la muerte de Daniel Viglietti. (tres notas).

Fallece Daniel Viglietti, cantor de los pueblos libres

30 octubre, 2017

Falleció en su ciudad natal, Montevideo, a los 78 años de edad, mientras se le realizaba una operación. Junto con otros músicos es considerado uno de los grandes referentes de la llamada “canción de protesta” latinoamericana

Por Antonella Bianco – Pulso

Daniel Viglietti, cantautor uruguayo nacido en Montevideo el 24 de julio de 1939, falleció a los 78 años de edad en la misma ciudad que lo vio nacer.

Hijo de uno de los mayores exponentes de la guitarra clásica uruguaya, Cédar Viglietti, y discípulo de Abel Carlevaro, Daniel decidió romper con las tradiciones académicas y volcarse, con todo su conocimiento, a recoger y transmitir las vivencias, sentimientos y reclamos de las clases populares de su país y de toda América Latina.

Su obra, en la que se combinan complejos métodos y técnicas compositivas con tradiciones folklóricas, recorre la vida de los obreros y trabajadores rurales, las historias de las barriadas populares, de los niños y las mujeres, mezclando denuncias y reivindicaciones, con el horizonte puesto en el cambio social.

Su música siempre tuvo como objetivo final contribuir a la construcción del “hombre nuevo”.

Militante revolucionario de la canción apoyó firmemente los procesos de liberación de nuestro pueblos con sus letras y su presencia: Cuba, Nicaragua, El Salvador, el Chile de Allende, Venezuela y Bolivia. También denunció las barbaries del sistema y las dictaduras que asolaron a nuestro continente.

Su partida deja un vacío que sólo se llena con su arte militante, comprometido con las causas de los pueblos, que sonará hasta alcanzar esa nueva sociedad por la que día a día cantó.

Entrevista con Daniel Viglietti: Un cántico lumínico / En memoria de un Chueco infinito

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Andrés Figueroa Cornejo / Resumen Latinoamericano

La siguiente entrevista la realicé a fines de noviembre de 2009 en Santiago de Chile. Es mi homenaje modesto a un gigante eterno de la cultura de los pueblos. La fotografía la sacamos entre Daniel y yo. Él propuso colocarse reflejándose en el espejo y yo simplemente apreté el obturador de la cámara. Dejo mi corazón en esta memoria.

“Cuando el pobrísimo tome las cúpulas
y los famélicos tomen las Áfricas
y los indígenas tierra amazónica
y los mecánicos tomen las fábricas
y los utópicos salgan del prólogo
y los daltónicos pinten lo nítido
y los chuequísimos bailen de júbilo
ya lo terrícola será libérrimo
cual ritmo cíclico de un canto esdrújulo.”
Daniel Viglieti

El viernes 27 de noviembre, a las 20:30 hrs., en el Teatro Oriente de Santiago de Chile, el legendario artista popular Daniel Viglietti ofrecerá un concierto a un precio ridículo para ese escenario y la talla del cantautor.

El creador de “A desalambrar”, “Soledad Barret”, “Daltónico” y un sensible cancionero que ha recorrido y recorre las luchas de los pueblos latinoamericanos ya se ha presentado en universidades, haciendo vibrar como siempre, esta vez, a las generaciones nuevas de chilenos que, pese a la mala distribución de su obra, maravilla y estremece.

Cálido, pleno de convicciones, con proyectos infinitos, memoria intacta y esa voz honda que enreda de ternura al que tiene cerca, Daniel Viglietti se sienta en una mesa sencilla colmada de discos, mientras le cuento que me he pasado la vida cantando El Chueco Maciel (a mi modo gritón y malogrado) y que, absurdamente, parece que lo conozco de siempre.

¿Cómo se forjó tu vínculo con Chile?

