La CIA en tres gavetas.

(Francisco Arias Fernández)

El Jefe del servicio de inteligencia y del Departamento Técnico de la CIA en La Paz, aportó hace 35 años tres gavetas de información y tuvo un significativo papel en sacar las copias al Diario del Che, hechos que permitieron desenmascarar a los verdaderos gobernantes de Bolivia entre 1964 y 1968.

Durante más de 35 años se preservó su identidad para protegerle la vida. Había sido un colaborador profundo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entrenado en Estados Unidos. En la época de la guerrilla de Ernesto Che Guevara, era el jefe de la Inteligencia del General René Barrientos y a la vez jefe del Departamento Técnico que la CIA había preparado en una zona de La Paz.

Cuando Antonio Argueda, ministro del Interior de Bolivia en aquel momento, se marchó de su país después de entregar "El Diario del Che en Bolivia", que había sido fotografiado por el citado jefe de inteligencia, su ayudante y un fotógrafo, la CIA desmontó el Departamento Técnico que dirigía el agente, pero dejó en aquellos locales los archivos con importante información, de donde extrajo tres gavetas que hizo llegar a investigadores cubanos, con el compromiso de no revelar su identidad incluso después de muerto.

Sin embargo, en octubre del pasado año, en ocasión del aniversario 50 del asesinato del Che y sus compañeros, Ricardo Aneyba Torrico, decidió a sus 80 años de edad, develar "todo el proceso, la injerencia, el manejo y los abusos que cometió la CIA en Bolivia", de lo cual dejó constancia en declaraciones y testimonios que recoge un documental presentado en la Casa del ALBA, en La Habana, el pasado 6 de julio de 2018, por el Dr. Froilán González García, destacado escritor e investigador y productor del citado material audiovisual; que contó con el guión de Adys Cupull Reyes, y la realización de sus hijos Liván y Leandro.

A la premier asistió el embajador boliviano en La Habana, Juan Ramón Quintana, quien destacó la importancia de su contenido para las batallas actuales de su país y los pueblos del continente.

"En Bolivia gobernaba la CIA"

La versión especial del documental se titula "Operación Gaveta" 1964-1968, La CIA en Bolivia, testimonio del agente CIA Ricardo Aneyba Torrico, y sintetiza una serie televisiva concebida en tres capítulos.

Fotos, documentos y testimonios de académicos, investigadores, periodistas y dirigentes de la guerrilla, sacan a la luz detalles de la participación de la CIA en la historia del país suramericano; cómo llegó a Cuba el Diario del Che, uno de los "botines de guerra" en poder de los asesinos del Guerrillero Heroico y la oportuna decisión del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de hacerlo público el 1ro de julio de 1968, que frustró las maquinaciones tergiversadoras y difamatorias que Washington había desencadenado contra la guerrilla, el movimiento revolucionario boliviano y Cuba.

A 50 años de esa operación, el documental sigue la ruta del Diario hasta Cuba y ratifica que Antonio Arguedas, hizo llegar una copia del importante texto a manos amigas, en lo cual Aneyba desempeñó un papel fundamental.

El documental también esclarece por qué faltaron 13 páginas a la primera edición, en lo que se responsabiliza la falta de experiencia del fotógrafo, y cómo fueron obtenidas en 1984 como parte del proceso investigativo histórico, para que aparecieran incluidas en la edición publicada en 1988, veinte años después de la primera.

En sus testimonios Aneyba narra que un compañero de curso y viejo amigo, cercano al expresidente boliviano Jaime Paz Zamora, le dijo: "tienes que estar y tienes que decir la verdad a mis contactos, de cómo son las cosas en el país..." Entonces les trasladó sus consideraciones y convicciones de que "Somos el patio trasero. Ellos hacen los que les da la gana y nadie abre la boca. Aquí no gobierna este país; Bolivia no gobierna. Jaime no gobierna, los que gobiernan son los de la CIA. Estos son los documentos probatorios. Esto es lo que se hace, se capturan cartas, fotos, se pinchan teléfonos... Les presenté todas las pruebas que tuve para mostrarles..."

