LA ILUSIÓN DEL CONSENSO.

(Hernán Andrés Kruse)

En su edición del 29 de julio Página/12 publicó un sagaz artículo de Claudio Scaletta titulado “Rupturas y consensos para la post crisis”. Sus párrafos más importantes son los siguientes:

a) “El punto de partida es el nuevo fracaso de las élites políticas y económicas para construir un régimen económico-político estable, el famoso proyecto de país en el largo plazo”.

b) “Llegado este punto aparece la ilusión del consenso. El peronismo en su versión tradicional se basó en esta idea de la armonía de clases como posibilidad, el famoso ganar-ganar de la expansión keynesiana, el 50 y 50 entre el capital y el trabajo, la alianza para el desarrollo entre el animal mitológico “burguesía nacional” y los trabajadores”.

c) El problema, como inmortalizó a fines de la Segunda Guerra Mundial el economista polaco Michal Kalecki es que con ese crecimiento los trabajadores se empoderan, lo que da lugar a problemas de estabilidad política, es decir de desbalances en la lucha de clases”.

d) “Es mentira que durante las “crisis” pierden todos. El gran capital siempre gana”.

e) “El problema es entonces político. Las élites económicas sólo miran la tasa de ganancia instantánea”.

f) “Las posibilidades de consenso son aquí bajísimas, más aun cuando se trata de burguesías internacionalizadas cuyas tasas de ganancia no dependen directamente del ciclo económico”.

g) “La única forma de cerrar la brecha externa sin desarrollarse es manteniendo a raya la masa salarial. Si la masa salarial crece más allá de cierto punto comienza a demandar más productos que necesitan dólares para su elaboración y aparece entonces el déficit externo”.

h) “Aquí es donde los deseos de las burguesías chocan contra los “70 años de peronismo”, es decir con la característica diferencial de la economía local respecto de sus pares latinoamericanos: la densidad sindical, la resistencia del movimiento obrero organizado que impide el sueño de salarios periféricos, la conflictividad argentina”.

Como bien señala Scaletta el consenso no es más que un sueño, una quimera. ¿Por qué en nuestro país es imposible tejer consensos estables, sólidos, duraderos? ¿Acaso no tenemos una constitución que, sobre las ideas de Juan Bautista Alberdi, contiene los basamentos filosóficos, políticos, económicos e institucionales de nuestro régimen político? La respuesta es contundente: los argentinos somos incapaces de organizar nuestra convivencia social sobre la base de un plexo de valores comunes, que garantice una sólida y civilizada convivencia social pese a los conflictos de intereses que se dan.

Para que exista un genuino consenso, tanto la burguesía nacional como los trabajadores deben estar predispuestos a ceder algo de sus intereses en aras del bien común. El problema estriba en que hasta ahora sólo vienen cediendo los trabajadores mientras la burguesía nacional cada día es más opulenta. Así es muy fácil invocar el consenso. Lo que la burguesía nacional pretende no es lograr un gran acuerdo nacional sino imponer sus intereses sobre el resto de la sociedad. La burguesía nacional no quiere dialogar con la clase trabajadora sino aplastarla para que nada ni nadie se oponga a sus ansias de dominación. El vocablo “consenso” no hace más que encubrir el deseo de la burguesía nacional de imponer, a sangre y fuego si es necesario, un sistema de dominación basado en el poder financiero. Hasta ahora no lo ha conseguido y ello se debe a una única razón: el espíritu de lucha de todos aquellos sectores que se niegan a aceptar mansamente el paradigma del capitalismo financiero. A diferencia de países como Uruguay y Chile, en Argentina todavía hay un espíritu de lucha, de resistencia, que anida en el corazón de millones de compatriotas. Ese es, precisamente, el gran problema que tiene delante suyo la burguesía nacional.

Lo que pretende el presidente Macri es aplastar de una vez por todas ese espíritu. Su objetivo es enervar la resistencia que le ofrecen la clase trabajadora, los docentes y todos aquellos que no desean verse sojuzgados por las finanzas nacionales y extranjeras. Quiere que Argentina deje de ser el país conflictivo que siempre fue, que pasemos a ser un conjunto de seres amorfos, sumisos, obedientes. En eso consiste el “consenso”: en una imposición del orden conservador que debe sí o sí ser acatada por la sociedad.

