GABRIEL NIEZEN MATOS CRUZA LA NOVELA HISTÓRICA.

(WINSTON ORRILLO)
“Los vasos comunicantes de las historias que construye Gabriel Niezen Matos, abren, desde Lima, un vastísimo campo que comunica la narrativa latinoamericana en un viaje pleno de escalas a través del poder sugestivo de la ficción literaria”
Silvia Barei. Crítica literaria Argentina

Gabriel Niezen Matos es uno de los intelectuales peruanos –docente, investigador, ensayista- más completos de los días que corren. Lo conozco poco menos de medio siglo y nunca he dejado de verlo embarcado en permanentes actividades del pensamiento que, amén de sus más de cincuenta trabajos de investigación científica en los campos de la Educación y la Comunicación Social, derivaron en que fuera elegido el Primer Director de nuestra sanmarquina Escuela de Comunicación Social y luego Coordinador de Posgrado de la misma especialidad.
Brillante expositor de conferencias en el Perú y en el extranjero, su especialidad es la Metodología de la investigación científica y Redacción Superior (la que se utiliza para tesis de grado y posgrado).
Un atinado perfil suyo, como creador literario, es el que se halla en el Diccionario General de las Letras Peruanas (2004), obra del poeta e historiador de nuestras obras creativas, César Toro Montalvo.
Pero el motivo de esta reseña, es la esperada aparición de su octava novela, muy bellamente publicada (Rubicán Editores, de Eleana Arzubiaga Malpartida, Lima, 2017), Leonardo Zaragoza cruza el tiempo oscuro, insistencia en el difícil ámbito de la narración histórica que, sin embargo del magno trabajo de investigación que demanda, él cumple cabalmente, al darnos un relato que nos conduce, con precisión y donosura, a la época de la Colonia donde hallamos que, las vicisitudes trágicas y espurias de hogaño, tienen sus raíces, precisamente en aquel tiempo… y de allí nos vienen.
Leonardo Zaragoza y sus amigos son víctimas de una acusación tergiversadora que los conduce a la condición de apresados por una “justicia” -por demás injusta y ahíta de tergiversaciones, en una de cuyas alas medra la abominable “Santa” Inquisición.
Pues, finalmente, se aclara que “la detención en Guayaquil del vasco Enrique Miranda y del constructor Leonardo Zaragoza era un abuso de autoridad y que debía reivindicárseles .porque se trataba de un gentilhombre que había hecho mucho bien a la iglesia, a la guardia y a la ciudad con las excelentes construcciones que realizó…” Pero no a todos podía redimirse porque algunos habían fallecido en la hoguera o en la horca…uno de los cuales, Rafael de San Pedro, había muerto en la horca por una venganza personal de Gil Negrete, quien actuara, de este modo, porque aquél le impidiera apropiarse del patrimonio del Marqués de Montesclaros… pero el asunto más reciente resultaba el de Zaragoza a quien se calumnia, porque el mismo Gil Negrete pretendía a la novia de aquél, hija del correcto escribano Matías Bohórquez…
En fin, el conde de Chinchón ordenó una amnistía general, la que hizo coincidir con el centenario de Lima. Y en la mencionada amnistía se halló la que se concediera a Leonardo Zaragoza “y a todos aquellos que fueron encarcelados injustamente…”
La narración se lee muy rápidamente porque su autor, Gabriel Niezen Matos, ha ejercitado su estilo en novelas como Toda una vida que, con Un siglo de ausencia y Yo quiero luz de luna, componen un tríptico urbano, al que se suman La fuga de San Pedro –editada exitosamente por Alfaguara, con una historia, asimismo de la Colonia. Y que asimismo integra un tríptico sobre el poder, que continuó con El síndrome de los señores que volaban.
Su sexta novela es Después que tú partiste –edición agotada y que se emplea como texto de estudio en diversas universidades peruanas y latinoamericanas. Su sétima narración, en el rubro, es El hombre que escapó de su jaula, que ya va por la segunda edición, y ha sido, asimismo, difundida por internet y tiene varias dramatizaciones.
Niezen es doctor en Educación, Máster en Psicología de la Familia y la Pareja. Ha dictado cátedras en las Universidades de Guayaquil y Sao Paulo, y su incesante actividad, como periodista y escritor, lo ha llevado varias veces a Europa (Madrid, Barcelona, Viena, Eslovaquia y República Checa, entre otras auspiciosas estancias). Ha sido, asimismo, Jurado Internacional de Literatura en el Concurso Ricardo Miró de Panamá.
Como podemos apreciar, pues, su caso es el de algunos creadores que no tienen problemas en compartir la producción propiamente literaria, con el estudio ininterrumpido de la ciencia de la palabra.