Tras la fachada de la "Research Metal Company"

Por indicaciones de la CIA, Aneyba había organizado en una zona de La Paz un centro de informaciones que recopilaba documentación de interés sobre la izquierda, dirigentes de la derecha, sectores populares, intelectuales u otras personas, a través del control de su correspondencia, conversaciones telefónicas y movimientos.

Confiesa que era el servicio secreto o de inteligencia que montaron los estadounidenses, su Departamento Técnico en Bolivia, bajo la fachada de la "Research Metal Company".

"Todos los días del año mandaba información de importancia captada en la intercepción de las llamadas telefónicas, de las cartas que se obtenían en el Correo Central de La Paz, de políticos de izquierda fundamentalmente y de gente que les interesaba", reveló Aneyba.

Aunque eran años tempranos de la década del 60 del pasado siglo, asegura que "disponían de equipos sofisticados, de todo tipo de químicos para abrir las cartas sin que los destinatarios se percataran, sacaban fotocopias o fotografías de documentos" y tenían un control bastante abarcador del espectro político del país.

El libro "La CIA contra el Che", que fue premiado por la Academia de Ciencias de Cuba, en 1992, es fruto de las investigaciones de los doctores Adys Cupull Reyes y Froilán González García, destacados escritores e historiadores de la vida del Guerrillero Heroico, y está basado en múltiples testimonios y documentación sensible, incluidos los materiales de las tres gavetas.

En él se afirma que "Por orientaciones de la CIA, el servicio de intercepción de la correspondencia de la Oficina de Correos de La Paz fue reorganizada y le incorporaron nuevos empleados -pagados por la CIA-, previo compromiso de lealtad. La intervención alcanzó hasta los más mínimos detalles."

Añadía que el Departamento Técnico era visitado sistemáticamente por el jefe de la estación local de la CIA, John Tilton y otros oficiales, y en corto tiempo incrementaron el número de unidades de control telefónico y de personal.

Las revelaciones de Aneyba a sus 80 años confirman el establecimiento en Bolivia por la Agencia de la compañía Research Metal Company, con supuestos empleados y técnicos de muestreo y análisis de calidad de los minerales, pero que en realidad "eran agentes de la CIA especializados en instalación de equipos de control automático de conversaciones telefónicas, técnicas de mantenimiento y reparación, en la apertura de sobres con cualquier tipo de sellado o lacrado, y en técnica de fotografía". La investigación coincide en que "se ocupaban también del montaje, instalación, provisión de diferentes equipos, muebles y materiales de escritorio, en los que habían camuflado técnica de escucha". Señala que incluso se controlaban las llamadas telefónicas de los militares.

La verdad en tres gavetas

En las tres gavetas de documentos que hizo llegar a investigadores e historiadores cubanos, sustraídas de los archivos del Departamento Técnico, aparece la nómina de los agentes de la CIA en Bolivia infiltrados en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia, los medios de prensa locales, los sindicatos, partidos políticos y varias instituciones, que incluía a ministros, funcionarios, diplomáticos, periodistas y dirigentes políticos.

Además, entre la voluminosa información constan pruebas documentales de las casas de contacto secretas que utilizaba la CIA para reclutamientos, interrogatorios, tramar conspiraciones y otros "trabajos de inteligencia".

También contenía cintas con grabaciones de audio de las conversaciones telefónicas de figuras no solo de la izquierda, sino de la derecha; las listas de personas que eran controladas en el Correo Central de La Paz; los nombres, direcciones, números telefónicos, contenido de las grabaciones y el requerimiento informativo de la CIA sobre las personas de interés.

El contenido de las tres gavetas constituye el mejor testimonio de la injerencia, la alta penetración y el dominio de Estados Unidos en Bolivia y de la guerra de la CIA contra el Che y sus compañeros, que Arguedas había denunciado en agosto de 1968.

La documentación confirmaba denuncias de 1968 sobre el archivo (Kardex) que preparó la CIA donde aparecían fichados una gran cantidad de ciudadanos bolivianos; que trataba de apoderarse del control del servicio de Inteligencia del Estado; deformar las informaciones; infiltrar a sus agentes en algunos partidos políticos, y cooperar con algunas personas en cuya carrera militar o política estaban interesados.

