LA INMORAL COSTUMBRE DE JUGAR CON LAS ESPERANZAS DEL PUEBLO.

Hernán Andrés Kruse

Apenas regresado de Canadá el presidente encabezó un acto en la localidad de Tortuguitas. Dijo que se había acudido al Fondo “para poder tener previsibilidad porque este es un camino largo. Como al principio dependemos de que se nos preste, porque tenemos un Estado que gasta más de lo que ingresa, necesitábamos tranquilidad de que lo íbamos a tener”. Calificó como “histórico” el acuerdo que le permitirá recibir 50 mil millones de dólares en los próximos tres años y afirmó que “es la base para potenciar” el plan de Gobierno. “Estamos convencidos de que estamos en el camino correcto, que si hace siete trimestres que venimos creciendo lo podemos hacer 20 años más”, concluyó.

En buen romance, lo que Mauricio Macri le acaba de decir a la población es que lo que se viene no será fácil, que habrá que ajustarse el cinturón pero que el sacrificio valdrá la pena porque al final del túnel se verá la famosa luz que nos guiará hacia la felicidad y la abundancia. Una vez más un presidente juega de manera miserable con las esperanzas del pueblo argentino, con nuestras esperanzas. Porque Macri sabe muy bien que nada bueno podrá esperarse del acuerdo con el FMI, salvo que considere que garantizar la fuga de capitales es beneficioso para los argentinos. El presidente es consciente de que el esfuerzo que le está pidiendo al pueblo es inútil, es en vano, porque por más que ajuste el cinturón de aquí a la eternidad jamás alcanzará la prosperidad tan anhelada. Es cruel decir esto pero es la verdad. Y la verdad, como sentenció Serrat, no tiene remedio.

Lo notable del caso es que son muchos los argentinos que aún le creen. Porque Macri lejos está de ser el primer presidente que se vale de esta táctica artera para permanecer en el poder. Antes hubo presidentes que le dijeron al pueblo que había llegado la hora del sacrificio, casi de la inmolación, para superar las graves dificultades del momento para luego sí comenzar a soñar con un futuro de bienestar y prosperidad. Ahí está el reciente caso-en términos históricos-de Carlos Saúl Menem. El riojano asumió en julio de 1989 en un clima social, político y económico muy delicado. Había hiperinflación, el caos social estaba a la vuelta de la esquina y reinaban la incertidumbre y el desasosiego. En su discurso ante la Asamblea Legislativa dijo que había llegado la hora de poner el hombro, de sufrir, de sacrificarse. Pero ese sacrificio, remarcó, iba a valer la pena porque en unos años la Argentina sería un país del primer mundo, floreciente y ordenado. Todos recordamos muy bien lo que pasó durante la década en que estuvo en la Rosada. Vivimos ajustados y angustiados por la recesión. Finalmente, su sucesor, Fernando de la Rúa, terminó por estrellar el país contra un gigantesco paredón construido por el plan de ajuste inaugurado por el metafísico de Anillaco. Tres décadas más tarde Mauricio Macri imita a Menem. Promete “sangre, sudor y lágrimas”, un camino repleto de vidrios esparcidos que harán estragos sobre los pies de los argentinos. No importa, al final todos habrán llegado a destino, malheridos pero contentos porque tendrán delante suyo la puerta de ingreso al paraíso prometido. La historia demuestra que, lamentablemente, el ajuste perpetuo no conduce a ese mundo de ensueños.