Este objetivo tuvo su comienzo el 24 de marzo de 1976. Las Fuerzas Armadas fueron el brazo armado del sistema de dominación conservador para imponer por la fuerza las bases del nuevo paradigma económico y social. Ello explica su decisión de hacer desaparecer a numerosos líderes sindicales de base, periodistas, intelectuales, sacerdotes, estudiantes; a todos aquellos que estaban en condiciones de oponerse a semejante designio. El terrorismo de Estado persiguió la domesticación total y absoluta de la sociedad, siendo la cúpula guerrillera perfectamente funcional a esa meta.

Pese a los desastres que los militares provocaron en todos los niveles, lograron sentar las bases del capitalismo financiero. Raúl Ricardo Alfonsín intentó quebrar ese paradigma durante su primer año de gobierno. No lo logró. A comienzos de 1985 se vio obligado a deshacerse de su antiguo y fiel amigo Bernardo Grinspun y colocar en su lugar a un tecnócrata del ajuste. A partir de entonces y hasta la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, el paradigma neoliberal se enseñoreó de la Argentina. Durante el menemato pareció llegar al paraíso pero la crisis de 2001 amenazó su reinado. El pueblo pareció reaccionar permitiendo a Kichner sustituirlo por el paradigma progresista e inclusivo. Como era previsible, el orden conservador no se quedó quieto. No podía permitir que un ignoto gobernador del sur se atreviera a sepultar su paradigma. Fue durante los dos períodos de Cristina donde el orden conservador sacó a relucir sus garras. Su constante prédica contraria a la presidente sólo buscó un objetivo: que su sucesor fuera un dirigente partidario del paradigma clásico. Lo que siempre buscó-y lo hizo aplicando todas las mañas habidas y por haber-fue demoler el paradigma enarbolado por el kirchnerismo. Jamás intentó negociar, buscar acuerdos mínimos. Sólo tuvo en mente garantizar el retorno del paradigma de la patria financiera.

La tarea de demolición dio sus frutos. El 22 de noviembre de 2015 Mauricio Macri derrotó a Daniel Scioli en el ballottage. “La casa volvía a estar en orden”. Pero a diferencia de Menem y De la Rúa, ahora estaba en la Rosada un conspicuo representante del orden conservador, pese a carecer de un apellido paterno de alcurnia. Oh casualidad, ahora el establishment retorna con su “natural” predisposición a invitar a todos los sectores al diálogo constructivo para construir consensos. Ahora en el poder, sólo busca imponer su autoridad urbi et orbi y quien se resiste queda fuera del sistema o es molido a palos. Así de democrático es el consenso bendecido por las famosas élites de las que habla Scaletta.