Aquellos papeles, cintas y fotos revelaban la presencia de un nutrido número de oficiales y agentes de la CIA incidiendo en La Paz y el terreno de operaciones militares, incluida una amplia representación de la gusanera de Miami, llevada especialmente para la persecución, los interrogatorios, la tortura y el exterminio.

La mafia de Miami o de la CIA

Los investigadores cubanos habían establecido que en abril de 1967, los servicios secretos norteamericanos enviaron a La Paz y zonas guerrilleras, a importantes grupos de oficiales y agentes, entre ellos especialistas en desinformación y guerra psicológica, a la vez que empezaron un trabajo encaminado a aislar al movimiento guerrillero de las ciudades, para lo cual realizaron detenciones masivas, controles migratorios, redadas de extranjeros; elaboraron un plan para descabezar el apoyo urbano y establecieron campos de prisioneros.

Afirman que los estadounidenses enviaron nuevos agentes, algunos de origen cubano con nombres falsos, que introdujeron como auditores y financieros en instituciones y empresas norteamericanas. En el servicio de inteligencia militar y en el Ministerio del Interior ubicaron a muchos de ellos: José Hinojosa, Eduardo González, Miguel Nápoles Infante, Félix Ramos Medina, Julio Gabriel García, Aurelio Hernández, Luis Suárez y Mario González. Muchos de ellos serían identificados en los documentos de las tres gavetas como asesinos de guerrilleros, torturadores, interrogadores y entrenadores del ejército.

En la lista de mercenarios de origen cubano utilizados por la CIA sobresalen Eduardo González (el Dr. González) nombre falso empleado por Gustavo Villoldo Sampera, colaborador de la policía del dictador Fulgencio Batista y delator de jóvenes revolucionarios. Forma parte de los adiestrados militarmente por la CIA en Fort Benning, Georgia, donde coincidió con los también terroristas Luis Posada Carriles (autor del atentado en pleno vuelo contra un avión civil de Cubana de Aviación el 6 de octubre de 1976, en Barbados que provocó la muerte de 73 personas; Jorge Mas Canosa (director de la macabra Fundación Nacional Cubanoamericana, FNCA, creada en Miami por la CIA) y Félix Rodríguez (otro connotado criminal con funesta hoja de servicio).

En Bolivia Villoldo Sampera participó en interrogatorios y torturas a detenidos. Se ha jactado de haber pateado y abofeteado el cadáver del Che, y se adjudica la decisión de cercenarle las manos, las cuales quería llevar para Miami. Con posterioridad se ha vinculado a planes terroristas contra Cuba y en septiembre de 1978 el Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI) lo investigaba por su implicación directa en tráfico de drogas, pero la CIA lo protegió y desestimó los argumentos y pruebas que le mostraron. Años después lo utilizaron en la guerra contra Nicaragua, apoyando a la contrarrevolución desde Honduras.

Félix Ismael Fernando José Rodríguez Mendigutía (Félix Rodríguez) es el verdadero nombre del terrorista que se paseó por Bolivia como un agente principal de la CIA con distintas identidades falsas: Félix Medina o Félix Ramos Medina. Por cierto, apellidos similares utilizó posteriormente la red terrorista creada por Posada Carriles y la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) en Centroamérica en los años 1990 del pasado siglo para poner bombas en Cuba.

Cuando la CIA conoció de la presencia del Che en Bolivia lo asignaron -con varios agentes de origen cubano- a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y, posteriormente, a Vallegrande. En La Higuera trató de interrogar de forma violenta al Guerrillero Heroico, estuvo presente durante su asesinato y fue uno de los que disparó contra su cuerpo, después de trasmitir personalmente la orden de ejecución emitida desde Washington.

Este terrorista apareció involucrado en planes de atentado contra Fidel y sabotajes anticubanos desde 1960; en tareas de apoyo a la invasión mercenaria un año después; ha cumplido misiones subversivas en Nicaragua, Vietnam, Venezuela, Perú, Honduras, El Salvador y vinculado al escándalo Irán-Contras, acusado de participar en tráfico de armas y drogas en contubernio con la agencia.