“Mi relación con Chile es de un gran cariño y de un sentimiento solidario de ida y de vuelta. Cuando yo conocí Chile en 1965 me enteré que los hijos de la cantora formidable Violeta Parra –que ya conocía por su trabajo-, Isabel y Ángel, habían presentado “Canción para mi América” (“Dale tu mano al indio / dale que te hará bien”) en un programa televisivo por lo cual tuvieron algunas dificultades. Entonces, cuando yo vine por primera vez al país, a la ciudad de Valparaíso, integrando un coro como suplente de un bajo al festival de coro de Viña del Mar, lo primero que hice, luego del evento, fue partir a Santiago, a calle Carmen 340, donde funcionaba la Peña de Los Parra. Ahí estaba Violeta tomándose una sopa.”

¿Así te “emparraste”?¡

“Así comenzó la amistad con Isabel y Ángel. En ese primer viaje me quedé en casa de Patricio Manns (“Arriba en la Cordillera”, “El cautivo de Til Til”). Él estaba de gira por el norte del país, filmando y me dejó su apartamento de la calle Berlín. Sucesivamente derivé a la casa de los Parra, en calle Los Leones 1278.”

Carmen 340 fue la “fábrica” de la Nueva Canción Chilena…

“En esa peña conocí a Víctor Jara; hice amistad con Rolando Alarcón (“Los Pueblos Americanos”) que aún vivía; con Payo Grondona, que quedó como uno de mis mejores amigos aquí. También con el “Gitano” Rodríguez (“Ha llegado aquel famoso tiempo de vivir”) que se nos fue hace un tiempo. Todo esto hizo una relación entrañable con Chile. Entonces canté en la feria de Los Cerrillos (Santiago), donde también cantó Violeta junto a esa tan prolífica familia de Los Parra. En otro viaje me trajo a tu país René Largo Farías (muerto en extrañas circunstancias hace algunos años), al Festival Chile Ríe y Canta en el Teatro Caupolicán. René era un hombre tremendamente solidario que después encontré en el exilio.”

Tú eres hijo de músicos y parece que estuvieras desde siempre…

“Canto hace 51 años, así es que en mis visitas a Chile vi el nacimiento de grupos como Inti-Illimani (“Sambalandó”, “Venceremos”) y Quilapayún (“El Pueblo Unido”).”

EL EXILIO

Todo eso fue en los 60 y principio de los 70…luego fue el horror de la dictadura…

“Así también me ata a Chile todo lo que ocurrió durante la Unidad Popular, Salvador Allende, Miguel Enríquez. En ese tiempo, por cierto, no salieron discos míos, lo cual pierde toda importancia después de todo lo que pasó.”

¿Cómo te enteraste del golpe?

“Yo estaba en París, escuchando un concierto del cubano Carlos Puebla (“Hasta Siempre, Comandante”), y cuando empezábamos a abrir unas botella de ron, llegó uno de ellos con el rostro demudado, diciendo “golpe en Chile”. Inmediatamente dejamos las botellas a un lado y nos fuimos cada uno a nuestras casas. Entonces comenzó otra vida para mí. Porque, aun siendo uruguayo, me transformé de pronto en chileno, y más adelante, con el golpe de Estado de Videla, me transformaría en argentino.”

Tú fuiste exiliado también…

“En el exilio me encontré con Joan Jara (viuda de Víctor Jara), en Berlín, en la entonces RDA, donde ella me narró lo concerniente a la muerte de Víctor. Yo siempre he trabajado en radio y televisión, así es que tengo una gran cantidad de entrevistas en mis archivos de varios de esos encuentros.”

¿Cuándo viajaste a Chile otra vez?

“Tuve la oportunidad de entrar a Chile durante la dictadura de Pinochet, a fines de los 80, en una gran iniciativa que se llamó Chile Crea. Allí me reencontré con Isabel Parra, con Payo, y abracé a la extraordinaria folclorista, Margot Loyola.”