Carlos Saúl Menem habló ante la Asamblea Legislativa exactamente el 8 de julio de 1989. Su contenido goza de una vigencia sencillamente aterradora. Así se dirigió al atribulado pueblo argentino: “(…) Argentina, levántate y anda. Argentinos, de pie para terminar con nuestra crisis. Argentinos, con el corazón abierto para unir voluntades” (…) “Este gobierno de unidad nacional que hoy nace, parte de una premisa básica, de una realidad que debemos admitir, para ser capaces de superar: todos, en mayor o en menor medida, somos responsables y copartícipes de este fracaso argentino. Y entre todos, sólo entre todos, seremos artífices de un cambio a fondo y de una transformación positiva” (…) “Sobre este país quebrado, levantaremos una patria nueva, para nosotros y para nuestros hijos. Sobre esta crisis que nos paraliza y nos carcome, sacaremos coraje para sentirnos orgullosos y seguros de nuestro destino” (…) “La Argentina está rota” (…) “Yo proclamo solemnemente ante mi pueblo, que a partir de este momento se inicia el tiempo del reencuentro entre todos los argentinos. El tiempo de una gran reconquista nacional” (…) “Se terminó el país del todos contra todos. Comienza el país del todos junto a todos” (…) “Yo no traigo en mis palabras promesas fáciles ni inmediatas. Yo no traigo el simplismo de la demagogia. Yo no traigo la simulación ni el engaño. Yo llego con la realidad sobre mis espaldas, que siempre es la única verdad. Sólo puedo ofrecerle a mi pueblo: sacrificio, trabajo y esperanza. Sólo puedo asegurarle que seré el primer argentino a la hora de la austeridad, de poner el hombro, de apretar los dientes, del esfuerzo. Del esfuerzo de todos y no de unos pocos. No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, devastado, destruido, arrasado. El legado que estamos recibiendo es el de una brasa ardiendo entre las manos” (…) “La inflación llega a límites escalofriantes. La cultura de la especulación devora nuestro trabajo” (…) “La educación es un lujo al que pocos acceden. La vivienda, apenas una utopía de tiempos pasados. El hambre, moneda corriente para millones de compatriotas. El desempleo, una enfermedad que se cierne sobre cada vez más amplios sectores de nuestra comunidad. El dolor, la violencia, el analfabetismo y la marginalidad, golpean a la puerta de nueve millones de argentinos” (…) “Porque toda la ciudadanía sabe que no miento, si afirmo que estamos viviendo una crisis dolorosa y larga. La peor. La más profunda. La más terminal. La más terrible de todas las crisis de las cuales tengamos memoria” (…) “Los vengo a convocar para el nacimiento de un nuevo tiempo. De una nueva oportunidad. Tal vez la última. Tal vez la más importante, decisiva y clave oportunidad de nuestros días” (…) “Este es el momento de aplicar la reflexión y la imaginación” (…) “Es el momento de la audacia: creativa, de la innovación, del coraje” (…) “El pueblo argentino se decidió por la transformación de nuestra decadencia. Por la superación de nuestros mezquinos desencuentros. Por el esfuerzo colectivo” (…) “Por eso, nuestro gobierno es un gobierno de unidad nacional” (…) “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no puede depender del mandato de un hombre, del capricho de un partido, de la imposición de un sector” (…) “Si la Argentina no está donde debe estar, no es por culpa del país sino por responsabilidad de los argentinos. De nuestras divisiones, de nuestros lastres históricos, de nuestros prejuicios ideológicos, de nuestros sectarismos” (…) “Porque se acabó en el país el tiempo del peor de los subdesarrollos. El subdesarrollo de considerar como un enemigo al que piensa distinto” (…) “Se murió el país donde impera la ley de la selva. Se acabó el país oficial y el país sumergido. Se acabó el país visible y el país real. Yo vengo a unir a esas dos Argentinas. Vengo a luchar por el reencuentro de esas dos patrias” (…) “No deseo ser el presidente de una nueva frustración” (…) “Este gobierno es un gobierno de genuina unidad nacional. No es un gobierno de amiguismos. No es un gobierno de acomodaticios” (…) “No vamos a administrar la decadencia. Vamos a pulverizar esta crisis. No vamos a transar con la mediocridad. Vamos a hacer un culto de la excelencia” (…) “Creemos en la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. ¿Qué argentino no comparte estos postulados? ¿Cuántos compatriotas no rescatan estas esencias?” (…) “Así como no puede existir nación sin esperanza, tampoco puede existir verdadera democracia con exclusiones” (…) “Y es bueno que el país lo sepa con crudeza: de esta tragedia nacional no vamos a poder salir sin realizar un esfuerzo. Un esfuerzo que será equitativo, pero que abarcará a todos y cada uno de los sectores sociales” (…) “Nuestro pueblo sabe que si hoy este gobierno le pide un sacrificio es para obtener una recompensa, un resultado concreto, una mejora tangible en su situación de vida” (…) “Tenemos el deber patriótico de decirlo, de advertirlo, de anticiparlo: los resultados no serán todo lo urgente y rápido que nosotros deseamos. Pero también tenemos el coraje para asumir un juramento ante la conciencia de nuestra gente: vamos a avanzar en el rumbo correcto, vamos a caminar de la mano de los más humildes y más desposeídos, vamos a poner la economía al servicio de la dignidad del hombre argentino” (…) “Sería un hipócrita si lo negara. Esta economía de emergencia va a vivir una primera instancia de ajuste. De ajuste duro. De ajuste costoso. De ajuste severo” (…) “Desde el Estado nacional vamos a dar el ejemplo, a través de una cirugía mayor, que va a extirpar de raíz males que son ancestrales e intolerables” (…) “El mundo está convocando a la Argentina para cumplir con el protagonismo que nuestra mejor tradición histórica nos traza, y que nuestras necesidades de desarrollo e integración nos mandan. Esta inserción, naturalmente, tendrá como prioridad los países hermanos de América Latina” (…) “Por eso, vengo a anunciar ante los representantes del pueblo, que a partir de este momento el delito de corrupción en la función pública, será considerado como una traición a la patria” (…) “Argentina, levántate y anda”.

