La demencial amenaza de Los Guaraguao.

(Víctor Manuel Ramos)

El extraordinario grupo musical Los Guaraguaguo, de Venezuela, arribaron al aeropuerto de San Pedro Sula con el fin de participar en el cierre de campaña del candidato presidencial de la Alianza, Salvador Nasralla. Desagraciadamente los agentes de la tiranía establecida en el país les impidieron ingresar a Catrachilandia y, luego de mantenerlos detenidos y aislados, durante largas horas, incluso negándole al personero de la Embajada de Venezuela en Honduras la posibilidad de verles en franca violación a la Convención de Viena, les subieron nuevamente, en la mañana del día siguiente, a un avión de Copa, hacia Panamá, escoltados por agentes de la Interpol como si se tratara de delincuentes. En Panamá no les permitieron seguir a San Salvador sino que les obligaron a viajar a Caracas en calidad de deportados. Tal acción, que si habría sido valiente, no la realizaron cuando por estas honduras pasó el asesino Posada Carriles, quien venía desde Panamá tras un intento fallido de asesinar a Fidel Castro.

El pretexto lo puso el gobierno de Honduras, que cerró los teléfonos a la comunicación solicitada por la Embajada de Caracas en Tegucigalpa, fue totalmente absurdo, pero no deja de ser coincidente el que en ese mismo día la prensa hondureña haya hecho eco de las declaraciones del injerencista Otto Reich, quien dijo que 145 agentes venezolanos estaban infiltrándose en Honduras para ocasionar disturbios durante las elecciones, en cumplimiento de una misión de la CIA o sus adláteres. Tal preocupación fue compartida por el Secretario Ejecutivo del COHEP, una empresa privada cipaya, objeto de exoneraciones desde hace muchas décadas, que resultó embarrada en el atraco a la CONADI, que no progresa ni lleva a Honduras al prometido desarrollo y que, más bien, exporta sus ganancias a los paraísos fiscales y que es copartícipe del atraco al Instituto del Seguro Social.

Los primeros en llegar fueron, sin embargo, los artistas de Los Guarguao, armados con guitarras y canciones –por cierto canciones muy populares en América y el mundo desde la década de los 70. Tal gesto aterrorizó a la dirigencia nacional que puso, de inmediato, las barbas en remojo, sometió a prisión preventiva en el aeropuerto a los artistas y les expulsó en calidad de deportados. Fue realmente interesante como el pueblo hondureño, en cuanto se enteró de la noticia, acudió en masa a brindar la solidaridad hondureña a los artistas invitados.

Guitaras y tambores fueron sometidos a un minucioso examen por si tenían en su interior armas de destrucción masiva que pudieran justificar a Los Estados Unidos una intervención en Venezuela para salvar a la humanidad (Recordemos Irak y Siria). Deben haber buscado, quizás, ojivas nucleares disfrazadas como tumbadoras que posiblemente habría suministrado el régimen de Corea del Norte, o tanques plegables suministrados por Rusia y caza bombarderos miniatura aportados por China. El pánico, seguramente fue total en el aeropuerto de San Pedo Sula y, no sabemos por qué razones no se cerró al tránsito este nudo aéreo de la comunicación continental como le califican los personeros del gobierno.

Ni Los Guaraguao, ni Venezuela amenazan la seguridad y la tranquilidad de este país. En todo caso las amenazas vienen del clima de zozobra habitual para los hondureños por la miseria en que se debate la mayoría de nuestro pueblo, por la alta criminalidad, por la represión policial y el involucramiento de estos organismos en crímenes que están en la impunidad. Por otra parte, más bien las amenazas provienen de las altas esferas oficiales, tal es el caso del presidente del Congreso que ha advertido con quitarle la tos a los hondureños que protesten si hay fraude electoral. Muchos hondureños confundidos pensaron que el presidente del congreso se refería a reabastecer de expectorantes al sistema de salud en precario durante todo este gobierno corrupto.

La expulsión de Los Guaraguao solo demuestra, una vez más, la sumisión del gobierno ilegal de JOH a los intereses norteamericanos, en una negación total de que somos un país libre y soberano. Además, el repudio que ha generado entre los compatriotas es generalizado porque nos retrata, ante la comunidad internacional, como unos cavernarios, opresores de la cultura y de la actividad artística, irrespetuosos de los derechos humanos y, mucho más grave, de la Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas.

Por suerte, está próximo el día en que, masivamente, los hondureños dirán no a la violación a la Constitución, a la opresión y a la despersonalización sumisa del gobierno de Honduras. Lo que no calculó la represión hondureña es que su acción cavernícola ha profundizado la determinación de los hondureños de ser libres y ha fortalecido la amistad entre Honduras y Venezuela.