Fidel.

(Víctor Manuel Ramos Rivera)

Eran la seis de la mañana del día cuando sonó el teléfono. Eduardo Bähr me llamaba: Fidel ha muerto, me dijo. Y no hablamos más. Un profundo pesar se apoderó de mí y, con la rapidez con que actúa la memoria cerebral, en unos pocos segundos pasaron por mi mente todo lo que en mi vida me ligó a la figura monumental del héroe de la humanidad.

Las primeras noticias del Comandante las recibí cuando en mi casa, en 1958, y en la sastrería de un primo de mamá, Alejandro Medina, en Jesús de Otoro, en Honduras, leía ejemplares de la Revista Bohemia. No he olvidado la impresión que me causaron las fotografías de los combatientes asesinados y de los valientes que en la Sierra Maestra y en la clandestinidad en las ciudades cubanas luchaban por la libertad de Cuba. Esas Bohemias las enviaba, también a mi casa, desde La Lima, mi tío Camilo Rivera. En la sastrería escuchaba, entre los pocos parroquianos que sabían leer, comentarios favorables con la causa de los cubanos alzados en armas en contra de la dictadura de Fulgencio Batista. Fidel recibía elogios y eran casi unánimes los augurios de que la tiranía batistiana caería. Tenía yo, apenas, trece años cuando el primero de enero de 1959, acudía a la tienda de Nina Medina, también prima de mamá, a escuchar, a las siete de la noche, el noticiero Gaceta informativa que transmitía, desde Tegucigalpa, la emisora HRN. Ahí me enteré del triunfo revolucionario y de la entrada triunfal de Fidel en La Habana. El radio receptor a duras penas lograba captar la señal y era mucho mayor el ronroneo de la estática que las voces que lográbamos descifrar con las informaciones. En la Bohemia que llegó más tarde aparecieron dos fotos inolvidables: Fidel entraba victorioso en La Habana y Fidel se dirigía a la multitud con un discurso revolucionario. Una paloma estaba posada en su hombro.

Después le vi victorioso enfrentarse al imperialismo que invadía Cuba, en Bahía Cochinos. Fue la primera derrota continental asestada al imperialismo que ha intentado, por todos los medios ilegales y criminales, terminar con la gran obra del Comandante Castro: la Revolución Cubana, digno ejemplo para los pueblos oprimidos de Nuestra América y del mundo.

Lenin y Fidel son los dos más grandes personajes que produjo la humanidad durante el siglo XX. Ambos encarnaron el gran deseo del hombre por vivir una vida de dignidad, libre de los acosos consumistas del capitalismo feroz.

Loa cañonazos del Crucero Aurora y el mar libertario que se desbordó desde la Sierra Maestra hasta La Habana tienen el mismo significado liberador y fueron las insignias que iluminaron, con resplandores insospechados, el lampo de las aspiraciones del hombre de ser libre, de poder decidir su destino, de vivir en paz para desarrollar ampliamente sus capacidades. Dos acontecimientos trascendentales para la historia de la humanidad que fueron conjugados por la muerte en combate del apóstol José Martí en Entre Ríos.

La infiltración yankee condujo a la caída de la Unión Soviética y muchos vieron que con tal derrumbe se hundían los ideales del hombre por vivir en una sociedad en la que se hagan realidad todos sus derechos fundamentales. Muchos emigrados en La Florida, sobre todo los enemigos furibundos de la Revolución Cubana, creyeron que el proceso había llegado a su fin. Hicieron maletas para ir a repartirse la Isla. Triste equivocación porque, a pesar de todas las enormes dificultades que trajo aparejadas el derrumbe de la URSS, en la Isla estaba firme, al frente de su pueblo, el gigantesco Fidel que dio una tremenda cachetada a quienes proclamaron el fin de la historia y el fin total del socialismo.

Cuba, con Fidel se habían ganado un puesto eterno en la historia de nuestros pueblos, no solo por la firmeza y el heroísmo con que defendieron la Revolución y las conquista del pueblo cubano, sino porque, a pesar de las limitaciones y las carencias, los cubanos aprendieron de Fidel a ser el pueblo más solidario del mundo. Acá, a estas honduras llegaron de inmediato cuando éramos abatidos por el huracán Fifí, y más tarde, cuando el huracán Micth azoló el territorio de Guaymuras, nuevamente la solidaridad cubana se hizo presente, sobre todo con su apoyo en salud, apoyo del cual todavía disfrutamos los hondureños.