En su edición del 4 de agosto Página/12 publicó un artículo de David Cufré titulado “El plan recesión”. Escribió el autor: “La única salida que imagina el Gobierno para contener las presiones devaluatorias es la recesión. Mientras más pronunciada sea la caída de la actividad económica, más posibilidades habrá de cerrar el desequilibrio del sector externo que puso en jaque el experimento de Cambiemos. El equipo económico está dispuesto a sacrificar las empresas que sean necesarias, los empleos que hagan falta, la calidad de vida de millones de personas para evitar que el principal factor de desestabilización política en la Argentina, el precio y la disponibilidad de dólares para un sector acotado de la población, salga otra vez de su control” (…) “Esa situación no ha sido superada, pero logró ser encorsetada con el “salvataje” del FMI y un paquete de medidas monetarias y fiscales contractivas que generan un alto costo en materia de producción, consumo y ocupación. El plan recesión es justamente lo que aminora la sangría de divisas que ponía todo el andamiaje económico al borde del colapso, por el freno que implica en el nivel de importaciones y por la disminución de gastos de argentinos en el exterior” (…) “El oficialismo se abrazó a ella como una tabla de salvación, confiando en repetir la experiencia de los primeros dos años de gestión: un 2016 recesivo y un 2017 de rebote que le permitió llegar a las elecciones de medio término con la promesa de un futuro mejor nuevamente a flote” (…) “La estrategia depende en buena medida de los grados de tolerancia social a las medidas de ajuste” (…) “El plan de recesión económica para disminuir la salida de dólares por menos importaciones y menos argentinos viajando por el mundo enfrenta, desde el punto de vista de la ecuación de las divisas, dos problemas fundamentales que la estrategia en marcha ni siquiera se propone abordar: la fuga de capitales y la carga en aumento de intereses de la deuda. La compra irrestricta de dólares que habilitó el Banco Central con la desregulación cambiaria es el Talón de Aquiles del modelo desde un primer momento, el cual fue disimulado mediante aquella explosión de nueva deuda por 90 mil millones de dólares y con el ingreso de capitales especulativos atraídos por las altas tasas de interés. Ese mecanismo, sin embargo, hizo eclosión cuando se cortó el financiamiento externo el último verano y cuando los capitales golondrina empezaron a volar en bandada a fines de abril por una ligera suba de la tasa de interés en Estados Unidos. Eso es lo que Mauricio Macri llama la tormenta, cuando en rigor salta a la vista que el problema era la inviabilidad del esquema instaurado de vía libre a la avalancha importadora, fuga de capitales y deuda al por mayor” (…) “Ya ni siquiera se apela a demandar el sacrificio de la población con la promesa de que ello traerá más adelante una lluvia de inversiones productivas. Sólo se plantea que hay que ajustar a cualquier precio para exhibir a los mercados una reducción del déficit fiscal que resucite los canales de financiamiento externo. Así como se condena a la economía a la recesión para contener el valor del dólar, el equipo económico se compromete a que esa política será permanente para ganarse nuevamente el favor de los prestamistas internacionales. Tanta devoción por el ajuste se explica en que el actual modelo solo puede terminar en un estallido devaluatorio y eventualmente en un default si no recupera el acceso a la deuda y a los dólares de los inversores golondrina” (…) “Si el Gobierno tuviera alguna intención de evitar la recesión o al menos amortiguar sus efectos sobre quienes dependen de salarios o jubilaciones desplegaría una batería de medidas anticíclicas de orden monetario y redistributivas” (…) “El plan recesión de Cambiemos solo busca la supervivencia política de la segunda alianza, condenando a la mayoría de los argentinos a pagar las consecuencias, mientras se sostienen políticas inviables que solo traen involución, penurias, destrucción del aparato productivo y hasta muerte, como se pudo comprobar esta semana con los desgarradores casos de la escuela de Moreno, a la vez que se compromete el futuro de las próximas generaciones con un endeudamiento descontrolado. Eso, más que un plan, es una sentencia al fracaso”.

En su edición del 5 de agosto Página/12 publicó un artículo de Alfredo Zaiat titulado “Los dólares no alcanzan”. Escribió el autor: “La decisión del ministerio de Hacienda y Finanzas de ordenar al Banco Central disminuir la licitación diaria de dólares de 100 a 75 millones en la última semana, y a 50 millones a partir de ésta, tiene un solo motivo: se están acabando a una velocidad mayor a la prevista los dólares de libre disponibilidad provistos por el Fondo Monetario Internacional. De los 15 mil millones girados a la cuenta del Banco Central el 22 de junio pasado, sólo la mitad puede ser utilizada sin restricciones. De esos 7500 millones, se remataron 3500, según la entidad que conduce el mesadinerista Luis Caputo, o 5500, de acuerdo al cálculo que realizan los técnicos fondomonetaristas. La disputa por esa diferencia de 2000 millones de dólares fue saldada a favor de la posición del Fondo, al disponer el recorte en la liquidación diaria de dólares” (…) “El dato más contundente después del abrazo desesperado al FMI es que el gobierno de Mauricio Macri no logró recuperar la confianza de inversores internacionales y el grifo de dólares de Wall Street sigue cerrado” (…) “La corrida cambiaria no ha cesado y, por el momento, sólo la elevadísima tasa de interés de casi el 50 por ciento anual mantiene en 28 pesos la cotización del dólar” (…) “Funcionarios del Banco Central dicen que todos quienes quisieron comprar dólares ya lo hicieron en la magnitud que querían desde abril pasado y que no demandan más porque están saturados de billetes verdes. Algunos medios lo repiten como si esa descripción fuera cierta por la estabilidad de la paridad del mes pasado” (…) “La permanente liquidación de reservas internacionales desmiente esos relatos falsos de estabilidad cambiaria. El stock había subido a 63.270 millones de dólares el día en que el BCRA recibió en su cuenta del Banco de Pagos Internacionales de Basilea la transferencia del Fondo. Anteayer, había descendido a 57.797 millones: 5473 millones menos” (…) “Con el acuerdo con el FMI, el margen de administración del tipo de cambio con reservas ha disminuido abruptamente. O sea, la política económica del macrismo se quedó sólo con la opción de tasas altísimas que ahogan la actividad productiva, haciendo crujir la cadena de pagos en el circuito comercial e industrial, o con un alza más pronunciada del tipo de cambio, con el riesgo de otro shock inflacionario. La primera es la que se ha desplegado en estas semanas, aunque se sabe que mucho más no puede seguir a riesgo de provocar un colapso de la actividad” (…) “Con el FMI se pactó que el Banco Central limitará las ventas de reservas “a períodos en que haya una clara disfunción del mercado”, pero incluso en esos casos se planea absorber las presiones externas a través de una mayor devaluación y ventas de divisas muy limitadas. Hasta el próximo desembolso, que será el 15 de septiembre por unos 3000 millones de dólares, quedan a partir de mañana 29 días hábiles” (…) “La reducción del monto de la subasta es señal que en la puja del Banco Central con el FMI acerca de cómo contabilizar el uso de las reservas a partir del acuerdo, fue saldada a favor de quien maneja en los hechos la política económica argentina: el Fondo. El recorte en el monto de la subasta se da porque el FMI no le permite al Central utilizar la otra mitad del desembolso de divisas. Si se hubiera mantenido el ritmo de venta de 100 millones de dólares diarios, el stock disponible no llegaba al 15 de septiembre” (…) “Así, con el último suspiro, el gobierno de Macri arribará al día en que el Fondo volverá a abrir la billetera”.

