tal como le pasó al Titanic.

Mauricio Macri puso en evidencia desde un principio la ideología de su gobierno. Apenas se sentó en el sillón de Rivadavia eliminó las retenciones que tanto molestaban al “campo” y decidió “negociar” con los fondos buitre. La capitulación frente a Paul Singer contó con el apoyo de una buena parte de la “oposición”, en especial del peronismo antikirchnerista y el Frente Renovador. Este sector de la oposición, que cuenta con numerosos legisladores en el Congreso, apoyó todos y cada uno de los proyectos enviados al parlamento por el Ejecutivo. Ese apoyo duró dos años. En ese momento Diego Bossio, Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa, cada vez que hablaban, parecían más macristas que el propio Macri. Hasta que el Congreso debió debatir la reforma previsional. En ese momento (diciembre del año pasado) se produjo un quiebre en el vínculo que molestó sobremanera al Ejecutivo. Ese quiebre se profundizó durante los últimos meses alcanzando su máxima expresión al tratarse el congelamiento de las tarifas y la legalización del aborto. Ahí quedó demostrado el enorme poder de fuego de la oposición si está cohesionada, unida. Lamentablemente, fue un espejismo. Cuando el FPV, la izquierda y el movimiento Evita intentaron exigir al Congreso que discuta el acuerdo con el FMI, el peronismo anti K y el FR no bajaron al recinto. Una nueva demostración de alineamiento con el oficialismo. Estas actitudes de la “oposición racional” demuestran su nula predisposición para conformar una oposición única para derrotar al oficialismo el año próximo. Bossio, Pichetto, Massa y compañía no quieren saber nada con Cristina Kirchner, Rossi, Kicillof y compañía. Si para aquéllos el precio a pagar por impedir el retorno de CFK es la reelección de Macri, están dispuestos a pagarlo. La “oposición racional” hará todo lo que esté a su alcance para evitar que CFK vuelva a ser presidente de la nación. Por eso se está hablando en las últimas horas de una supuesta fórmula presidencial Tinelli-Massa. Qué mejor para Macri que una fórmula de esa índole compita en 2019. Si finalmente se concreta, el presidente la financiará de su propio bolsillo si es necesario. Cambiemos y el “peronismo racional” tienen un enemigo en común: Cristina Kirchner. En consecuencia, actuarán mancomunadamente para evitar lo que consideran una tragedia: que CFK vuelva a tomar las riendas de la república. Ello explica por qué la expresión de Kicillof en Catamarca no es más que la expresión de una quimera. Al menos por ahora.

En su edición del 24 de junio Página/12 publicó artículos de Raúl Kollmann (“Menos de comer, más miedos, peores expectativas”), Alfredo Zaiat (“Otro megacanje”) y Claudio Scaletta (“Cambio de pantalla en el Central”).

Escribió Kollmann: “Como era previsible, los índices sociales se siguen deteriorando y todo indica que la perspectiva no es para nada mejor. Casi la mitad de los habitantes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires disminuyeron las raciones de comida en el último año, con caídas aún más fuertes en el segundo cordón del sur y del oeste del conurbano. También la mitad de esos ciudadanos tienen alguien de su hogar que perdió el trabajo en los últimos doce meses” (…) “Seis de cada diez personas dice que el sueldo no le alcanza y está en dificultades, a lo que se agrega que una altísima proporción afirma que las dificultades que afronta son muy grandes” (…) “Tampoco creen en una perspectiva: más de la mitad de la gente cree que dentro de un año estará igual o peor” (…) “Las conclusiones surgen del Monitor de Clima Social (MCS) relevado periódicamente por el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), un centro interuniversitario que integran la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET); la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de Hurlingham. El estudio estuvo a cargo del director del CEM, Matías Barroetaveña” (…) “El Monitor se construye a partir de las respuestas a preguntas muy específicas sobre la situación de cada hogar” (…) “Ante esta emergencia social”, señala Barroetaveña, “es imprescindible una recomposición de salarios, Asignación Universal por Hijo (AUH) y jubilaciones que han sido pulverizados por la inflación y la devaluación con su impacto en el precio de los alimentos. Se deben fortalecer y mejorar los servicios de los comedores barriales y escolares cuyos montos per cápita tienen valores ridículos al igual que la asistencia a toda aquella