Julio Carmona: Estudio desde lo total verdadero a la invención de la novela de M. Gutiérrez, CTF. Segunda y última parte.

(Roque Ramírez Cueva.
En la parte I, señalamos de manera inconfundible la crítica fundamentada de Julio Carmona (JC) a la construcción de los personajes en la novela Confesiones de Tamara Fiol (CTF) del narrador Miguel Gutiérrez (MG), en particular por el diseño creativo de la protagonista Tamara Fiol (TF). El poeta y ensayista JC afirma que, si bien es elaborada con características de una militante de izquierda, en el resto del perfil se configura a una persona confusa a pesar de sus simpatías políticas, provoca repulsión, superficial respecto del pensamiento marxista, con actitudes volubles e inmaduras, si no libertinas. Por tanto, si el objetivo del narrador Morgan Batres (MB), es contar una historia hecha a partir de entrevistar -como corresponsal de guerra- a las militantes de SL, la elaboración de TF no da la talla, no las emula, él mismo afirma que las mujeres de SL son herméticas, difícil de contar sus intimidades, aparte que a lo largo de la novela no da señal alguna de que sea militante de SL.
Al contrario, TF incluso condena las ideas de dicha organización: en la Pág. 28 (ver nota 1), pie de página Nº 39, Carmona cita al narrador MB recordando los puntos de vista de ella: “y asimismo estaba contra el anarquismo y el aventurerismo, que postulaba que matar a unos cuantos individuos bastaría para llegar al poder”. Luego el crítico agrega, “Pero no se pase por alto que en esa última expresión hay una crítica velada contra Sendero Luminoso, por sus matanzas indiscriminadas, y contra los movimientos guerrilleros de los sesenta que eran calificados de ‘aventureros”. Y también, ya se dijo en la parte I, cuando es necesario decirlo, JC resalta los aciertos de Gutiérrez, “Desde la p. 77 hasta la p. 88 se narran hechos más o menos interesantes –desde el punto de vista narrativo-“. Pero no es muy expansivo en ello, porque a partir de la página 89 hasta la 109, le parecen relatos irrelevantes.
Así, la narración CTF de Miguel Gutiérrez, resulta una obra de menor pretensión en los discursos y circunscrita a ciertos logros formalistas para Julio Carmona. Leamos, una novela, sugiere en la pág. 31, concebida con postulados similares a los de VLl: “… porque según la teoría de la novela manejada en el texto por la misma TF, ese género narrativo es esencialmente mentiroso, es decir, pura invención”. Y un párrafo después hace notar los ripios en CTF: “Y uno se pregunta: ¿Por qué esa insinuación –no desmentida por Arancibia- de que él no escribía esos artículos que se le atribuyen? [en los cuales propugnaba leyes anti terroristas] este dato es tan ripioso como las farmacias de que fue propietaria TF: no tienen ninguna incidencia en el desarrollo de la historia.” (corchetes nuestros).
Es más, JC plantea que estos ripios y otras incongruencias de la narración responden a las varias corrientes literarias, en base a las cuales se estructuró la novela CTF, y una de ellas es el naturalismo, ver en la pág. 33, el pie de página Nº 47: “Y si a ello se suman los términos excrementicios, todos ellos son elementos que abonan a lo indigesto de la novela, propia del naturalismo.”; escuela literaria que se menciona también en otras páginas para fundamentar su caracterización en la construcción de la novela CTF.
Hagamos una mención aparte, desde luego no menos interesante. En el trabajo de crítica de Carmona se aprecia que no descuida la normativa del idioma como corresponde al rigor de un estudio. Si con las ideas política no es condescendiente menos lo hará con asuntos gramaticales. En la p. 73 y 289 de CFT se ha escrito odriismo y leguiistas, debió escribirse odriísmo y leguiístas. En el pie de página Nº 42, pág 29, corrige “aquello de ‘propia y exclusiva’ es pleonástico, redundante. Igual traspié se ve en la pág. 51, cuando el narrador dice: “la cita sería en su propio domicilio”, debió ser ‘su domicilio’ (p. 147 CTF).
En pág 30, citando al narrador, éste escribe “…se había emancipado y vengado de un ¿corruptor? (Según me contaron Emperatriz y Corso…)”; JC no ceja en su rol de observador: “(Según [sic: debe ir con minúscula]”. En la misma página, el narrador citado dice, “más bacán, mejor de… [sic: que]”, en el corchete se ha corregido “de” en uso errado, pp. 181, 182 en CTF. Seguimos en la pág. 30, el narrador acota, “Tamara había tenido el camuflaje… [sic: habría]”.
