La calle, los incorregibles y un país incómodo para los dirigentes.

(Alejandro Mosquera)
Centenares de miles de personas se movilizaron entre el 6 y 7 de marzo. Expresan una conflictividad social creciente en toda la Argentina frente al programa económico del Gobierno de Macri y sus Ceos. Y evidencia un cambio profundo en el clima y malestar de la población.

La combinación de las políticas de apertura de las importaciones con el efecto inmediato del cierre de empresas nacionales, los despidos, sanciones y vacaciones adelantadas contadas en centenares de miles de personas en los 15 meses de gobierno de derecha, con una recesión planificada a través del achicamiento del mercado interno y la baja el poder adquisitivo del salario. Combinado con el vampirismo de los hijos de la patria contratista que buscan apoderarse de recursos del Estado, van creando un momento social diferente donde crece la oposición popular, baja el respaldo al gobierno, y se extiende la desilusión de los que lo votaron en la segunda vuelta por la gigantesca estafa electoral que llevaron y llevan a cabo.

La movilización de docentes y de la CGT, las CTA y los movimientos sociales expresan ese cambio y salto en la situación política.

El posible Paro Nacional podría ser un parte aguas entre el país donde una mayoría acepto la simulación y la mentira con la esperanza de una cambio positivo y cierta expectativa económica, y el ahora donde una mayoría busca como expresar con contundencia su reclamo por reivindicaciones concretas y un cambio genérico de plan económico.

El gobierno creyó antes de la movilización docente que podía enfrentar en la opinión pública a los docentes en lucha, reduciendo el conflicto a una puja con la dirigencia sindical del sector. Atentos a las encuestas creyeron tener una oportunidad de enfrentar a la comunidad educativa con los líderes de la protesta. Repitieron el error de Menem en tiempos de la Carpa Blanca. Dispusieron que su Maria Eugenia “cara de buena” Vidal confrontara con Roberto Baradel. Aconsejados por su gurú quisieron repetir la maniobra que urdieron contra Aníbal Fernández en las elecciones.

La marcha contundente de los docentes, las cuadras y cuadras de guardapolvos y banderas de los gremios desbarataron lo esencial de una maniobra que sigue en pie. Hugo Yaski, secretario general de CTA de los Trabajadores sostuvo en el acto:

“No hay para los argentinos nada más noble que la escuela. No hay para los argentinos nada más noble que la educación. Cada vez que hacen encuestas se les parte la cara de la bronca porque al tope de la preferencia, al tope del respeto, aparece la figura de la maestra y del maestro.

A eso no lo van a ensuciar. Que se olviden si piensan que van a ensuciar a los guardapolvos blancos.”

No habían pasado 24 horas que centenares de miles de trabajadores marchaban contra las políticas de ajuste y destrucción del trabajo que lleva adelante el gobierno. Más allá de las internas de la CGT (que siempre las hubo y habrá) lo clave es ver que la convocatoria cegetistas abrió un canal para que se expresara un multifacético y plural movimiento de oposición.

El gobierno recurrió al viejo y remanido expediente de la “motivación político electoral” de la movilización para tratar de ocultar el drama social que están produciendo sus políticas. Por debajo de la mesa buscaba operar sobre el sector colaboracionista de los dirigentes sindicales para desbaratar el posible Paro Nacional.

Con los incidentes producidos en el final de un acto adelantado casi una hora por el debate que todos sabían que existían y la presión de las bases, el gobierno operó sobre sus medios de comunicación aliados para que se transformaran en lo central del acto, lo entendieron como una ocasión para exacerbar el gorilismo de una parte de su base social y el miedo a la violencia que gran parte de la población tiene en su memoria y que rechaza visceralmente.

Del enemigo el consejo: lo importante es la movilización, su masividad, el reclamo y reivindicaciones populares que levanta y la expresión de ese movimiento popular de oposición que crece y que incomoda a la dirigencia.

Por otra parte, habría que tener la inteligencia estratégica de ver más allá de la superficie. Hay un debate en el movimiento obrero organizado sobre el modelo de sindicalismo, que se ira moldeando al calor del crecimiento de las luchas populares. No hay que asustarse porque indica también vitalidad y no solo bronca contra algunos dirigentes. Lo importante no es el final donde un grupo se sube al escenario, sino los millones de argentinos que están esperando una actitud más combativa de su central.

También es necesario atender que la unidad para derrotar a los neoliberales necesita de una amplitud enorme, que los trabajadores son clave en su conformación y sus organizaciones sindicales también. El parte aguas entre un pueblo en creciente resistencia y el poder y la derecha debe ser correcta, porque el error puede llevar al aislamiento y la derrota de los sectores avanzados y transformadores. A la vez la unidad también se transita en una correlación de fuerzas concreta y ella cambia cuando hay debate y lucha, sino siempre triunfaran las tendencias colaboracionistas del poder. Entre estos parámetros parecería que se mueve la posibilidad de construir una alternativa de poder nacional y popular.