Fidel, además, puede parangonarse con Bolívar, el Libertador de múltiples países, pues él también emprendió una lucha sin cuartel en contra del colonialismo del siglo XX que tenía a muchos pueblos de África y Asia sometidos al más brutal colonialismo. Fidel fue el gran protagonista del fin del colonialismo, del cual apenas sobrevive la situación de sometimiento sobre Puerto Rico. Fue su clara visión y su respaldo total e incondicional el que permitió la independencia de Angola y de Namibia, la salida de Nelson Mandela de la cárcel, la caída del apartheid en Sudáfrica y el ascenso de Mandela a la presidencia. Otros países de Asia y África recibieron el respaldo incondicional de este enamorado de la libertad: Viet Nam y Chile son el ejemplo más claro y definitivo.

No olvidaré que mientras los estudiantes hondureños rugíamos en las calles en protesta por el golpe de Estado en Chile y en contra del Asesinado del glorioso Salvador Allende, Fidel, desde La Habana, advertía con furor sacrosanto al tirano manchado de sangre, después desenmascarado como un vulgar ladrón, Augusto Pinochet.

Todo ese amor derramado en el mundo por Fidel y su pueblo recibió su recompensa. Amor con amor se paga, se dice popularmente. Y, en verdad, los pueblos aprendieron a amar a Fidel y al pueblo cubano, convertidos en el ejemplo edificante que nos ha mostrado permanentemente el valor de la dignidad, del heroísmo y, sobre todo, el camino que debemos de seguir para liberarnos de la tutela abusiva que ejerce sobre nuestros gobiernos sometidos en imperialismo norteamericano.

De ese ejemplo portentoso, y con la guía que ofrecía la sabiduría del Comandante Fidel, surgieron en América la victoriosa Revolución Sandinista que elevó el nivel de vida de los nicaragüenses y les ha hecho dueños de su destino sin tutelaje abusivo externo. Conducido por su verbo avasallador también surgió el glorioso Comandante Hugo Chávez que conquistó, junto con el pueblo de Venezuela, la verdadera independencia de su país de manos de las transnacionales petroleras. Y qué decir del glorioso Evo que rescató la dignidad del pueblo indígena de Bolivia y puso al Estado al servicio del pueblo boliviano, tantas veces vilipendiado y sometido al atraso. Por último, el grandioso Presidente Correa, que impulsó la revolución ciudadana para la construcción de un Ecuador más justo y en el que el pueblo encontró la oportunidad de participar en las decisiones trascendentales de su país. Y paro de enumerar porque quedan muchos: Omar Torrijos que le arrebató el Canal a Los Estados Unidos; Lula da Silva, que le devolvió la dignidad a los brasileños, los Kirshner del rescate de la Argentina, Boris Bishop héroe y mártir de Grenada; Juan Bosh y los militares patriotas dominicanos, Manuel López Obrador, luchador incansable para liberar a México con el rescate de la Revolución mexicana… Todos ellos recibieron las sabias enseñanzas de Fidel cuando les dijo “Las masas están listas, solo falta que se les muestre el camino verdadero”.

Su manifiesto fundamental, continuación del Manifiesto Comunista, el célebre “La historia me absolverá”, tiene vigencia en la gran parte de los países de Nuestra América y de otros continentes porque retrata, de cuerpo entero, la realidad asombrosamente deplorable en que se debaten muchos pueblos, tal es el caso del pueblo de Honduras. Por eso retumba con gran actualidad ese mensaje que conmovió al pueblo de la Isla y los condujo a la guerra revolucionaria. En esas páginas inmortales Fidel desnudó la miseria y nos mostró el camino que el mismo emprendió hasta el derrocamiento del tirano y de su sistema de explotación del hombre por el hombre en Cuba.

Fidel, ahora ya no estás físicamente, pero nos dejaste tu pensamiento y obra. Con ellos podemos hablar de tú a tú. Revisando las páginas de tus consejos la humanidad sabrá encontrar el camino que comenzaron a construir Marx y Engels, Lenin, Sandino y el Che y que tú pavimentaste para que se facilite la ruta hacia la liberación total de la humanidad.

Un Fidel que vibra en la montaña, dice una de las más conocidas canciones cubanas y yo me atrevo a decir que tú no solo vibras en la Sierra Maestra, porque tus pasos agigantados recorren y estremecen el espinazo de América, desde la Sierra Maestra hasta los Andes que pisaron con sus banderas de libertad Bolívar y San Martín..

Tú, Fidel, estás presenta aquí, en esta reunión de hombres libres que siguen tras tu ideal para lograr el bienestar total de los pueblos del mundo. Sentimos tu fortaleza vital, tu presencia inclaudicable. Estos hombres y mujeres están con el oído puesto para oír tu palabra, la palabra del nuevo evangelio de la verdadera salvación. Y a tu diestra, indudablemente, el glorioso Hugo Chávez nos saluda. Cuba socialista sigue enhiesta, enarbolada y triunfal porque Fidel levantará por siempre la bandera del rubí, la estrella y cinco franjas, como el faro que guiará a los pueblos a su liberación definitiva.

Gloria eterna a Fidel

Viva por siempre el Comandante del mundo.