Realmente es muy impresionante releer este mensaje del ex presidente Menem. Porque a tres décadas de haberlo pronunciado resulta increíble la brecha entre su contenido y lo que realmente pasó durante sus dos presidencias. Prometió ajuste, ajuste y más ajuste, y la verdad es que cumplió. Hubo ajuste, pero sólo recayó sobre las espaldas de los trabajadores. Los amigos del presidente, lejos de ajustarse, llenaron sus bolsillos con los dólares provenientes de las privatizaciones. El sacrifico del pueblo durante esa nefasta época fue absolutamente en vano. Cuando el riojano le entregó la banda presidencial a De la Rúa el país estaba en recesión, había desempleo y la deuda externa se había incrementado geométricamente. Una vez que se sentó en el sillón de Rivadavia el metafísico de Anillaco hizo exactamente lo contrario a lo prometido en su discurso inaugural de 1989. Mauricio Macri no hace más que seguir su ejemplo. Su discurso de asunción del 10 de diciembre de 2015 se asemeja muchísimo al de Menem de 1989. Prometió esfuerzo y sacrificio pero con el premio final del desarrollo para todos los argentinos. Igual que Menem. Y tal como sucedió durante el menemato la política económica de Macri nos está conduciendo directamente al matadero, tal como aconteció hace dos décadas. Ya lo dijo Einstein: si se repiten los mismos procedimientos se obtendrán los mismos resultados. Creer lo contrario es signo de demencia. ¿Estamos locos los argentinos? No. Lo que sucede es que nuestra memoria histórica es endeble, raquítica. Seguramente las nuevas generaciones desconocen el contenido de este discurso de Menem, al igual que las nefastas consecuencias de su política económica. Pero lo que más llama la atención es que aquellos argentinos que ya eran “grandecitos” en ese entonces no recuerden nada de lo que pasó. Porque sino no se explica que un político como Macri que hace lo mismo que hizo Menem, crean en lo que acaba de decir en Tortuguitas. Porque se trata del mismo mensaje: estamos mal, lo que obligará al pueblo a hacer sacrificios. Pero vale la pena porque al final se verán los frutos. Lo mismo dijo Menem hace treinta años. Si la política económica de Menem terminó en el estallido de 2001 ¿por qué la política económica de Macri, que es un calco, no tendrá igual resultado? Macri nos está mintiendo tal como lo hizo Menem en 1989. ¿Por qué, entonces, permitimos que lo haga habiendo sufrido la experiencia del riojano? ¿Somos masoquistas? ¿Somos tan tontos? Para Macri, sí.

Anexo

En su edición del 8 de junio Página/12 publicó artículos de Tomás Lukin (“Ajuste XXL para un rescate al desastre económico”) y Raúl Dellatorre (“Blindados y al Fondo”).

Escribió Lukin: “El Fondo Monetario Internacional validó un crédito para Argentina por hasta 50 mil millones de dólares durante tres años. El desembolso extraordinario está condicionado a la aceleración del ajuste fiscal y la puesta en marcha de un paquete de reformas en el esquema monetario y cambiario. Un primer tramo del préstamo por 15 mil millones de dólares ingresará a las cuentas públicas dentro de dos semanas, cuando el stand-by de acceso excepcional haya sido aprobado por el directorio del organismo multilateral. El programa no establece un cronograma para el resto de los fondos sino que, supeditados a la supervisión del FMI, los desembolsos se harán a pedido del gobierno de Mauricio Macri. A lo largo de los 36 meses de vigencia del acuerdo las autoridades argentinas se comprometen a recortar el gasto en obra pública, achicar las transferencias a las provincias, continuar con la quita de subsidios, reducir las erogaciones salariales estatales y ajustar el sistema de la seguridad social” (…) “Las medidas acordadas para acceder al préstamo del FMI incluyen profundos cambios en la política del Banco Central: una reforma de su Carta Orgánica para prohibir el financiamiento del Tesoro, medidas adicionales para limitar la emisión monetaria y un cambio en la composición de sus pasivos para minimizar el stock de Lebac. La entidad presidida por Federico Sturzenegger considera finalizado el escenario de crisis cambiaria y, por lo tanto, dejará de intervenir de manera extraordinaria con sus ofertas masivas de divisas que ponían un techo a la cotización del dólar” (…) “Frente al impacto en los precios que tuvieron la devaluación y los tarifazos, el BCRA decidió abandonar el cumplimiento de su meta de inflación del año y, además, elevó sus objetivos de precios de 10 a 17 por ciento para 2019” (…) “El financiamiento proveniente de la entidad dirigida por Christine Lagarde será complementado con 5600 millones de dólares del Banco Mundial, el BID y la CAF. El paquete de financiamiento para Argentina fue celebrado ayer por el titular del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin” (…) “El tipo de crédito otorgado permitió superar en 2,5 veces el límite previsto en un stand-by tradicional. Los 50 mil millones de dólares equivalen a 1100 por ciento de la cuota del país” (…) “El recorrido del tijeretazo fiscal se conocerá a lo largo de las próximas semanas cuando se difunda la Carta de Intención presentada por Argentina, las evaluaciones realizadas por los técnicos del FMI y, fundamentalmente, el Proyecto de Presupuesto que será enviado al Congreso a mediados de septiembre. Hasta ahora se conoce un programa de índole fiscal sin ninguna referencia a la raíz estructural del problema: el déficit de divisas. Las pautas informadas ayer contemplan un “esfuerzo fiscal” equivalente a 3,7 puntos del PBI a lo largo de los próximos tres años. El ajuste fiscal busca garantizar la disponibilidad de fondos para el repago a los acreedores” (…) “El componente del gasto más expuesto a los recortes será la inversión pública, que experimentará hasta 2020 una caída del 81 por ciento en términos reales o un ajuste igual a 1,6 puntos porcentuales del producto” (…) “El segundo ítem en relevancia será la quita en los subsidios a la energía y el transporte. Las estimaciones del Palacio de Hacienda muestran una caída del 48 por ciento en términos reales que representa 1,1 puntos del PBI. Por su parte, las transferencias a las provincias experimentarán un retroceso acumulado del 74 por ciento que representa 0,7 puntos del PBI” (…) “El objetivo oficial es alcanzar el déficit cero en 2020. En la Casa Rosada no están convencidos que lograrán ejecutar el ajuste en tiempo y forma sino que aseguran que el acuerdo con el FMI no pone en riesgo una victoria en las próximas elecciones presidenciales”.