En la p. 331 de CTF, el personaje Muriel dice: “Y a mí me tinka…”, y en el pie de pág. Nº 46 del ensayo se lee “la palabra correcta es con “c”, tinca, sinónimo de presentimiento,” (pág. 32). Más adelante, pág. 36, citado el personaje César Arias, comenta: “No, no seré yo quién (sic: tilde errónea)”, aquí nuestro crítico advierte que no se tilda “quien” cuando no tiene función interrogativa. El uso equivocado del verbo lo señala al corregir una cita de CTF, pág. 37, JC comenta, “…, el signo ‘sic’ indica que lo coherente es hacer que el verbo diga ‘recordó’, en tercera persona, pues en primera persona obliga a cambiar la conclusión ‘habíamos’ y no ‘habían’.”
Hay múltiples objeciones que Carmona hace a la gramática usada en la redacción de CTF, las ya seleccionadas atrás -apenas vamos por la página 43- y las que observa en su extenso trabajo. Páginas más adelante leemos, pág. 57, “y ahora hazte a un lado que quiero escuchar a Lolita Thorne!’.” (sic: el punto está demás y también el cierre de admiración que no ha sido abierto)”, termina enmendando. Luego, citada la protagonista por MB se lee “cuando dejé de lado mi vida de vagabunda (por un buen tiempo la verdad); JC, en el pie de página Nº 19 del capítulo II, repara en que, “Aquí hay también una anfibología, pues no se sabe si el ‘por un buen tiempo’ se refiere a la ‘vida de vagabunda’ o a la etapa que sucede a ésta, sugiriéndose la idea de que después la retomaría”.
La lectura del análisis de Julio Carmona realizado a la novela CTF es recomendable, desde todo propósito de interés del lector, para acceder a un mayor entendimiento y sustento de las observaciones hechas, al uso errado de las normas de la escritura empleada en la novela en mención (al respecto, no ampliaremos los comentarios nuestros porque tomamos en cuenta, el hecho que hay un capítulo tercero destinado a tratar los errores, las erratas y todo dato irrelevante), y las objeciones planteadas a la construcción de los personajes, a las proposiciones de los discursos.
Entonces, volviendo a los otros aspectos de estudio, percibimos que JC trabaja con una indagación propia del ultrasonido en medicina, al detectar los mínimos latidos y sonidos que le permitan trasladarse por espacios y estructuras macro y micro de todo el corpus de CTF para conocer –desde su visión- qué sí y cuál no marchan bien. En otras palabras, aparte de la metodología propia de la ciencia sustentada en el marxismo, apela a un procedimiento de desmontaje de estructuras con el fin de analizar a detalle –como ya se dijo en la parte I- la novela de Gutiérrez. Por cierto, cuando recurre a otras metodologías no marxistas las emplea como auxiliares.
Hecha la salvedad anterior, nos permitimos inferir entonces que Julio Carmona, en su análisis, nos va mostrando los recursos narrativos y técnicos, los entresijos de la prosa, la forma de construir personajes, los lenguajes, y todo elemento necesario para armar una novela. Y si bien diagnostica aciertos y equívocos constructivos, a la vez nos deja develados las formas y discursos empleados por Miguel Gutiérrez para diseñar su narrativa en la experiencia cierta de Confesiones de Tamara Fiol. Por ejemplo, al construir un personaje, detalles de la biografía o historia de vida de éste no se conoce a partir de sí mismo sino por medio de un co protagonista o antagonista, además de los narradores de la novela, quienes –dependiendo si son omnipresentes o testigos- a la vez se informan a través de terceras personas.