Estafeta

Fidel

Víctor Manuel Ramos

Eran la seis de la mañana del día cuando sonó el teléfono. Eduardo Bähr me llamaba: Fidel ha muerto, me dijo. Y no hablamos más. Un profundo pesar se apoderó de mí y, con la rapidez con que actúa la memoria cerebral, en unos pocos segundos pasaron por mi mente todo lo que en mi vida me ligó a la figura monumental del héroe de la humanidad.

Las primeras noticias del Comandante las recibí cuando en mi casa, en 1958, y en la sastrería de un primo de mamá, Alejandro Medina, en Jesús de Otoro, en Honduras, leía ejemplares de la Revista Bohemia. No he olvidado la impresión que me causaron las fotografías de los combatientes asesinados y de los valientes que en la Sierra Maestra y en la clandestinidad en las ciudades cubanas luchaban por la libertad de Cuba. Esas Bohemias las enviaba, también a mi casa, desde La Lima, mi tío Camilo Rivera. En la sastrería escuchaba, entre los pocos parroquianos que sabían leer, comentarios favorables con la causa de los cubanos alzados en armas en contra de la dictadura de Fulgencio Batista. Fidel recibía elogios y eran casi unánimes los augurios de que la tiranía batistiana caería. Tenía yo, apenas, trece años cuando el primero de enero de 1959, acudía a la tienda de Nina Medina, también prima de mamá, a escuchar, a las siete de la noche, el noticiero Gaceta informativa que transmitía, desde Tegucigalpa, la emisora HRN. Ahí me enteré del triunfo revolucionario y de la entrada triunfal de Fidel en La Habana. El radio receptor a duras penas lograba captar la señal y era mucho mayor el ronroneo de la estática que las voces que lográbamos descifrar con las informaciones. En la Bohemia que llegó más tarde aparecieron dos fotos inolvidables: Fidel entraba victorioso en La Habana y Fidel se dirigía a la multitud con un discurso revolucionario. Una paloma estaba posada en su hombro.

Después le vi victorioso enfrentarse al imperialismo que invadía Cuba, en Bahía Cochinos. Fue la primera derrota continental asestada al imperialismo que ha intentado, por todos los medios ilegales y criminales, terminar con la gran obra del Comandante Castro: la Revolución Cubana, digno ejemplo para los pueblos oprimidos de Nuestra América y del mundo.

Lenin y Fidel son los dos más grandes personajes que produjo la humanidad durante el siglo XX. Ambos encarnaron el gran deseo del hombre por vivir una vida de dignidad, libre de los acosos consumistas del capitalismo feroz.

Loa cañonazos del Crucero Aurora y el mar libertario que se desbordó desde la Sierra Maestra hasta La Habana tienen el mismo significado liberador y fueron las insignias que iluminaron, con resplandores insospechados, el lampo de las aspiraciones del hombre de ser libre, de poder decidir su destino, de vivir en paz para desarrollar ampliamente sus capacidades. Dos acontecimientos trascendentales para la historia de la humanidad que fueron conjugados por la muerte en combate del apóstol José Martí en Entre Ríos.

La infiltración yankee condujo a la caída de la Unión Soviética y muchos vieron que con tal derrumbe se hundían los ideales del hombre por vivir en una sociedad en la que se hagan realidad todos sus derechos fundamentales. Muchos emigrados en La Florida, sobre todo los enemigos furibundos de la Revolución Cubana, creyeron que el proceso había llegado a su fin. Hicieron maletas para ir a repartirse la Isla. Triste equivocación porque, a pesar de todas las enormes dificultades que trajo aparejadas el derrumbe de la URSS, en la Isla estaba firme, al frente de su pueblo, el gigantesco Fidel que dio una tremenda cachetada a quienes proclamaron el fin de la historia y el fin total del socialismo.

Cuba, con Fidel se habían ganado un puesto eterno en la historia de nuestros pueblos, no solo por la firmeza y el heroísmo con que defendieron la Revolución y las conquista del pueblo cubano, sino porque, a pesar de las limitaciones y las carencias, los cubanos aprendieron de Fidel a ser el pueblo más solidario del mundo. Acá, a estas honduras llegaron de inmediato cuando éramos abatidos por el huracán Fifí, y más tarde, cuando el huracán Micth azoló el territorio de Guaymuras, nuevamente la solidaridad cubana se hizo presente, sobre todo con su apoyo en salud, apoyo del cual todavía disfrutamos los hondureños.