institución de contención; reactivar la obra pública en particular la mano de obra intensiva y no priorizar la de grandes maquinarias como hasta ahora; y avanzar hacia una rebaja del IVA en los alimentos. Esta batería de medidas debe considerar además que lo peor aún no llegó. El impacto de la devaluación y el ajuste propuestos por el FMI será más profundo en el segundo semestre. No se puede mirar para otro lado, este clima social incuba mayor cantidad de conflicto callejero y la respuesta de involucrar a las FFAA en cuestiones de seguridad interna debe recibir el más amplio rechazo. El Estado debe dar respuesta ya. Necesitamos más Estado motorizando el crecimiento y el mercado interno y no menos Estado como nos proponen con el ajuste” (…) “Como es obvio”, expresa Kollmann, “una de las evaluaciones fundamentales es sobre la seguridad alimentaria” (…) “En febrero, un 37 por ciento de todos los consultados afirmó que en su hogar disminuyeron las porciones de comida por razones económicas. Ese porcentaje subió en este Monitor, el de junio, al 48 por ciento. Como se ve, un agravamiento dramático. Sin embargo, lo más serio surge al discriminar esos datos. Según consigna el monitor, nada menos que el 64 por ciento de los consultados en el segundo cordón del sur del conurbano dijeron que redujeron las porciones” (…) “En esas zonas profundas del conurbano, los porcentajes de los que contestaron que pasaron momentos de hambre superan el 40 por ciento” (…) “El índice de seguridad laboral se construye a través de varias preguntas”, manifiesta Kollmann. Tal vez la principal apunta a saber si alguien en el hogar perdió el trabajo en el último año. También se indaga sobre la existencia del temor a perder el empleo a incluso si su situación laboral es mejor o peor que hace un año. En concreto, de febrero a junio, el índice de seguridad laboral cayó cinco puntos y perdió nueve puntos si se compara con octubre de 2017” (…) “A la pregunta básica, el 57 por ciento de los encuestados respondieron que están peor económicamente si comparan su situación actual con la de hace un año. Sólo el 14 por ciento afirmó que su situación económica mejoró. En línea con las encuestas sobre el cuadro general de la Argentina que publicó este diario, los consultados evalúan mal o muy mal a la economía, con un crecimiento asombroso del pesimismo desde diciembre del año pasado en adelante. En octubre de 2017 el 37 por ciento decía que la situación de la economía era mala o muy mala, pero lo que cambió los estados de ánimo fue la reforma jubilatoria y la tremenda serie de tarifazos post electorales. Eso explica por qué hubo un salto tan grande: ya en febrero trepó 15 puntos y el 52% opinó que la situación estaba mal o muy mal. Y el salto ahora es aún más grande; subió otros 16 puntos al 68 por ciento. Esto significa que siete de cada diez argentinos son fuertemente críticos de lo que está pasando”.

Escribió Zaiat: “La economía macrista ha ido debilitando, a una velocidad sorprendente, hasta poner en una situación límite, diferentes frentes de la muralla financiera interna. Lo hizo con el régimen cambiario, la política monetaria con la tasa de interés, la hoja de balance del Banco Central con la Bomba Lebac, la licuación y remate del FGS-Anses, los créditos hipotecarios UVA que provoca angustia de deudores y disparará la morosidad de esa cartera en el balance de las entidades, la liquidación de reservas internacionales, el endeudamiento desenfrenado que empezó a agobiar las cuentas del Tesoro. Este desmoronamiento es la consecuencia de la debilidad provocada en la muralla externa, con la desregulación absoluta del mercado cambiario y de la cuenta Capital de la Balanza de Pagos, a lo que se agregó la apertura importadora con la flexibilización en la administración del comercio exterior” (…) “La fenomenal corrida contra el peso no fue gatillada por factores externos, sino por la propia política económica del macrismo que amenaza con hundir el proyecto político conservador de la alianza Cambiemos. La desesperación para frenar la caída arrojó al gobierno a los brazos del FMI” (…) “Esa misma desesperación llevó a la nueva gestión del Banco Central en manos de los mesadineristas Luis Caputo y Gustavo Cañonero a tomar la decisión de avanzar sobre el último dique financiero. Ahora le toca el turno al sistema bancario” (…) “El lunes pasado, la dupla Caputo-Cañonero difundió su primer comunicado. Fue la inauguración oficial ante el sistema financiero. La estrategia presentada