Kasuo Ishiguro.

(Jorge Rendón Vásquez)

La academia Sueca ha acordado este año conferir el premio Nobel de Literatura a Kusuo Ishiguro.

Es un autor al que sus padres llevaron a Inglaterra a los cinco años y desde entonces vive allí. Es, por lo tanto, por sus reflejos idiomáticos y su formación cultural, un ingles (tal vez, no un gentleman, aplicándole la rígida y excluyente tipología inglesa, sino un inmigrante asimilado). La Academia Sueca tiene sus preferencias y conveniencias. Le tocaba el turno al Asia y tenía a este a la mano. ¿Les Interesaba su obra?

Detrás de la motivación de la atribución de cada premio Nobel existe un interés, por lo general, político. A Winston Churchill querían honrarlo con el premio Nobel, pero no hay uno para los prohombres de la guerra, sino de la paz, y hubiera sido un contrasentido (para los suecos algo de mal gusto) darle el premio Nobel de la paz a un guerrero. Le dieron el de literatura, valiéndose de sus memorias que vaya usted a saber cuántas personas habrían corregido. A Vargas Llosa tenían que premiarlo por sus artículos neoliberales, pero no les cuadraba declarar que lo premiaban por esto, y se lo dieron por su obra literaria que, al parecer, no les importaba mucho. En 1945, un prominente miembro del jurado de este premio no quería para nada dárselos a Hermann Hesse, Jules Romains, Benedetto Croce, Carl Sandbug y otros que estaban en la lista de espera. Para dejarlos de lado, se fijó en una poetisa cuyos versos había traducido al sueco, la propuso y logró el voto de sus pares. Era Gabriela Mistral. Se diría: cosas de la vida ... de los suecos. Y hay muchos otros casos de exclusiones garrafales de cumbres de la literatura y de beneficiarios olvidados al año siguiente de haber sido galardonados. Como en todos los concursos de obras literarias, en particular novelas, los ganadores están predeterminados. Y los premios, que son, en realidad, una participación en las ventas, son, en realidad, bastante jugosos.