INTERPELACIÓN Y FALTA DE IGNORANCIA EN MATERIA EDUCATIVA.

(José Luis Ayala)

La interpelación de parte del Congreso Nacional de la República a la ministra de educación, Marilú Martens Cortés, ha servido para conocer con precisión, la situación de extrema crisis por la que atraviesa la educación pública en el Perú. Aunque es verdad que no se trata de un hecho nuevo, sino de un continuo proceso letal que tiene muchos años de duración y vigencia. Sin embargo, se pudo apreciar una evidente orfandad de conceptos sobre educación, currículo, realidad nacional, magisterio, sindicalismo y rol del Estado, de parte de muchos congresistas como de la ministra. Por las intervenciones transmitidas, es posible afirmar que la mayoría de congresistas no han estudiado educación ni gestión pública, carecen sobre todo, de una adecuada visión pedagógica para entender al Perú esencial con toda su maravillosa complejidad cultural.

Más allá de las desacertadas intervenciones de iracundos congresistas ignaros en materia educativa, como carencia de una adecuada cultura pedagógica y experiencia educativa de parte de la ministra de educación, el espectáculo ha sido lamentable. No obstante, la interpelación ha demostrado que hay cinco temas pendientes que debieron ser encarados de todos modos.

Uno: Necesidad de refundar el sistema educativo peruano, de acuerdo a la nueva realidad social, política y económica, así como en referencia a Latino América y el mundo en que vivimos. Teniendo en cuenta que el Perú no es una isla, debería convertirse necesariamente en un país altamente competitivo en la era de la posmodernidad.

Dos: No se ha referido al hecho que las recetas implantadas por los tecnócratas del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la CONFIEP, han dado resultados negativos. Las directivas “educativas” llevadas a la práctica por el ministerio de educación, han servido para empobrecer a las grandes mayorías con la trampa sustentada en una mayor exportación, mayor crecimiento económico.

Tres: La llamada Reforma educativa, no es un acto de creación histórica ni tiene por objeto revertir la crisis educativa en un instrumento de cambio social. Se trata de dos palabras huecas carentes de conceptos en referencia al Perú del siglo XXI. ¿Por qué no se discutió ese documento con el magisterio nacional, padres de familia, municipios, científicos sociales y docentes de las universidades nacionales? Sobre todo de acuerdo a la realidad de cada región. Ese mamotreto, además muy mal redactado, no debe servir como instrumento de sojuzgamiento intelectual contra el magisterio nacional.

Cuatro: Se ha demostrado que es imperativo modificar la función esencial del ministerio de educación. De acuerdo a la Constitución Política de 1993, se trata de un ente que no coordina sus acciones con el ministerio de cultura y menos con el de relaciones exteriores. El ministerio de educación, debería tener una cuota del 40 por ciento para que los más destacados docentes se conviertan en embajadores y agregados culturales. Sin detrimento de que la gran mayoría de docentes tengan acceso a matrículas automáticas en universidades estatales y, puedan alcanzar títulos académicos. La ministra Marilú Martens Cortés, cree que se llama carrera magisterial al hecho de pasar de un nivel a otro, rindiendo pruebas destinadas a eliminar a docentes con más años de servicio.

Cinco: No hay interés de parte del Congreso de la República, menos de la ministra de educación, para la creación de bibliotecas pedagógicas y un sistema de educación peruana a base de lectura de por lo menos cien libros de autores universales, latinoamericanos y peruanos. Los textos escolares que se usan, son impresos por editoras transnacionales que imponen conceptos desfasados en referencia a la realidad nacional. Los docentes de primaria y secundaria carecen de libros elementales en relación a geografía, sociología, educación e historia del Perú. Menos acerca del cambio climático e impacto negativo del neoliberalismo en la economía y educación.

Nada cambiará si el Congreso de la República censura o no a la ministra de educación. Ese hecho será absolutamente intrascendente. Seguramente que la CONFIEP ya tiene el nombre de quien ruega a la Virgen detrás de la puerta, para que el hecho se produzca lo más antes posible. Se trata de treinta mil soles mensuales más un sueldo por Navidad. Las aulas de lejanas comunidades campesinas quechuas y aymaras empobrecidas por el sistema político y económico neoliberal, como precarias construcciones de escuelas y colegios de la selva, no se renovarán ni recibirán computadoras. La juramentación de un nuevo ministro o ministra no significará una renovación ni cambio en la política educativa, será más de lo mismo.

En realidad la carrera magisterial, debería empezar desde ser docente de primaria, trabajar en diversas regiones naturales, hablar quechua, aymara y por lo menos tres leguas de la Amazonía. Tener acceso a una universidad para una adecuada formación pedagógica y en el último escalón, ser nombrado ministro de educación. La actual escala magisterial tiene por objeto “promover” por “niveles” al magisterio nacional, cada cierto tiempo y ofrecerle una remuneración que nunca alcanzará. Llegar a la cumbre de la pirámide es prácticamente someter al magisterio nacional a una domesticación, coloniedad intelectual y sometimiento ideológico inaceptable.

Todo proceso educativo tiene sin duda un contenido ideológico. Se trata de formar ciudadanos, que deberán desarrollar sus actividades en sociedades estratificadas y en permanente conflicto. Entonces, la educación responde a la necesidad de formar las generaciones del relevo. Se trata de millones de niños, adolescentes y jóvenes que serán triturados, eliminados si es que no tienen instrumentos y recursos para la lucha social ineludible. ¿Cuántos adolecentes después que terminan la secundaria no saben en qué trabajar? Todos se convierten en el subproletariado con remuneraciones miserables.

Pero el magisterio tendrá que unificarse, desplazar a quienes pactaron con la patronal para seguir medrando de beneficios y favores del Estado. Esa es una tarea ardua que recién empieza. Sin embargo, mientras el magisterio nacional no forje la unidad gremial monolítica, cualquier tecnócrata pueda ser ministro de educación. Pero ese no es el problema de fondo, la refundación de la organización magisterial resulta ahora más que nunca una tarea imperativa. Solo así el magisterio nacional podrá tener acceso y derecho a futuras negociaciones con el Estado Peruano, convertido ahora en empresarial, necrocrático, neoliberal y brutalmente represivo.