“NO ME ARREPIENTO DE NINGUNA DE MIS CANCIONES”

En 1990 terminó el régimen militar…

“En el período después de la dictadura, he venido muchas veces. Y así voy descubriendo gente nueva de Chile que canta, como Pancho Villa (“Yo soy de una generación”), y ayer en un concierto me acompañó el grupo musical Manka Saya y Vanessa Luna. De manera que sigue fluyendo esta memoriosa relación con Chile.”

Muchas de tus canciones son eminentemente libertarias. Hay algunos artistas que ya han desalojado de su repertorio sus “encendidas” obras de juventud…

“Yo no me arrepiento de ninguna canción; las contextualizo en sus etapas y las sigo cantando. Mis dos últimos discos son “Devenir” y “Trabajo de Hormiga”, y ya estoy preparando un disco nuevo.”

LÚDICO EL CHUEQUÍSIMO

Juegas mucho con las palabras acentuadas en la antepenúltima sílaba; las famosísimas esdrújulas, como lo hizo Violeta en “Mazúrquica Modérnica”…

“El esdrujulismo es un género que nos desborda a Violeta y a muchos, y que viene de muy lejos. El mismo Chico Buarque lo emplea en “Construcción”. Violeta Parra apocopó los esdrújulos, volviéndolos diferentes, hizo neologismos. Yo sólo agregué una perla al collar con la canción “Esdrújulo”. Al usar ese tipo de palabras me vi obligado a pensar mucho. A veces una situación de límites obliga a realizar esfuerzos de imaginación importantes. Y esto no quiere decir que las censuras resulten beneficiosas, pero las censuras que ocurrieron aquí y allá, cuando todos tuvieron que arreglárselas para disparar metáforas y eludir los cercos, produjeron buenos ejercicios.”

¿Y de dónde salió “Esdrújulo”?

“Esa surgió en un paseo al campo, jugando con los gurises (niños) de amigos con palabras esdrújulas. Allí partió el trabajo de ingeniería.”

Ya te dije que mi caballito de batalla en la universidad y las fiestas ha sido tu “Chueco Maciel”. ¿Cuál es su historia?

“El Chueco Maciel nació en los cantegriles de Montevideo en 1970. Cantegril era una zona de mucho lujo en Punta del Este, entonces el pueblo con ese humor crítico que caracteriza a los nuestros, le aplicó a los lugares más pobres el término cantegril. Y allí creció un muchacho que venía del interior del Uruguay, en el proceso de migración campo-ciudad, que se llamaba Nelson Maciel y le decían “chueco”, porque allá nombran así a los que caminan con los pies un poco hacia adentro. Entonces este muchacho comenzó a hacer algunos asaltos para acercar comida a los miembros del cantegril. Asaltó camiones de comestibles y bancos para conseguir dinero para ayudar a los pobladores del cantegril. De este modo, se convirtió en un símbolo creciente. Se le defendió mucho en el cantegril, hasta que un día fue capturado y asesinado dentro de una camioneta. Esto despertó una enorme cantidad de sentimientos. Así yo hice la canción. Tuve la oportunidad de cantarla incluso delante de la madre del propio Chueco Maciel.”

En la década de los 80, secretamente y en cintas mal copiadas, los jóvenes chilenos antidictatoriales oíamos tu canción “Por todo Chile” que siempre pensamos que era un tema dedicado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez…

“Nació en enero de 1973 (varios meses antes del golpe militar), y la escribí tal cual es. Después la grabaron Los Parra. Tomo a Manuel Rodríguez como símbolo. Era un momento muy particular en Chile, estaba la huelga de los camioneros contra el gobierno de Allende, se gestaba un avance de la derecha, y mi canción plantea la decisión de muchos sectores de prepararse para la lucha. Y sigo cantando esa canción, respetando su origen.”

También empleas casi como un paradigma la palabra “chueco”…
“Ensancho la palabra “chueco”, como algo imperfecto, frágil, humano, pero que no nos exime de seguir luchando, siempre creando, siempre liberando.”