De "botín" para la difamación a pólvora inflamable

Adys y Froilán narran en su libro que "Después de los sucesos de La Higuera y el asesinato del Che, la CIA intensificó la campaña de desinformación, con el propósito de distorsionar la actividad guerrillera y calumniar a sus principales protagonistas", destinado fundamentalmente a presentar una historia Made in USA, manipulada y malintencionada, para los públicos estadounidenses y europeos, como expresara despectivamente un oficial de la CIA en La Paz, quien dijo a un periodista que los bolivianos no importaban porque "ellos son analfabetos, no saben leer, importan los europeos y norteamericanos".

Añaden que "como parte de esta campaña, la CIA comenzó a preparar cuidadosamente las alteraciones, omisiones de palabras o frases y añadiduras que le incluirían al Diario del Che, para adecuarlo a estas tergiversaciones. Con estos propósitos, en el último piso de la Embajada de Estados Unidos en La Paz, trabajaban expertos calígrafos, acción que no fue concluida por la publicación en Cuba de El Diario del Che en Bolivia".

Al respecto en el documental "Operación Gaveta", Aneyba relata: "Vino Arguedas con Buby Salomón, el edecán de Barrientos, y me dijo: El Presidente quiere que le saques una foto, una fotocopia del diario, con su negativo..." Cuando el enviado del dictador les dice: "Vamos a cenar", Aneyba se disculpa porque estaba envuelto en el proceso de las fotografías y Arguedas le hace una seña con los dedos de que sacara dos copias y él asiente. "Si de algo tienen que acusarme es de eso", señala.

Una de las copias llegó a manos de Arguedas y él fue quien le ofreció a su amigo y hombre de confianza, el periodista boliviano Víctor Zannier, llevar el Diario a Cuba. Y este salió de Bolivia con las piezas fílmicas embutidas en la cobertura (carátula o forro) de un disco de música folclórica boliviana. Luego en Chile son introducidas en el interior de una muñeca y se designa al periodista chileno Mario Díaz, de la Revista Punto Final, considerado una persona audaz y valiente, para que realizara la peligrosa operación del traslado a la Isla a través de México.

En los preparativos en Chile también participaron los periodistas chilenos Manuel Cabieses y Hernán Uribe Ortega, de la revista Punto Final, así como el cubano Luis Fernández Oña, que casualmente se encontraba en ese país.

En el documental, el entonces director del Instituto Cubano del Libro, el Dr. Rolando Rodríguez, revela cómo en apenas una semana, con extremas medidas de seguridad, compartimentación y consagración total de un grupo reducido de editores y trabajadores, se imprimieron un millón de ejemplares de El Diario del Che en Bolivia, y por decisión del Comandante en Jefe se entregaron de manera gratuita un millón de ejemplares en todo el país, a partir de las 12:00 horas del 1 de julio de 1968,con lo que la CIA recibió un duro golpe, en su propósito de desencadenar sus planes calumniosos contra el Che y la Revolución Cubana.

En la introducción de la primera edición del Diario publicada en Cuba aquel día de 1968, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz desenmascaró que: “Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario, expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores de pueblos..."

La noticia provocó un terremoto político en la ciudad de La Paz que estremeció al gobierno boliviano, a las fuerzas armadas y sus servicios de Inteligencia, a la Embajada de EE.UU. y a la estación CIA en ese país, según consta en el libro "La CIA contra el Che".

El ministro Arguedas antes de partir de Bolivia había declarado a la prensa "que había enviado a Fidel una copia del Diario del Che, porque el imperialismo norteamericano intentaba usarlo en una provocación contra el gobierno cubano", según relatan en su libro Adys y Froilán.

De acuerdo con algunas fuentes bolivianas a las que tuvieron acceso los citados investigadores cubanos, “la partida del Ministro del Interior se debió a que, oportunamente, informado de que la CIA, al descubrirlo como autor del envío del Diario del Che a Cuba, y al considerarlo un doble agente, le estaba preparando un atentado para asesinarlo”.