incluyó cuatro medidas para enfrentar la corrida cambiaria. Tres de ellas involucran a los bancos. La cuarta precisaba el nuevo mecanismo de liquidación, a través de subastas diarias, de los dólares del FMI” (…) “Caputo y Cañonero decidieron utilizar recursos de la banca para intentar desactivar la Bomba Lebac, con la participación del Tesoro Nacional y el Banco Central en un nuevo megacanje de papeles de deuda. El BC también dispuso la normativa para facilitar que la banca pueda comprar Letras del Tesoro (Letes) en dólares de corto plazo. De ese modo busca sustituir el financiamiento internacional, que hoy está vedado. Los bancos podrán aplicar dólares que tienen en su patrimonio para adquirir Letes. Estas medidas tienen el objetivo de sumar el sistema bancario a la misión de rescatar la economía macrista. La forma de hacerlo, en los aspectos técnicos, es la siguiente: Los encajes bancarios (el dinero de los depósitos de los ahorristas que las entidades deben mantener inmovilizados)) se incrementarán escalonadamente en 5 puntos porcentuales para las colocaciones a la vista y a plazo. El efecto total estimado de la medida es de unos 100.000 millones de pesos (cada punto de exigencia de efectivo mínimo en pesos representa aproximadamente 20.000 millones)” (…) “Los bancos tienen que disminuir el límite de la posición global neta positiva de moneda extranjera computada en saldos diarios del 10 al 5 por ciento de la responsabilidad patrimonial computable. Inicialmente esto significa que tienen que vender parte de sus dólares en el mercado. Pero en la medida siguiente aparece el verdadero objetivo de Caputo, que no es dolarizar activos de los bancos, sino inducir a dolarizarse con Letes emitidas por el Tesoro” (…) “El BCRA flexibilizó los requisitos para que las entidades financieras puedan adquirir Letes en dólares en el mercado secundario y, lo fundamental, se las autoriza a aumentar su posición global en moneda extranjera por encima del 5 por ciento admitido y hasta el 30 por ciento de su responsabilidad patrimonial computable. ¿Pero el Central no la había bajado del 10 al 5 por ciento? Sí, pero simultáneamente permite que ese aumento del 5 al 30 por ciento sea integrado exclusivamente con Letes en dólares. La emisión de Letras del Tesoro en dólares es el recurso inmediato para permitir la refinanciación de las que vencen y, además, para sumar billetes verdes en un contexto donde se ha clausurado el grifo de Wall Street. Los bancos del mercado local se convierten así en una fuente de dólares para el Tesoro. El saldo de estas tres medidas del Central es que pesos y dólares del sistema financiero son utilizados para intentar salir de la crisis cambiaria. La experiencia argentina enseña que no es aconsejable despertar dudas de lo que hacen los bancos con el dinero de los ahorristas. Menos cuando la banca está obligada a cubrir con recursos de terceros que administra la irresponsabilidad de funcionarios en el manejo de la economía y, en especial, del área financiera y monetaria” (…) “El ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, es un especialista en megacanjes de títulos de deuda pública” (…) “A las pocas semanas de tomar el control del Banco Central reincidió con el megacanje II (participó del primero, implementado en la gestión de Cavallo en economía durante el gobierno de De la Rúa). Su despido no le permitirá ser parte de la tercera versión” (…) “Una operación financiera bastante similar al megacanje II entre el Tesoro y el BCRA tiene ahora el objetivo de rescatar las Lebac. La última semana, tuvo una primera etapa por 67.552 millones de pesos, en un proceso que durará de dos a tres años, según el acuerdo con el FMI” (…) “El megacanje III implica un incremento de la deuda del Tesoro con el sector privado y a un costo más elevado. Si el cronograma del trueque de pasivos se cumple, el saldo será sumar deuda pública con el mercado en 5 puntos del PIB y elevar la carga de intereses en cerca de 1 punto del PIB. A la vez, generará una mayor exigencia en el pago de intereses. Esto aumentará la presión fiscal para cumplir con las metas del déficit financiero previstas con el FMI, lo que adelanta la necesidad de un mayor ajuste de las cuentas públicas” (…) “En la persistente tarea de debilitar todos los frentes financieros, la economía macrista emprende otro megacanje que es ruinoso para las cuentas del Tesoro, que además involucra recursos de las entidades financieras. Es lo más parecido a jugar con fuego”.