Escribió Dellatorre: “Con más datos escondidos bajo la mesa que los expuestos sobre la misma, Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger dejaron entrever, entre pliegues discursivos, el sendero que le fijó el Fondo Monetario al gobierno de la Alianza Cambiemos hasta el fin de su mandato. En esa proyección, los primeros seis meses vendrán teñidos por una inflación fuerte, dólar en alza y un estancamiento económico con tendencia a la recesión. Para 2019, la meta de reducción del déficit fiscal es ambiciosa, que es lo mismo que decir que el ajuste será brutal. Este es el costo que el gobierno decidió pagar para lograr un “blindaje” de 55.650 millones de dólares que intente preservarlo de los desequilibrios externos y de acontecimientos climáticos locales. Contra los errores propios del gobierno, el mecanismo de preservación es un monitoreo permanente del FMI” (…) “Desbordado por una sangría externa de dólares imparable (fuga de capitales, déficit en las balanzas comercial y de turismo, intereses de la deuda), que en los primeros dos años había compensado con endeudamiento creciente, el gobierno de Mauricio Macri se encontró, al tercer año, con que había perdido la rueda de auxilio de los préstamos externos. Agotados los instrumentos propios de contención, el Poder Ejecutivo optó por el remedio sugerido por los propios capitales financieros que habían iniciado su huida: recurrir al Fondo” (…) “El costo político puede ser grande, pero las anteojeras ideológicas del gobierno no le permiten reconocer otra opción” (…) “El acuerdo prevé un “blindaje” de 50 mil millones de dólares aportados por el FMI más otros 5650 millones por aportes del Banco mundial, el BID y la CAF (Corporación Andina de Fomento), con el fin de restablecer la confianza perdida y detener así la fuga” (…) “También continuarán los tarifazos, porque el gobierno estará obligado a no correrse de las estrictas metas de reducción del déficit primario, para no dejar de cumplir con el déficit financiero (pago de intereses de la deuda), aunque este último siga creciendo” (…) “¿Qué puede pasar con el dólar? Con el blindaje ya acordado, hoy mismo el Banco Central debe desactivar el muro que suponía establecer un tope de 25 pesos al dólar mayorista. De algún modo, para que el programa sea sustentable debe reducir la sangría de dólares al exterior (el desequilibrio en cuenta corriente de la balanza de pagos superó los 47 mil millones de dólares el año pasado, este año apuntaba a ser mayor), y sin regulaciones (ni cepo), el único mecanismo es el dólar “recontra alto”. En consecuencia, con dólar en alza y tarifazos, ¿a cuánto puede subir la inflación este año? Por algo será que el Banco Central le dio licencia a las metas de inflación hasta 2019, mientras Dujovne prefirió ahorrarse los pronósticos” (…) “Con inflación elevada y paritarias de 20 por ciento (con el ajuste salarial de 5 puntos adicional anunciado por el ministro), la otra consecuencia inmediata será la caída de la actividad económica. Dujovne dijo que, en una hipótesis “moderada”, el crecimiento sería este año del 0,4 por ciento. Podría terminar resultando la hipótesis más optimista”.