Daniel Viglietti, el trovador que iluminó mil batallas (por Carlos Aznárez)

Resumen Latinoamericano, 30 octubre 2017

Foto: Daniel Viglietti cantando en Vallegrande, Bolivia, el 9 de octubre 2017 (Resumen Latinoamericano)

Con todo lo que aún falta para desalambrar, con la enorme necesidad que tenemos de hallar esos “Trópicos” que nos ayuden a contener nuestras alegrías y nuestras tristezas, justamente ahora, Daniel Viglietti ha decidido partir y dejarnos un poco huérfanos de sus enormes trovas.
Hijo dilecto de las mejores tradiciones libertarias del Uruguay, comenzó a entonar sus “Canciones para el hombre nuevo” precisamente un año después que el Guerrillero Heroico fuera asesinado en Bolivia, y mientras en las calles de Montevideo, las balas policiales tronchaban la vida de un estudiante cuyo nombre se hizo bandera: Liber Arce. Así, anticipando lo que muy pronto sería el Pachecato y la figura tilinga de Bordaberry que le abrirían paso a la cruel dictadura, Daniel desgranó poemas que se pasaban como mensajes urgentes, de boca en boca, alumbrando de estrellas tupamaras el cielito oriental. Esto ocurría sin dudas porque “la senda está trazada” porque “la marcó el Ché” ya que en el abajo y a la izquierda de aquellos años de plomo, “el chueco Maciel” se defendía a balazos en el Cantegril para demostrar que eran tiempos de no poner más la otra mejilla.
Daniel fue acompañando con su poética forma de ver la vida lo que otros habían puesto en marcha para apurar el camino. En las calles se elevaba la épica de una lucha desigual contra el poder y eso era más que contagioso. Raúl Sendic padre era referencia de una manera de hacer política, y el flaco Viglietti traducía esas enseñanzas para que se enredaran entre las cuerdas de su guitarra. Así, “bajo un sol trafoguero” homenajeaba al combate y a los combatientes, entonando esa “llamarada” que musicó aquel estudiante de Agronomía llamado Jorge Salerno, caído luego en la toma de Pando junto a Jorge Zabalza y Alfredo Cultelli. Tres valientes decididos a hacer lo que había que hacer para que el mundo cambiara.
Después se vino la noche, y mientras el tupamaraje eran hundido en los calabozos, la orientalidad que logró sobrevivir tomó el camino del exilio. Allí también marchó Daniel, sin bajar las banderas ni doblar la espalda ante la adversidad. De esos días difíciles se agrandó su internacionalismo, poniéndole otra vez, música a las gestas de la Patria Grande. De allí el estremecido grito de “Por todo Chile” y tiempo después “El sombrero de Sandino”, en homenaje a la Nicaragua sandinista. Pero la lista se hizo enorme ya que el cancionero abarcó a Cuba Socialista, Colombia guerrillera, México y el zapatismo, Venezuela Bolivariana y todo aquel rincón del planeta donde los pueblos se erguían frente a los poderosos.
Hace muy pocos días, lo pudimos ver brillar como en sus años juveniles, trepado a un escenario en el Vallegrande boliviano, recordando los 50 años de la siembra del Che. Compartía el mismo espacio de dignidad y compromiso con Evo y los guerrilleros Urbano y Pombo. Entre un público entusiasmado y el hondear de las Whipalas, te acompañaban en los coros miles de campesinos y campesinas que apenas te escucharon trovar supieron de qué se trataba eso de “la tierra es tuya, es nuestra y de aquel”.

Te fuiste como llegaste Daniel, con la guitarra como escudo y tu coraje cantor. Muy pronto, seguramente, volverás a entregarnos tus versos junto a Violeta, a Zitarrosa y El Sabalero, mientras Benedetti leerá poemas que vayan anunciando las victorias pendientes.