Escribió Scaletta: “La semana que pasó se conocieron los datos más importantes para monitorear el funcionamiento, y el estado, de la economía local. En concreto: la continuidad y profundización del déficit de las cuentas externas y su contrapartida en el Balance Cambiario, que muestra la aplicación específica de los dólares disponibles” (…) “Frente a la incertidumbre macroeconómica y financiera quienes dispusieron de excedentes monetarios aceleraron pasar sus activos a moneda extranjera, mientras el cambio de las condiciones para el carry trade, la devaluación que se aceleró a partir de fines de abril y que licuó las ganancias de las tasas en pesos, aceleraron también el desarme de posiciones de fondos internacionales que comenzaron a salir del país. Todo este rojo de dólares se financió con deuda externa y el desahorro de unos 14 mil millones de dólares de Reservas Internacionales, pero como la deuda comenzó a cortarse y los dólares se volvieron más escasos se inició una corrida contra la divisa que desembocó en un dólar cercano a los 29 pesos, por ahora estabilizado en más de 27 y menos de 28” (…) “La primera conclusión que de la experiencia pueden obtener los macroeconomistas es que el hasta cierto punto virtuoso instrumento del carry trade no puede financiar el déficit de cuenta corriente indefinidamente. Repitamos que es “virtuoso” porque permite el ingreso de dólares contra endeudamiento en pesos, pero de nuevo, es una herramienta útil para financiar una transición. Ocurre que a partir de determinado punto el mecanismo se vuelve en contra de la estabilidad cambiaria: la gigantesca masa de pesos de Lebac comienza a presionar contra la cotización del dólar amenazando con un pasaje masivo, proceso que si continúa obliga a llevar la tasa de referencia a niveles estratosféricos, como el 40-47 por ciento actual” (…) “La tarea de Caputo, consensuada con el FMI, no puede ser otra que reducir el peso de la masa de Lebac por dos vías: recomprando las que se pueda y/o intentar reemplazarlas por papeles con plazos más largos a fin de evitar los supermartes mensuales, y utilizar los dólares del FMI, por ahora 100 millones diarios hasta agotar el primer desembolso de 7500 millones, para sacar pesos del mercado como instrumento de estabilización, lo que se dice generar una política monetaria contractiva” (…) “El FMI también impuso que no se utilicen reservas internacionales para intentar mantener “artificialmente” el precio de la divisa, lo que refuerza la idea de que la única contención será la liquidación de los dólares del préstamo del organismo” (…) “Puede preverse que el nuevo esquema funcionará mientras estén disponibles los dólares del FMI, por lo que puede adelantarse una relativa estabilidad cambiaria en los próximos meses. Sin embargo, más allá de la baja temporaria de importaciones, que se acentuará por la recesión económica, las causas sobre el déficit estructural en la provisión de divisas permanecen intactas. Las exportaciones no aumentarán por el nuevo tipo de cambio. Luego, a pesar de la flexibilización laboral en el mercado petrolero, la eliminación de retenciones y los aumentos de los precios de los hidrocarburos en boca de pozo, la única inversión que crece en Vaca Muerta es la que realiza Estados Unidos en una base militar, perdón, “humanitaria”.