En la novela, respecto al narrador de la historia, se nos oculta la información –siendo periodista extranjero- del tiempo que permanece en territorio peruano. Y la demora para revelar el tiempo de estadía, Carmona lo consigna “como elemento narrativo válido”. Aquí está señalando que es un recurso (el dato escondido de que habla Vargas Llosa). Y en el pie de pág. 66 fundamenta su empleo.(pág. 42)
Según JC, el autor de CTF crea personajes empleando elementos clisé entre unos y otros; así, le otorga características similares a varios de ellos: Morgan Batres, la protagonista TF y el bipolar Arancibia odian a sus respectivos padres por el mismo motivo, sus papás abandonaron a sus madres por irse con otra mujer. Y en el caso de Tamara la involucra en una versión del complejo de Electra, y a Batres en la versión del complejo de Edipo (pág. 44). Una página antes (43) observa una superposición de planos entre la ruta de la muerte de Arancibia, y el tour que sigue MB hacia el aeropuerto de regreso a su país. “Y tal vez ese sea –concluye Carmona- el nexo establecido por el autor para edificar los vasos comunicantes de su empatía…”
Luego de analizar la conformación y estructuración de los personajes principales, entre los cuales el narrador no considera a las mujeres de SL, individual ni colectivamente, porque ya se demostró que TF no es una de ellas, aparte que MB no logró obtener –siendo corresponsal de guerra- ninguna entrevista con aquellas por ser herméticas, impenetrables; JC hace un recuento de los personajes secundarios como Muriel, Pepe Corso (muy prometedor y el de menos incidencia en tan voluminosa novela), Taylor, Azpur, César Arias, W. Rodríguez, Kymper (otro prometedor personaje comodín que se desvanece en la novela, CFT, a pesar de su perfil idóneo); sin embargo Kymper será el protagonista en la última novela que nos dejó Miguel Gutiérrez.
Lo importante del estudio de Carmona en el análisis de los personajes tanto como del asunto literario y el tema del discurso político, es que nuestro ensayista es enfático en defender una línea ortodoxa de lo que significa la expresión del pensamiento marxista, su método científico, su simbología de transformación de mundos; además, no es complaciente con el comportamiento de lo que implica ser comunista, del papel de la clase proletaria y sus intelectuales proletarios; y por tanto, distintos y diferenciados de los diletantes, de los progresistas o reformistas pequeño burgueses, de revisionistas, de claudicadores, de los oportunistas. Todos estos aspectos y puntos de vista –incluidas pasiones y traiciones- se proponen y discuten en los diversos contextos de la novela analizada.
Para ir cerrando comentarios de las dos partes reseñadas, saquemos algunas otras conclusiones –atrás ya hicimos las primeras-, para ello nos apoyamos en lo diseccionado por Julio Carmona. Ya adelantamos que éste sugiere una aproximación de Miguel Gutiérrez a las nociones formalistas sobre la novela, “…de que ella es ‘mentira, exageración, transformación, invención’…”, por tanto no es dialéctica la propuesta de hacer imputaciones a personajes con sentimiento social, a socialistas o comunistas sin oportunidad de réplica favorable o argumentativa por parte de ellos mismos, del narrador u otros personajes. Lo cual es reprochable al autor. (pág. 61)
Una segunda conclusión, se relaciona con la manera de tratar en la narración la verosimilitud, “(aquello –JC- que no es verdad pero da la sensación de que lo fuera)”, como relevante a la narrativa, pero en ese criterio si indicas, en la misma novela, que vas a relatar algo y no cumples “y lo sacas de contexto, entonces lo no cierto se convierte en mal contado,” (pág. 61). Es decir (valga el parafraseo), resultaría una narración, CTF, con la sensación de que no lo fuera, en el sello al que nos tenía acostumbrado Miguel Gutiérrez, en su saga primigenia y vital de La Violencia del Tiempo.
Y en cuanto a lo particular de la estética, MG “está actuando desde la óptica de los estudios literarios burgueses, y no de los estudios literarios marxistas (y a estos últimos dice seguir adscrito). Para el marxismo esa situación del ‘escritor profesional’: preocupado por ‘construir un hombre, un escritor, que en última instancia me lo deba a mí mismo’, es algo que ya está descontado”, afirma JC. (pág. 129)
No necesitamos ser extensos ni detallados en la reseña, extendida ya de por sí. Observe el lector, estamos en la página 129, y nos hemos salteado decenas de ellas, incluso capítulos sin mencionar. Ello nos da una idea de lo interesante que se insinúa el estudio de Julio Carmona, acerca de la novela CTF de Miguel Gutiérrez, por tanto acá nos decimos “pare” con el propósito que usted arriesgue su propia lectura. Luego, no cabe otro asunto, solo escanciar un odre virtual de vino celebrando al autor por este ensayo intenso.
Nota bibliográfica:
1. El Nº de página del ensayo de JC irá subrayado, (Pág. 28), para distinguirlo de los números de página de la novela CTF que no se subrayan.