Aneyba relata que "Arguedas estaba completamente seguro de que lo iban a matar", porque dominaba perfectamente que eran los gringos quienes mandaban en Bolivia, que todo el tercer piso del Ministerio de Gobierno estaba manejado por los cubanos de Miami, por la gusanera, oficiales y agentes de la CIA.

Arguedas muere de forma misteriosa en un accidente explosivo el 22 de febrero del año 2000 en La Paz.

Tras los hechos y las sospechas contra él por haber fotografiado el Diario del Che, Aneyba es llevado a Estados Unidos para someterlo a interrogatorios, pasarlo por el detector de mentiras (polígrafo) y le aplicaron la denominada "droga de la verdad" (Pentotal).

Relata en el documental que al ministro Arguedas le resultó relativamente fácil burlar las acusaciones sobre su responsabilidad en la filtración del Diario, pues argumentó que muchos de los oficiales o agentes de la CIA en Bolivia habían tenido acceso al documento después que el Presidente Barrientos se lo entregó a la embajada norteamericana. Así que en medio de tanta promiscuidad no era difícil justificarse y burlar los mecanismos judiciales o de inteligencia, según el testimonio de Aneyba.

La perpetuidad del heroísmo

Cuarenta años después de los acontecimientos que se narran en el documental "Operación Gaveta" y el libro de "La CIA contra el Che", tuve el privilegio de rendir homenaje al Guerrillero Heroico y sus compañeros en el lugar de los hechos y constaté las palabras de Fidel en "Una introducción necesaria" al Diario, cuando afirmó que "Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvía su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres".

El Che y sus compañeros estaban en la multitud de campesinos, estudiantes, mineros, religiosos, intelectuales, jóvenes, y funcionarios que colmaban el estadio de Cochabamba cuando daban la bienvenida a los líderes de los países del ALBA-TCP reunidos allí; en la alegría y la libertad del pueblo boliviano, que se respira en campos y ciudades; en el apoyo indiscutible al presidente y líder indígena Evo Morales, expresión de las aspiraciones sagradas de su tierra, sus hermanos y de Nuestra América.

Están en los médicos cubanos que en Santa Cruz, Vallegrande, La Higuera, El Alto, La Paz u otro lugar intrincado de Bolivia -con su consagración- ponen en alto el ejemplo del Che y hacen milagros salvando vidas a los cuatro vientos, a caballo o en mulos, a pie o en canoas para asistir a un niño, un anciano, una mujer a punto de parir, a un enfermo de cualquier edad, recorriendo cientos o miles de kilómetros a lo largo de su misión internacionalista.

Corre por las venas del pueblo de Vallegrande que al conocer la noticia de la presencia de una delegación del gobierno cubano en la casa de los médicos se organizó espontáneamente y en cuestión de minutos colmó las inmediaciones para apoyar y agradecer; en los pacientes del hospital de El Alto que empezaron a aplaudir al ver llegar la comitiva de la Isla y a gritar "Hasta la Victoria Siempre"; en los niños que aprenden a leer y escribir en el aula creada por los colaboradores cubanos en la posta médica de La Higuera, donde vieron televisión por primera vez; en el campesino de 80 años que fue a abrazarnos sin más información de que éramos cubanos y desde lo más profundo de su corazón lamentó mil veces "el día miserable en que los de la CIA asesinaron al Che en mi tierra". Casi al despedirnos, mira orgulloso hacia la doctora cubana que vive junto a ellos y nos asegura: "Trataron de esconderlo y de desaparecer su ejemplo, pero no pudieron matarlo. Está aquí en esta médico que baja temprano de la montaña, bajo la lluvia, el frío o la oscuridad de la noche, montada en su caballo a dar vida y esperanza a nuestros nietos, hijos y a todos nosotros".

En pleno siglo XXI, 50 años después del vil asesinato y a 90 de su existencia, el Che y sus compañeros están en todas partes; viven en Bolivia, en Nuestra América y el mundo -como afirman Adys y Froilán- en "La perpetuidad del heroísmo que ni el tiempo ni el miedo podrán borrar".