Anexo

En su edición del 16 de julio Página/12 publicó un artículo de Mempo Giardinelli titulado “País en descomposición. Revertirlo urgente”. Escribió el autor: “Además del Titanic que será para nosotros la entrega al FMI, la cruda verdad es que ya la Argentina es un país no soberano, cuyo territorio está bajo control de potencias extranjeras. Y no son exageraciones, ni un mero problema económico como mienten los “grandes” diario y la tele. Al horrible paisaje social que nos rodea, y que augura violencia (que es lo que parecen desear los irresponsables que hoy gobiernan) hay que sumarle ya una base norteamericana en Neuquén…y otra en marcha, autorizada por la ministra Bullrich, en Misiones, en la llamada triple frontera. Hay también una base de exploración del universo en Neuquén, bajo control y soberanía chinos. Y en Ushuaia es conocida la decisión del gobierno provincial de aceptar instalaciones extranjeras justo cuando la posición argentina en el Tratado Antártico es debilísima” (…) “Así se explica que hoy somos una sociedad deprimida, sometida a golpes y ofensas diarias. En términos pugilísticos, no se diría noqueado pero sí grogui. Y se sabe que quien está grogui está paralizado” (…) “La inmensa mayoría de nuestro pueblo jamás hubiera esperado esto, pero es lo que sucede” (…) “No es democrático un país con la tierra más rica del mundo pero con un 50 por ciento de gente con hambre o subalimentada. Un país en el que hay trueque y rabia pero sobre todo resignación” (…) “La política argentina necesita un cambio copernicano, y trae un interrogante: si hoy, como todas las encuestas dicen, la ex presidente ganaría las elecciones, la pregunta es: ¿Y por qué no empezar a mover su candidatura? ¿No es ya oportuno, necesario y urgente que CFK abandone sus hasta ahora respetables discreción y mutismo?” (…) “Porque las candidaturas que se conocen, más allá de méritos personales y/o trayectorias en algunos casos poco cuestionables, dicho con todo respeto, no ilusionan. Parecen estar todos esperando el guiño de la dama y eso no es bueno” (…) “Parece hora de plantearlo: CFK debería ponerse al frente de la resistencia popular de una vez, convocar porque nadie convoca como ella, y no ser solamente líder sino además conductora de una nueva gesta popular con lo mejor del peronismo y del radicalismo popular, y del socialismo y la izquierda democrática no sectaria” (…) “Acaso no exista otro modo de resistir los embates feroces de la oligarquía cipaya. El país está al borde del abismo, con hambre y miseria generalizadas. Han retornado los chicos mendicantes y desescolarizados, y son legión los compatriotas sin techo que de noche se arraciman bajo marquesinas comerciales. Hay hambre en la Argentina, y es inadmisible” (…) “Muchos sabíamos que iba a pasar lo que está pasando, y lo dijimos. En este mismo diario, el 10 de diciembre de 2015 quedó escrito. Por eso nos asiste el derecho, al menos, a este reclamo. Que no es enojo, que sería inconducente. Pero sí fastidio y decisión, que históricamente inducen a decisiones revolucionarias, en paz y en aras de recuperar la democracia perdida”.