Fidel, además, puede parangonarse con Bolívar, el Libertador de múltiples países, pues él también emprendió una lucha sin cuartel en contra del colonialismo del siglo XX que tenía a muchos pueblos de África y Asia sometidos al más brutal colonialismo. Fidel fue el gran protagonista del fin del colonialismo, del cual apenas sobrevive la situación de sometimiento sobre Puerto Rico. Fue su clara visión y su respaldo total e incondicional el que permitió la independencia de Angola y de Namibia, la salida de Nelson Mandela de la cárcel, la caída del apartheid en Sudáfrica y el ascenso de Mandela a la presidencia. Otros países de Asia y África recibieron el respaldo incondicional de este enamorado de la libertad: Viet Nam y Chile son el ejemplo más claro y definitivo.

No olvidaré que mientras los estudiantes hondureños rugíamos en las calles en protesta por el golpe de Estado en Chile y en contra del Asesinado del glorioso Salvador Allende, Fidel, desde La Habana, advertía con furor sacrosanto al tirano manchado de sangre, después desenmascarado como un vulgar ladrón, Augusto Pinochet.

Todo ese amor derramado en el mundo por Fidel y su pueblo recibió su recompensa. Amor con amor se paga, se dice popularmente. Y, en verdad, los pueblos aprendieron a amar a Fidel y al pueblo cubano, convertidos en el ejemplo edificante que nos ha mostrado permanentemente el valor de la dignidad, del heroísmo y, sobre todo, el camino que debemos de seguir para liberarnos de la tutela abusiva que ejerce sobre nuestros gobiernos sometidos en imperialismo norteamericano.

De ese ejemplo portentoso, y con la guía que ofrecía la sabiduría del Comandante Fidel, surgieron en América la victoriosa Revolución Sandinista que elevó el nivel de vida de los nicaragüenses y les ha hecho dueños de su destino sin tutelaje abusivo externo. Conducido por su verbo avasallador también surgió el glorioso Comandante Hugo Chávez que conquistó, junto con el pueblo de Venezuela, la verdadera independencia de su país de manos de las transnacionales petroleras. Y qué decir del glorioso Evo que rescató la dignidad del pueblo indígena de Bolivia y puso al Estado al servicio del pueblo boliviano, tantas veces vilipendiado y sometido al atraso. Por último, el grandioso Presidente Correa, que impulsó la revolución ciudadana para la construcción de un Ecuador más justo y en el que el pueblo encontró la oportunidad de participar en las decisiones trascendentales de su país. Y paro de enumerar porque quedan muchos: Omar Torrijos que le arrebató el Canal a Los Estados Unidos; Lula da Silva, que le devolvió la dignidad a los brasileños, los Kirshner del rescate de la Argentina, Boris Bishop héroe y mártir de Grenada; Juan Bosh y los militares patriotas dominicanos, Manuel López Obrador, luchador incansable para liberar a México con el rescate de la Revolución mexicana… Todos ellos recibieron las sabias enseñanzas de Fidel cuando les dijo “Las masas están listas, solo falta que se les muestre el camino verdadero”.

Su manifiesto fundamental, continuación del Manifiesto Comunista, el célebre “La historia me absolverá”, tiene vigencia en la gran parte de los países de Nuestra América y de otros continentes porque retrata, de cuerpo entero, la realidad asombrosamente deplorable en que se debaten muchos pueblos, tal es el caso del pueblo de Honduras. Por eso retumba con gran actualidad ese mensaje que conmovió al pueblo de la Isla y los condujo a la guerra revolucionaria. En esas páginas inmortales Fidel desnudó la miseria y nos mostró el camino que el mismo emprendió hasta el derrocamiento del tirano y de su sistema de explotación del hombre por el hombre en Cuba.

Fidel, ahora ya no estás físicamente, pero nos dejaste tu pensamiento y obra. Con ellos podemos hablar de tú a tú. Revisando las páginas de tus consejos la humanidad sabrá encontrar el camino que comenzaron a construir Marx y Engels, Lenin, Sandino y el Che y que tú pavimentaste para que se facilite la ruta hacia la liberación total de la humanidad.

Un Fidel que vibra en la montaña, dice una de las más conocidas canciones cubanas y yo me atrevo a decir que tú no solo vibras en la Sierra Maestra, porque tus pasos agigantados recorren y estremecen el espinazo de América, desde la Sierra Maestra hasta los Andes que pisaron con sus banderas de libertad Bolívar y San Martín..

Tú, Fidel, estás presenta aquí, en esta reunión de hombres libres que siguen tras tu ideal para lograr el bienestar total de los pueblos del mundo. Sentimos tu fortaleza vital, tu presencia inclaudicable. Estos hombres y mujeres están con el oído puesto para oír tu palabra, la palabra del nuevo evangelio de la verdadera salvación. Y a tu diestra, indudablemente, el glorioso Hugo Chávez nos saluda. Cuba socialista sigue enhiesta, enarbolada y triunfal porque Fidel levantará por siempre la bandera del rubí, la estrella y cinco franjas, como el faro que guiará a los pueblos a su liberación definitiva.

Gloria eterna a Fidel

Viva por siempre el Comandante del mundo.