Anexo

En su edición del 11 de junio Página/12 publicó un artículo de Fernando Krakowiak titulado “El otro blindaje que terminó en un estallido”. Escribió el autor: “Esto que se ha logrado, que es algo inédito en nuestra historia en términos de apoyo mundial, en cantidad de dinero y en la flexibilidad y el acompañamiento del plan, es una oportunidad para que la Argentina consolide un camino de crecimiento y desarrollo”, aseguró ayer el presidente Mauricio Macri al referirse al rescate multimillonario que el Fondo Monetario Internacional acaba de aprobar para la Argentina. La algarabía hace recordar a aquel mensaje navideño que el 22 de diciembre de 2000 Fernando de la Rúa compartió por televisión con todos los argentinos, días después de conseguir un acuerdo multimillonario con el Fondo. “He anunciado un blindaje internacional que nos saca del riesgo y crea una plataforma extraordinaria para el crecimiento”, aseguró entonces el líder de la Alianza” (…) “El 28 de enero, a menos de dos meses de haber asumido, el gobierno de la Alianza anunció un acuerdo stand by con el FMI que preveía el desembolso de 7400 millones de dólares. “El acuerdo es una muestra de la solidez del programa económico de la Argentina, sin que esto signifique ninguna condicionalidad por parte del FMI”, aseguró el vicepresidente Carlos Álvarez, encargado de hacer el anuncio. “Lo importante es que no nos fue impuesto, sino que lo buscamos nosotros, a partir de la grave situación en que recibimos el poder”, subrayó el presidente Fernando de la Rúa al día siguiente desde el Foro Mundial de Davos” (…) “Como siempre en estos casos, Washington fue clave al momento de cerrar el trato” (…) “He recibido en estos tres días fuertes demostraciones de confianza hacia la Argentina y sus posibilidades de crecimiento. Destacan lo que hemos hecho para ordenar las cuentas y combatir el déficit fiscal”, sostuvo De la Rúa al cierre de su vista a Suiza. “Lo que tenemos que marcar ahora es el camino del crecimiento, y eso se consigue con un aumento de las exportaciones y mayor presencia en los mercados internacionales”, añadió” (…) “El 10 de marzo el Directorio del FMI aprobó formalmente el acuerdo. En el texto final el gobierno se comprometió a impulsar una fuerte reducción del déficit y a enviar al Congreso proyectos de ley para aumentar de 60 a 65 años la edad jubilatoria de las mujeres, transformar al Banco Nación en una sociedad anónima y promover la desregulación de las obras sociales sindicales” (…) “El desembolso inicial era de 1300 millones de dólares y luego dependería de los resultados que fueran surgiendo de las auditorías a cargo de Teresa Ter Minassian” (…) “El 19 de septiembre de 2000, el por entonces economista jefe del FMI, Michael Mussa, destacó las medidas para reducir el déficit fiscal adoptadas por el Gobierno, pero sostuvo que la contracara de esa política fue una caída de la demanda y de la actividad económica” (…) “A comienzos de noviembre la desconfianza se instaló en el mercado. El precio de los títulos públicos comenzó a caer y la tasa de interés se disparó. Los inversores extranjeros consideraban que comprar títulos argentinos en ese momento era asumir un riesgo demasiado elevado ya que desconfiaban sobre la posibilidad de que Argentina pudiera llegar a conseguir los 21.800 millones de dólares que necesitaba para refinanciar los pagos de la deuda en 2001” (…) “Mientras tanto, en Washington el secretario de Hacienda, Mario Vicens, y su par de Finanzas, Daniel Marx, negociaban contra reloj un crédito contingente liderado por el FMI. Ahí se comenzó a cocinar el “blindaje” destinado a evitar el default y salvar el régimen de convertibilidad que garantizaba que un peso era igual a un dólar, pues entonces la devaluación no era considerada una opción” (…) “Finalmente, el 18 de diciembre de 2000 el presidente De la Rúa anunció en la Quinta de Olivos la concreción de un acuerdo con el FMI, otros organismos, bancos, AFJP y el Estado español por un salvataje de 39.700 millones de dólares, el mayor en la historia argentina” (…) “El 22 de diciembre se volvió a mostrar eufórico en un mensaje televisivo” (…) “El Directorio del FMI aprobó formalmente el nuevo acuerdo el 12 de enero de 2001. Entre las exigencias se incluyó la reforma previsional, que contemplaba la eliminación de la Prestación Básica Universal y la elevación de la edad jubilatoria de las mujeres, el compromiso de avanzar con la reestructuración de la Anses, eliminar el déficit del PAMI, implementar el Régimen Penal Tributario y expandir la cobertura de la fiscalización interna a 100.000 nuevos contribuyentes durante 2001, entre otras medidas” (…) “El mercado volvió a temblar en febrero por el efecto que provocó sobre los mercados emergentes la crisis de Turquía, país que recientemente había recibido un paquete de ayuda similar al de Argentina” (…) “De pronto, las dudas sobre la capacidad argentina de cumplir con su deuda volvieron y el efecto “blindaje” se evaporó. El 2 de marzo el ministro Machinea renunció. Lo reemplazó López Murphy, quien anunció un recorte anual de 2 mil millones de dólares y duró en su cargo apenas dos semanas. El 20 de marzo lo reemplazó Domingo Cavallo, quien mandó al Congreso un proyecto de ley que le daría superpoderes especiales por un año. Luego llegarían el megacanje, el corralito, los saqueos, la renuncia de De la Rúa y finalmente el default y la devaluación”.

¡Cuánta razón tenía Albert Einstein!