El sociólogo Fortunato Mallimaci, miembro del Manifiesto Argentino e investigador superior del Conicet al respecto señaló para La barraca sobre la movilización: “Es expresión de la tremenda protesta social que moviliza a los trabajadores y que se impacientan ante un tiempo que se les hace muy largo.”

“Solo la CGT puede convocar a tal movilización masiva del pueblo trabajador mostrando el angustiante malestar social que recorre nuestro país. El acto comenzó con el himno nacional y finalizó con la marcha peronista. Los símbolos siguen haciendo memoria. Los oradores fueron aplaudidos al criticar al gobierno y abucheados por no poner fecha a un paro general que los trabajadores pedían a gritos. La fragmentación de los sectores de la dirigencia sindical aparece así al rojo vivo. Deben movilizar para no perder hegemonía e identidad peronista pero no quieren ponerse a la cabeza de la oposición. Dilema de hierro: hoy no hay quien hegemonice y conduzca políticamente el malestar social y no hay ninguna organización fuera de la CGT que pueda movilizar tan masivamente contra el gobierno. El tiempo mostrará los nuevos caminos que se abren donde el gobierno ya no puede más seguir recurriendo a la herencia recibida y deberá buscar otros aliados y enemigos de cara a las elecciones de octubre.”

La oposición política tanto del FPV, el peronismo, el Frente Renovador, el Partido Socialista y la izquierda apoyaron la marcha, el reclamo de las centrales de trabajadores y con distintos tonos reclamaron un cambio en la política económica del gobierno. La masiva respuesta popular sacó el debate de las oficinas del Congreso o de Ministros, obligó a opositores reales y colaboracionistas a alinearse tras la programática obrera y popular, aunque sea momentáneamente.

Pero también se marca otro elemento clave en la perspectiva de octubre: la nueva mayoría, la Confluencia Nacional y Popular será posible, más profunda y transformadora dependiendo de las luchas populares, de la magnitud de la resistencia al ajuste, los despidos y el vampirismo sobre el estado de los estafadores en el gobierno.

Por supuesto que la actitud de una parte de la dirigencia cegetista levanta desconfianza, Pedro Peretti, productor agropecuario, ex director ejecutivo de la FAA y miembro del Manifiesto Argentino señalo sobre esto a nuestra revista: “Hay que leer muy bien políticamente…No fue sorpresa porque los antecedentes de los triunviros no son lo mejor…representan lo peor tradición del sindicalismo argentino. Pero hay que leer con mucha atención lo que paso. He participado desde la década del 80 para acá en muchos actos de la CGT, ahora nunca vi, ni recuerdo, que la gente corriera a los dirigentes, nunca vi… lo que paso hoy…un persistente murmullo a favor de ponerle fecha al paro hizo adelantar una hora el inicio y después de confirmada la expectativa insatisfecha… la gente silbo a los oradores, corrió a los dirigentes y tomo el palco. Algo cambio en la Argentina después de los 12 años de Kirchnerismo, el empoderamiento funciona…todo hace presumir que se viene una etapa de mucho protagonismo y radicalización de los sectores populares, empujados por la crisis económica, en la lucha contra el macri-radicalismo…bienvenida la lucha…”

Mientras surgen versiones sobre negociaciones secretas entre Triaca el ministro patronal con dirigentes sindicales, el funcionario repetía en la televisión los argumentos de ocasión para tratar de mostrar la movilización como una interna sindical o con el kirchnerismo tratando de tapar los datos sociales que sus políticas y la actitud pro-patronal de su Ministerio llevan a cabo. Y bien temprano el secretario general de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Roberto Fernández decía. “Hay que ser prudente, pedir una reunión, pero si no se cumple eso, habrá que hacer un paro. Faltan 20 días para fin de mes, hay tiempo para que nos sentemos a dialogar y busquemos un acuerdo. Mi preocupación es que haya diálogo, démosle 10 días al Gobierno, pero esto lo digo yo”. Dejando en claro el debate que recorre el movimiento sindical.

El paro de las mujeres y la movilización completaran un cuadro de cuestionamiento a las políticas del gobierno, a la violencia machista, a la desigualdad y la súper-explotación de género, como también una desocupación creciente que afecta más duramente a las mujeres.

Un marzo bravo, luchador, que mientras discute la necesidad del paro, prepara la marcha del 24 de marzo por la memoria, la verdad y la justicia, por los derechos de todos, contra el negacionismo y en solidaridad con los que sufren en esta tierra de un “incorregible” pueblo que una y otra vez vuelve a levantarse para hacer escuchar su voz.

Termino la nota feliz, la genta en la calle es un aliento fresco, en este momento el gobierno opera sobre los medios para sembrar su versión, para manipular a la opinión pública, miente en los datos de Marcos Peña, Quintana y Cabrera, no hay sorpresa ni novedad en eso. Tengo una sensación que ya no les alcanza, que todos tenemos un conocido despedido, que todos vemos los precios en el supermercado, que todos vemos las facturas de las tarifas, que vemos persianas que se bajan, el que el sueldo se achica y no alcanza.

Como cierre de la columna conviene recordar la vieja convocatoria de Antonio Gramsci

Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia;

Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo;

Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza